¿No es el TDAH, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, lo que le diagnostican a los niños inquietos? Pero, ¿no es normal que los niños hagan ruido y travesuras? ¡Meh!, para mí que es pura moda, que los padres y madres no quieren batallar, y a los psicólogos y psiquiatras les encanta andar poniendo nombres a las cosas normales. ¿No es así?

Al inicio yo tampoco sabía qué era el TDAH exactamente. ¿Lo presentaba? ¿No será que todos tenemos algo de despistados? Sin embargo, leía historias de personas diagnosticadas y me veía en esas descripciones. Cada vez me sentía más representada en sus anécdotas, hasta que decidí ir con un psiquiatra especializado en TDAH. Efectivamente, a mis 34 años fui diagnosticada.
En las siguientes líneas contaré algunas cosas que he aprendido y que pienso que son relevantes sobre el TDAH. Compartiré de viva voz cómo es vivir con TDAH, sus retos y desafíos; pero, también, cómo es que pensar diferente y ser distintos es algo que la sociedad necesita para crecer. Mi meta es que más gente tenga conocimiento sobre qué es el TDAH y concientizar sobre la importancia de un diagnóstico.
Algunos datos sobre el TDAH
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es un desorden neurológico heredable que se desarrolla desde las primeras etapas de la vida. Suele diagnosticarse en la infancia y se clasifica en tres tipos dependiendo de los síntomas: hiperactivo, inatento o mixto.
Aún se desconoce la cifra exacta de personas con TDAH en México o en el mundo. Por falta de acceso a los servicios de salud, o por desconocimiento, un buen número de niños y adultos no han sido diagnosticados. Las estimaciones sugieren que, aproximadamente, entre el 3 % y el 7 % de la población infantil, y entre el 2.5 % y el 4.4 % de la población adulta en el mundo tienen TDAH.
Desafíos del TDAH: una historia personal
— ¿Qué tan seguido pierdes tus lentes?,me preguntó el psiquiatra al inicio de la entrevista.
— Casi nunca. Antes los perdía seguido y los buscaba por horas o días. Entonces, me propuse que siempre que me los quitara, los pondría en una mesa que está afuera del baño.
— ¿Tienes problemas para concentrarte?
— Sí, muchísimos y me angustia. Estoy escribiendo un artículo desde hace meses y hay días en los que no escribo más que una línea o dos. Termino lavando la ropa o haciendo otra cosa, incluso comprando en línea cosas innecesarias. Necesito este artículo para poder titularme y estoy muy estresada. ¡No sé qué hacer!
Cuando fui al psiquiatra, los problemas derivados de mi TDAH eran tan grandes que no podía dormir, siempre tenía la mandíbula apretada, siempre estaba alerta, estresada, preocupada, cansada e irritada; mi rendimiento en el posgrado era bajísimo y la maternidad me tenía abrumada. Hoy en día tomo metilfenidato para el TDAH, logré titularme, me siento con más energía, mi cerebro se siente joven otra vez y soy muy productiva. Aun así, con diagnóstico y medicamento, sigo aprendiendo cómo lidiar con las dificultades que vienen en el paquete.
Después del diagnóstico decidí informarme más sobre el TDAH. Así he podido comprender mejor lo que pasa en mi cerebro y entendí lo afortunada que era por haber obtenido un diagnóstico y, con ello, la ayuda que necesitaba.
Mi pareja y mi hijo también están diagnosticados. Mi TDAH es del tipo hiperactivo, el de mi pareja del tipo inatento y el de mi hijo es del tipo combinado. No extrañará a nadie enterarse de que antes del diagnóstico estábamos lidiando con diversas dificultades, que desembocaban en problemas al interior y al exterior de la familia. Hoy en día intentamos estar siempre conscientes de que hay cosas que cada uno podrá hacer y otras que no y, constantemente, formamos y adaptamos estrategias para apoyarnos mutuamente.
Los métodos de crianza y de educación actuales son poco amigables para las personas con este trastorno. Lo sé por experiencia propia y porque además de madre, también soy maestra; algunos de mis alumnos están diagnosticados con TDAH, dislexia y autismo. No se trata de evitar estresar a quienes padecen TDAH, sino que las formas en la que ellos aprenden y se desenvuelven son diferentes; y muchas de las estrategias de aprendizaje y de crianza regulares pueden ser más dolorosas que exitosas.
Cuando le doy a mis alumnos la información en pequeñas cantidades, con dinámicas y tiempos de descanso, están más dispuestos a aprender que cuando reciben toda la información junta. En clase tengo que estar atenta a sus miradas: ¿me están viendo?, ¿están interesados? Y con ello tomar decisiones rápidas de cómo volver a captar su atención, o bien, decidir que ya no les puedo exigir más para no abrumarlos. Otras estrategias implican vigilar más a quienes se distraen más seguido, fomentar la creatividad en las actividades, tomarles tiempo, recordarles constantemente los pasos a seguir, verificar que tomen notas, etc.
Si le pido a mi hijo que se aliste para ir a la escuela, a los cinco minutos tengo que recordárselo. Sé que quizá lo encontraré jugando con la calceta a medio poner. Y sé que no fue porque me desobedeció, sino porque se distrae muy fácil. Entonces le recuerdo amorosamente la hora y lo que tiene que estar haciendo en ese momento. Con el tiempo y la terapia, mi hijo ha podido empezar a regularse a sí mismo; en la escuela aprende más, porque la atención es vital para el aprendizaje, y yo he aprendido a tener una mejor conexión con él.
A veces bajo a la cocina y encuentro todas las estanterías abiertas; puedo adivinar que mi pareja estuvo ahí, tan concentrado en buscar algo que se le pasó cerrar las puertas y cajones. Debo confesar que al inicio pensé que era machismo: “Claro, quiere que yo me encargue de todo como si fuera su mamá”. Ahora sé que ésa es su parte inatenta, no es que él piense que yo lo voy a hacer, y no necesito más que avisarle que olvidó algo.
En cambio, yo sé que tengo que contar con un reloj siempre a la vista, porque es muy fácil que me pierda en el tiempo. Siempre tengo a la mano una libreta, agenda, notas adhesivas, alarmas: debo tener mis pendientes a la vista para no olvidarme de ellos. En mi mente suelo pasar mucho tiempo pensando en el futuro, planeando y tratando de resolver problemas que aún no llegan. Entonces, mi pareja se encarga de “regresarme al presente”, evita que pierda el tiempo y la energía intentando que todo sea “perfecto”, y me recuerda que siempre está para apoyarme.
Las personas que viven con TDAH no siempre lo aparentan, porque todo el tiempo están compensando. Tienen que aportar más energía, tiempo y esfuerzo en realizar las tareas que otras personas consideran sencillas. Mis padres se sorprendieron mucho cuando supieron que fui diagnosticada. Nunca tuve problemas con mi comportamiento y nunca tuve malas calificaciones. Para ellos era difícil entender cómo es que algo tan importante en su hija se les hubiera pasado por alto, pero están felices de que esté recibiendo ayuda y de que esté funcionando.
El TDAH viene en forma de espectro. He aprendido que cada persona con TDAH se enfrenta a una serie de desafíos únicos, y que existe una gran gama de opciones para enfrentarlos. Pero para llegar a esto, es necesario primero tener un diagnóstico.
Es muy fácil cuestionar el diagnóstico. Yo lo hice muchas veces como parte de mi proceso de aceptación, y nunca falta el comentario de que “sólo es cuestión de echarle ganas”. Tener TDAH no es simplemente que a veces se te olviden las llaves de la casa, ¿a quién no le ha pasado?
Durante mi investigación encontré que diversos estudios estiman que las personas con TDAH son más propensas a tener dificultades para mantener una atención sostenida, problemas para controlar sus emociones, mayores probabilidades de violentar o ser violentados, de padecer una adicción, de presentar menores niveles de estudios y de ingresos, mayor dificultad para mantener un empleo o una pareja afectiva, entre muchas otras cosas más. En promedio, los niños con TDAH padecen más fracturas, y los adultos tienen más accidentes automovilísticos.
Me desoló pensar en todas aquellas dificultades que tuve y no supe enfrentar, y en saber las cosas que pueden llegar a pasar si no apoyo a mi hijo. Mi psiquiatra dice que a veces los libros exageran y hacen demasiado énfasis en estas cifras. No sé si lo dijo para que no me angustie, pero conocer estas consecuencias también me ayudó a ser más empática con las personas y a hacer las paces con la muy estricta infancia que tuve. Al respecto le dije a mi psiquiatra: “Sé que pudo ser mejor, pero mi familia me mantuvo a salvo. Hicieron lo mejor que pudieron con lo que sabían y tenían”. Y eso es lo que pienso hacer yo.
Una característica importante de mi TDAH es la impulsividad: he renunciado repetidas veces a trabajos y a relaciones afectivas. Cometo muchos descuidos por falta de atención a los detalles e inicio proyectos que dejo en cuanto me aburren. A veces me comprometo a demasiadas actividades y me gusta mucho rescatar perros; por lo que a menudo termino innecesariamente cansada, estresada y sin dinero. Esto no significa que me equivoque siempre que tomo decisiones o que sea del todo malo, pero sí que debo tener más cuidado y obligarme a pensar las cosas por más tiempo antes de hacer algo.
A raíz de que comencé a tomar metilfenidato, soy menos propensa a las compras compulsivas. “Las consultas y el medicamento se pagan solos”, comenté a mi psiquiatra después de que llegara el siguiente corte de mi tarjeta de crédito.
Mi hiperactividad e impulsividad también me han llevado a estudiar dos carreras, maestría, doctorado y a tener un amplio conocimiento en muchos temas muy variados (y muchos perros). Me gusta mucho aprender cosas nuevas y eso también me ha permitido crecer con muchas herramientas para enfrentar los problemas de una forma muy optimista y creativa.
Así es: las personas con TDAH también presentan muchas cualidades únicas por la forma diferente en la que su cerebro trabaja. Tienden a ser más creativas, curiosas, apasionadas, sensibles, a pensar “fuera de la caja”, a defender causas sociales, entre muchas otras características positivas. Grandes figuras han sido diagnosticadas con TDAH, como el exjugador de baloncesto, Michael Jordan; el exnadador olímpico, Michael Phelps; el cantante, productor y compositor, Justin Timberlake; la actriz, modelo y activista, Emma Watson; la gimnasta artística, Simone Biles, entre otras personalidades.
A pesar de mi diagnóstico, del metilfenidato y de las terapias, hay momentos en los que todavía me siento rebasada por las dificultades. Aun así veo el futuro con optimismo, un poco también por mi TDAH, pero en gran medida por los avances que he podido lograr junto con mis seres queridos.
Entender y comprender los desafíos específicos que enfrento no sólo me ayuda a minimizar los efectos negativos del TDAH, sino que también me ha permitido aceptarme como soy y desarrollar mis habilidades únicas que también vienen con él. He aprendido a ser una mejor madre para mi hijo y a tratar a las personas con más empatía, paciencia y respeto: nunca sabes los desafíos internos por los que pueden estar pasando.
Yuridia Posadas García
Licenciada en Mercadotecnia (ITESM) y Biofísica (UASLP). Maestra y doctora en Ciencias Interdisciplinarias (UASLP). Posdoc en el CCG (UNAM). Mamá con TDAH y rescatista de perros.
Referencias
American Psychiatric Association, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, quinta edición, Washington, DC, 2022.
Barkley, R. A. 12 Principles for Raising a Child with ADHD, Nueva York Guilford Publications, 2021.
Barkley, R. A. Taking charge of adult ADHD: proven strategies to succeed at work, at home, and in relationships, segunda edición, Nueva York, Guilford Publications, 2021.
Bron, T. I., y otros. “Risk factors for adverse driving outcomes in Dutch adults with ADHD and controls”, Accident Analysis & Prevention, 111, 2018, pp. 338-344.
Cornejo-Escatell, E., y otros.“Prevalencia de déficit de atención e hiperactividad en escolares de la zona noreste de Jalisco, México”, Revista Médica MD, 6(3), 2015, pp. 189-195.
Faraone, S. V. “The scientific foundation for understanding attention-deficit/hyperactivity disorder as a valid psychiatric disorder”, European child & adolescent psychiatry, 14(1), 2005, pp. 1-10.
García-Galicia, A., y otros. “El antecedente de fracturas sugiere TDAH en niños de 5 a 10 años no diagnosticados”, Acta Pediátrica de México, 44(1), 2023, pp. 7-13.
Kooij, J. S. Adult ADHD: Diagnostic assessment and treatment, cuarta edición. Amsterdam, Springer Science y Business Media, 2022.
Polanczyk, G. V., y otros. “Annual research review: A meta‐analysis of the worldwide prevalence of mental disorders in children and adolescents”, Journal of child psychology and psychiatry, 56(3), 2015, pp. 345-365.