Cannabis: secuestrador de una maquinaria celular interna

Al comenzar el concierto sacaron un porro y poco a poco las cosas se hicieron más brillantes. Las risas no tardaron en aparecer, sus caras eran diferentes. Unos sentían una sensación de relajación y euforia mientras que otros parecían perturbados, creían ser vigilados y sus ojos mostraban miedo y pánico. Estos son algunos de los efectos que se observan al fumar marihuana, pero ¿qué tanto conocemos del tema? ¿Cómo actúa? ¿Qué mecanismos hay detrás de estas sensaciones?

Ilustración: José María Martínez
Ilustración: José María Martínez

Si viajáramos por el mundo, encontraríamos pocos países que han legalizado el uso de la mariguana con fines recreativos. Al caminar por las calles del aeródromo de Edmonton, la quinta ciudad más poblada de Canadá, podríamos distinguir el olor a hierba en sus instalaciones. Si fuéramos a la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, encontraríamos una tienda que vende cannabis seco o fresco dentro del campus. En los Países Bajos podríamos ir a un coffee-shop, un establecimiento parecido a un restaurante donde se puede consumir cannabis y hachís, pero no alcohol. En México, el proyecto de ley sobre el tema del cannabis está estancado. Sin embargo, podemos ir a La Juanita, el primer coffee-shop de la Ciudad de México que brinda gastronomía con ingredientes no psicoactivos.

La mariguana contiene más de 500 moléculas diferentes, de las que 120 han sido caracterizadas como cannabinoides. El tetrahidrocannabinol y el cannabidiol son las sustancias que se encuentran en concentraciones mayoritarias. El primero es el encargado de producir el famoso “viaje” que altera la percepción y el estado de ánimo. También es responsable del cansancio, la somnolencia y la sequedad que se observa en la boca de las personas que fuman la planta, mientras que el segundo no altera la conciencia, ni el pensamiento, ni nos hace sentir drogados. Actualmente se están estudiando las propiedades medicinales de estos dos compuestos.

El tetrahidrocannabinol es útil para disminuir las náuseas producidas por la quimioterapia en pacientes con cáncer y el cannabidiol podría brindar alivio y mejorar la calidad de vida de los pacientes con Parkinson.

A pesar de todos los beneficios que muestran estos cannabinoides, existen tres especies de Cannabis (sativa, indica y ruderalis) con diferentes proporciones de tetrahidrocannabinol y cannabidiol, por lo que en los remedios que utilizan la planta completa es difícil establecer una dosis adecuada. Además, el consumo frecuente de mariguana o en dosis altas puede generar psicosis, trastornos mentales y enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Estos síntomas se agravan en personas menores de 18 años, cuando el cerebro todavía no está completamente desarrollado, alterando la toma de decisiones, la memoria, el aprendizaje y la coordinación.

Cuando se fuma, inhala o se consume cannabis, el tetrahidrocannabinol y el cannabidiol viajan por el torrente sanguíneo hasta el cerebro. Ahí se unen a receptores especializados. Los receptores son estructuras que actúan como una antena satelital en el exterior de la célula y en presencia de estos dos compuestos transmiten información al interior.

Como resultado de la curiosidad por saber cómo actúan estos compuestos en nuestro cuerpo, en 1992 se identificó una sustancia fabricada de forma natural en el cerebro que activaba los mismos receptores utilizados por el tetrahidrocannabinol (receptor cannabinoide 1 o CB1). La molécula fue bautizada como anandamida y, al ser un cannabinoide que se produce en el cuerpo humano, se le denominó endocannabinoide. Más tarde, en 1995, se identificó otro endocannabinoide, el 2-araquidonilglicerol, capaz de activar tanto el CB1 y otro receptor (receptor cannabinoide 2 o CB2). Estos hallazgos fueron sorprendentes, pues significa que nosotros somos capaces de producir nuestros propios cannabinoides. Tenemos proteínas que los sintetizan y degradan; a esta maquinaria compleja celular ahora se le conoce como sistema endocannabinoide.

Los endocannabinoides actúan como mensajeros que transmiten señales de neurona a neurona. Al interactuar con los receptores CB1 y CB2, modifican la liberación de neurotransmisores; en otras palabras, actúan como un freno que disminuye la comunicación neuronal. Su función principal es la de resistir los cambios que afectan a nuestro organismo para mantener un ambiente interno estable. Por ejemplo, la liberación de anandamida y el 2-araquidonilglicerol disminuyen las señales que se activan por el dolor, el estrés y la ansiedad. Pero, ¿cómo ocurre esto?

Para empezar, los endocannabinoides son sintetizados bajo demanda, es decir que se forman sólo cuando son necesarios. Se producen en la capa externa de las células de varios órganos y tejidos como el cerebro, los músculos y el sistema inmune; posteriormente se liberan y se unen a los receptores cannabinoides. Los endocannabinoides son como una llave y los receptores son la cerradura, la unión activa señales que mantienen estable y sano nuestro cuerpo, porque se liberan como una respuesta adaptativa que se genera cuando hay un desequilibrio dentro del organismo.

Una vez que los endocannabinoides han realizado su trabajo son capturados al interior de las células. Ahí existen enzimas que funcionan como “tijeras proteicas” que fragmentan la anandamida y el 2-araquidonilglicerol. Los endocannabinoides, al tener su estructura segmentada, ya no pueden unirse a los receptores y por consiguiente pierden su función.

Para el cerebro hay una gran diferencia entre la respuesta endógena generada por los endocannabinoides y el efecto que se produce con la mariguana. Después de fumar un porro, muchos compuestos recorren nuestro cuerpo y varios de ellos tienen la habilidad de activar los receptores CB1 y CB2. Todo esto produce una sobrecarga en el sistema endocannabinoide; en busca de un equilibrio, se disminuye la producción de anandamida y 2-araquidonilglicerol, se modifica la cantidad de receptores CB1 y CB2, y se aumenta la degradación de los endocannabinoides. Como consecuencia, los niveles basales de anandamida y 2-araquidonilglicero son insuficientes para producir el efecto benéfico que antes causaban. Con todo esto, resulta natural entender que, en personas jóvenes con un sistema endocannabinoide funcional, un consumo frecuente de cannabis puede generar alteraciones cerebrales. Por lo que su uso recreativo y medicinal se debe tomar con precaución.

Los endocannabinoides ayudan en la comunicación entre músculos, tejidos y órganos. Después de una carrera de larga distancia o un maratón, la contracción muscular incrementa los niveles de anandamida en el torrente sanguíneo. Al terminar el recorrido, experimentamos un estado comúnmente conocido como runner’s high: no tenemos ninguna preocupación en el mundo, nos sentimos poderosos, felices e invencibles, incluso los dolores parecen desaparecer.

La sensación de bienestar es el resultado de un aumento en el contenido cerebral de anandamida. Este endocannabinoide producido de forma natural reduce la percepción del dolor y funciona como un sedante que desencadena una sensación positiva en nuestro cuerpo. La unión de la anandamida con los receptores cannabinoides en una región del cerebro conocida como núcleo accumbens induce la liberación de dopamina, produciendo la sensación de euforia. Por lo que el ejercicio intenso, como correr o nadar distancias largas o, al menos durante más de dos horas, es una estrategia eficiente para activar nuestro sistema endocannabinoide y gozar de sus beneficios.

El sistema endocannabinoide nos ayuda a mantener un estado en equilibrio a pesar de cambios inducidos por el medio ambiente. En condiciones estresantes, la liberación de endocannabinoides genera nuevas conexiones neuronales para enfrentar el reto. Sin embargo, el funcionamiento de esta maquinaria se altera ante experiencias traumáticas recurrentes. Por ejemplo, los hombres sanos que participaron en el mayor simulacro de viaje espacial a Marte en el 2011 mostraron signos de estrés crónico al estar aislados del mundo exterior durante 520 días. Sus estudios médicos indicaron una disminución en los niveles circulatorios de endocannabinoides. En esta condición, las “tijeras proteicas” encargadas de desactivar a los endocannabinoides degradan más moléculas de lo normal en la amígdala, una región cerebral que se encarga de detectar y evitar el peligro. Los endocannabinoides, al ser fragmentados de una forma más rápida, ya no pueden activar a los receptores. A raíz de esto, se generan comportamientos de miedo y ansiedad que pueden permanecer durante toda la vida.

Todo lo anterior sugiere que una modificación en el sistema endocannabinoide y, en particular, una disminución en la producción de anandamida y 2-araquidonilglicerol genera un estado susceptible a desórdenes depresivos y otras condiciones mentales relacionadas con el estrés. Actualmente los medicamentos disponibles para tratar estos trastornos tienen efectos secundarios adversos y los beneficios de las terapias psicológicas suelen ser temporales. Por ese motivo, el estudio del sistema endocannabinoide ha ganado relevancia en este campo.

El ejercicio aeróbico de intensidad moderada, como caminar a paso ligero, andar en bicicleta o bailar, aumenta los niveles de anandamida en mujeres con trastorno de estrés postraumático y una concentración mayor de este endocannabinoide se asocia con un mejor estado de ánimo y una menor gravedad en los estados depresivos.

Por otro lado, el efecto de la manipulación del sistema con fármacos también genera resultados alentadores en esta condición. En primera instancia, se utilizaron moléculas sintéticas que podían activar a los receptores cannabinoides; no obstante, su uso generó cambios en la percepción, el comportamiento, los pensamientos y los sentimientos de personas sanas sin antecedentes de enfermedades mentales, lo que confirmó que podrían ser un riesgo para la salud. Por lo que los científicos buscaron otra estrategia, que consistió en aumentar la concentración de los endocannabinoides de forma fisiológica. Si la molécula no es fragmentada, la respuesta generada será mayor y, por consiguiente, se activarán circuitos neuronales que ayuden a afrontar las emociones generadas ante eventos estresantes.

Actualmente se utilizan sustancias que disminuyen el funcionamiento de las “tijeras proteicas” encargadas de desactivar a los endocannabinoides. Los resultados de estos ensayos corroboran que un aumento en la concentración de anandamida o 2-araquidonilglicerol de forma fisiológica puede ser un buen tratamiento para enfermedades psiquiátricas relacionadas con la ansiedad, fobia y depresión. En el 2021 se probó un inhibidor de la degradación de anandamida en personas que mostraban miedo o ansiedad excesivos ante situaciones como iniciar una conversación o socializar en una reunión. El estudio demostró que la inhibición de estas “tijeras proteicas” genera una activación indirecta de los receptores CB1 al aumentar los niveles de anandamida y esto se asoció con un efecto tranquilizante.

Aunque estamos muy lejos de entender el verdadero potencial del sistema endocannabinoide para modular nuestras emociones, los estudios clínicos muestran efectos terapéuticos prometedores. Sin embargo, es necesaria una investigación más amplia para comprender los efectos secundarios a corto y a largo plazo de estos fármacos.

 

Karen Jaqueline Paredes Ruiz
Licenciada en Biología, egresada de la Facultad de Ciencias, UNAM

Ana Laura Colín González
Doctora en ciencias biomédicas egresada de la UNAM. Forma parte del Sistema Nacional de Investigadores Nivel II. Actualmente forma parte del Laboratorio Clínico del Instituto Nacional de Cancerología

 

Referencias

Theunissen E. L., y otros. “Psychotomimetic symptoms after a moderate dose of a synthetic cannabinoid (JWH-018): implications for psychosis”, Psychopharmacology, 2022, pp. 1251-1261

Schmidt M. E., y otros. “The effects of inhibition of fatty acid amide hydrolase (FAAH) by JNJ-42165279 in social anxiety disorder: a double-blind, randomized, placebo-controlled proof-of-concept study”, Neuropsychopharmacology, 2021 pp.1004-1010.

NIDA, “El Cannabis (marihuana)”, DrugFacts. 2019

Sholl, L. “El descubrimiento del sistema endocannabinoide”, Cibdol, 2020

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Publicado en: Elementos

Un comentario en “Cannabis: secuestrador de una maquinaria celular interna

  1. Yo tengo más de cuarenta años de fumar mota (tengo 66 años). Comencé a los 25 años, después de recibirme de economista y encontrar mi primer trabajo. Durante este tiempo, no tengo problemas respiratorios y me siento feliz y alegre, sin ansiedad y depre.
    A fumar mota, de la buena que la hay, y ser felices. Hurra.

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