Cicatrices en el ADN de las ballenas

Ilustración: Gabriel Pacheco

El Golfo de California, conocido como el «acuario del mundo», se encuentra en el centro de un intenso debate ambiental. Con el eslogan “¿Ballenas o gas?, esta campaña ha tenido titulares en varios de los periódicos más importantes del país, alertando sobre el impacto de un ambicioso proyecto que busca transportar gas natural desde Estados Unidos al Golfo como ruta de comercio hacia Asia. A pesar de la creciente preocupación, el plan sigue en marcha. Incluso The New York Timespublicó un artículo en el que detalla cómo Estados Unidos busca beneficiarse de las leyes ambientales más laxas de México para facilitar la operación, poniendo en riesgo la biodiversidad de la región.

Pero, ¿qué especies están en juego? El Golfo de California alberga una gran diversidad de peces y es un refugio importante para mamíferos marinos, con más de veinte especies de cetáceos. Entre ellas se encuentra la críticamente amenazada vaquita marina, un mamífero endémico cuya población ha caído a menos de veinte individuos, convirtiéndolo en el cetáceo más raro y en peligro del mundo. La mayor amenaza para ellas es la captura incidental con redes de pesca. Se han tomado algunas medidas para protegerla, como la zona de cero tolerancia, donde cualquier tipo de actividad pesquera está prohibida; sin embargo, en la práctica, la restricción no ha sido tan estricta. Además, ésta es una sección muy pequeña del Golfo de California, el resto está desprotegido.

Si nos enfocamos estrictamente en las ballenas, que son el emblema del debate en ¿Ballenas o gas?, sólo algunas pertenecen al grupo de los misticetos, es decir, aquellas con barbas filtradoras. Entre ellas destacan la ballena gris, la jorobada, la azul, la franca y la ballena de aleta. Estas especies no sólo desempeñan un papel crucial en el ecosistema, sino que también enfrentan una amenaza creciente: el incremento del tráfico marítimo derivado de la industria del gas aumentaría drásticamente el riesgo de colisiones con grandes embarcaciones.

A lo largo de la historia, las ballenas han sido víctimas de diversas actividades humanas, en particular la caza comercial. Un ejemplo icónico de esta práctica se encuentra en la novela Moby Dick de Herman Melville, que retrata la vida de los balleneros del siglo XIX y la persecución intensiva de estos cetáceos. Sin embargo, en la actualidad, la mayor amenaza proviene de actividades humanas indirectas, como el tráfico marítimo: las colisiones con grandes embarcaciones se han convertido en la principal causa de mortalidad en ballenas.

Una de las especies de ballena menos conocidas, al menos en México, es el rorcual común o ballena de aleta, normalmente opacada en el conocimiento popular por la enorme ballena azul o la abundante y saltarina ballena jorobada. La ballena de aleta es la segunda más grande del mundo, después de la ballena azul. Durante el siglo XX, esta especie fue diezmada por la caza comercial, con más de 70 000 individuos sacrificados, llevándola al borde de la extinción.

Un estudio reciente, liderado por el doctor Sergio Nigenda Morales, de la Universidad Estatal de California, analizó las poblaciones de ballenas de aleta de la costa oriental del océano Pacífico, que se distribuye desde Alaska hasta California, y la población que habita en el Golfo de California. A pesar de la cercanía geográfica de estas poblaciones, el análisis de su ADN reveló diferencias sorprendentes entre ambas poblaciones. Muchas especies de ballenas son migratorias y, gracias a sus grandes dimensiones, se desplazan largas distancias. Por ejemplo, la ballena gris migra del Ártico a las lagunas en la costa del Pacífico en Baja California para tener a sus crías, y también entra al Golfo de California. Por esta razón, el doctor Nigenda y sus colaboradores no esperaban encontrar grandes diferencias entre las poblaciones de ballena de aleta dentro y fuera del Golfo. 

Mientras que la población del Pacífico sufrió una drástica reducción por la caza, la pequeña población del Golfo de California —estimada entre 300 y 600 individuos— permaneció relativamente aislada, resguardada de aquella violencia. Como resultado, los investigadores encontraron que estas ballenas muestran menor diversidad genética que sus contrapartes oceánicas, aunque mayor de lo esperado para un grupo tan reducido. También encontraron que esto se debe, en parte, a que aproximadamente cada 70 años, una ballena del Pacífico migra al Golfo y se reproduce con la población residente, contribuyendo a su acervo genético.

A través del análisis de mutaciones en el ADN, Nigenda y su equipo lograron reconstruir la historia demográfica de estas ballenas. Su estudio reveló que la población del Pacífico sufrió una reducción de más del 99 % entre 1948 y 1980, coincidiendo con el auge de la caza industrial. Lo más impactante es que este colapso poblacional quedó registrado como una cicatriz en su ADN, detectable mediante modelos estadísticos. Este hallazgo es excepcional, ya que la genética suele permitir inferencias sobre eventos ocurridos hace miles de años, pero rara vez sobre sucesos tan recientes. Incluso si todo registro histórico y evidencia en libros de la caza de ballenas fuera borrado, el ADN de las ballenas de aleta tiene una marca imborrable.

Otro resultado notable es que la población de ballenas de aleta del Golfo de California se separó del resto del océano hace al menos 16,000 años, lo que sugiere que podrían representar una subespecie distinta, adaptada a este ecosistema. El Golfo de California tiene un clima mucho más tropical que el resto de la distribución de esta misma especie en el océano. Su posible adaptación local, por ejemplo a climas más cálidos, y potencial designación como subespecie, incrementa aún más su valor ecológico y la urgencia de protegerla. Su reducida población las hace extremadamente vulnerables. “Las ballenas de aleta del Golfo de California tienen su propio camino evolutivo. No tienen una cicatriz en su ADN por la caza, pero sí tienen una cicatriz por su aislamiento”, mencionó Nigenda.

Las ballenas del Golfo de California lograron escapar de la implacable caza indiscriminada del siglo pasado, dejando su ADN intacto, libre de las cicatrices de aquella barbarie. Sin embargo, las decisiones que tomemos en los próximos años podrían marcar una nueva herida en su historia. Si la expansión industrial del Golfo avanza sin restricciones, la ballena de aleta y muchas otras especies podrían terminar con cicatrices genéticas que serán evidentes para las generaciones futuras. Este ni siquiera es el peor escenario. La industrialización del Golfo podría llevar al verdadero desastre, a la extinción de algunas especies, y en ese caso ya ni siquiera quedaría ninguna cicatriz que detectar.

No tenemos que usar mucho nuestra imaginación para considerar estos desastrosos escenarios, basta con mirar al otro lado del país. La industrialización del Golfo de México está afectando gravemente ese ecosistema. Aparte de las colisiones con ballenas, ha habido desastres ecológicos, como derrames de petróleo. Y si queremos pensar en ballenas específicamente, una nueva especie de ballena fue detectada y descrita en 2021, que habita exclusivamente el Golfo de México, la ballena de Rice. ¿Las malas noticias? Se estima que quedan menos de cien individuos de esta especie y que el derrame de la plataforma Deepwater Horizon de 2010 eliminó un quinto de los individuos de esta especie.

No debemos esperar a que la situación en el Golfo de California se vuelva igual de crítica. Aparte de las posibles colisiones de los grandes buques industriales, ¿qué pasaría si hay accidentes con residuos tóxicos causados directamente por este megaproyecto de comercio e industrialización? Si me dan a escoger, ¿ballenas o gas?, mi respuesta siempre será ballenas.

¿Áreas naturales protegidas o intereses económicos y políticos que benefician mayoritariamente a Estados Unidos? Si escogemos el gas, puede que haya especies en el futuro que ya no conozcamos, y las que queden tendrán cicatrices en su ADN por causas humanas.

Diana Aguilar Gómez

Investigadora posdoctoral en genómica de la Universidad de California, Los Ángeles.

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Publicado en: Elementos

Un comentario en “Cicatrices en el ADN de las ballenas

  1. Es poco probable que tenga éxito ese proyecto gasero. Los yacimientos del petróleo y gas de esquisto obtenidos mediante el fracking están llegando a su pico productivo, las fracturas son de tres kilómetros cuando hace diez años era de uno, y el uso de agua se ha triplicado, lo que coincide con la sequía y el agotamiento del agua fósil de los pozos.

    El precio de equilibrio para el petróleo de esquisto está en 65 dólares y el precio actual del west texas es de 62 dólares, por lo que muchas compañias luchan por sobrevivir y están dejando de perforar para poder pagar a los inversionistas y no se repitan las pérdidas de cientos de miles de millones de dólares de la década pasada.

    Para el próximo año se proyecta una reducción del 1.1% en la producción de petróleo de esquisto. México debe tomar medidas porque el 60% del gas que usamos en las plantas eléctricas viene de EEUU.

    Creo que la mayor amenaza vendrá de la minería submarina para allegarse los minerales críticos para la transición energética.

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