Cómo Evangelina Villegas volvió al maíz un superalimento

“Lo que me gustaría hacer con este premio es dar a conocer al mundo lo que hemos desarrollado. Porque para mí, el mayor honor, como mexicana, sería ver los campos de México desbordándose con maíz QPM”. Al recibir el Premio Mundial de la Alimentación en el año 2000, la primera mexicana en hacerlo y la primera mujer en la historia en ser galardonada con este reconocimiento, la mente de Evangelina Villegas sólo viajó a los verdes campos de maíz de su país y al superalimento que desarrolló con el propósito de reducir la desnutrición mundial.

QPM son las siglas en inglés del Maíz con Proteína de Calidad (Quality Protein Maize). Una variante con un mayor valor nutrimental que Evangelina Villegas desarrolló con el investigador de la India nacionalizado mexicano, Surinder K. Vasal. El maíz tradicional es un alimento extremadamente popular en todo el mundo por su facilidad de cultivación, su bajo precio, su relevancia cultural y por ser bastante llenador. Sin embargo, no es particularmente nutritivo, o al menos no por sí solo. Complementar su ingesta con variedades de proteína es esencial, pero son las comunidades que dependen casi en su totalidad del maíz las que no tienen un acceso sencillo a fuentes de proteína como la carne.

Entendiendo este problema, por años, los científicos especializados en cereales y los botánicos se plantearon desarrollar cultivos con niveles altos de proteína a través de procesos de selección y siembra tradicionales. Ése fue el trabajo de Villegas pero, para llegar a producir tal logro, tuvieron que pasar muchos años de estudio y esfuerzo.

Su nombre completo era Evangelina Villegas Moreno. Fue una bioquímica egresada del Instituto Politécnico Nacional (IPN) nacida en la Ciudad de México en 1924. Desde el comienzo de su carrera profesional, Evangelina se inclinó por el estudio de la calidad nutricional de los alimentos. Trabajó como investigadora en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” (INCMNSZ) y luego, se desempeñó en la Oficina de Estudios Especiales, donde se encargaba de analizar el valor nutrimental del trigo crecido en el país como la directora del Laboratorio Químico de Calidad Industrial del Trigo. En 1962 estudió una maestría en Ciencia e Industria de los Cereales en la Universidad Estatal de Kansas, y en 1967 un doctorado en Ciencia de los Cereales en la Universidad Estatal de Dakota del Norte.

Al terminar sus estudios, Villegas regresó a México a la Oficina de Estudios Especiales, ahora llamado Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), como directora del Departamento de Calidad Proteica y Nutrición.

A principios de la década de los setenta, Evangelina comenzó su trabajo en conjunto con el Vasal para desarrollar maíz nutritivo con cantidades elevadas de proteína. El “problema” del maíz, por decirlo de alguna forma, es que cuenta con cantidades muy bajas de lisina y triptófano, dos de los nueve aminoácidos esenciales para que nuestro cuerpo produzca proteínas. Además, la vitamina B3 que contiene no puede digerirse sin antes ser nixtamalizado.

Evidentemente, estos no son problemas del maíz per se; casi nada se acerca a ser un alimento perfecto, pero si algo pudiera serlo, el maíz es el candidato perfecto para tener un verdadero impacto contra la desnutrición mundial.

Así fue que, por los próximos diez años, Vasal y su equipo sembraron variantes nuevas de maíz, mientras que la Dra. Villegas y su equipo analizaban su calidad para reportar de regreso sus hallazgos y sugerencias al Dr. Vasal. En un año llegaron a analizar hasta 26 000 variantes diferentes y, aunado a su gran labor, es importante recalcar el trabajo de los “pajareros”: un grupo de jóvenes locales que se encargaban de ahuyentar a las aves de los campos. Evangelina presionó para que se les pagara y, gracias a este apoyo, varios de ellos pudieron continuar con sus estudios e incluso algunos se volvieron investigadores.

Finalmente, a mediados de los años ochenta, el equipo de Villegas y Vasal encontraron oro en los granos de un maíz dorado al que llamaron QPM o Maíz con Proteína de Calidad. Esta variante, como el nombre indica, tiene la cantidad necesaria de aminoácidos esenciales para que el cuerpo produzca proteínas. Además de eso, los niveles elevados de triptófano facilitan la síntesis de la vitamina B3, por lo que la nixtamalización ya no era un requerimiento. Éste es un superalimento con proteína equivalente a la del huevo y al 90 % del valor nutricional de la leche entera.

Fue por esta razón que, al recibir el Premio Mundial de la Alimentación, Villegas pensó en un México recubierto por estas plantas, esperando que uno de los emblemas de nuestro país fuera también la solución para mitigar la desnutrición que hasta la fecha persiste. Recordemos también que, al recibir el premio, Evangelina dijo que esperaba que éste popularizara su descubrimiento, el cual fue hecho a principios de los ochenta y por el que fue premiada hasta el 2000. Es decir que este alimento milagro pasó desapercibido por gran tiempo. La razón fue que los nutriólogos seguían considerando que agregar carne a los alimentos era más sencillo, pero gracias a que el CIMMYT recibió apoyo internacional en los noventa, lograron comenzar a cultivar QPM. Así fue que los campos de este tipo de maíz empezaron a crecer, primero en China y Ghana, para después extenderse a demás países asiáticos y africanos, además de europeos, centroamericanos y, por supuesto, en México.

Los beneficios del QPM fueron inmediatos y, según estudios, los animales de granja y seres humanos, sobre todo niños con desnutrición, presentaron un incremento de su peso total de hasta el 15 % tras comer QPM. De hecho, el QPM se volvió la variante predominante de maíz en Ghana y Guizhou, China. Por desgracia, parte de lo que ha frenado su desarrollo es que la textura de esta variante, aunque parecida, no es idéntica a la del maíz tradicional, además de que son cultivos susceptibles a plagas y que, si se reproducen con otras variantes, podrían perder sus propiedades nutritivas. Si a esto le sumamos la poca atención que ha recibido de parte de instituciones y gobiernos, las posibilidades de cumplir los sueños de Villegas se ven cada vez más distantes.

Eso no la detuvo y ella continuó trabajando en países de escasos recursos educando a futuros investigadores en las técnicas agrícolas más modernas. Sus esfuerzos también fueron recompensados en el año 2000 con el premio Mujer del Año, entregado por el expresidente mexicano Ernesto Zedillo, y fue reconocida como estudiante ejemplar por varias las escuelas por las que cursó y de tener laboratorios nombrados en su honor en diferentes instituciones.

Los obstáculos a los que se enfrenta el QPM son tal vez demasiado grandes, al menos en México. Sin embargo, si la dedicación de Evangelina probó algo es que esfuerzo y dedicación pueden lograr grandes cosas: variantes como las del QPM, aún pueden ser mejoradas, sobre todo si consideramos la tecnología moderna. Aunque Evangelina Villegas, quien murió en 2017, allanó el camino para que variantes futuras de QPM puedan recubrir en un futuro los campos mexicanos. Sólo así, tal vez lleguemos a ver los campos del país y hasta del mundo desbordados de maíz altamente nutritivo.

Diego Ramírez Martín del Campo

Biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM. Divulgador de ciencia y apasionado de la historia y la filosofía de la ciencia.

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Publicado en: Elementos