Cuando todo es importante

Ilustración: Ros

“Priorizar todo es no priorizar nada”. Esto resume el dilema al que de manera frecuente se enfrentan los biólogos, sobre todo aquellos que se dedican a la conservación. ¿Será que una especie de árbol es más relevante que otra sólo por tener más usos?, ¿qué plantas debemos usar para reforestar un área degradada?

Debido a que la extinción de algunas especies se ha acelerado por el cambio climático y los recursos económicos o humanos son limitados, se deben tomar decisiones para dirigir y llevar a cabo acciones efectivas de conservación. Pero eso no es una tarea fácil. En este texto conoceremos cómo los especialistas en botánica abordan estos problemas sin dejar de lado que toda la biodiversidad es igual de relevante; sólo que, al igual que los pacientes de un hospital, algunos requieren una atención más inmediata y urgente.

La biblioteca en llamas

Paul Smith, secretario general de Botanic Gardens Conservation International, mencionó alguna vez que no existe razón técnica por la cual una especie vegetal deba llegar a la extinción. Sin embargo, se ha calculado que dos de cada cinco especies de plantas se encuentran en peligro. Esta cifra tan preocupante enciende las alarmas del gremio científico, pues indica que nuestra biblioteca de biodiversidad está en llamas y si sus libros se queman, la valiosa información que contienen se perdería para siempre. Esta es una analogía muy acertada: cada especie tiene roles esenciales que cumplen en los ecosistemas gracias únicamente a su existencia, además del potencial beneficio que eso conlleva para la humanidad.

Las acciones para conservar esta diversidad son muy variadas. Puede ser que se decrete un área natural protegida que regule el aprovechamiento de los ecosistemas, o que se extraigan ejemplares de una especie en peligro y se reubiquen en jardines botánicos. Estas situaciones ejemplifican los dos principales tipos de conservación: in situ y ex situ. Como sus nombres lo indican, una de ellas se lleva a cabo en el lugar original de las especies, mientras que la otra requiere de la construcción y el mantenimiento de instalaciones dedicadas a la supervivencia de los ejemplares extraídos de su hábitat.

Semillas congeladas

Los bancos de semillas son espacios que podrían parecer posapocalípticos, ya que en ellos se almacenan millones de semillas congeladas y con bajo contenido de humedad para que sobrevivan hasta por cientos de años. Esta alternativa de conservación ex situ representa un importante reservorio de la biodiversidad, pero ¿cómo se elige qué plantas deben ser colectadas y resguardadas? Lo primordial es identificar los objetivos y limitaciones del proyecto. Para el caso del banco de semillas, las muestras deben ser de especies que sobrevivan al proceso de congelamiento y desecación sin excepción. Las semillas muy pequeñas, como las de las orquídeas, o muy grandes, como los cocos, no pueden ser almacenadas debido a que sus características fisiológicas no les permitirían aguantar el proceso. No tiene caso, entonces, gastar recursos en buscar y recolectar estas semillas si al final el objetivo no será cumplido. Ese es uno de los criterios más importantes que se toman en cuenta al priorizar.

Además, otros componentes también son útiles para “rankear” los grupos de individuos, llamados taxones, y seleccionar aquellos que requieran un almacenamiento más urgente. Algunos acuerdos internacionales, como la Estrategia Global para la Conservación Vegetal (2024), dan pautas para priorizar especies. En este caso, su objetivo número cuatro habla sobre conservar especies amenazadas usando estrategias ex situ, como los bancos de semillas. Así se va configurando el marco sobre el cual las especies serán organizadas de acuerdo a su relevancia para el proyecto. Otros parámetros, como el número de usos de las plantas o su presencia en áreas naturales protegidas, se van incluyendo en el análisis. Al final, toda esa información funciona como una serie de filtros dentro de un embudo en el cual entran, quizás, miles de especies y salen decenas, un número mucho más manejable para planear acciones concretas, como la reforestación.

Los árboles ideales

Saber qué especie de árbol plantar siempre es un dilema. ¿Da suficiente sombra?, ¿pertenece al ecosistema donde se quiere colocar?, ¿tiene frutas comestibles? Cada respuesta a esos cuestionamientos sirve para descartar opciones entre el enorme universo de árboles. Si una planta no es nativa queda casi excluida para reforestar espacios naturales, es decir, fuera de asentamientos urbanos. Los árboles como los eucaliptos, pirules, casuarinas y jacarandas son exóticos de México y por lo tanto, deben ser desechados para su introducción a bosques o zonas en recuperación en nuestro país.

Si no se elige con cuidado a las especies, los proyectos de reforestación pueden perjudicar al ambiente. Todas las reforestaciones deben ser planeadas y contar con asesoría especializada. En ese aspecto, existen biólogos que se dedican a analizar las características de las especies arbóreas y sugerir listados de acuerdo a los objetivos de la reforestación. Por ejemplo, si las plantas fijan más o menos carbono, o si sus flores o frutos pueden ser consumidos por humanos y animales. Una vez que se cuentan con esos datos, se pueden calcular índices que organizan a todas las especies y generan un listado final en la que el usuario pueda elegir cualquier opción que funcione para sembrar.

La interacción y colaboración entre científicos y tomadores de decisiones es esencial en este proceso. El conocimiento de las especies podría estar brevemente disponible y los análisis deben ser llevados a cabo de forma metódica y reproducible, para ser aplicados en diversos lugares y situaciones. Existen esfuerzos muy grandes que ponen este conocimiento a disposición de la sociedad. Por ejemplo, la herramienta en línea “Diversity for Restoration”, que sugiere especies de árboles para ser plantados en Colombia; o el proyecto “Captura de Carbono en Cafetales Bajo Sombra”, que ha seleccionado diversos árboles para aumentar la diversidad en cafetales en el estado de Veracruz, en México.

Riesgos inminentes

Existe también el caso contrario, cuando las especies destacan en la lista de prioridades debido a que son las que representan un riesgo más alto para la biodiversidad. Uno de los ejemplos más claros son las plantas invasoras, es decir, aquellas que no pertenecen al ecosistema original y que por diferentes causas han llegado a un sitio donde no estaban antes. Las especies invasoras tienen, además, el potencial de aumentar su distribución, desplazar a las nativas, y comprometer la estabilidad de los ecosistemas. De forma usual, hay más de una especie invasora en los paisajes naturales. Si esto es así, entonces, ¿cómo se decide cuál es la primera que debe ser controlada?

Los parámetros que se usan para responder a esta pregunta han cambiado a lo largo del tiempo. Ahora se buscan plantas cuya crecimiento sea mucho más rápido, que tengan facilidad para reproducirse y cuyo impacto en el ecosistema sea más evidente. Sólo conociendo esos criterios se pueden evaluar las alternativas específicas para su control.

Conclusión

Como todo en la vida, el proceso de priorización de especies tiene algunas limitaciones. Por ejemplo, la falta de información detallada y concisa para el 100 % de los taxones evaluados. Muchas veces, los datos importantes se encuentran dispersos en la literatura científica o son poco comparables porque se obtuvieron bajo diferentes metodologías. Para solucionar estos problemas se realizan consultas en grandes bases de datos, como en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que contiene información sobre el estado de conservación de los taxones. También se han desarrollado recursos especializados para calcular la probabilidad de que una semilla pueda ser almacenada en bancos o incluso repositorios que conjuntan los datos disponibles sobre el carbono que almacenan diversas especies de árboles.

Tomar estos apuntes y convertirlos en información concreta que permita tomar decisiones para el beneficio del ecosistema y la supervivencia de la biodiversidad es uno de los objetivos clave de la biología de la conservación. Solamente sabiendo cuáles son las especies que requieren atención urgente se pueden planear acciones efectivas para preservarlas o disminuir su impacto en la naturaleza. Realizar priorizaciones no quiere decir que existan especies más importantes que otras, sino que es esencial considerar esta metodología en la investigación científica para conservar nuestra biodiversidad.

María Guadalupe Chávez Hernández

Bióloga por la UNAM y maestra en taxonomía, diversidad y conservación de plantas y hongos por Queen Mary University of London y Royal Botanic Gardens Kew. Investigadora en botánica y entusiasta de la comunicación pública de la ciencia.

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Publicado en: Cuestiones