Edición genética: el balance entre el poder y la ética

Existe una idea conocida, una vieja expresión de James Watson, en la que se refiere al ADN como “el secreto de la vida”. En realidad, no es que el ADN determine lo que es la vida, pero sí es una molécula que los sistemas biológicos compartimos.

El ADN está conformado por nucleótidos que se caracterizan por su base nitrogenada (Adenina, Timina, Citosina, Guanina —A, T, C y G, respectivamente. El alfabeto de la vida—). Ahora bien, ¿dónde se encuentran estos genes y el resto del material genético al que llamamos genoma? En todo nuestro cuerpo, en cada una de las millones de células que nos componen materialmente. De hecho, el estudio del genoma y sus complejas interacciones permitió dejar a un lado la expresión del “secreto de la vida” por “el código de la vida”.

Ilustración: Estelí Meza
Ilustración: Estelí Meza

Hagamos un ejercicio para adentrarnos al tema, imaginemos que escribo la palabra “odio”, que se refiere a un sentimiento, pero en realidad la palabra que buscaba era “oído”, la estructura anatómica que permite que escuchemos. Las palabras son similares y la solución más probable sería: con tan sólo cambiar el orden de la “d” y agregar el acento queda resuelto.

Esto sucede con las enfermedades monogénicas. Este tipo de enfermedades se definen como aquellas en las que se tiene un sólo error en el código genético. Esto significa que en cualquier parte de un gen que produzca una proteína existe una mutación. Pensemos en un gen que produce una proteína en las células ciliadas de la cóclea, estructura anatómica dentro del oído humano; en vez de estar codificado como “ATTG”, la mutación dice “TTG”. Existe un error debido a que se borró la primera letra. La consecuencia del error podría ser que la proteína se malforme, lo que provocará que una persona sea incapaz de escuchar. La pregunta es, ¿cómo arreglar este problema? Aquí comienza la historia de la edición genética.

Generalmente, los sistemas de edición genética se conocen como sistemas de corte y reparación, porque cuando existe un error es necesario quitarlo para corregirlo. Para comprender la acción de reparar, en edición genética, nos tenemos que remontar a un concepto biológico muy importante: la recombinación homóloga, un mecanismo molecular de las células para reparar algún daño en el ADN.

Cuando existe un corte en la cadena de ADN en la célula humana, se cuenta con una copia exacta en el otro cromosoma. A esta copia le llamaremos molde, porque le permitirá a la célula guiarse y saber cuál era el orden de la secuencia de nucleótidos. Esto es importante porque nos indica que la célula por sí sola puede reparar el error. Es decir, si provocamos un corteen la cadena de ADN de manera muy específica, ésta tiene los componentes moleculares para reparar el daño. En pocas palabras: lo único que se necesita es encontrar unas “tijeras moleculares” con gran precisión que corten la cadena de ADN en un sitio específico. Desde finales del siglo pasado existen propuestas para lograr este cometido.

Se ha observado que existen componentes moleculares, particularmente enzimas, en otros organismos que cortan segmentos de ADN; a éstas moléculas se les conoce como endonucleasa. Por ejemplo, en 1985, las meganucleasas fueron de las primeras biotecnologías que fueron diseñadas a manera de realizar un corte preciso en el ADN, pero factores como la imprecisión o la complejidad de la reingeniería dificultaron su aplicación. Hasta inicios del siglo XXI se demostró que otros complejos moleculares como las ZFN o TALE realizan cortes precisos y efectivos. Sin embargo, al momento de su desarrollo persistían los problemas metodológicos, tales como la reingeniería de éstas moléculas, la disminución de los riesgos o la manera de llevarlos a la célula porque, aunque suene contradictorio, son complejos moleculares demasiado grandes para transportarlos. Entonces, cuando la edición genética parecía un sueño lejano, llegaría una revolución metodológica, una que haría de los sueños una realidad posible: el sistema CRISPR/Cas.

Para los fines de este texto, nos quedaremos con los elementos necesarios para realizar una edición genética: un error genético y las “tijeras moleculares” para realizar un corte en el ADN. Estos son componentes metodológicos fundamentales, pero es necesario cuestionarnos un poco respecto a este campo de conocimiento. ¿Por qué es tan difícil llevar a cabo ediciones genéticas en humanos? El problema no es únicamente metodológico, también existe el deseo por un mundo libre de enfermedades, una idea que carga con una preconcepción de cómo debería ser el mundo y qué es lo mejor para el humano, pero ¿en realidad sabemos qué es lo mejor para nuestra especie?

Si la comunidad científica tiene a su disposición tecnologías y conocimiento complejo para hacer que una persona con cierta enfermedad genética pueda vivir sin ella, ¿por qué no ayudarle lo antes posible? Esta pregunta refleja otro dilema de la edición genética: la ética.

El enfoque ético está intrínsecamente relacionado con la metodología científica: se genera un valor moral a partir de la solidez metodológica y tecnológica. Por ejemplo, si la metodología para editar genomas es eficaz, precisa y segura, se tendría que aplicar inmediatamente, pero si la metodología causara daños a una persona, no se llevaría a cabo ningún procedimiento. Por ello, una regla hegemónica en la regulación de las prácticas de edición genómica es el principio de precaución, el cual expone que ante una carencia en la eficacia y seguridad de las metodologías, se debería evitar aplicarlas, pues se desconoce sus efectos futuros. No obstante, el análisis de las tecnologías de edición genómica en la sociedad es mucho más complejo.

Supongamos que existe un 100 % de eficacia y seguridad al editar el genoma de un humano: ¿qué enfermedades deberían ser curadas?, ¿estamos listos para erradicar toda enfermedad de la vida humana?, ¿quién tendría acceso a esta clase de tecnología, es decir, debería ser un bien público o privado? Si cada nación tiene su regulación interna, ¿cómo podemos evitar el “turismo” genético? La única certeza es que para llegar a un consenso se requiere de nuestra disposición para dialogar.

Frente a las preguntas que nacen de la edición genética, es imperante señalar que, la analogía del editor de palabras no engloba las responsabilidades éticas de editar seres orgánicos, se escapan las peligrosas implicaciones de editar nuestra morada, nuestro cuerpo.

La edición genética es un problema en sí mismo, realizarlo sin riesgo es complicado y las implicaciones que esto tiene en la sociedad puede que sean aún más complejas. Por eso se requiere de una sociedad que esté informada respecto al fundamento científico de la edición genética, también es necesario que la comunidad científica observe que los problemas científicos no permanecen en los laboratorios. Es decir, que la tecnología no es neutral y queda a la espera de un buen o mal uso determinado por la sociedad.

 

Rodrigo Sánchez-Villa
Biólogo por parte de la Facultad de Ciencias, UNAM. Interesado en los estudios de ciencia y tecnología (S&TS) y filosofía política de la tecnología

 

Referencias

Carrol, D. “Genome Engineering With Zinc-Finger Nucleases”, Genetics, 2011.

Doudna, J. “Genome-editing revolution: My whirlwind year with CRISPR”, Nature 528, 2015.

Egelie, K., y otros. “The emerging patent landscape of CRISPR–Cas gene editing technology”, Nature, 34, 2016.

Fernández, A., Josa, S., y Montoliu, L. “A history of genome editing in mammals”, Mammalian Genome, 28(7), 2017.

Jasanoff, S. Can science make sense of life?. Polity, Cambridge, 2019.

Sánchez-Villa, R. Aletheia y ciencia. Acercamiento de la verdad heideggeriana a la construcción de hechos biológicos: el caso de CRISPR/Cas y la subjetividad humana. Tesis de licenciatura. Universidad Nacional Autónoma de México, 2022.

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Publicado en: Cuestiones