El agua y los contaminantes emergentes

Yo soy el agua, conocida también como recurso hídrico, aunque soy más que sólo eso. Hoy voy a hablar un poco de mí y de un problema muy importante que estoy enfrentando. A pesar de que en ocasiones paso desapercibida, estoy presente en el día a día, desde la hora de levantarse hasta la de dormir. Formo parte de la rutina, al cepillarse los dientes, al bañarse, cuando se cocina y se come e, incluso, estoy dentro del cuerpo de quien me lee, ayudando a que numerosos procesos vitales se lleven a cabo. También estoy presente en la elaboración de la carne y vegetales que se consumen, y en la ropa y el calzado que se usa.

Soy fundamental y necesaria para la vida en la Tierra. A lo largo de la historia, tuve un papel importante en el desarrollo de las civilizaciones humanas. Por ejemplo, las antiguas culturas de Egipto, China y Mesopotamia se establecieron en orillas de grandes ríos, lo que les proporcionaba agua para beber, cultivar, rutas de transporte y comercio. Incluso en la actualidad, sigo siendo indispensable para todas estas actividades y muchas más.

Sin embargo, el impacto de las actividades humanas sobre mí ha incrementado de forma considerable en los últimos años. El crecimiento de la población mundial y la expansión de sectores como el urbano, industrial, minero, ganadero y agrícola en todos los países ha modificado mi disponibilidad, mis características físicas, químicas y biológicas. La contaminación ha afectado mi calidad —soy muy fácil de impurificar y muy difícil de limpiar—, lo que ha causado que comience a degradarme, a perjudicar la salud humana, la biodiversidad y todo lo que depende de mí para sobrevivir, a causa de las sustancias tóxicas que resultan de todas estas actividades.

Uno de los problemas importantes es la presencia de los contaminantes emergentes (CE). Éstos son compuestos químicos orgánicos e inorgánicos que pueden encontrarse en tamaños desde nanopartículas hasta micropartículas y están presentes en una gran cantidad de productos, como los medicamentos, los destinados al cuidado personal, los productos de limpieza, los aditivos alimentarios, las drogas, los pesticidas, entre otros.

Estos contaminantes llegan a mí y al ambiente cuando son liberados en forma sólida o líquida. Pueden llegar desde diversas fuentes, como de las industrias, los hospitales, las escorrentías, las fugas, los derrames accidentales y a través del sistema de alcantarillado. Muchas veces llegan por medio de heces humanas, alimentos o restos de alimentos, por el lavado de la ropa y el desecho inadecuado de medicamentos que no se utilizan o que caducan y son desechados a través del inodoro. Además, en muchas regiones, las aguas residuales no tratadas se descargan directamente en ríos y océanos, lo que ocasiona que me contamine con compuestos químicos, virus y bacterias que muchas veces llegan hasta mí cuando estoy en áreas subterráneas.

Los CE no están regulados y han pasado desapercibidos por la sociedad en general. Esto se debe a que sus efectos han sido poco conocidos, difíciles de detectar y son muy variables. Por ejemplo, algunos son persistentes mientras que otros no se quedan mucho tiempo en el ambiente (desde unas pocas horas hasta un par de días). Tienen efectos negativos incluso en bajas concentraciones, ya que se descargan de manera constante. Son sustancias que pueden acumularse en los organismos (bioacumulación) y aumentar su concentración a lo largo de la cadena alimenticia (biomagnificación).

Por otro lado, su composición cambia dependiendo del entorno en el que se encuentren, lo que provoca que no se sepa con exactitud qué tan peligrosos son. Hasta ahora se sabe que pueden causar cáncer y alteraciones hormonales, así como debilitamiento del sistema inmunológico, pero se desconoce qué otros efectos tóxicos tienen a largo plazo y es difícil evitar o disminuir la cantidad que llega a mí.

También se me conoce como el “solvente universal” porque tengo la capacidad de disolver una gran cantidad de sustancias. Muchos contaminantes emergentes están mezclados conmigo; los arrastro en mi recorrido por todo el mundo. Pero aunque estén disueltos en mí, no desaparecen. Su composición química es tan compleja y resistente que ni siquiera al pasar por plantas de tratamiento de aguas residuales o de agua potable, logro desprenderme por completo de ellos. Así, aunque a simple vista parezca que estoy limpia, puedo seguir cargando con estos compuestos invisibles que afectan, poco a poco, a los seres vivos que dependen de mí.

En algunos países como México, China e India me usan cuando soy agua residual tratada. Como tengo algunos nutrientes y estoy disponible todo el año, me ocupan para el riego y la fertilización de tierras de cultivo, pero cuando me ocupan sin tratamiento previo, las consecuencias son múltiples. Por ejemplo, transporto contaminantes emergentes que terminan en los cultivos, en los alimentos y se filtran hasta el manto acuífero, afectando la salud humana y la biodiversidad. Por eso es urgente que se regule mi uso, el de los CE y se garantice un tratamiento eficaz.

Se han realizado una gran variedad de estudios para detectar contaminantes emergentes en diferentes países. En México, en el manantial del Cerro Colorado del Valle de Tula, se encontró, tanto en el agua potable como en el agua embotellada, que los contaminantes emergentes más comunes son: el paracetamol, ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, la cafeína, los estrógenos (hormonas), la morfina, los colorantes que se ocupan para teñir ropa, los pesticidas, el aspartame (edulcorante artificial), aditivos usados en alimentos y plastificantes, sólo por mencionar algunos, porque no terminaría si menciono el total de la lista.

Hoy en día se han utilizado procedimientos que implican ultrafiltración, con el uso de membranas que eliminan partículas y macromoléculas; carbón activado, que absorbe sustancias químicas; procesos de oxidación, que degradan contaminantes orgánicos y lodos activados con microorganismos. Lo importante es que en el futuro los contaminantes emergentes puedan regularse, para evitar que me sigan perjudicando, así como también es necesario que se hagan más investigaciones en procedimientos que se puedan implementar para tratar de eliminarlos.

Por último, me gustaría recordar la importancia de cuidarme, usarme de forma responsable, en tanto que el cambio de hábitos puede evitar que más contaminantes emergentes lleguen a los cuerpos de agua. Entre algunos ejemplos está el no tirar medicamentos por el inodoro y mejor llevarlos a los depósitos especiales que se encuentran en algunas farmacias, centros de salud y hospitales, usar productos de limpieza biodegradables o más ecológicos, reducir el consumo de plásticos, evitar el uso de pesticidas, buscar información sobre el tratamiento de aguas residuales, denunciar a las industrias o personas que viertan químicos a los cuerpos de agua y apoyar a las investigaciones que se están haciendo para poder eliminar y regular a los contaminantes emergentes. De esta manera, ganamos todos.

Magaly Camacho Cambrón

Es egresada de la carrera de Biología de la UNAM, comprometida al cuidado y preservación del agua

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Publicado en: Elementos