Historias de deidades guiando a su pueblo a una tierra prometida abundan en todas las religiones. Ejemplos sobran; el más popular es el de la religión judeo-cristiana, donde Yahvé instruyó a su pueblo a escapar de Egipto para buscar la Tierra donde brota la leche y la miel. Casi 2000 años después y a miles de kilómetros del desierto de medio oriente, una civilización completamente diferente realizaría una migración similar ordenada por una deidad, con el propósito de encontrar una tierra fértil y adecuada para el asentamiento de una nueva civilización.
Ordenados por el dios Huitzilopochtli convertido en colibrí —es increíble cuánto disfrutan los dioses tomar la forma de animales—, los mexicas salieron de Aztlán, su tierra natal en el norte del actual México, hacia donde fundarían su nueva ciudad: Tenochtitlan. El lugar indicado sería aquel donde un águila se posara sobre un nopal devorando al Atl-tlachinolli (el cual era representado por una alargada línea que representa el agua en llamas, símbolo de la guerra); es fácil entender por qué los mexicas asociaron el Atl-tlanchinolli con una serpiente.
La imagen del mito mexica quedó tan arraigada en el imaginario mexicano que es imposible no visualizar en nuestras mentes al águila real (Aquila chrysaetos) devorando una serpiente de cascabel (Crotalus durissus) y posada sobre un nopal. Caso curioso: la serpiente no siempre fue parte de la imagen; se mostró por primera vez en el Códice de Aubin en 1576, y no apareció de nuevo hasta 1892 por órdenes de Porfirio Díaz; en cambio, el águila y el nopal han sido los elementos que han aparecido en la iconografía desde los códices prehispánicos hasta la actualidad. Posteriormente, se le agregaron y quitaron elementos, adecuándose al momento histórico del país: desde una corona durante el Primer Imperio Mexicano, hasta el surgimiento de la hoja de laurel, el olivo y los caracoles, cada uno con un significado diferente y que, en conjunto, forman uno de los escudos nacionales más bellos del mundo.
La simbología del escudo nos habla, además del mito de la gran migración del pueblo mexica, del triunfo del Sol sobre la Tierra, representado con el águila real posando sobre un nopal devorando a la serpiente, y que sirve como metáfora de la victoria de la invasión de los nómadas del norte (representada por el águila que encarna a Huitzilopochtli) sobre los pueblos agrícolas de Mesoamérica (la serpiente que personifica a Quetzalcóatl), transcurrido a orillas del lago de Texcoco, como lo muestra el nopal sobre un islote rodeado de agua. Que se haya escogido a un nopal para representar el punto geográfico indicado es curioso por, al menos, un motivo. ¿Por qué un águila se posa sobre una planta llenas de espinas y ahuates, soportando un dolor punzante, sólo para devorar una serpiente? (Cabe mencionar que los ahuates son pequeños tricomas o filamentos en forma de arpón que cubren a la aréola, una estructura presente sólo en las cactáceas y que, en los nopales, es su principal característica distintiva, junto con los tallos aplanados, denominados cladodios, para prevenir ser devorados por algún depredador. Si alguna vez ha intentado pelar una tuna y, al hacerlo, se ha espinado por estos diminutos tricomas, ha conocido a esta adaptación de los nopales).

Además de ser un símbolo para el pueblo mexicano, los nopales son una de las plantas más nobles, capaces de crecer en cualquier ambiente y en las condiciones más adversas, pues sólo necesitan sol, un poco de tierra y agua. Pertenecen a la subfamilia Opuntioideae, de la clase botánica Cactaceae, en la que encontramos dos géneros: Opuntia y Nopalea. Dependiendo de los autores que se lean, puede que existan ciertas discrepancias al momento de definir a estos géneros. Existen algunos que no consideran al género Nopalea como algo aparte del género Opuntia, y consideran que debería ser tomado en cuenta dentro del mismo; mientras que otros lo defienden como un género aparte a Opuntia, por sus claras diferencias entre ambos.
La forma en la que se representa gráficamente un nopal es lo que me inspiró para escribir este texto. Que el nopal plasmado en el escudo no siga los lineamientos de un dibujo científico, hace que su clasificación sea complicada. Gracias a los meses en los que realicé mi servicio social en el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, pude escuchar el debate entre el jefe de la colección de cactáceas y nopales silvestres del Jardín Botánico, el biólogo Gabriel Olalde Parra, y el jefe del Jardín Botánico, el Dr. Salvador Arias, sobre cuál podría ser la especie que se encuentra dentro del escudo nacional mexicano. Por un lado, el biólogo Olalde propone que la imagen del escudo podría ser una especie de Nopalea, mientras que el Dr. Arias defiende que puede ser Opuntia streptacantha. Pero ambos tienen ciertos argumentos que podrían ayudarnos a poder delinear el tipo de nopal del que se trata.
Recuerdo esa tarde cuando limpiamos los camellones del Jardín Botánico y Gabriel se nos acercó para comentarnos sobre este debate que ha existido por unos años en los que él lleva trabajando en Instituto.
El biólogo Gabriel Olalde Parra menciona: “Por un lado, si vemos el escudo nacional, notamos que, en el nopal, sus cladodios se encuentran agrupados de una manera lateral, agrupación que sólo se ve en Nopalea. También se pueden observar tres flores en los nopales con sus órganos reproductores expuestos, sobresaliendo de los pétalos (mejor dicho, tépalos), algo que sólo está presente en este género; en el Opuntia, todas sus flores presentan órganos reproductores por debajo de la corola”. Y es cierto: si vemos la imagen del escudo, puede apreciarse cómo las flores del nopal presentan sus partes reproductivas expuestas, esos pequeños palitos amarillos que sobresalen de las flores rojas.
Por su parte, el Dr. Arias afirma lo siguiente: “La especie de O. streptacanthaes nativa del centro de México y es de las especies más comunes que se encuentran en el Valle. Si recorremos la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, dentro de Ciudad Universitaria de la UNAM, encontraremos una gran población de esta especie creciendo de manera silvestre. Cuando uno ve a esta especie en vivo, tiene la forma típica de un nopal, con sus cladodios creciendo en forma arbórea y con sus flores decorando el ápice de las pencas. Otros mencionan que puede ser O. ficus-indica por su gran popularidad, al ser el denominado nopal vegetal y es que se consumen más sus cladodios. Fuera de eso, no la consideraría para estar en el escudo”.
Pero como mencioné, el diseño del escudo es poco confiable para ser utilizado como guía de identificación de la posible especie, un problema inexistente con el águila y la serpiente. Así, el cactus se relega a una segunda parte, sólo como una forma decorativa y sencilla, pero los nopales tienen un valor que va más allá de lo estético y lo simbólico.
Las cactáceas son plantas endémicas del continente americano que se extienden desde el sur de Estados Unidos hasta Argentina; México es el país con más diversidad de ellas en el mundo. No por algo la mascota de la copa del mundo que se llevará a cabo en 2026 tiene la forma de un cactus columnar antropomórfico (posiblemente un Lophocereus marginatus). Los nopales se encuentran desde el norte hasta el sur del país y alcanzan su mayor complejidad y riqueza en el Altiplano central. Cada nopalera constituye, en una escala regional, un universo de especies vegetales y animales que sólo se hallan bajo esas condiciones particulares. Los factores naturales, así como el uso que se da a las nopaleras silvestres, determinan el número de especies de nopal y su abundancia. Existen nopaleras compuestas por una sola especie y otras que llegan a tener hasta diez.
En México, el género Opuntia tiene una amplia distribución. Las regiones con mayor riqueza de especies son el centro y norte del Altiplano, el noroeste, el Bajío, el Eje Neovolcánico y el valle de Tehuacán-Cuicatlán. En las regiones tropicales secas y los desiertos del norte hay menor riqueza, pero suelen encontrarse especies endémicas de gran importancia.
Llevado a Europa por los españoles, la dispersión del nopal por el mundo tiene mucho de azarosa, ya que los marineros acostumbraban llevar con ellos una buena dotación de tunas para evitar el escorbuto (la enfermedad producida por el déficit de vitamina C). Posteriormente, se llevaron variedades seleccionadas para establecer plantaciones con diversos fines, como detener la desertización de los suelos o producir forraje. Hoy día, en muchas regiones semiáridas del mundo ya hay nopaleras silvestres naturalizadas y cultivadas. Incluso, algunos países cuentan con plantaciones más grandes que las de México y con recursos genéticos que allí se han diversificado.
Sin duda, los nopales han dejado una marca no sólo en México, sino también fuera de sus fronteras. Son como el pueblo mexicano, que crecen donde les dé la gana.
Roberto Eduardo Castro Salinas
Estudiante de Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM
El autor agradece al biólogo Gabriel Olalde Parra y al doctor Ángel Salvador Arias Montes.
Referencias
Scheinvar, L. Gallegos Vázquez, C., Gámez Tamariz, N. Olalde Parra, G., Atlas de los nopales silvestres mexicanos, Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Bibliotecas, 2020
Bravo Hollis, H., Las cactáceas de México, vol. I. UNAM, México, 1978
Bravo Hollis, H., y L. Scheinvar., El interesante mundo de las cactáceas, Conacyt/FCE, México, 1995
Hay otro pais cuyo escudo nacional tiene también un nopal: la Republica de Malta. Parece que nadie ha reparado en ello…
Los «ahuates» no son tricomas.