El apocalipsis del plátano Cavendish

En 2019, el gobierno colombiano confirmó que un hongo que destruye a los plátanos había llegado, por vez primera, al continente y mandó destruir los cultivos para detener la propagación del llamado mal de Panamá. En 2022, Perú declaró que la plaga producida por Fusarium oxysporum estaba por terminar con la producción bananera en el país. A principios del año pasado, Venezuela se sumó a la lista de países latinoamericanos que han detectado el hongo en sus cultivos. Se han hallado casos en otros países como Australia, Vietnam, China, India, Reino Unido, Ecuador, entre otros, donde se ha declarado un estado de emergencia por una inminente extinción bananera. Dentro de pocos años, podemos quedarnos sin la variante dominante del plátano: la Cavendish. ¿Por qué?

La superfruta

El plátano (Musa spp.) es una fruta creada por selección artificial que desciende de las especies “salvajes” Musa acuminata y la Musa balbisiana. Es la fruta más producida a nivel mundial. Lo cultivan en más de 140 países tropicales y subtropicales; África es la zona donde se elabora un tercio de la cosecha mundial. En 2021, se manufacturaron 125 millones de toneladas métricas, superando a la sandía y la manzana, segundo y tercer lugar, respectivamente. Por ende, es la fruta más consumida a nivel mundial, con más de 500 millones de personas.1 Es fácil de pelar, transportar y comer. Por si fuera poco, el plátano es un superalimento: contiene dosis considerables de potasio, fósforo, zinc, calcio, magnesio, inulina, algunos flavonoides, etcétera.

Si bien existen más de mil tipos de plátanos en el mundo (cada uno con menor o mayor proporción de estas sustancias), el más producido a nivel mundial es el conocido como Cavendish, con poco más del 95 % y más del 99 % de los envíos mundiales de la fruta.1 A menos de que hayas nacido antes de los años sesenta, casi con total seguridad puedo afirmar que el plátano que consumes es Cavendish. Sin embargo, este tipo de plátano está a punto de desaparecer. Esta sería la segunda vez que la variante dominante del mercado correría el riesgo de perecer, debido al ataque de un microorganismo y la nula variedad genética del plátano.

La primera extinción

El mal de Panamá es un dolor de cabeza para la industria bananera.3 Esta es la manera que se le denomina (también TR4) a la enfermedad causada por el hongo Fusarium oxysporum. En los años cincuenta del siglo pasado, una cepa (llamada Raza 1) de este hongo acabó con la variante Gros Michel, entonces la más consumida y exportada a nivel mundial.4 Aunque no fue extinta en su totalidad (aún se produce de manera local y se vende a un precio muy elevado), la Gros Michel dejó de ser la versión dominante en el mundo.

Sin embargo, no todo eran malas noticias, pues existía un sucesor que en pocos años sustituyó a la Gros Michel, variedad creada hace más de 150 años, y que hoy conocemos como Cavendish. Esta nueva variedad de referencia fue inmune al mal de Panamá, también soporta de buena manera los largos viajes en barco (madurándose en el camino), es de rápido crecimiento y es más pequeña que su contraparte Michel. Estas son grandes ventajas, pues la mayoría de los mil tipos de plátanos no soportan los viajes por el mar y algunas variantes ni siquiera son comestibles.

Sin embargo, la Cavendish tiene una desventaja: es menos sabrosa que la Gros Michel. Gran parte del sabor a banana se debe a una molécula llamada acetato de isoamilo (llamado aceite de banana), sustancia que “determina” qué tan sabroso será un plátano.5 Pues bien, la variedad Gros Michel contiene menor proporción de aceite de banana que el Cavendish. En este caso, los abuelos o las personas mayores tienen razón cuando afirman: antes la comida sabía más sabrosa. Sin embargo, el precio a pagar valía la pena: Cavendish había salvado de la extinción a los plátanos. Bueno, al menos hasta ahora.

La segunda extinción

La primera vez que Cavendish fue atacada por una nueva cepa del hongo (la Raza 4) fue en los años noventa del siglo pasado, en Taipéi, China. El mal de Panamá resultó ser letal y empezó a expandirse de manera rápida en las hectáreas bananeras en el continente asiático, Medio Oriente, África, hasta llegar por primera vez al continente americano en 2019, concretamente a Colombia. En 2020 ya había diecinueve países con plaga del hongo y más de 100 000 hectáreas están afectadas por la enfermedad.

El hongo daña los tejidos vasculares, provocando que las plantas se marchiten y mueran. Los síntomas de la enfermedad se pueden notar cuando el fruto no alcanza su tamaño natural o que al cortar la planta se observan coloraciones marrones. En algunas variedades hay malformaciones o amarillamiento en las hojas nuevas, marchitez y una muerte del banano que va desde un mes hasta los cuatro meses. Además, una vez instalado en tierra el champiñón (que es inmune a los fungicidas comunes), puede permanecer alrededor de treinta años en el suelo (debido a unas estructuras llamadas clamidósporas), por lo que el suelo ya no puede utilizarse para el cultivo de bananas. Esta cepa representa una seria amenaza, porque afecta a todos los cultivos del plátano y porque no se ha desarrollado una variedad resistente.

Pero, ¿cómo un solo hongo puede infectar y matar a todos los plátanos? Al ser un monocultivo, no hay variabilidad genética en la banana, por lo tanto, el hongo puede enfermar a todos los clones y matarlos. Como es una planta que se reproduce asexualmente, no hay ninguna planta del plátano que porte una mutación que la haga sobrevivir a la enfermedad de Panamá.

¿Es el fin de los plátanos? ¿Tenemos una manera de hacerle frente a Fusarium oxysporum?

Ingeniería genética contra la extinción

Quizá queda una esperanza para salvar a la variante Cavendish. Diversos investigadores alrededor del mundo están trabajando con la técnica CRISPR (por las siglas en inglés de Repeticiones Palindrómicas Cortas y Espaciadas Regularmente Agrupadas).6 Un artículo publicado en 2019 en la revista Food and Energy Security propone que esta tecnología “proporciona una opción adicional para el desarrollo de variedades mejoradas resistentes a enfermedades”, ya que CRISPR “permite la transferencia de características útiles de diferentes especies o de la misma especie, evitando los cuellos de botella naturales del cultivo, por lo que es aplicable para la mejora del plátano”. Estos trabajos también buscan una nueva variedad de plátano, ya que se espera que el cambio climático afecte (aún más) la producción bananera.7

Uno de los primeros trabajos lo realizó el equipo dirigido por James Dale, de la Universidad Tecnológica de Queensland, en Australia, y colaboradores, quienes han modificado la planta de la banana para resistir el ataque de Fusarium oxysporum. Los investigadores se basaron en la propuesta de que el hongo activa un mecanismo en las plantas que provoca una muerte celular programada (apoptosis).8 El equipo insertó un gen que inhibe este proceso, provocando que el hongo muera, pero la planta no. Los resultados en el laboratorio fueron promisorios, aunque el paso a su industrialización a nivel mundial aún dista lejano. El equipo ha continuado su trabajo creando dos líneas de plátano Cavendish transgénico que permanecen libres de la enfermedad.9 Por otro lado, la empresa Tropic Biosciences, en Norwich, Reino Unido, está tratando de usar CRISPR para “mejorar” el sistema inmune de la planta, utilizando cadenas de ARN para apagar los genes del invasor.10

Seguramente el plátano Cavendish, igual que su contraparte Gros Michel, no se extinguirá por completo, pero su comercialización será inviable a gran escala. Aunque el plátano de hoy sabe a menos plátano, quizá en un futuro no muy lejano ni siquiera tendremos este consuelo. ¿Cuántos alimentos más perderemos por nuestras inacciones o negligencias? Por otra parte, podemos no cruzarnos de brazos en una solución mágica de la ingeniería genética y empezar a buscar mejoras en las otras mil variedades que existen de la fruta.

 

Iván de Jesús Arellano Palma.
Maestro en Filosofía de la Ciencia (Comunicación de la ciencia) por parte de la UNAM. Ha colaborado en distintos medios como la revista ¿Cómo ves?, Cienciorama, la Revista Digital Universitaria (RDU), entre otros.


1 James Dale, Anthony James, Jean-Yves Paul y colaboradores, “Transgenic Cavendish bananas with resistance to Fusarium wilt tropical race 4”, Nat Commun., Nov 14;8(1), 2017, 1496.

2 Robinson, John y Galán, Víctor, “Plátanos y bananas”, Ediciones Mundi Prensa, Canarias, España, 2012

3 No es la única enfermedad que afecta a las bananas, por ejemplo la Sigatoka negra y amarilla, virus como el rayado del plátano (BSV), e incluso los gorgojos y ciertos nematodos.

4 Randy C Ploetz, “Fusarium Wilt of Banana”, Phytopathology, Dec;105(12), 2015, pp. 1512-21

5 Claro, reducir el sabor de un alimento a una sola molécula es reduccionista y simplista. Un alimento contiene cientos de moléculas orgánicas que le dan el sabor a la comida. Además, los sabores de los alimentos también dependen de otros sentidos igual de importantes como el olfativo. La gente que perdió sensibilidad olfativa en la pandemia pasada, aseguraban que su comida no sabía a nada.

6 Maxmen, Amy, “CRISPR might be the banana’s only hope against a deadly fungus”, Nature News, 2019

7 Leena Tripathi, Valentine Otang Ntui, Jaindra Nath Tripathi, “Application of genetic modification and genome editing for developing climate-smart banana”, Food and Energy Security, 2019

8 Jean-Yves Paul, Douglas K. Becker, Martin B. Dickman, Robert M Harding, Harjeet K. Khanna, James L Dale, “Apoptosis-related genes confer resistance to Fusarium wilt in transgenic ‘Lady Finger’ bananas”, Plant Biotechnol Journal, Dec;9(9), 2011, pp. 1141-8.

9 James Dale 1, Anthony James 2, Jean-Yves Paul y colaboradores, “Transgenic Cavendish bananas with resistance to Fusarium wilt tropical race 4”, Nat Commun., Nov 14;8(1), 2017, 1496.

10ChileBio Noticias, “CRISPR podría ser la única esperanza de salvar al plátano de un hongo mortal”, Septiembre, 2019

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Contactos