El as de Lamarck: las especies se transforman de manera continua

Mientras el naturalista francés Jean Baptiste Lamarck (1744-1829) investigaba organismos fosilizados, entre ellos conchas de invertebrados, se encontró con que había fósiles que tenían similitudes con especies actuales, pero no parecían ser las mismas. Además, había conchas cuyos representantes ya no tenían ninguna representación actual, como si de pronto su historia hubiera llegado a un punto final. Su conclusión fue que había dos posibilidades: cuando cambian las circunstancias las especies se extinguen o, en el mejor de los casos, ¡se transforman! La primera opción era posible y no la rechazó, como puede leerse en su libro Filosofía zoológica (1809) y también en Historia natural de los animales sin vértebras (1815).

Ilustración: Adrián Pérez

La segunda opción, la de la transformación de las especies, le pareció un hecho innegable de la naturaleza que respondía a una cuestión planteada por el Barón de Holbach sobre el origen natural del ser humano y de todas las especies, que parecía imposible de responderse: “Tanto el hombre, como todo cuanto existe en nuestro globo, y en los demás, debe estar sujeto a muchas vicisitudes […]. No hay, pues, ninguna contradicción en creer que las especies se modifican y varían sin cesar, y nos es tan imposible el saber lo que serán, como él saber lo que han sido”.1

Bajo la influencia de El Sistema de la naturaleza (1770), de Holbach —quien organizaba tertulias académicas a las que asistía Lamarck— y de las ideas del médico Georges Cabanis (1757-1808) —que defendían explicaciones materialistas sobre la naturaleza, la vida, el ser humano y, en particular, sobre el fenómeno de lo físico y lo moral del ser humano—. Lamarck terminó por convencerse de que nuestra especie se había originado a partir de un proceso de transformación continua, cuyo antepasado más cercano era un cuadrohumano emparentado con —o posiblemente ancestro de— el orangután. Fue así que Lamarck elaboró la Filosofía zoológica (1809) para argumentar a favor de esta propuesta radical cuyo objetivo era explicar el origen de lo físico y lo moral en el ser humano a partir del estudio del mundo animal.

Para lograrlo formuló varias ideas que, en conjunto, intentaban explicar en términos naturales el origen de la vida, el origen de las especies, el origen del ser humano y, en general, la transformación y la diversidad de la vida. Su objetivo con esos principios era convencer que la transformación (ahora llamada evolución) era un hecho. Lamarck se enfocó en cómo se transformaban las especies y utilizó las ideas dominantes en Francia de ese momento, la influencia del ambiente y la noción que hoy conocemos como herencia de caracteres adquiridos. Pero, para Lamarck, no era ésta la idea por la que posiblemente le interesaba ser recordado, sino por el hecho mismo de la transformación, una verdad radical y profunda, porque incluía la explicación del origen natural del ser humano; una cuestión sobre la cual escribió: “Futuras investigaciones y autores darán mayor luz a estas cuestiones”.

Las ideas que Lamarck elaboró y que consideró que abrirían nuevos caminos a la investigación sobre el origen de lo físico y lo moral del ser humano son:  la especie como un concepto arbitrario, la relación ancestro-descendiente, la diversificación orgánica resultado de la ramificación, la transformación gradual de las especies, y el origen natural de la vida y sus transformaciones, entre ellas, las relacionadas con lo físico y lo moral en el ser humano. Estas ideas representan un legado que ha sido marginado si asumimos que el objetivo de Lamarck era explicar cómo se transforman las especies pero, como se ha señalado, parte de su objetivo también era defender que la naturaleza es causa de la vida, del origen de las especies, del ser humano y de los fenómenos que hoy identificamos como características cognitivas y morales.

Cuando el gran geólogo inglés Charles Lyell (1797-1875) leyó en 1828 los argumentos “radicales” de Lamarck sobre el origen natural de lo que arbitrariamente llamamos especies, comprendió que se cuestionaba sin redondeos el origen divino del ser humano y de todas las especies en general. Lyell pensó que, si las conjeturas de Lamarck eran correctas, la vida en general tendría un origen común (descendería de un solo huevo), el ser humano sería pariente del orangután y se pondría en entredicho la dignidad humana. Esa interpretación que Lyell hizo de las ideas de la Filosofía zoológica dejó una influencia marcada en dos jóvenes entusiastas, Charles Darwin (1809-1882) y Alfred Russel Wallace (1823-1913), quienes por separado y bajo su propio estilo profundizaron en el conocimiento del problema del origen del ser humano y “dieron más luz a las conjeturas” de Lamarck. La interpretación anterior, sostienen diversos especialistas de la historia de la biología, fue una mala lectura de Lyell pero, aun así, dejó una influencia fundamental en el desarrollo intelectual de Darwin y Wallace.

En Darwin, la relevancia de las especies de plantas y animales en estado doméstico y la transformación a través de la idea de la descendencia con modificación, desarrollada en sus primeros cuadernos de la transmutación —cuya escritura coincide con la lectura de los Principios de Geología (1830) de Lyell— en donde trata el asunto de las especies domésticas, la transformación de las especies y las conjeturas de Lamarck. En 1842, Darwin consideró que la “dificultad creciente” para delimitar especies, razas y variedades dentro de un mismo género fue “lo que llevó a Lamarck a la conclusión de que las especies son mutables”.2

En Wallace, la transformación de las especies es una idea que estará presente desde sus primeros años como naturalista. Leyó a Lyell entre 1845 y 1846 —como se aprecia en la correspondencia con su buen amigo Henry Walter Bates, el 11 de abril de 1846— o a partir de 1848, cuando viaja al Amazonas. Pero lo que es seguro es que pensaba de manera similar a Darwin; en su cuaderno de trabajo conocido como Cuaderno de especies (1855-1859), Wallace dedicó amplias discusiones a la transformación de las mismas, así como duras críticas contra Lamarck, pero defendió en sus propios términos la interpretación que Lyell hace de la llamada “doctrina” de la transformación continua de las especies. Comprendió, al igual que Darwin, la interpretación que Lyell hizo de las ideas de Lamarck: “Los descendientes de padres comunes pueden desviarse indefinidamente de su tipo original”.3

Lamarck inició su argumentación con un as en la mano:4 afirmó que las especies no existen. En la naturaleza sólo hay individuos que se reproducen y que en cada generación son diferentes a sus progenitores (así explica el origen de las especies de plantas y animales domesticados, incluido el origen de las diferentes razas de perros a partir del lobo). Al estirar el argumento hacia el pasado consideró que todos los mamíferos, entre ellos los primates y con ellos el ser humano, partían de un punto en común; todos los vertebrados se anclaban en un solo punto y tenían su origen en algún grupo de invertebrados. Por su parte, los invertebrados descendían de dos o tres puntos de origen natural, en palabras de Lamarck, por “generación espontánea”, que para él significaba el paso de la materia inerte a las primeras formas “orgánicas” y de allí a un ser vivo.

Tales ideas, aun cuando fueran una interpretación particular de Lyell, constituyen el origen de las ideas del pensamiento evolutivo, no en cuanto al problema de cómo se transforman las especies y cuáles son los procesos de esa transformación, pues eso es un tema que seguimos debatiendo en la actualidad. Más bien, las preguntas y las explicaciones sobre el origen de lo vivo, sobre el origen del ser humano, que se asientan en una explicación materialista y radical. De aceptarse dichas conjeturas, consideraba Lyell, “sería aceptar el derrumbe de los cimientos de muchas de nuestras creencias”.

El derrumbe había iniciado, Lamarck había puesto su as sobre la mesa: no existen las especies, sólo individuos que se reproducen y dejan descendientes similares y así, variando sin cesar, mantienen la transformación continua en la naturaleza orgánica, diversificándose continuamente. Lyell comprendió, aunque no lo hizo público en ese momento (lo hizo 30 años después en una carta dirigida a Darwin), que había sido injusto con Lamarck, porque al final reconoció que la transformación de las especies era un hecho. Lyell comprendió que Lamarck había jugado… y había ganado la partida. A partir de ese momento ya no hubo —ni habrá— marcha atrás para reconocer que somos un vertebrado, un mamífero y un primate que camina sobre la Tierra, aprendiendo cada vez más sobre su propio origen.

 

Ricardo Noguera Solano
Profesor de tiempo completo en el Departamento de Biología Evolutiva, Facultad de Ciencias, UNAM

Juan Manuel Rodríguez Caso
Investigador posdoctoral en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

 

Referencias:

Darwin, F. Ed. The foundations of The origin of species. Two essays written in 1842 and 1844, Cambridge University Press, 1909.

Holbach, P. H. T. Sistema de la naturaleza: ó, De las leyes del mundo físico y del mundo moral. Masson e Hijo, 1822.

Lamarck, J. B. Philosophie zoologique, ou exposition des considérations relatives à l’histoire naturelle des animaux. Dentu, 1809.

Lamarck, J. B. Histoire naturelle des animaux sans vertèbres, Tome premier, Paris: Vèrdiere Libraire, 1815.

Lyell, C. Principles of Geology (Vol. 2). John Murray, 1832.

Noguera S., R., et al. El programa de Lamarck: una visión materialista de la vida”. Metatheoria: Revista de Filosofía e Historia de la Ciencia, vol. 8., núm 2, 2018, pp. 147-156.

Noguera-Solano, R., et al. “The Evolutionary Thought of Jean-Baptiste Lamarck: why his original ideas should be taught in classrooms”, Science & Education (DOI: 10.1007/s11191-021-00215-0), 2021.

Wallace, A. R. On the tendency of varieties to depart indefinitely from the original type. J. Linn. Soc. Lond. Zool., 3, 1858, pp. 53-62.

Wallace, A. R. On the Organic Law of Change. A Facsimile Edition and Annotated Transcription of Alfred Russel Wallace’s Species Notebook of 1855-1859 (J. T. Costa, Ed.). Harvard University Press, 2013.


1 Holbach, P. H. T. Sistema de la naturaleza: ó, De las leyes del mundo físico y del mundo moral, Masson e Hijo, 1822, pp. 121

2Darwin, F. Ed. The foundations of The origin of species. Two essays written in 1842 and 1844, Cambridge University Press, 1909.

3 Lyell, C. Principles of Geology, vol. 2. John Murray, 1832, pp. 3

En alusión a la interpretación que hace Hodge, M. J. S. “Lamarck’s science of living bodies”. BJHS, 5(4), 1971, pp. 323-352.

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Publicado en: Cuestiones

3 comentarios en “El as de Lamarck: las especies se transforman de manera continua

  1. Se suele pensar que los mecanismos evolutivos eliminan la intencionalidad, pero no es verdad. Actualmente los programas de computadoras usan el azar y mecanismos evolutivos para crear inteligencias artificiales, por ejemplo algoritmos genéticos o el entrenamiento de redes neuronales. Es decir, usamos el azar intencionadamente para conseguir ciertos efectos. Habría que mencionar que las computadoras utilizan series de números pseudoaleatorios, como los dígitos de pi, para entrenar los modelos de aprendizaje de máquina y las simulaciones por computadora.

  2. La noción de «especie» sí tiene significado. Puede usarse para designar auqel grupo que puede dejar descendencia fértil y que ocupa un nicho ecológico específico.

    Me preocupa el hecho de abandonar el concepto de dignidad humana. Bien podría considerarse que los derechos humanos sean abandonados por el de los derechos de los seres conscientes. Pero si sólo hubiera individuos, los hijos de un individuo consciente no tienen por qué tener los mismo derechos que sus progenitores. Lo que veo es una tendencia a abandonar el concepto de dignidad humana para justificar una intervención cada vez mayor en la biología humana, crear hibridos humano- animales, hacer experimentación con embriones mayores a las 14 semanas, etc. Ciertamente investigaciones que pueden resultar muy redituables para las empresas.

  3. Corrijo, experimentos con embriones mayores a 14 días. Por cierto, la experimentaci´pon de úteros artificiales sigue avanzando.

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