El lobo mexicano y la loba n.º 1203

En una visita a la Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA) en Buenavista del Cobre, Sonora, conocí a la hembra con número de identificación n.º 1203 que cojeaba de su pata delantera derecha. Esta loba había sido liberada con una una pareja en la Sierra Madre Occidental en abril de 2014 y recapturada en mayo del mismo año con una herida de bala en dicha pata. Por esto fue llevada a la UMA, para su recuperación y rehabilitación y posterior retorno a la Sierra Madre Occidental. Esta hembra es uno de los ejemplares de lobo mexicano dentro del programa de recuperación de la especie.

El lobo mexicano (Canis lupus baileyi) es una de las cinco subespecies de lobo gris (Canis lupus) y se encuentra en peligro de extinción. Curioso es el origen de su nombre científico: se debe al apellido de Vernon E. Bailey, quien fue el primer biólogo del equipo de la División de Investigaciones Biológicas del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos; participó en los análisis de la zona suroeste de Estados Unidos y Norte de México, para observar los efectos del lobo y conocer la mejor forma de que los gobiernos estadunidense y mexicano, de manera increíble, eliminaran a esta especie,  entonces considerada una plaga. Sin embargo, los datos de campo que registró Bailey contenían también una detallada descripción de la distribución, abundancia y hábitos reproductivos del lobo mexicano.

En México, es el representante de mayor tamaño de la familia de los cánidos, aunque de menor tamaño que el lobo de las poblaciones del norte de los Estados Unidos y Canadá. La distribución original es reportada entre las primeras décadas del siglo XX —aunque hay muy pocos reportes—. En los años 50 empieza la lucha intensiva para exterminarlo; a fines de los años 70  ya se reporta una fuerte disminución de las poblaciones de lobos. Tal distribución era en bosques templados de pino-encino y zonas desérticas y semiáridas que abarcaban el Centro-Sur de los EUA (Texas, Nuevo México y Arizona), el norte de México (Chihuahua, parte de Coahuila; hacia el sur en los estados de Durango, Zacatecas, Aguascalientes y San Luis Potosí) y continuaba por la meseta central del país, hasta el norte del estado de Oaxaca.

Los lobos son animales sociales a cual más. Viven en grupos familiares cuya organización es a base de jerarquías: hay una pareja dominante y al resto del grupo lo conforman los sumisos, también con posiciones jerárquicas. Tienden a ser monógamos, una característica que comparten con la mayoría de los cánidos. Dentro de un grupo de lobos, sólo la pareja dominante se reproduce; el resto de los miembros del grupo colabora con la crianza de la camada.

El lobo tiene un papel ecológico fundamental en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas en que habita. Al ser un depredador a la cabeza de la cadena alimenticia, controla las poblaciones de herbívoros y mantiene así la biodiversidad vegetal. Esto ha vuelto a demostrarse con las reintroducciones del lobo gris en Isla Royal y en el Parque Nacional Yellowstone. El lobo incrementa también la reproductividad de las presas: debido a que caza principalmente a los más viejos y a los más debilitados y desnutridos, deja entonces poblaciones más fuertes y sanas con mayor capacidad reproductiva.

Ilustración: FreddArguello

La dieta del lobo mexicano consistía en venado bura, venado cola blanca, pecarí de collar; conejos silvestres y otros mamíferos medianos y pequeños. Sin embargo, en el siglo XIX, con la introducción del ganado en América del Norte, las  especies de las que se alimentaba el lobo fueron sustituidas por ejemplares de bovinos y ovinos. El lobo comenzó a cambiar su dieta.

Bajo la presión de los ganaderos que querían evitar que los lobos atacaran al ganado, y con el pretexto de que era un transmisor de la rabia, los gobiernos de México y Estados Unidos iniciaron una guerra en contra de los lobos y lanzaron campañas para erradicarlos de todo el suroeste de Estados Unidos y norte de México, usando trampas, venenos y balas. Se calcula que para 1970, el lobo mexicano había sido totalmente erradicado en vida libre.

A finales de los años 70, México y Estados Unidos se dieron cuenta de  la importancia del lobo en vida libre para la existencia de ecosistemas sanos, años después de que ambos gobiernos se congratularon mutuamente por su casi exterminio. Estos países formaron un comité de colaboración binacional para la recuperación de las poblaciones silvestres del lobo. Fue entonces que comenzó el programa de recuperación.

En los inicios, se atraparon los últimos 11 lobos que quedaban libres, localizados en Chihuahua y Durango, de los que sólo cinco se pudieron reproducir con ejemplares en cautiverio localizados en el zoológico de San Juan de Aragón y en un encierro en Ghost Ranch, Nuevo México. Se inició una larga etapa de reproducción bajo cuidado humano, cuyo objetivo fue —y sigue siendo— alcanzar una población cautiva, con el mínimo de parentesco entre ellos, es decir: genéticamente saludable y numerosa, para después reintroducirla a los sitios donde habitaba originalmente. La redistribución de estas poblaciones trae beneficios en términos de supervivencia. Cada uno de los lobos que han nacido desde que inició el programa cuenta con un número de identificación consecutivo, iniciando el n.º 1 con el primer macho capturado en Durango y que se logró reproducir bajo cuidado humano.

Para llevar a cabo las reintroducciones, se llevan a cabo estudios de las zonas donde es posible mantener una población de lobos con suficiente cantidad de presas silvestres, poco ganado y buena aceptación social de los pobladores cercanos a su presencia; es decir, que haya aceptación a la liberación del lobo y su afiliación a un seguro ganadero (gratuito), que los indemniza en caso de que el lobo deprede a uno de sus animales. Cada uno de los lobos liberados lleva un radio-collar satelital que envía una señal de la que se obtiene información sobre los movimientos y localización de los ejemplares.

En 1998 comenzó la reintroducción del lobo mexicano en Arizona y Nuevo México, donde hasta el momento hay una población aproximada de 143 lobos libres. En México, durante 2011, comenzó la reintroducción del lobo mexicano en el estado de Sonora. Del primer grupo liberado en México sólo sobrevivió una hembra; el resto de los lobos fueron envenenados. Esta loba caminó desde Agua Prieta, Sonora, hasta el noroeste de Chihuahua; ahí se mantuvo varios meses hasta que se perdió su señal en el Municipio de Madera. Se encontró su radiocollar en la caja de una camioneta. Al quedarse en ese territorio, esta hembra indicó así la zona con mejor calidad del hábitat para la liberación.

A partir de entonces se han efectuado diez liberaciones. En el año 2014 se documentó el nacimiento de la primera camada en libertad, además de que  lobos nacidos en vida libre ya formaron parejas y tuvieron camadas también en vida libre. Hasta el momento se tiene una población de aproximadamente 25 ejemplares activos en un radio de actividad entre 250 y 400 km2.

A la fecha, este comité incluye representantes de los lugares donde se encuentran alojados los lobos y se lleva a cabo su reproducción: zoológicos, UMAs y Centros de Investigación para la Vida Silvestre (CIVS). Hay también representantes de instituciones universitarias que llevan a cabo investigación sobre su conducta y reproducción o bien, que manejan el programa de reintroducción en el medio silvestre. Hay, por último, representantes de las instituciones encargadas del medio ambiente de ambos gobiernos. Todos los integrantes del comité participan en el intercambio de lobos entre los diferentes encierros para la reproducción; esta permuta se realiza apegada a un estricto programa genético de entrecruzamientos, cuya finalidad es evitar la consanguinidad de la población e incrementar la supervivencia de la población cautiva. 

Durante su estancia en cautiverio, la hembra n.º 1203 formó pareja con el macho n.º1141. Tuvieron cuatro crías. La familia fue liberada en diciembre de 2015, pero en el monitoreo de julio de 2016 se dejó de percibir la señal del radio-collar satelital que llevan ambos y no se les volvió a ver. Se presume que están muertos. Un año después, en julio de 2017, se perdió la señal de dos de las crías.

La reintroducción del lobo mexicano pasa todavía por múltiples tropiezos, desde el envenenamiento o disparos contra los ejemplares, hasta la disminución del presupuesto. Pero puede decirse que se trata de un programa indispensable y promisorio para recuperar una especie a la que deliberadamente se trató de extinguir y ahora tiene modo de protegerse. Es posible evitar la extinción de ésta y otras especies.

 

María de la Asunción Soto
Maestra en Ciencias.

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Publicado en: Elementos

2 comentarios en “El lobo mexicano y la loba n.º 1203

  1. Me dió gustó leer el artículo. Me interesa mucho la recuperación del lobo mexicano. Recomiendo leer American Wolf.

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