El regreso de los ajolotes a Xochimilco: un viaje peligroso cuando se hace sin ciencia

Tres pares de branquias que coronan su cabeza y una boca que parece sonreír sin pausa son parte de esta especie, que en la cultura azteca es considerado un dios que rehuye de la muerte. En La leyenda del quinto sol, los dioses se sacrifican para dar paso al movimiento de los astros, pero Xólotl escapa a su destino mediante sus poderes de transformación y, frente al lago de Xochimilco, toma su última forma: la de un ajolote. Hoy, la muerte sigue cerca de este animal, ahora personificada en urbanización y contaminación de su hábitat.

Ilustración: Estelí Meza
Ilustración: Estelí Meza

Volver a casa no siempre significa regresar al lugar de origen, sobre todo cuando tal espacio perdió aquello que lo hacía habitable. Esto sucede con los ajolotes (Ambystoma mexicanum) y los canales de Xochimilco, sitios que solían ser su ambiente natural, pero debido al crecimiento urbano, la contaminación y la presencia de especies invasoras, hoy son otra cosa menos un hogar digno para este anfibio.

La población silvestre de axolotes pasó de 6000 por kilómetro cuadrado en 1998, a 100 por kilómetro cuadrado en 2008. Con esta drástica disminución ingresó a la lista roja de la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza, así como a la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010, donde quedó clasificada como especie en peligro de extinción; pese a que la alerta fue clara, el censo de 2014 fue aún más lamentable ya que indicó que sólo habitaban 36 organismos por kilómetro cuadrado.

Esta existencia precaria tiene diversas causas. Una es la pérdida del territorio alentada por la fragmentación del humedal de Xochimilco, que pasó de recibir agua de manantiales acuíferos —que ahora satisfacen la demanda de agua de la Ciudad de México—, a llenarse con agua de las plantas de tratamiento de la ciudad. A esto se suma la contaminación por la urbanización del entorno y su descarga de aguas negras, así como la presencia de especies invasoras.

Las razones que exilian a los ajolotes de los canales de Xochimilco han sido investigadas por diversas instituciones, entre ellas el Instituto de Biología, que ha publicado sus hallazgos en revistas e informes oficiales. Sin embargo, sus conocimientos no fueron considerados cuando se arrojaron decenas de ajolotes a los canales de Xochimilco en el evento “Ajolotón: preservación del ajolote y su hábitat”, en el cual no solo se ignoró evidencia científica de décadas de estudios, que incluye reportes del Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC), sino que además tuvo un manejo de la especie que puede considerarse como maltrato animal.

Aunque la recuperación de las poblaciones en cautiverio es un hecho, tener una mayor cantidad de estos no se traduce automáticamente en incrementar su presencia en la vida silvestre. Desde 2014 se indicó en el Manual básico para el cuidado en cautiverio del ajolote de Xochimilco, del Laboratorio de Restauración Ecológica del Instituto de Biología, “que la liberación de ajolotes en los canales de Xochimilco u otros cuerpos de agua no era una opción sana para el animal ni para el ecosistema”.

Esta salamandra mantiene toda su vida una apariencia infantil, porque conserva sus características larvarias, cualidad conocida como neotenia. El veterinario Horacio Mena, coordinador de la colonia de ajolotes del Laboratorio de Restauración Ecológica y autor del manual citado, cuenta que este anfibio es una de las cuatro especies en el mundo sin las características fisiológicas para sobrevivir el paso de una fase acuática a una fase terrestre, por lo que siempre viven en el agua. “En los anfibios, la glándula tiroides es la encargada de hacer que las especies diseñadas para alcanzar una fase terrestre puedan dar ese salto y se mantengan sanas, pero el ajolote de Xochimilco tiene deficiencias en esta glándula. Por ello es que obligarlos a abandonar el agua tensa su sistema inmune y les genera sufrimiento; los pocos que logran esta metamorfosis obligada lo hacen con dolor y viven poco”.

Un dolor que, para su desdicha, está vedado a nuestros sentidos, pues estos anfibios no producen ruido y su principal forma de mostrar dolor es intentar huir, acción evidente cuando se les toma con las manos y se les obliga a permanecer en el pasto, como pasó en el “Ajolotón”. Horacio Mena explica que hay otras formas de interpretar su dolor, por ejemplo, midiendo el cortisol y otras hormonas del estrés que se detonan cuando la vida de cualquier animal, incluídos los humanos, está en peligro.

Además, fuera del agua sufre estrés por deshidratación, evento al que debería responder la glándula tiroides, aquella que a los ajolotes les sirve de forma deficiente. Estos eventos de estrés pueden afectar su sistema inmunitario y agotar órganos implicados en la producción de anticuerpos, haciendo que el animal entre en desgaste y enferme con facilidad.

Por estas razones ni sacarlos del agua, ni manipularlos como ocurrió en el “Ajolotón” son opciones; además, tienen una visión limitada y se guían por vibraciones: “si un ajolote es capaz de percibir a unos centímetros un pequeño insecto, seguro debe sentir una gran invasión al ser tocado por un ser humano”, dice Mena. Mientras que su visión es corta, su piel es ultrasensible e incluso respiran por esta, por lo que superficies rugosas pueden herirlos y bacterias ajenas los enferman con facilidad, sobre todo si pasan estrés que los debilita.

Son muchas las formas en que los ajolotes exponen su malestar, el abandono de su antigua casa es otra. El lago de Xochimilco es el último remanente de un sistema de humedales con múltiples cambios, uno de los más importantes fue en la época colonial, cuando se drenó el Valle con una extensa infraestructura de alcantarillado.

Luego, vino la presión de la urbanización y las tendencias del mercado de alimentos. Por esta última se introdujeron carpas y tilapias, especies que depredan a los ajolotes y compiten por alimento. También, se cambiaron las milpas por la homogeneización de cultivos y se comenzaron a emplear pesticidas que se impregnaron a peces y anfibios del canal.

Estas alteraciones también marcaron la calidad del agua, factor que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) identifica en esta zona como la principal amenaza para los ajolotes. En 2019, un estudio informó los resultados de un monitoreo de la calidad del agua en el humedal periurbano de Xochimilco. Entre lo reportado destaca que en la mayoría de los canales el agua era inadecuada para riego y que la cantidad de coliformes (desechos fecales) y valores de PH superaron los niveles aceptables por lineamientos nacionales e internacionales en todos los sitios revisados.

El desgaste de este ecosistema lleva años en la mira y las dificultades para el regreso de estos animales no son nuevas. Desde 2003, los científicos pioneros en la conservación de ajolotes, Richard A. Griffiths, Virginia Graue e Ian G. Bride advertían con evidencia en mano que para el regreso de estos a Xochimilco era necesario analizar la calidad del agua, la variación genética de las poblaciones y las enfermedades.

La variabilidad genética se trata de asegurar una reproducción sana; sobre las enfermedades se debe clarificar la presencia de patógenos en animales en cautiverio que puedan poner en riesgo a las especies del ecosistema.

Sobre la calidad de agua, Horacio Mena indicó que para considerar a Xochimilco como un hábitat ideal, su agua debería estar libre de especies invasoras, además de tener un PH y temperatura adecuados. “Los canales tienen carpas, tilapias y aguas negras, no tienen el oxígeno que necesitan los ajolotes, también hay lanchas de motor que son contaminantes. Que orinen, defequen o vacíen alcohol modifica la acidez del agua y la presencia de oxígeno”.

La recuperación del hogar de los ajolotes se ha intentado debido a la importancia de tener esta especie de vuelta en la vida silvestre y no solo en laboratorios, también porque su regreso supone recobrar Xochimilco y sus servicios ecosistémicos. Cuenta Horacio Mena que algunos laboratorios han planteado contratar pescadores para retirar las especies invasoras.

Desde hace una década, el plan de conservación del Laboratorio de Restauración Ecológica es el proyecto Chinampa-refugio, que busca una simbiosis entre las prácticas agroecológicas y los refugios para ajolotes. Esta estrategia sucede en chinampas que no manejan agroquímicos: en éstas instalan zanjas a las que no ingresan carpas ni tilapias y emplean filtros de plantas y tezontle para mejorar la calidad del agua, además, “siembras planta nativa, charales, acociles y pulga de agua para recrear lo que originalmente era un canal”, explicó Mena, todo lo cual no sería posible sin los chinamperos que dejan las zonas libre de pesticidas y contaminantes.

Una evaluación reciente de estos refugios mostró que la población del ajolote que habita en estas pequeñas zonas está en crecimiento y que el éxito de estos se debe a “la protección, buena calidad del agua, así como a la disponibilidad alta y diversa de alimento para las primeras etapas del ciclo de vida del axolote”.

Por su parte, el CIBAC apuesta por hacer reintroducciones en ciertas zonas. La más grande fue en 2013 con 2 800 organismos que se introdujeron en el Lago de Conservación de San Gregorio Atlapulco. José Antonio Ocampo, jefe del CIBAC indica que esta liberación fue a petición de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y con el objetivo de evaluar el proceso de adaptación de organismos en cautiverio al ser reintroducidos en un cuerpo de agua, “se llevaron a cabo los procedimientos legales, se informó al área natural protegida, se obtuvo la opinión técnica de áreas naturales protegidas, que fue a favor, porque se demostró que los ejemplares que procedían de nuestra Unidad de Manejo Ambiental cuentan con la variabilidad genética suficiente para la reproducción”. También cuenta que certificaron que los ejemplares no tenían enfermedades y que todo este proceso tomó un año.

Todos los pasos y trámites anteriores no existieron en el “Ajolotón”, el jefe del CIBAC señala que “hasta donde tenemos entendido ni siquiera se contó con la opinión técnica por parte de áreas naturales protegidas aunque el plan de manejo ambiental de Xochimilco es muy claro: todo tiene que informarse a la autoridad pertinente y ellos tendrán que hacer la evaluación para ver si cumple con lo que marca la ley”.

Actualmente, el CIBAC mantiene su postura de realizar introducciones en sitios supervisados. Su siguiente proyecto de reintroducción ya dio el primer paso: la certificación genética de su colonia, que obtuvieron del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio) del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) de Irapuato. La nueva reintroducción se proyecta en el Parque Ecológico de Xochimilco, donde consideran se podrá estudiar la adaptación de esta especie en un sistema que, aunque no es natural completamente, tiene condiciones ambientales no controladas.

Antes de esto, planean revisar las características del agua durante al menos ocho meses y evaluar la presencia de especies que pudieran ser depredadoras o alimento de axolotes. Luego de este monitoreo solicitarán los permisos correspondientes y, al tener luz verde, planean seguir de cerca el proceso de adaptación y supervivencia.

José Antonio Ocampo señaló que en el parque ecológico tienen la misma fuente de abastecimiento de agua del canal de Cuemanco, que es la planta de tratamiento del Cerro de la Estrella y que “es apta para la vida acuática”. También detalló que, a diferencia de la mancha urbana, en el parque no hay drenajes clandestinos que viertan aguas grises al canal.

La figura del ajolote está inmortalizada en los murales de Diego Rivera, en los escritos de Julio Cortázar y en los celebrados billetes de cincuenta pesos, aparece también en una novela de Juan Villoro y entre la poesía de José Emilio Pacheco; tantas imaginaciones y corazones han movido este animal, que el grupo pionero en la conservación de ajolotes esperaba que con el tiempo la simpatía de este anfibio despertara entre los humanos una razón para recuperar su población salvaje. Hoy no solo requerimos alentar esta simpatía, debemos atender a la evidencia científica para que los ajolotes puedan regresar a su hábitat natural sin los peligros de un circo político.

 

Geraldine Castro
Periodista de ciencia y cultura, integrante de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia (RedMPC)

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Contactos

Un comentario en “El regreso de los ajolotes a Xochimilco: un viaje peligroso cuando se hace sin ciencia

  1. Uno de los análisis más completos que haya leído sobre el problema del Ajolote.
    No hay ajolotes en Xochimilco desde hace más de una década. No es posible encontrar alguno en su entorno original. Entonces ¿cual es el sentido de que Xochimilco sea patrimonio cultural de la humanidad? Su destino, con todas estas plausibles acciones, es vivir en pequeños reductos dentro de su deteriorado ecosistema (y en laboratorios del primer mundo y billetes).
    Ese ecosistema seguirá deteriorándose hasta desaparecer. Ese es su destino. Xochimilco no tiene remedio.
    Así, tendremos el dichoso orgullo de ser un pueblo que no es capaz de proteger sus verdadera riqueza: ajolote, vaqueta marina, pajaro carpintero imperial…
    Para muchos el petróleo es riqueza. Para muchos riqueza es lo que brilla.

Comentarios cerrados