El valiente del norte

No hace mucho, en una larga caminata donde estuve en busca de rastros de osos en Coahuila, en la Serranía de Arteaga, una mujer llamada Juanita, que recolectaba las hojas de los pinos para hacer artesanías, me contó una leyenda.

Había una vez una mujer que tuvo una vida llena de tropiezos y cuando había encontrado a un compañero de vida, la desgracia se lo arrebató en un suspiro con la muerte. La mujer, en su desesperación, buscó a una hechicera y le pidió que la ayudara para encontrar la tranquilidad. La hechicera le dijo que sólo la ayudaría si conseguía los pelos del cuello de un oso, sin que se lastimaran mutuamente. Así, la mujer se internó en el bosque…

Los estudios científicos reportan que, desde Alaska hasta el centro de México, había animales similares a osos —o úrsidos, como la ciencia los conoce— hace cerca de 12 millones de años. La historia tiene en sus memorias la cosmogonía de nuestros ancestros; se dice que si se nacía bajo el tótem del oso, se sabía cuándo actuar: “piensa antes de actuar”, las respuestas están adentro. Un tótem refiere a espíritus protectores hechos animal.

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¿Cuántos pelos tiene el oso? Biología de la especie y distribución

El oso negro americano, cuyo nombre científico es Ursus americanus, es un mamífero que posee un pelaje corto y obscuro con matices que van del caoba al negro, como si llevara un abrigo áspero y mal lavado.

En México, el oso negro habita en el norte del país, el límite inferior de su distribución en Norteamérica. El hábitat se conforma por bosques, matorrales, pastizales y la frontera de áreas áridas. Este gigante peludo posee un rango altitudinal que va desde los 650 hasta los 3000 metros sobre el nivel del mar (msnm). Su capacidad omnívora le ha permitido sobrevivir y reproducirse en diferentes ecosistemas. Además, se ha clasificado como una especie con sinantropía fluctuante. Su dieta va desde semillas, raíces, frutos e insectos, hasta presas pequeñas que devora con sus incisivos feroces de carnívoro. Por esto, en México tiene el título del carnívoro terrestre más grande y del único úrsido.

La mujer se internó en el bosque y aprendió los tiempos de la naturaleza y, en esos tiempos, los del oso. Ese imponente y solitario animal se habituó a la presencia de esa mujer silenciosa. Sin que él lo imaginara, su peludo cuello era el objetivo.

El hábitat del oso se ha reducido con las acciones antrópicas. El oso negro es considerado el úrsido más curioso de la familia Ursidae, pero esa curiosidad lo ha llevado al límite de ser valiente; así, ha interactuado con la especie humana.

El ser humano ha invadido su hábitat y, de manera consecuente, el oso ha cruzando los asentamientos, como carreteras, zonas rurales y urbanas. En estas interacciones, el oso ha descubierto que los asentamientos humanos son sinónimo de “alimento fácil”: ganadería, cajones de apicultura, basura sin resguardar y agricultura. Sin embargo, en este viaje también se ha encontrado con la muerte.

Aunque se dice que pueden acostumbrarse a la presencia de las personas, también se sabe que un oso habituado es un ejemplar peligroso. Si el oso negro se siente agredido por alguna acción en las diferentes interacciones, puede matar a un humano. Las pérdidas pueden ser vitales para el oso negro y, en consecuencia, para la biodiversidad. Pero, para el humano no sólo son vitales, sino también económicas. Las pérdidas son consecuencia de una coexistencia fallida, en tanto que se ha implementado un control letal para el oso.

En México, el U. americanus es la especie que más pérdidas genera al sector agropecuario por su dieta de omnívoro, frente a especies como el puma o jaguar. Para el criterio de pérdidas vitales se suma a la lista de fauna atropellada y cazada ilegalmente. Estudios en EE. UU. y Canadá reportan, como pieza clave de la conservación y la coexistencia, a la educación ambiental.

El resultado es que U. americanus está en Peligro de Extinción, “(P)” para la simbología que implementa la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y algunas poblaciones bajo protección especial, como en la Serranía del Burro, Coahuila. Por otro lado, en 2017 se reportó que poblaciones en la Sierra Madre Oriental son las más bajas en todo Norteamérica, con 0.019 osos por kilómetro cuadrado. ¡Ni un oso!

Dormir y comer: La hibernación y la hiperfagia

Ese acto rutinario de cruzar miradas les permitió a la mujer y al oso que las huellas fueran compartidas en el bosque. Un día, cuando el invierno se aproximaba, el gigante se preparaba para el sueño de la vida y la muerte: la hibernación. Sería el momento perfecto para aproximarse a su cuello…

“Comer bien, dormir bien, ir donde se desea, permanecer donde interese, no quejarse nunca y, sobre todo, huir como de la peste de los principales monumentos de la ciudad”, era lo que decía un poeta francés llamado Jules Renard. Parecería la frase perfecta para el oso negro, que en la actualidad se enfrenta a la reducción del hábitat y, por tanto, su alimentación ha sido afectada.

El oso negro tiene una estrategia de “alimento fácil”, que consiste en el menor esfuerzo para obtenerlo. ¿Cómo es que un oso puede determinar qué es fácil? La respuesta es donde no se debe pelear por alimento. Se ha reportado que un individuo puede caminar distancias de 30 km en línea recta en un día, lo que implica que llegue a cruzar asentamientos humanos, donde encuentra ganado sin resguardo: cabras, borregos y becerros pastando en el monte o en un corral que lograría esquivar hasta el peor saltador de obstáculos.

En un día normal de primavera un oso consume de 5000 a 8000 kilocalorías. El reto es mayor durante el invierno, ya que debe contar con la reserva corporal suficiente, una tarea poco fácil para un individuo que puede pesar de entre 90 y hasta 216 kilogramos, según la localidad y la disponibilidad de alimento. Esta reserva corporal se asocia a la hiperfagia, que estacionalmente comprende del final del verano al otoño, y en la que el aporte calórico es de entre 15 000 y 20 000 kilocalorías diarias.

El invierno frío es la estación del periodo de la hibernación. En esta etapa fisiológica de la especie el metabolismo degrada las reservas energéticas de manera lenta, el oxígeno interno se reduce a un 25 % y el corazón baja su ritmo de 40 a 5 latidos por minuto. La situación es más compleja si se trata de una hembra gestante; si no tiene las reservas energéticas suficientes, el óvulo fecundado no se implanta y será un evento reproductivo perdido.

Uno triunfante implica suficientes reservas energéticas, un óvulo fecundado que se implanta en los meses invernales de noviembre o diciembre. La gestación tendrá en promedio una duración de 215 días. Es aquí donde el sueño y la reproducción se encuentran. Ser mamá osa no es cosa fácil.

Tú y yo: humano y oso, ¡despierta cada primavera!

Una vez que el invierno llegó, el oso se internó en una cueva y le permitió a la mujer acompañarlo y dormir en su regazo con olor a bosque. El latido del oso disminuyó y, junto con él, su respiración. La vida y la muerte. La mujer tomó los pelos de su cuello, ¡misión cumplida! Con sigilo, salió de la cueva y con el cuerpo lleno de adrenalina, corrió hacia la morada de la hechicera. Ella la recibió y con ironía dijo: —Estaba esperando…—

Las interacciones en el Norte de México se han monitoreado de manera más frecuente en los estados colindantes con la Sierra Madre Oriental. Existen esfuerzos de educación ambiental para la conservación, manejo de la especie y la coexistencia con el humano. Sin embargo, es necesario el trabajo en conjunto entre instituciones, el sector académico y las poblaciones implicadas. La acción tiene un largo camino por recorrer.

¿Cuántos pelos le arrancamos al oso con nuestras acciones? La hechicera estiró la mano, recibió los pelos del oso y los lanzó al fuego de su caldero. —¡No!— gritó la mujer, con enojo —¿Por qué los quema?—. La hechicera le respondió: —Porque lo que necesitabas aprender ya lo hiciste. Las respuestas ante lo inesperado están en ti, tal como el oso que mantiene la vida y la muerte en un arrullo, la mujer entendió todo…

En México, el oso negro está en peligro de extinción. Ese arrullo de la hibernación es el día a día para mantener la vida frente a la pérdida del hábitat. ¿Qué voces de nuestro interior ignoramos ante la extinción?

 

Maria Fernanda Nuñez Torres
Maestra en ciencias agropecuarias y recursos naturales.

 

Fuentes

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Laboratorio de Fauna Silvestre, Facultad de Medicina Veterinaria, Universidad Autónoma de Nuevo León, consultado el 1 de mayo del 2018.

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