El valor de la dieta cetogénica

Ilustración: Estelí Meza

Las estrategias para controlar y reducir el peso corporal han sido relevantes a lo largo de la historia humana, en parte por salud y en parte por estética. Hoy encontramos un amplio abanico de opciones, desde la herbolaria o medicina tradicional, hasta las dietas que abundan en redes sociales, las cuales prometen resultados en pocas semanas.

Dentro de este universo, una dieta que ha ganado notoriedad en los últimos años es la cetogénica, cuya peculiaridad estriba en el consumo de alimentos altos en grasas con una ingesta muy limitada de carbohidratos. Para algunos esto podría sonar contradictorio, pero, bajo ciertos escenarios, puede funcionar. Aquí comentaremos los fundamentos detrás de la dieta cetogénica, sus riesgos y beneficios.

El nombre de “dieta cetogénica” se basa en los compuestos que genera nuestro metabolismo por la descomposición de las grasas, llamados cuerpos cetónicos. Estos se producen en el hígado a partir de grasas, para sustituir a la glucosa como fuente de energía. Este proceso, conocido como cetogénesis, deriva en la formación de los cuerpos cetónicos. Para que estos puedan ser utilizados como energía, viajan a otros órganos, donde se metabolizan y producen acetil coenzima A, en un proceso llamado cetólisis. Por último, dicha coenzima entra al ciclo de Krebs y produce energía.

En periodos de ayuno prolongado, los cuerpos cetónicos también son utilizados por el cerebro como fuente de energía. Esto incide en la actividad neuronal, alterando la síntesis de neurotransmisores como GABA (por sus siglas en inglés), el cual puede regular el comportamiento, el control motor, el estado de ánimo y el sueño. Sin glucosa, el cuerpo percibe estrés metabólico por no tener azúcares disponibles, lo que lleva al uso de los ácidos grasos para generar energía, en lugar de almacenarlos. Esto produce cuerpos cetónicos, sobre todo beta-hidroxibutirato.

Existen diferentes tipos de dieta cetogénica que se diferencian en la proporción de consumo de cada grupo de alimentos. Por ejemplo, la dieta estándar consiste en consumir 10 % de carbohidratos, 20 % de proteína y 70 % de grasas. La dieta cíclica se caracteriza por consumir una alta concentración de carbohidratos durante un día, seguidos por seis días de dieta estándar (10-20-70), para cubrir así la semana. Sin embargo, muchas veces la información que se propaga es imprecisa o falsa, sobre todo en redes sociales.

El orígen de la dieta cetogénica data del año 400 antes de nuestra era, cuando en el Corpus hipocrático ya se encontraban los vestigios de investigaciones acerca de las alternativas de tratamiento para diferentes enfermedades neurológicas, particularmente la epilepsia. Siglos después, en 1920, se estableció la dieta cetogénica como parte del tratamiento para la epilepsia en niños. Ahora sabemos que uno de los mecanismos que explican sus beneficios consiste en que los cuerpos cetónicos llegan directamente al cerebro, donde actúan sobre el neurotransmisor GABA, modificando su abundancia y equilibrando así la activación e inactivación de grupos neuronales. La combinación de este y otros mecanismos disminuye los impulsos anormales y excesivos característicos de la epilepsia, mejorando los síntomas para muchos pacientes.

Algunos datos experimentales sugieren que el uso de cuerpos cetónicos (conocido como cetosis) es un rasgo evolutivo conservado en mamíferos, porque mejora las probabilidades de superar condiciones que ponen en peligro la vida, tales como la sepsis, las isquemias, los envenenamientos o las intoxicaciones. Además, se ha documentado que los bebés utilizan la cetosis para amortiguar el increíble gasto energético que implica el crecimiento del cerebro en un recién nacido.

¿Qué hace tan elogiada a esta dieta?

Se ha comprobado que esta dieta puede promover una reducción de peso de 4.4 a 6 kilogramos en un tiempo de 3 a 6 meses. Además, se han observado beneficios a nivel del sistema nervioso, así como mejora en la función cognitiva y plasticidad neuronal. De hecho, esta dieta también tiene acción a nivel del factor de crecimiento similar a la insulina 1 (IGF-1, por sus siglas en inglés), lo cual incide en una mejor respuesta a la insulina. Asimismo, la reducción de IGF-1 está relacionada con un menor riesgo de desarrollar demencia, diabetes y enfermedades vasculares.

Esta dieta no es apta para todos

Dado que es una dieta muy limitada en carbohidratos, puede ocurrir que no cubra los requerimientos nutricionales individuales, y que su alto índice de grasas propicie un aumento en el riesgo de complicaciones en pacientes con enfermedades cardíacas o hepáticas. Este año se presentó un metaanálisis donde se reporta que el 32 % de hombres y mujeres que siguieron la dieta cetogénica, cuyas edades oscilaban entre 24 a 64 años, tuvieron problemas gastrointestinales, infecciones de vías respiratorias, aumento de los niveles de enzimas hepáticas, así como problemas renales, cardiovasculares y musculoesqueléticos. Cabe señalar que los pacientes con estas complicaciones no fueron supervisados ni guiados por un equipo multidisciplinario de salud, y que esta sintomatología puede presentarse durante los primeros seis meses de adherirse a la dieta.

Por otro lado, en revisiones de la literatura se han reportado que a corto y mediano plazo se presenta hiperlipidemia (altos niveles de lípidos en la sangre), disminución de masa ósea, nefrolitiasis (cálculos renales), alteraciones en el ciclo menstrual, entre otros. Para disminuir o evitar la incidencia de estos síntomas, se recomienda una estricta supervisión por parte de un nutriólogo y un médico internista antes, durante y después de llevar a cabo esta dieta, ya que el metabolismo de cada persona responde de forma diferente.

A pesar de que los efectos adversos de la dieta cetogénica son síntomas poco concluyentes, es importante discernir si estos se debe a la incidencia directa de la dieta cetogénica o al efecto de enfermedades no diagnosticadas previo a la implementación del régimen. Esto podría derivar en un tratamiento farmacológico para dichas enfermedades, un cambio en los hábitos alimenticios o una sinergia entre ambos.

¿La dieta se puede llevar de forma indefinida?

Los estudios a largo plazo se han realizado en personas que han seguido la dieta durante un periodo máximo de dos años. Esto se debe a que los pacientes suspenden voluntariamente la dieta por diferentes factores, entre los que destaca las dificultad para mantener tantas restricciones en la alimentación. Por otro lado, si los efectos adversos de esta dieta se ignoran, es posible que causen estragos a mediano y largo plazo, o que incluso puedan volverse urgencias médicas, como la hipoglucemia (bajos niveles de azúcar en la sangre), en donde los síntomas van desde temblores y sensación de sueño, hasta un estado de coma, dependiendo de la fase en la que se encuentre.

Es importante que, si se presenta hígado graso, enfermedad renal o alteraciones en el metabolismo de los ácidos grasos, no se inicie esta dieta a menos que se cuente con indicación médica. Hay que estar atentos al posible desarrollo de hígado graso y dislipidemias, ya que hay un porcentaje considerable de la población que los padece sin saberlo.

Si bien es cierto que esta dieta trae consigo muchos beneficios, además de la pérdida de peso, la mejora en las funciones cognitivas y en la disminución de la respuesta inflamatoria, las consecuencias de llevarla a cabo sin supervisión pueden ser severas. Tomar consejos de las redes sociales, sobre todo con “coaches” de nutrición, cuando la salud está de por medio, puede derivar en condiciones médicas delicadas, por lo que hay que ser muy cuidadosos.

Además si lo que se busca es iniciarse en este tipo de dieta, es importante saber que las restricciones empiezan por algunos tipos de frutas, vegetales y fibra, lo cual puede derivar en estreñimiento y malnutrición. Por lo anterior es importante cuestionarse si existe la disposición no sólo para apegarse a las restricciones, sino también de asumir los riesgos que puede conllevar. Es cierto que muchas veces decidimos tomar el camino fácil; sin embargo, ¿cuál será la factura del propio cuerpo a largo plazo? La ciencia aún está trabajando en responder a esta pregunta.

Alma Ledesma

Investigadora en el Instituto Nacional de Medicina Genómica.

Salvador Fabela

Investigadora en el Instituto Nacional de Medicina Genómica.

Vanessa González Covarrubias

Investigadora en el Instituto Nacional de Medicina Genómica.

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Publicado en: Cuestiones