Empatía y emociones morales en mamíferos

El aumento reciente de los estudios sobre la empatía revive una línea de investigación iniciada hace más de medio siglo. En 1959, el psicólogo Russell Church publicó un estudio sobre la reacción emocional al dolor de otros individuos que recibían una descarga eléctrica. En el estudio se entrenó a diferentes ratas para obtener comida al accionar una palanca; al hacerlo, una rata en una jaula recibía una descarga eléctrica. En la mayoría de los casos, las ratas que estaban entrenadas para obtener comida se detenían al notar el dolor y el miedo que manifestaba la rata vecina. Church interpretó este comportamiento como una respuesta de simpatía al dolor y al miedo de otro individuo.

El trabajo de Church inspiró una breve oleada de investigación durante la década de 1960 que se enfocó en el estudio de la “empatía”, la “simpatía” y el “altruismo” en los animales. Para evitar el escepticismo de los colegas, los investigadores se aseguraron de colocar su tema de investigación entre comillas. La atmósfera conductista que predominaba en ese momento hizo que la mención de las emociones animales fuera anatema. Si a ello le sumamos la creencia de superioridad de que el ser humano no pertenece al mundo animal, el tabú aseguró que estos estudios fueran en gran parte ignorados.

Sin embargo, en años recientes, diversos especialistas en comportamiento animal han retomado los experimentos para mostrar que una serie de conductas de los animales exhiben que poseen lo que se conoce como emociones morales. Uno de los etólogos más destacados es Frans de Waal, un primatólogo holandés considerado uno de los más eminentes en su campo de conocimiento; especializado en la inteligencia social de los primates, ha abordado el tema de la empatía desde la biología evolutiva. Dentro de la obra de de Waal, el concepto de empatía es crucial pues, junto con el de altruismo, representa lo que el autor considera como las “bases biológicas de las características morales en los animales”. En el fondo, es una característica compartida entre el ser humano y todos los mamíferos sociales que hace que vivir en grupos o manadas facilite mucho la supervivencia.

Ilustración: Oldemar González

Lo anterior nos permite reconocer que la empatía no es exclusivamente humana, pues se ha propuesto que la cercanía de los humanos con los animales, especialmente con los primates, no es sólo estructural o fisiológica, sino que incluso comprende las similitudes de elementos considerados tan humanos como la capacidad moral.

Frans de Waal está seguro de que la empatía se extiende más allá de los primates, e incluso más allá de los mamíferos, pues está presente en algunas aves. Cuanto más se descubre sobre las capacidades cognitivas de animales no humanos, más se extienden las características que se les puede atribuir. Esto abre la puerta a investigaciones empíricas para entender la inteligencia social de los animales, aun en especies muy distantes del grupo de los mamíferos. Tal es el caso de algunos invertebrados, como los pulpos.

Es relevante mencionar que la empatía, como cualquier característica, tiene variaciones y ha sido divida en empatía afectiva y empatía cognitiva: la primera ocurre cuando se experimenta el estado emocional del otro; la segunda se refiere a la capacidad de poder conocer el estado mental del otro. Por otra parte, la empatía no se trata de un fenómeno de todo o nada, pues hay muchas formas intermedias para estudiarla y para comprenderla mejor, no sólo importa conocer las partes más complejas porque su ausencia total puede ser muy ilustrativa. Pero, regresando a las formas más básicas, se considera que el contagio emocional es la principal fuente de la empatía, aunque también hay manifestaciones más complejas.

La empatía comienza en las conexiones físicas y emocionales y en la sincronización de expresiones corporales. Al hablar de sincronización de expresiones corporales —particularmente faciales—, se puede aludir a la imitación, por lo que su relación con la empatía es más que obvia. Con el avance de estudios experimentales también se ha considerado la capacidad de autorreconocimiento en un espejo como una prueba de la existencia de la empatía biológica. Sobre todo de empatía cognitiva, porque muestra que es posible el reconocimiento del yo. Este autorreconocimiento se ha observado en elefantes y mamíferos marinos. Una proeza que antes no hubiera sido posible dado lo difícil que resulta mantener a estos individuos en espacios experimentales.

Existen otras manifestaciones complejas de empatía cognitiva: la compasión, la angustia y la ayuda dirigida. Cada una de estas características han sido estudiadas y, conforme ha avanzado la investigación empírica, han sido relacionadas al concepto de empatía.

A la empatía también se le describe como un fenómeno automático, por su naturaleza rápida, subconsciente y su presencia en muchas etapas de la vida. Asimismo, se considera que esta automaticidad demuestra que no hay una conexión inmediata con la amabilidad, pues nadie puede ser amable todo el tiempo. Incluso se puede resaltar el lado más oscuro de la empatía, lo que Frans de Waal denomina la contraempatía, que ocurre cuando un individuo disfruta ver el sufrimiento de otros. En consecuencia, en los procesos de tortura también se desencadenan procesos empáticos.

Contrario a lo que podría parecer, la empatía se puede regular. Existen restricciones que se activan todo el tiempo, pues encontrarse en un estado de constante agitación tampoco es bueno para los individuos. La empatía es innata y probablemente ya estaba presente en el ancestro reptiliano que dio origen a las aves y los mamíferos. Se considera que inició con los procesos de los cuidados parentales (el cuidado de las crías) o con la relación entre los progenitores y su prole y, de allí, se extendió a las relaciones de cuidado que se establecen con los otros miembros del grupo.

El estudio general de los primates, sobre todo de chimpancés y bonobos, ofrece una excelente ventana al pasado, pues se considera que muchas de sus conductas se asemejan a las de los primeros homínidos. La profundización de estos procesos en especies cercanas nos permite comprender mejor el origen evolutivo y el funcionamiento de lo que, en ocasiones, denominamos orgullosamente “naturaleza humana”.

La explicación de la empatía debe darse a partir de una exposición pluralista. En lugar de definirla como una sola cosa o reducirla a una actividad, puede describirse como un conjunto de tres relaciones conceptualmente distintas, aunque superpuestas experiencialmente: las relaciones de sentir en, sentir con y sentir por. Y no sólo eso, es un concepto paraguas que abarca múltiples manifestaciones que se emplean en conductas donde el estado de otro individuo afecta el estado propio.

Es importante destacar que, a pesar de que la empatía es una característica innata, automática y que es considerada como una base biológica de la capacidad moral del ser humano, los individuos de nuestra especie no nacen con sistemas morales preparados, ni tampoco toda moralidad está en los fenómenos biológicos o los genes. Se trata más bien de una predisposición social inevitable y natural, que se puede o no potencializar. Entre más prosociales sean los individuos, se fomentará una interacción intersubjetiva de participación, cooperación y ayuda o atención comunitaria y, dependiendo de la complejidad, desembocará en sistemas morales prácticos.

Las discusiones actuales sobre el origen de la capacidad moral y su desarrollo en los seres humanos —sobre todo aquellas que parten de la biología evolutiva—, trascienden las obsoletas dicotomías mente/cuerpo, humano/animal o naturaleza/cultura con las que tradicionalmente se ha intentado explicar la capacidad moral del ser. Así, se abre el camino para comprender el fenómeno de una manera mucho más pluralista que combine elementos generalmente estudiados de manera individual: cuerpo, mente y todos los procesos de cohesión social, entre ellos la empatía, que ocurren dentro de los grupos de las especies de mamíferos, que son animales gregarios. Por supuesto, nuestra especie no es la excepción.

 

Eduardo A. Ferreriz Duarte
Estudiante de Maestría del Posgrado en Filosofía de la Ciencia, UNAM

Ricardo Noguera Solano
Profesor de tiempo completo en el Departamento de Biología Evolutiva, Facultad de Ciencias, UNAM

 

Referencias

Church, R. M., “Emotional reactions of rats to the pain of others”, Journal of Comparative and Physiological Psychology, 52, 1959, pp. 132–134

de Waal, F. B. M., Thompson, E., & Proctor, J. (2005), “Primates, monks, and the mind: The case of empathy”, Journal of Consciousness Studies 12 (7), 2005, pp. 38-54

de Waal, F. B. M., “Do animals feel empathy?”, Scientific American Mind, 18(6), 2007, pp. 28-35

de Waal, F. B. M., La edad de la empatía: ¿Somos altruistas por naturaleza? Tusquets Editores, 2011

Rodríguez Caso, J. M. y Noguera Solano, R., “Nociones de evolución para discusiones bioéticas” Series: Cuadernos de bioética. PUB, UNAM, 2019

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Publicado en: Cuestiones

2 comentarios en “Empatía y emociones morales en mamíferos

  1. Ricardo me encantan tus artículos: tienes una claridad y una profundidad de conocimientos maravillosa!

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