Entre imitadores y disfraces, el engaño como estrategia para vivir

A mediados del siglo XIX dos naturalistas ingleses, Alfred Russel Wallace y Henry Walter Bates, se adentraron en la selva amazónica e identificaron especies y fenómenos desconocidos por la comunidad científica hasta ese momento. Particularmente, Bates observó un hecho que había pasado desapercibido por los demás exploradores que lo precedieron: algunas mariposas eran evitadas por las aves y tenían un parecido increíble entre sí por la apariencia de sus alas, principalmente por sus colores llamativos. Por esta razón, pensó que eran especies cercanas, pero se llevó una gran sorpresa cuando, al examinarlas detalladamente, vio que tenían diferencias notables.

Bates se preguntó entonces, ¿por qué hay una apariencia tan similar en estas especies que no están estrechamente relacionadas? La conclusión a la que llegó fue que una de las especies era desagradable para los pájaros y otros animales insectívoros, de ahí que las evitaran. Sin embargo, la otra especie era una imitadora, pues tenía la misma coloración de advertencia para protegerse de los depredadores, pero no era tóxica.

A esta estrategia se le conoce como mimetismo batesiano por el naturalista que hizo esta descripción. En este sistema se encuentran involucrados el imitador, el modelo o la especie a la cual se parece, y el operador o, en otras palabras, el engañado.

Más de un siglo después de este suceso, en el mismo sitio, tres investigadores registraron por primera vez el mismo fenómeno en polluelos de aves, específicamente los de la plañidera cenicienta (Laniocera hypopyrra). La depredación es la principal causa del fracaso de los nidos de aves, quizás por eso las crías tienen plumas con púas naranjas brillantes y una punta blanca en cada una; esta coloración de plumaje es muy diferente a la de los adultos grises. Se cree que, probablemente, están imitando a las orugas de la familia Megalopygidae, peligrosas y evitadas, con quienes comparten el hábitat.

La hipótesis del mimetismo es apoyada no sólo por los rasgos morfológicos, sino por su comportamiento, pues los polluelos no mendigan por comida, como lo hacen las crías típicamente. Ellos, en cambio, mueven sus cabezas de lado a lado cuando perciben un depredador acercándose al nido, movimiento que se asemeja al de las orugas.

Un ejemplo clásico del mimetismo batesiano se presenta en varias especies de sírfidos, que están relacionados con moscas y mosquitos. Estos, a pesar de ser insectos inofensivos, tienen el mismo patrón de coloración amarillo y negro que vemos en himenópteros, grupo al que pertenecen las avispas y abejas; algunos, incluso, imitan sus patrones de vuelo o el zumbido. En este caso, los animales que han sido picados por avispas o abejas evitan tanto los insectos que pican como a sus imitadores.

Hasta hace dos décadas se creía que la mariposa virrey (Limenitis archippus), utilizaba la coloración negra y naranja de sus alas para confundir a sus depredadores por el parecido que tiene con la mariposa monarca (Danaus plexippus). Era un referente muy popular de este tipo de mimetismo. Las monarcas tienen una protección por compuestos tóxicos, llamados glucósidos cardíacos, que obtienen al alimentarse de las plantas de algodoncillo (asclepias). Se creía que la virrey estaba desprovista de cualquier sabor desagradable, por lo que su única protección era ser la imitadora. Pero esta mariposa no sólo logró engañar a las aves, sino también a la comunidad científica, pues se demostró que los pájaros encontraban igual de repulsiva a la mariposa virrey. En este caso, si un ave se come a cualquiera de las dos especies que tienen estos químicos desagradables, después evitará depredarlas.

Este caso en realidad ejemplifica al mimetismo mülleriano, denominado así por el naturalista que propuso el concepto: Fritz Müller. En este contexto, dos o más organismos peligrosos o desagradables se parecen mucho; ambos obtienen beneficios y actúan como modelos e imitadores.

Los himenópteros son otra referencia de este fenómeno, pues tanto avispas como abejas presentan una coloración amarilla y negra para advertir sobre lo peligroso de su picadura. Estos, entonces, comparten el costo de aprendizaje de los depredadores y no solamente una especie carga con los decesos.

Ilustración: Oldemar González

Los impostores están entre las plantas

Aunque todos los ejemplos que he planteado hablan de animales, hay más grupos donde hay fraudes, pues entre las plantas también encontramos potenciales imitadores que realizan mimetismo. Sin embargo, no buscan advertir o engañar a sus depredadores, sino atraer a los polinizadores al emitir señales engañosas sin darles recompensas.

Dentro de las orquídeas hay bastantes especies que no ofrecen retribución a los polinizadores como néctar o polen, pero los atraen imitando plantas que sí lo hacen. Por ejemplo, los tábanos, dejándose llevar por la apariencia, llegan a buscar néctar a la orquídea sudafricana (Disa pulchra), pero no tienen éxito, pues la confunden con un iris nativo (Watsonia lepida), por la gran similitud que tienen sus flores color rosa que sí producen recompensas.

Una situación parecida es la que atraviesan las abejas que polinizan dos especies de pasto de ojos amarillos (Xyris setigera y Xyris surinamensis), pero en este caso la imitadora no es otra planta, sino un hongo patógeno (Fusarium xyrophilum), reportado recientemente. Este hongo crece en las montañas de Guyana, infecta al pasto y, por medio de engaños visuales y aromáticos, atrae a los polinizadores de sus hospederos, para transmitir sus esporas a fin de infectar nuevos huéspedes y facilitar su reproducción sexual.

Además de inducir estructuras muy similares en color, forma y tamaño a las flores de las plantas, también tienen dos pigmentos responsables de la emisión de fluorescencia en rangos de luz que pueden ser percibidos por los fotorreceptores de insectos polinizadores como abejas, hormigas y avispas, lo que podría estar contribuyendo a la atracción de las pseudoflores.

El sistema empleado por este hongo es único, ya que toda la flor falsa está formada por tejidos fúngicos pues, aunque han descrito sistemas similares anteriormente, las imitaciones florales son hojas modificadas de la planta huésped cubiertas de esporas. Esto ha sido documentado sólo en pocos hongos roya que infectan plantas importantes para la agricultura.

Este hongo imitador utiliza otra herramienta típica de las plantas, ya que usa algunas sustancias químicas para que los insectos polinizadores puedan localizar las “flores”. Se ha descrito que emite una mezcla de compuestos que se esparcen por el aire como el α-farneseno y nerolidol, los cuales también están presentes en plantas que quieren ser encontradas por distintas especies de abejas. Además, tanto la planta como el hongo producen un alcohol que es gran atrayente de abejorros y abejas.

Si bien se necesitan más investigaciones en el campo para determinar si se trata de un verdadero sistema de mimetismo, este caso nos refuerza la idea de que la imitación y los disfraces son una herramienta muy socorrida entre animales, plantas y hongos para no morir.

El arte de esconderse a plena vista

Antes de la Primera Guerra Mundial, el camuflaje era considerado una herramienta innoble. Sin embargo, al ver la necesidad militar de pasar desapercibidos para no ser un blanco fácil y atacar al enemigo, el engaño visual tuvo la oportunidad de desarrollarse y ganar prestigio.

Esta importante tarea le fue encomendada a especialistas milenarios de la ilusión visual, quienes fueron reclutados como expertos en camuflaje durante la Gran Guerra. Ellos se encargaron de que los soldados, su armamento y equipamiento fueran uno mismo con el entorno en el que luchaban, de tal forma que resultaran invisibles para la vigilancia aérea.

Camuflarse es otra buena estrategia de engaño, que consiste en disfrazarse para ser parte del entorno en el que se desenvuelve o se lucha. Algunos animales también son artífices de la ilusión porque tienen la habilidad de pasar inadvertidos, ya sea al evitar a sus depredadores o, por el contrario, al esconderse para no ser detectados por sus presas.

Probablemente, cuando hablamos de camuflaje el primer animal que se nos viene a la mente es el camaleón por la habilidad de cambiar de color drásticamente. Sin embargo, ellos ya tienen una coloración que los hace bastante difíciles de encontrar y aunque pueden cambiar ligeramente la intensidad de los tonos para confundirse, no se pueden disfrazar en cualquier entorno como nos muestran las películas y caricaturas. No obstante, sí tienen alteraciones de coloración muy impactantes que usan principalmente para defender su territorio o atraer pareja.

En cuanto a estrategias de camuflaje, la coloración criptica es una forma común. Por ejemplo, las rayas del tigre y de las cebras les ayudan a mezclarse con los pastos de la sabana; las manchas de la serpiente de cascabel lomo de diamante le sirven para desplazarse más tranquilamente en el desierto. Este método es conocido como coloración disruptiva, porque los parches de color ayudan a difuminar la forma de la silueta. Los manchones verdes y marrones de los uniformes militares siguen el mismo principio.

El contrasombreado es otra forma de cripsis que presentan orcas, pingüinos, comadrejas y ranas toro, quienes tienen una coloración clara en la parte delantera de su cuerpo y oscura en la parte trasera. Esta dualidad es muy útil, porque cuando miramos hacia el cielo, los colores claros tienden a mezclarse, y pasa exactamente lo mismo con los colores oscuros al observar hacia abajo. Esta coloración funciona en distintos tipos de hábitats, ya que no importa si estamos en el océano, en el desierto o en un bosque, el Sol siempre brilla desde arriba.

Otras especies optan por autodecorarse, como el cangrejo araña decorador (Camposcia retusa), quien une esponjas y corales a su cuerpo como método de camuflaje. Esta táctica es similar al traje ghillie que usan los francotiradores, puesles ayudan a parecer parte del entorno por ser hechos de materiales vegetales como hojarasca, ramas y hierbas.

Hay ocasiones en las que la línea divisoria entre camuflaje y mimetismo es poco clara. Es lo que pasa cuando hablamos de imitar a una parte del entorno en color y forma, por ejemplo, en el caso de fásmidos o insectos palo e insectos hoja, y las mantis, pues es impresionante la manera en que se parecen a hojas, a ramas e incluso a flores. Hacen que nos preguntemos si se trata de mimetismo o un muy buen camuflaje.

Independientemente de que recurramos a la imitación o al camuflaje, lo cierto es que muchos seres vivos sabemos que tenemos que recurrir a una estrategia de engaño para aumentar nuestras posibilidades de sobrevivencia.

 

Ruth Itzel Torres Torres
Bióloga por la Facultad de Ciencias, educadora ambiental y divulgadora de la ciencia en formación. Apasionada por compartir los descubrimientos que se hacen de la naturaleza.

 

Referencias

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Laraba, I., McCormick, S. P., Vaughan, M. M., Proctor, R. H., Busman, M., Appell, M., y Wurdack, K. J., “Pseudoflowers produced by Fusarium xyrophilum on yellow-eyed grass (Xyris spp.) in Guyana: A novel floral mimicry system?”, Fungal Genetics and Biology144, 2020, 103466.

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Ritland, D. B., “Unpalatability of Viceroy Butterflies (Limenitis archippus) and Their Purported Mimicry Models, Florida Queens (Danaus gilippus)”, Oecologia, 88(1), 1991, pp. 102–108.

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Publicado en: Elementos