Extinción animal III: Last chance to see (Mañana no estarán) panorama actual

Presentamos aquí la última de tres entregas de una investigación ilustrada sobre el panorama actual de la fauna en peligro crítico de desaparecer del planeta.

Pocas cosas en el mundo natural resultan más estremecedoras que el ocaso de una especie. En especial si los organismos han sido orillados a la erradicación total por motivos que no les atañen directamente ni obedecen a procesos naturales. Historias evolutivas interrumpidas de tajo por la injerencia del Homo sapiens: linajes antiguos truncados por la destrucción del entorno, la cacería desmedida, el calentamiento global, la introducción de especies exóticas invasoras, la contaminación sin freno y demás rubros que definen la oscura época del Antropoceno, Capitaloceno, Chthuluceno o como quiera llamársele a nuestra era.

De acuerdo con estimaciones de La Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), en este momento 40 000 especies de seres vivos alrededor del mundo confrontan un riesgo crítico de extinción, lo cual representa el 30 % de todas las especies evaluadas por la iniciativa. Muerte o encierro, a ese grado desesperado hemos empujado a una cifra cada vez más considerable de especímenes que, aunque en términos perfectamente estrictos aún no puedan ser decretados como extintos, sólo habitan en zoológicos y centros de conservación. Organismos como el lobo gris mexicano, que ya no puede ser encontrado en estado salvaje, y cuyos escasos supervivientes están condenados al confinamiento (sin mencionar que varios intentos por reintroducirlos han fracasado debido a la caza y al entrecruzamiento con perros).

Cabría preguntarse: ¿qué significa ralamente el término extinto en estado salvaje? Cuando no es que exista realmente otra alternativa de vida integral para una especie. ¿Cuál es el punto de “salvar” a un taxón de la desaparición si no se conserva también el sitio en donde habita? ¿Qué sentido tiene mantener a un grupo de organismos con vida si estarán forzados a una eternidad tras las rejas?

La verdad es que existir de esa manera, al menos en términos ecológicos, no tiene mucho sentido. Una especie no sólo son los individuos que la componen, sino las interacciones que estos establecen con otros seres vivos y con el medio, el nicho que ocupan en el sistema biótico y el papel que juegan dentro del gran ciclo de la vida. Sin todo eso, los organismos son meros espectros de lo que deberían ser. Por mucho esmero que se ponga, el cautiverio no puede sustituir a la naturaleza. Sin embargo, día a día crece la lista de animales para los que el tiempo de encontrar respuesta a las interrogantes antes mencionadas está agotándose y, a menos que se tomen medidas drásticas y efectivas a la brevedad, sus horas en el medio silvestre están literalmente contadas.

A continuación, expondremos algunos casos de los grupos zoológicos que en la actualidad confrontan el peligro de extinción más inminente; varios de ellos, con poblaciones que no rebasan las pocas decenas de individuos, ya están virtualmente perdidos, pero para otros aún podría quedar una ligera esperanza.

México

Resulta imperante estar al tanto de aquellos grupos de fauna que confrontan un riesgo inminente de desaparecer de la región en donde habitamos —en especial aquellas especies que son endémicas—, en el sentido de que sólo los ciudadanos tienen la capacidad de ejercer suficiente presión sobre el gobierno para que éste tome acciones pertinentes. La realidad es que, si la sociedad no está informada y se involucra de manera activa en su conservación, los especímenes silvestres están condenados a desaparecer. Desde hace ya varios años, México figura dentro de los primeros cinco puestos en la lista de países con mayor número de especies en extinción. El año pasado el top cinco de la lista roja quedó: Madagascar (3664), Ecuador (2568), México (2078), Indonesia (1988) y Malasia (1928).

Ilustración: Ana J. Bellido
Ilustración: Ana J. Bellido
Ajolote de Xochimilco (Ambystoma mexicanum)

Quizás el axolotl no necesite mayor carta de presentación. Después de todo, poseer los secretos de la eterna juventud, ostentar el grado de deidad mesoamericana, haber figurado durante siglos como un enigma biológico infranqueable y ser personaje recurrente en textos literarios y científicos, no son logros que muchos otros anfibios puedan presumir. Con su impresionante regeneración morfológica —que lo dota con la capacidad de volver a crecer apéndices perdidos, como ojos, extremidades, cola y hasta órganos internos— y su carácter neoténico —es decir, la posibilidad de engendrar descendencia sin necesidad de atravesar por los cambios típicos a los miembros del grupo para alcanzar la etapa adulta— el pequeño monstruo del pantano mexicano es, sin duda, uno de los organismos más notables del mundo.

Antes fue sumamente numeroso en los lagos y humedales que bañaban el gran Valle de México, de donde es endémico; hoy en día sólo se le encuentra en vida libre en los canales de Xochimilco. Su panorama es sombrío en extremo, debido a la degradación y fragmentación continua del área, alta contaminación y desecación de los acuíferos, así como a la introducción de especie invasoras nocivas como la carpa y la tilapia y las presiones constantes del mercado ilegal de mascotas: los axolotes actualmente confrontan con una situación muy alarmante. De 1998 a 2008 la densidad poblacional de estos organismos decreció de aproximadamente 6000 individuos por kilómetro cuadrado a menos de 10. Algunos investigadores opinan que ya se encuentra funcionalmente extinto en libertad. Lo que es completamente seguro es que su extinción en el medio silvestre es inminente; aunque en cautiverio se mantienen poblaciones nutridas.

Situación igual de desesperada, o incluso peor, es la que confrontan la mayoría de las otras dieciocho especies de ajolotes del género Ambystoma que habitan en México. Al menos nueve de las cuales se consideran en riesgo crítico.

Ilustración: Ana J. Bellido
Ilustración: Ana J. Bellido
Vaquita marina (Phocoena sinus)

La vaquita marina es una marsopa (mamífero marino pariente de los delfines y las ballenas) endémica del alto Golfo de California, en el norte de México. Presenta cabeza achatada con manchas oscuras en los ojos y boca, es color gris plomizo y rara vez supera el metro y medio de largo. Su naturaleza es tímida (nunca se ha podido fotografiar ni filmar a un individuo bajo el agua) y suele nadar en pareja. Se trata del cetáceo más pequeño del mundo y, hoy en día, el que afronta el riesgo de extinción más inminente: su situación actual es tan lúgubre que, de acuerdo con el censo más reciente de 2021, podrían quedar tan solo ocho ejemplares con vida; lo cual torna ya inviable su supervivencia a largo plazo.

En años recientes se decretó un polígono de exclusión de pesca en el área para intentar proteger a la vaquita de las redes en las que cae por error (pues no es una especie que se consuma o explote de ninguna manera). Sin embargo, ha probado ser una medida difícil de mantener, pues la extensión de mar es demasiado vasta como para cuidarla adecuadamente. Además de que, debido a las presas estadunidenses edificadas desde la década de los treinta en el alto río Colorado (entre ellas la enorme Hoover Dam destinada a proveer de agua a la Ciudad de Las Vegas), el caudal de agua que hoy en día llega al antes fértil delta ha disminuido a menos del 10 % de su afluencia histórica; esto ha generado consecuencias nefastas no sólo para la ecología sino también para los pueblos de la región del alto Golfo de California, que han visto mermada su seguridad alimentaria.

Algunos expertos consideran que la única esperanza para la vaquita es la reproducción en cautiverio. Sin embargo, debido a su cualidad tímida, nunca se ha capturado a un ejemplar con vida, ya no digamos intentado mantenerle en acuarios.

Ilustración: Ana J. Bellido
Ilustración: Ana J. Bellido
Totoaba (Totoaba macdonaldi)

La razón principal tras la inminente extinción de la vaquita marina es que comparte su área de distribución con la totoaba, Totoaba macdonaldi, un pez de talla grande y aspecto osco, también endémico de la región, que en tiempos pasados se contaba por cientos de miles, pero que la sobrepesca y el factor de que su vejiga natatoria sea tremendamente codiciada en China —alcanzando precios de hasta 60 000 dólares por pieza en el mercado negro de Hong Kong— lo han empujado también al borde de la extinción y actualmente está prohibida su captura.

Al parecer, en el oriente lejano, el órgano del pez, antes considerado como alimento afrodisíaco, en el presente representa uno de los máximos símbolos de estatus o poder posibles (pensemos, por ejemplo, en el regalo que le podría dar un empresario chino a un político ambicioso para sobornarlo). La relación entre ambas especies es desfavorable para la vaquita marina, pues aproximadamente 70 % de mortandad de la especie se debe a que cae en las redes ilegales que ansían tomar parte en el poderoso flujo capital de la economía totoabera.

 

En esta plataforma puedes saber más sobre estas especies y otras que corren con una suerte similar en nuestro país.


Resto del mundo

Rinoceronte de Java (Rhinoceros sondaicus)

En la primera entrada de esta serie mencionamos el deprimente caso del rinoceronte blanco del norte, cuyo número total asciende a apenas tres individuos y que virtualmente ya podríamos decretar como extinto. Tristemente la mayoría de especies de rinocerontes del mundo comienzan a perfilarse hacia un panorama similar. La otra especie de estos magníficos mamíferos que en poco tiempo podría estar inmersa en un escenario igual de fatídico que el blanco del norte, es el rinoceronte de Java, Rhinoceros sondaicus.

Se trata de una variedad enana que hasta hace no mucho podía ser encontrada en las selvas de todo el sureste asiático, incluyendo Vietnam, Malasia, Camboya, Tailandia e Indonesia, pero que hoy en día tan sólo habita en un diminuto parque natural de la isla de Java. El último conteo, realizado en 2012, reportó que quedan apenas 29 ejemplares, lo cual le confiere, junto con su pariente africano, el título del “mamífero de gran porte más raro de la Tierra”.

Situación similar que enfrentan todas las especies de rinocerontes del mundo, diezmadas por un motivo tan trivial y cuestionable como que en el oriente se le confieran propiedades medicinales y afrodisíacas a su cuerno (que, por cierto, al no ser óseo, sino estar conformado por queratina, la misma sustancia que da lugar al pelo y las uñas, es capaz de volver a crecer, lo que torna matarlos para hacerse con los preciados cuernos en un despropósito aún más oscuro).

Ilustración: Ana J. Bellido
Ilustración: Ana J. Bellido
Leopardo del Amur (Panthera pardus orientalis)

Es la variedad o subespecie de leopardo más rara que existe y el felino más gravemente amenazado. Su población solía extenderse desde China y Rusia hasta Corea, sin embargo, debido a la cacería con fines peleteros (explotación comercial de su piel), reducción del hábitat y matanza indiscriminada en las zonas contiguas a asentamientos humanos, hoy en día sólo se le puede encontrar en la reserva de Sijoté-Alín, Siberia. Se estima que quedan entre 25 y 34 especímenes en libertad y otros 100 repartidos en zoológicos alrededor del mundo. Lo que destaca a este leopardo del resto de sus congéneres es que su pelaje es más denso y largo, con tonos dorados y naranjas durante el invierno y amarillo pálido y ocre durante el verano.

Podríamos seguir agregando organismos interminablemente en esta lista, e incluir miles de especies que, aunque sus números aún no cruzan la penosa cantidad de menos de cien ejemplares, se les considera como críticamente amenazadas. Tal es el caso del delfín de Irawadi del sureste asiático, el elefante de Sumatra, el gorila occidental de tierras bajas, el gorila de montaña, el buey de Vu Quang de Vietnam y Laos, el tigre siberiano, el águila arpía y el lémur del bambú. Si los acontecimientos actuales siguen su curso, en poco tiempo también habría que agregar al orangután, al pangolín, al leopardo de las nieves, al panda gigante, a varios tipos de cetáceos y otros mamíferos marinos, así como atunes, tiburones, tortugas, camaleones, armadillos, monos y un sinfín de especies de ranas y salamandras.

Pero en lugar de sentir depresión o impotencia ante la colosal pérdida de biodiversidad zoológica, es mejor encauzar el coraje hacia los esfuerzos de conservación. Actos tan sencillos como evitar consumir productos elaborados con aceite de palma, por ejemplo, podrían tener una consecuencia importante para los supervivientes salvajes de las selvas de Indonesia. Y claro, intentar inmiscuirse en los programas locales también es fundamental: para los habitantes de la Ciudad de México esto significa sumarse a la lucha por salvar al axolotl; se necesita presionar a las autoridades para que tomen medidas inmediatas y no sólo hagan simulaciones como esa liberación reciente que terminó en catástrofe. Porque al final, los peores enemigos de la fauna, además de los factores que les impactan directamente, son la ignorancia y la indiferencia.   

 

Para cerrar esta serie, aquí la magistral película Racing Extinction, un poderoso documental que a través de técnicas de espionaje e investigación policial revela la nefasta situación actual con respecto a la extinción de fauna y el mercado ilegal de especies protegidas. Tiburones ballena (aniquilados en pos de Omega 3), mantarrayas gigantes cazadas por sus branquias, ballenas ofrecidas en sushi y otros crímenes biológicos.

 

Andrés Cota Hiriart
Biólogo y escritor. Autor de la novela Cabeza ajena (Moho, 2017) y de los libros de ensayo El ajolote (Elefanta, 2016) y Faunologías (Festina, 2015). Colabora en Revista de la Universidad y Gatopardo, es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2018-2021) y fundador de la Sociedad de científicos anónimos.

Ana J. Bellido
Ilustradora y diseñadora. Su trabajo puede encontrarse aquí.

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