Guerra y comunidad: las metáforas de la pandemia

“Estamos en guerra”. Esta fue la frase que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, repitió en varias ocasiones el 16 de marzo del 2020 durante un mensaje televisado para informar al pueblo francés sobre la situación nacional frente a la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2, el covid-19.

Ilustración: Víctor Solís

Macron no fue el único líder en hacer declaraciones parecidas. Una semana después, el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró: “Estamos en guerra con un virus que amenaza con partirnos a la mitad”. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, también declaró, aunque no sobre su nación, sino desde su característico egocentrismo, que se veía a sí mismo como un presidente en tiempos de guerra.

La pandemia por la que navegamos actualmente no es la primera ocasión en la que se le ha declarado la guerra a algo más que no sea otro Estado. El gobierno de Felipe Calderón lo hizo con el narco y Estados Unidos con las drogas. Incluso dentro de la medicina, las metáforas bélicas no han sido exclusivas de esta pandemia, sino que, normalmente, los medios hablan de personas que padecen alguna enfermedad —principalmente el cáncer— como soldados dentro de una batalla.

¿Cuándo y cómo surgen estas metáforas? Las guerras son casi tan antiguas como nuestra especie y las enfermedades son una parte esencial de la vida. Pero el momento en el que se unen estos dos conceptos, según la filósofa y escritora Susan Sontag en su libro “El SIDA y sus metáforas”, está relacionado con la medicina moderna: “Puede decirse que el pensamiento médico moderno comienza cuando la metáfora militar se vuelve específica […], y la comprensión más precisa de que las enfermedades se deben a organismos específicos, identificables, visibles (con la ayuda del microscopio).” Es decir, fue indispensable que la medicina reconociera al enemigo visual y conceptualmente.

Incluso en momentos en los que un conflicto bélico causaba una pandemia, la enfermedad, al ser un agente desconocido, no era narrada como una guerra. Un claro ejemplo de esto son los cocoliztlis que sufrieron los mexicas, tanto durante el proceso de la conquista, como ya siendo miembros de la Nueva España. “Cocoliztli se refiere a cualquier gran enfermedad que enferma a todo un barrio o una ciudad”, cuenta a nexos Sandra Guevara Flores, investigadora del Centro de Estudios Antropológicos de la UNAM. Si bien varias epidemias recibieron el nombre de cocoliztli, su significado cambió tanto dentro de la época prehispánica como a lo largo de los tres siglos novohispanos“. Durante el cocoliztli de 1545, los juglares cantaban una rima que perdura hasta nuestros días: “Duérmete niño, duérmete ya, que viene la cocoliztli y te comerá”.

Es decir, incluso en un momento en el que había un enfrentamiento bélico entre los chichimecas pertenecientes al reino de la Nueva Galicia y los miembros de la Nueva España, la enfermedad que se volvió epidémica —una hemorragia nasal terrible que normalmente terminaba en la muerte de la o el enfermo entre los tres o cinco días posteriores a los primeros síntomas— era metaforizada como un ser mitológico y no había un enemigo específico y puntual —un adversario visible, aunque sea con ayuda de un microscopio, como apunta Sontag—. En cambio, la enfermedad era narrada en códices y crónicas como un ente mortal que arrasaba con la población. Si no conociéramos al virus SARS-CoV-2, bien podríamos hablar del covid-19 como si se tratara del coco.

La relación entre la medicina moderna y las metáforas bélicas de las que nos habla Sontag no es algo exclusivo de occidente. En un artículo publicado en abril del año pasado en la revista Chinese Journal of Communication, Zheng Yang analiza la manera en que el periódico de mayor circulación (“El diario de la gente”, Renmin Ribao) utiliza metáforas para referirse a las enfermedades. Si bien el uso de metáforas bélicas o militares ha ido en descenso, Yang encuentra, en los últimos 73 años de publicaciones, dos picos en los que el uso de este tipo de metáforas aumenta considerablemente. En el periodo más reciente, las metáforas aumentan debido a la epidemia causada por el SARS (el análisis terminó a mediados del 2019 y no cuenta con información del covid-19). Aunque el otro período (1966-1975) estuvo exento de pandemias, es en esa época cuando sucede la Revolución Cultural de Mao Zedong y toda la vida pública de China —incluyendo la medicina— se ve narrada por metáforas de revolución, lucha y batalla. Por lo tanto, concluye Yang, el uso de las metáforas militares no sólo está influenciado por las epidemias, sino también por el contexto cultural.

Esta no es la única conclusión de su artículo. Yang también encuentra que, cuando se usan las metáforas militares, “se borran las identidades sociales, y todos los sujetos se consideran parte de un colectivo homogéneo y unificado”. De esta manera, en lugar de hablar de infancias, científicas, médicos, expertos o pacientes, se habla de pueblo, público y todos. Bajo este colectivo homogéneo, las y los individuos —vistos como guerreros o soldados—, no sólo carecen de un posible trato diferencial según sus habilidades —médicas o científicas—, o sus necesidades de cuidado —infancias, o adultos mayores—, sino que se les impone un deber social y moral de no darse por vencidos, de enfrentar a la enfermedad y que el incumplimiento de esta orden —ya sea por haber sido infectado o solicitar un descanso— sea visto como un fracaso.

La unificación de la que habla Yang —el pueblo, el público, todos—, no es una unificación global. Siempre hay un otro. “En la Nueva España”—sigue contándonos Sandra Guevara—se culpa a los negros que vienen del caribe de las viruelas que empiezan a ser comunes”, un nuevo cocoliztli, probablemente con un agente causal distinto. Esto refuerza el estereotipo del negro sucio, de la persona non grata a la que no hay que permitirle acercarse, ni nosotros acercarnos a ella. Se genera, así, un segregacionismo. “Durante la epidemia de viruela negra en la Nueva España de 1576, surge un texto de Francisco Bravo —continúa Guevara— en el que habla sobre cómo combatir a las enfermedades, combatiendo a aquellos que las transmiten”. Y estas prácticas aún continúan.

En un artículo publicado el pasado diciembre en el Bulletin of Latin American Research, la investigadora Rachell Sánchez Rivera, de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, analiza cómo se ha ligado el covid-19, específicamente en México, al estereotipo de las personas de nacionalidad china. Sánchez habla sobre cómo durante el Carnaval de Ocampo, festejado en Tamaulipas en marzo del 2020, tres niños actuaron en un número musical que pretendía educar a las personas sobre los peligros del SARS-CoV-2. Durante este espectáculo, un niño estaba disfrazado de médico, una niña de enfermera y el tercer niño portaba un disfraz que asemejaba a la estructura molecular del virus en cuestión. Pero no sólo eso: este niño también usaba un típico sombrero cónico chino y una barba larga. El niño que estaba disfrazado de médico perseguía al virus intentando matarlo con una vacuna, mientras que la niña enfermera mostraba cómo debía realizarse un buen lavado de manos. Entonces, el niño, el disfraz, el virus y los estereotipos chinos se mezclan en una sola metáfora. Bajo esta narrativa, “no es sólo el virus al que tenemos que matar o erradicar” —dice Sánchez en su artículo— sino también a la o el chino enredado en este ensamble semiótico”.

Una guerra también implica tener un enemigo. En el caso de la pandemia por la que navegamos, nuestro claro contrincante sería el SARS-CoV-2, el virus que genera el covid-19. Pero en este caso, el tener un enemigo que se pueda erradicar —como ha sucedido con la poliomielitis o el sarampión—, o al menos controlar mediante vacunas o tratamientos eficaces, evita la prevención. Para poder hablar de una guerra, necesitamos estar en una guerra. No hay metáforas para su prevención. Por lo tanto, la discusión sobre las causas —en este caso la falta de higiene, el seguir perturbando zonas silvestres y el tráfico de animales salvajes—, queda delegada. Y, al no discutirse, la prevención es una solución que se antoja cada vez más lejana.

¿Hay otras metáforas aparte de las bélicas —y todas las connotaciones que acarrean— para hablar de esta pandemia? El pasado 7 de enero, el Reino de Bután —una nación de setecientos mil habitantes, ubicada al sur de China— reportó su primera muerte por covid-19. Este país cuenta solamente con 3,000 trabajadores de salud y una sola máquina de PCR para analizar las muestras médicas. ¿Cómo es que ha logrado controlar esta epidemia que ha derrotado a sistemas de salud mucho más robustos que el suyo? Aparte de cerrar sus fronteras inmediatamente y mantener una cuarentena estricta, este país también es conocido —desde antes de la epidemia— por tener una política pública que toma en cuenta el índice de Felicidad Nacional Bruta, algo parecido al Producto Interno Bruto, pero que considera los sentimientos de las y los habitantes. Siendo congruentes, el programa que desplegó su sistema de salud fue llamado “Nuestra responsabilidad” (Our Gyenkhu). No nuestra guerra, o nuestra lucha, sino nuestra responsabilidad, algo que apunta más a los cuidados que a un enfrentamiento. El programa asegura, en parte, que toda la población tenga suficientes recursos para mantener el aislamiento, así como  dar un seguimiento médico especial a adultos mayores y a las infancias. Es decir, Bután busca hacer comunidad, pero sin borrar individualidades, ofreciendo tratamientos específicos para distintos grupos.

En México, distintas comunidades indígenas han optado por cerrar sus propias fronteras o las entradas a sus pueblos y tomar decisiones desde dentro en comunidad. Nuevamente, buscando cuidados especiales para las diferentes partes de la población, así como la repartición de bienes entre aquellos a quienes les empiezan a escasear. En una de sus columnas, Yásnaya E. Aguilar Gil —lingüista e investigadora mixe (ayuujk)— narra las últimas palabras de su tatarabuelo cuando la comunidad en la que vivía fue infectada por una enfermedad que se hizo epidémica: “El bien individual es el bien colectivo”. Nuevamente mostrando la opción de volcarse hacia los cuidados comunales y no a los enfrentamientos bélicos.

Susan Sontag también advierte que, dentro del proceso de uso de metáforas para las enfermedades, hay un momento en que la enfermedad misma también se convierte en metáfora de algo más. Durante esta pandemia hemos leído mensajes, visto imágenes y memes diciendo “Nosotros somos el virus”, refiriéndose principalmente a fotografías de la vida silvestre recuperándose a medida que nosotros —la humanidad— nos recluimos. Más allá de si esta metáfora es acertada o no, es interesante notar cómo se mantiene la connotación negativa del virus. Algo contrario sucede con un comunicado del EZLN firmado por el Subcomandante insurgente Moises, del 5 de octubre de 2020, en el cual notan la capacidad del virus para esparcirse por el mundo, hacerse notar y modificarlo. Una de las últimas líneas del comunicado lee “Somos zapatistas, portador@s del virus de la resistencia y la rebeldía. Como tales, iremos a los cinco continentes”.

La manera en la que hablamos de un virus, una enfermedad o una pandemia, puede reforzar distintas cualidades de nuestra sociedad y, en parte, tendrá una consecuencia en cómo sobrellevamos la infección, la convalecencia o la pandemia a nivel poblacional, nacional o global. Podemos ser guerreros o soldados que tenemos prohibido cansarnos, rendirnos, enfermarnos o cuidarnos; quienes estamos buscando enemigos en cualquier ente ajeno; sin capacidad de prevención, y que podemos ganar o perder la batalla. O podemos decidir cuidarnos en comunidad, entre todas y todos, sin enfocarnos en el enemigo. Y esto también afectará cómo hablamos del futuro.

 

Agustín Ávila Casanueva
Periodista y divulgador de ciencia. Miembro del colectivo Ciencia Beat, con quienes obtuvo el Premio Nacional de Periodismo 2018 en divulgación de la ciencia.

 

Referencias:

Sontag Susan, El SIDA y sus metáforas, Muchnik Editores, Barcelona, 1990.

Zheng Yang (2020) “Military metaphors in contemporary Chinese disease coverage: a case study of the People’s Daily, 1946–2019”, Chinese Journal of Communication, DOI: 10.1080/17544750.2020.1818593

Sanchez‐Rivera, R. (2020), “The Legacies of ‘Race’ Science, Anti‐Chinese Racism, and COVID‐19 in Mexico. Bull Lat Am Res, 39: 35-38.

Madeleine Drexler, “The unlikely pandemic success story”. The Atlantic. 10 de febrero del 2021.

Yásnaya E. Aguilar Gil. “Jëën pä’äm o la enfermedad del fuego”. El País. 22 de marzo 2020

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Cuestiones

6 comentarios en “Guerra y comunidad: las metáforas de la pandemia

  1. El pequeño reino de Butan ¿cuantas vacunas desarrolló? A las «metáforas bélicas» no podemos escapar: «batalla», estrategia, jaque mate, etc.

  2. Las palabras tomadas de la guerra enel lenguaje cotidiano son múltiples y no son nuevas: firmes, capitulación, invencible, estrategia, ocupación, invasión, estrategia, guerra, etc.

Comentarios cerrados