Hay tantas cosas que contar sobre los hongos…

Cuando me preguntan por qué me gustan los hongos, realmente me ponen en aprietos. Para empezar, ¿qué son los hongos? A lo mejor, la forma más fácil de responder a esa pregunta es: los hongos son hongos.

Flammulina velutipes. Fotografía: Archenzo bajo licencia de Creative Commons

Ya tiene algunos años desde que el ecólogo Robert Whittaker agrupó a los seres vivos en los famosos cinco reinos en la escala biológica: Monera, Protista, Plantae, Animalia y, por supuesto, Fungi, que es donde se encuentran los hongos. Pero, ¿cómo podemos saber que los hongos no son plantas y tampoco son animales? La clave está en ciertas características muy particulares. Por ejemplo: los hongos carecen de clorofila por lo que no pueden hacer fotosíntesis, entonces podemos descartar que no son plantas; en cambio, su pared celular está conformada por unos compuestos muy peculiares, que son la quitina, los glucanos y las glicoproteínas , que están ausentes en las células animales, por lo que tampoco pertenecen a este reino.

Una de las sorpresas más fascinantes que nos ofrece este grupo de organismos es el hongo más grande del mundo. En el caso particular de los macromicetos u hongos grandes, que son esos que se parecen al del famoso videojuego o que solemos comer en algunos guisados, tienen la particularidad de que su micelio puede crecer increíbles extensiones subterráneas hasta llegar a abarcar bosques enteros.

Esa no es la única razón por la que me apasionan los hongos, también porque pueden llegar a parecerse a nosotros mucho más de lo que imaginamos. Por ejemplo, son medio quisquillosos como algunos de nosotros, porque aunque parezca que permanecen estáticos sin mucho que hacer no es por casualidad donde eligen crecer. ¡No! Ellos son selectivos y si ven que en un lugar faltan las condiciones adecuadas de temperatura, humedad y luz para su desarrollo, nada más no crecen. Los productores de champiñones, setas y hongos comestibles seguro nos podrán confirmar cómo se les dificulta tratar de sacar a flote la producción . Para poder llevar a cabo la propagación y crecimiento de hongos comestibles de una manera exitosa es necesario tener ciertas consideraciones, por ejemplo tener cultivos de hongos puros, libres de otros organismos contaminantes que intervengan con su desarrollo adecuado . En general, la producción de esporomas está influenciada por varios factores como la nutrición del sustrato, las condiciones ambientales y el tipo de inóculo, también conocido como spawn o sencillamente “semilla”. Por lo que las condiciones ambientales dentro del spawn tienen que estar minuciosamente controladas para permitir la colonización del micelio o sino no crecerá, por eso el cultivo de hongos comestibles es todo un arte y se requiere de cierta técnica para obtener los resultados deseados. Actualmente, existen varias empresas dedicadas exclusivamente a la producción de spawn, que tratan con diversos sustratos en los que puede crecer óptimamente el micelio, dependiendo de la especie a tratar, manteniendo una calidad extrema en el producto y la pureza genética del hongo.

Ahora, seguramente con esto que acabo de mencionar, además de que a lo mejor se nos ha abierto el apetito, tenemos en mente muchos de los beneficios que obtenemos a partir del uso de hongos.. Sin embargo, no hay que olvidar que también están los hongos conocidos como micromicetos que, como indica su nombre, son aquellos que tienen estructuras microscópicas; incluyen a algunos hongos con estructuras filamentosas y a las levaduras, que por ahí escuché que alguien pensó que eran bacterias, pero lo vengo a desmentir: las levaduras no son bacterias. Tienen ciertas características que nos permiten distinguirlas entre sí, en principio el tamaño, pues las levaduras son mucho más grandes que las bacterias. Además, sirven para la producción de pan, cerveza o vino, pero también son útiles para desarrollar medicamentos, pigmentos e incluso saborizantes, así que también hay que darles su reconocimiento.

De igual forma, me caen bien los hongos porque pueden ser tan glotones como yo. Ya los vieras cómo andan en aprietos cuando no encuentran qué comer, porque también como las personas, son incapaces de producir su propio alimento: ambos nos tenemos que nutrir de otras sustancias orgánicas; a eso se le llama ser heterótrofo, que significa: el que se alimenta de otro.

También, los hongos escogen su propia dieta de acuerdo a lo que más les acomode y hay de todos los gustos y para todos. Algunos son saprófitos, que son los que prefieren nutrirse a partir de la materia orgánica en estado de descomposición, ya sea de origen animal, restos vegetales (como hojas) o inclusive excremento. Quiénes somos nosotros para juzgar, bien dicen por ahí que la basura de uno es el tesoro de otro.

Luego, tenemos a los hongos que son muy sociables y les gusta interactuar con la comunidad. Se les conoce como simbióticos o mutualistas y se la viven junto a otros organismos, pero sin causarles ningún daño ni enfermedades. Es una convivencia donde incluso ambos organismos pueden salir beneficiados, como es el caso de las famosas micorrizas, cuyo nombre significa “raíz-hongo”, donde el hongo toma el excedente de glucosa de las raíces de la planta y, a la vez, éste le permite al árbol optimizar la absorción de agua y nutrientes, esto contribuye en la regulación del crecimiento y le protege contra enfermedades.

Por último, pero no menos importante, están los hongos parásitos. A veces pasa que a estos nadie los quiere, porque viven en otros organismos vivos, absorben sus nutrientes a través de enzimas hidrolíticas capaces de descomponer moléculas del tejido vivo y terminan causando enfermedades e, incluso, la muerte a su anfitrión.

Pero, a lo mejor, solo son unos seres incomprendidos, incluso a veces algunos incautos comentan que los hongos no son buenos, porque provocan enfermedades, pero yo siempre les digo que los hongos, así como cualquier ser vivo,  están buscando mantenerse.

Y tengo que decirlo: aunque hay casos impactantes, como el de la mucormicosis, esa infección que se ha puesto de moda recientemente por el gran número de casos en la India, que es causada por hongos mucorales y que afecta principalmente a la mucosa nasal, el paladar, los ojos, el cerebro, los pulmones y, en ocasiones, incluso hasta los huesos . Lo cierto es que a muchos, cuando escuchan de esto, les asusta, pero no olvidemos que las condiciones ambientales son cruciales para su desarrollo. En este caso, los hongos mucorales prefieren las regiones cálidas o húmedas y habitan principalmente en suelos o materia orgánica en descomposición. Es decir, aún si se entra en contacto con el hongo, puesto que la mayoría de los hongos mucorales tienen un hábitat ubicuo, es necesario que, para que éste actúe como patógeno, se cumplan con las características de poder penetrar los tejidos y se produzca daño tisular; que pueda multiplicarse en las condiciones físico-químicas de nuestro organismo y lograr eludir la respuesta del sistema inmune. De tal forma que, aunque la mucormicosis ha incrementado su frecuencia (1.7 casos por millón de individuos por año), hay una relación directa con que también han aumentado los estados de inmunosupresión, por ejemplo personas que usan esteroides, el tratamiento de enfermedades hematológicas con inmunosupresores o, en este caso, la aparición de un virus. De cualquier manera, lo más importante es evitar alarmarse innecesariamente, cuidar nuestra higiene, acudir al médico si es necesario y disfrutar de la compañía de los hongos.

No es que me refiera a estar en la compañía de los hongos enteógenos, de los que se han estudiado sus propiedades para tratar la depresión. Me explico: uno de sus componentes principales es la psilocibina, la cual es capaz incrementar la densidad de las espinas dendríticas, que son esas terminaciones con forma de raíces que se encuentran en nuestras neuronas y sirven para transmitir información. Esto es óptimo, porque, generalmente, estas conexiones se reducen considerablemente en personas con depresión; el consumo de esta sustancia en dosis pequeñas puede mejorar el humor y reducir la ansiedad en pacientes diagnosticados. Sin embargo, esto es solo un dato curioso, porque también se sabe que pueden llegar a producir pérdida de la percepción y atención o, incluso, se pueden experimentar estados de ansiedad si se consumen en dosis muy altas.

Como dije al principio: hay tantas cosas que contar sobre los hongos, que mejor ni me pregunten por qué me gustan los hongos.

 

Nadia Joyce Dominguez Aviles
Egresada de biología por la Facultad de Ciencias de la UNAM. Apasionada de la divulgación científica y colaboradora en el proyecto en redes sociales: fungillowers.

 

Referencias

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Publicado en: Elementos