Y si acaso yo me ausento
Antes que tú te arrepientas
Heredarás estas flores
Ven a curarte con ellas
—Violeta Parra, “La jardinera”
¿Cuáles son los elementos que componen la historia? ¿Por qué es necesario conocer el pasado? Para el historiador griego Heródoto, la historia es una recopilación de datos de investigación personal y una exploración de otras culturas. Por ello, conocer de dónde venimos, tanto de manera individual como colectiva, evita el olvido y desconocimiento de todo aquello que ha hecho posible la evolución biológica, cultural y social a como la conocemos y vivimos hoy.
¿Cómo resguarda la lectora o el lector lo que le ha dado identidad y sus memorias? Algunos, tal vez, mediante fotografías, objetos o compartiéndolas en charlas durante la sobremesa. Así como cada uno cuenta con memorias que nos dan identidad, como país tenemos diversos hechos y costumbres que han construido los cimientos del ser mexicano. Para fines de este escrito, hablaremos de las plantas como reservorio del conocimiento e identidad cultural.
En veinticuatro estados de la República Mexicana se encuentran lugares que albergan historias vinculadas con el conocimiento tradicional, reflejado en colecciones de plantas vivas. Los jardines etnobiológicos son espacios donde los visitantes pueden conocer, de manera conjunta, los individuos de plantas, animales y hongos afines a ellos con información acerca del valor de uso e importancia cultural que algún grupo humano les ha dado.
La creciente globalización en la que nos desarrollamos ha propiciado que en las grandes urbes, como la Ciudad de México, estas historias y conocimientos ancestrales pierdan relevancia en la cotidianidad de los capitalinos. Por ello, el Jardín Etnobiológico, ubicado en Ciudad Universitaria, nace como un centro de rescate y revalorización del conocimiento biocultural del país. “Algo que está sucediendo con los jardines etnobiológicos es que dan pie a establecer una serie de puentes intergeneracionales; va la gente y recuerda que esa planta la tenía cuando niño su mamá o su abuela o van con sus mamás, abuelos o papás y les da chance para hablar de eso”, cuenta el Dr. Sol Cristians Niizawa, curador del Jardín Etnobiológico de la Ciudad de México.
El encuentro del conocimiento y la historia del uso de las plantas no es el único fin de estos. Así como la historia ha registrado las herramientas de las que el ser humano se ha valido para subsistir, también hay registros de quienes fueron las y los que aprendieron y perfeccionaron su uso: “El jardín etnobiológico no sólo es esa representación de flora, fauna y funga de importancia biocultural, sino que hacen una conexión con las comunidades que las están utilizando y que están manejando esos recursos actualmente”, agrega.
Dentro de la Ciudad de México, algunas zonas continúan utilizando, como parte de sus actividades diarias, las plantas para su sustento económico y cultural, como sucede con la comercialización del maíz y el nopal. En San Juan Ixtayopan, Tláhuac, la Asociación del Maíz y la Tortilla cuenta con el germoplasma de maíces criollos blancos, rojos y morados. “El germoplasma son todos aquellos tejidos vegetales que contienen la información genética y permiten la reproducción de un organismo vegetal”, menciona el Dr. Cristians; pueden ser semillas o tejido vegetal, con el cual se conserva una especie o variedad. Así como existen razas de perros, también hay variedades de plantas pertenecientes a una misma especie. Mediante la domesticación de estas variedades de maíz, han logrado la transformación de los recursos en diferentes platillos que forman parte de su gastronomía.
En San Lorenzo, Tlacoyucan, Milpa Alta, la domesticación y aprovechamiento de plantas, como el nopal, se hace desde aproximadamente cincuenta años. Asimismo, otras plantas, como el toronjil y el tabaquillo, son parte de la canasta básica de muchas familias, debido a sus propiedades medicinales. Además son una fuente de ingresos. Sin embargo, los factores como el uso de fertilizantes y herbicidas químicos y la tala de bosques han propiciado su desaparición de los bosques. Por ello, muchas personas las han dejado de conocer y consumir.
Por otro lado, en Santa Ana Tlacotenco, Milpa Alta, el nopal es parte esencial de la actividad económica de la población, al igual que en San Lorenzo. “Ellos nos han dado ‘pies’ de nopales, por ello tenemos una pequeña nopalera montada en el Jardín Etnobiológico, para que las personas puedan conocer qué forma tiene la milpa y qué elementos la conforman”, comentó el Dr. Cristians.
El conocimiento acerca del uso de las plantas, como los previamente mencionados, son parte del vínculo entre las y los conocedores locales y los jardines etnobiológicos; sin embargo, dentro de algunas instituciones educativas, hay una profesión que se une al diálogo de saberes del uso y aprovechamiento de las plantas.

Etnobotánica: estrecho vínculo entre humanos y plantas
La agricultura es una de las actividades más antiguas que el ser humano ha desarrollado y perfeccionado. Para ser más precisa, desde la prehistoria hasta la actualidad. En el caso de México, la gran riqueza de recursos naturales ha propiciado una amplia diversidad cultural, donde grupos humanos han aprovechado parte de éstos para su desarrollo económico y social.
¿Cómo sabemos quiénes y cómo han hecho uso de diferentes especies de plantas? ¿Cómo se supo cuáles podían ser empleadas para preparar alimentos y cuáles podían utilizarse para curar algún malestar?
La etnobotánica es la disciplina en la que se hacen investigaciones en aspectos como el uso y manejo de plantas por los grupos indígenas, sin excluir a campesinos y mestizos, platica la Dra. Cristina Mapes, etnobotánica y curadora de la Colección Etnobotánica del Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México. Además, nos permite revalorar el conocimiento tradicional que ha sido parte de la cultura gastronómica y el cual nos ha dado identidad como país.
En un inicio, la etnobotánica comenzó como un área muy descriptiva, donde se hacían listas de plantas útiles, poniendo énfasis en los nombres de cada una de las especies en las diferentes lenguas, además de registrar sus usos en particular. “Ahora también se hace etnobotánica cuantitativa, que se define como la aplicación de técnicas cuantitativas para dirigir el análisis de usos de plantas, y de esta manera procesar la información de manera más sistemática”, agrega la Dra. Mapes.
La relación humanos-plantas abarca categorías de aprovechamiento de las plantas en lo comestible, medicinal, artesanal, combustible y construcción entre otras. Es gracias a estos estudios que en la actualidad se puede hacer un uso eficiente de estos recursos en los campos previamente mencionados.
La etnobotánica se comenzó a estudiar de manera formal en los años sesenta, con Efraím Hernández Xolocotzi, en la Universidad Autónoma de Chapingo, quien además fue pionero de la etnobotánica en México. “Él se dedicó muchos años al estudio de cultivo de maíz y a las diferentes formas de sistemas agrícolas tradicionales como la milpa”.
Para el desarrollo de esta disciplina, aparte de la botánica, se hace uso de otras áreas de estudio, como la historia y la antropología, las cuales permiten conocer más a detalle las culturas y su relación con el entorno. Por ello, la etnobotánica es una materia transdisciplinaria.
¿Cuáles son algunos retos a los que la etnobotánica se enfrenta en la actualidad en un mundo globalizado? ¿Por qué se debe continuar realizando estudios etnobotánicos en medio de cada vez más desarrollo tecnológico? Con el objetivo de invitar a las lectoras y los lectores a visitar el Jardín Etnobiológico de la Ciudad, dejaremos la respuesta a esas interrogantes para un próximo diálogo virtual.
Ana Luisa Pérez Sánchez
Egresada de la carrera de Comunicación y Periodismo de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, UNAM. Ha realizado colaboraciones con la gaceta de la Facultad y con el Instituto de Astronomía de la misma Institución. Actualmente, es periodista de negocios, y estudia biología en la Facultad de Ciencias, UNAM. Pretende dedicar su vida a las letras.
Referencia
Medina A, Meza A y Huescaz N., Tlacoyucan. Plantas comestibles silvestres y cultivadas. Quetzalcóatl Tlacoyucan, 2021