El impacto que ha tenido y continúa ejerciendo la pandemia de covid-19 es de magnitudes históricas y permea en todos los aspectos de la actualidad.1 Entre la creciente pérdida de vidas y el deterioro de las condiciones socioeconómicas, la búsqueda de una solución que pueda detener el avance de la pandemia ha sido una prioridad imperiosa. De todas las posibles soluciones, la generación de inmunidad de rebaño a través de la vacunación de un gran porcentaje de la población se ha resaltado como la mejor opción.2 Pero, para llegar a esta meta, existen tres grandes obstáculos que deben ser superados: desarrollar vacunas eficaces, asegurar su acceso universal y alcanzar su aceptación predominante, es decir, que las personas estén dispuestas a recibirlas.
Actualmente, el primer reto de desarrollo ha sido atendido. Gracias a los esfuerzos de sectores públicos, privados y de organizaciones internacionales ya existen 19 vacunas aprobadas totalmente o para uso de emergencia en diferentes países alrededor del mundo, y 125 se encuentran en proceso de pruebas clínicas. Sin embargo, conseguir que todos y todas tengan acceso a ellas es un tanto más complicado, pues implica una multitud de aspectos logísticos, técnicos, económicos y sociales. Y, aunque se tienen buenos avances en esta área, problemas como la distribución global inequitativa y la falta de infraestructura eficiente siguen sin solucionarse por completo. El siguiente y último paso después de lograr una amplia accesibilidad es conseguir que las personas estén dispuestas a recibirlas, esto implica abordar la reticencia a la vacunación.
La reticencia a la vacunación se define como el retraso en la aceptación o el rechazo de una o más vacunas a pesar de su disponibilidad y los servicios necesarios para su aplicación. Aunque esta renuencia puede parecer poco importante comparada a los otros obstáculos mencionados anteriormente, si no es atendida puede tener graves consecuencias; mismas que ya se han observado en diversos países, incluyendo a México. Ejemplo de éstas son la pérdida de dosis en centros de inmunización vacíos, la hospitalización y muerte de personas que evitaron o no pudieron recibirlas, así como la extensión de la pandemia y su impacto debido a bajas tasas de vacunación.3 Como ya se comienza a observar en diferentes localidades, si no existe una aceptación predominante de estos tratamientos, los avances en desarrollo tecnológico y aumento de accesibilidad se verán desperdiciados. Para evitar y resolver todos los efectos que provoca la reticencia, es necesario conocerla, estudiarla y abordarla.

Ilustración: David e Izak Peón
La reticencia en México y el mundo
Este no es un problema nuevo. El rechazo de las vacunas existe desde que éstas fueron desarrolladas en el siglo XVIII, o incluso antes. Sin embargo, la situación actual de la pandemia ha aumentado su incidencia y agravado sus consecuencias. En el último año se ha estudiado este fenómeno en diferentes lugares del planeta, especialmente en referencia al covid-19. Llaman la atención algunos países con alto porcentaje de personas reticentes, como Estados Unidos (43.1 %), Rusia (45.1 %), Jordania (71.6 %) o Kuwait (76.4 %). Los pocos estudios que han medido este comportamiento en México describen que abarca entre el 23.7 % y 30 % de la población.4 Aunque este porcentaje es menor que en otros países, implica que más de 37 millones de mexicanas y mexicanos podrían rehusarse a recibir una vacuna y estar en mayor riesgo de transmitir y desarrollar la enfermedad. Toda esta información es valiosa, porque nos ayuda a entender la gravedad del problema, pero no nos permite solucionarlo. Para aumentar las tasas de aceptación es necesario estudiar y entender las características de las personas que evitan ser inmunizadas, así como las razones detrás de esa decisión, e implementar estrategias que vayan acorde a dicha información. Aún existen muchos lugares con escasos o nulos estudios de estas características y, lamentablemente, México es uno de ellos.
Entender y abordar la reticencia
Gracias al trabajo de una multitud de académicos y los esfuerzos de instituciones internacionales se ha generado un marco teórico para entender y abordar este obstáculo, así como una serie de recursos de acceso público que podrían ser útiles. Aquí mencionaré tres de ellos.
En primer lugar, tenemos el modelo de los determinantes de la reticencia a la vacunación. Fue realizado por el Grupo de Expertos de Asesoramiento Estratégico (SAGE, por sus siglas en inglés) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y describe las principales características de la población renuente, así como los motivos que dan lugar a su postura. En total, se describen 21 determinantes organizados en tres dominios: factores contextuales; influencias grupales e individuales, y aspectos específicos de la vacuna o del proceso de su aplicación. El dominio contextual incluye factores históricos, socioculturales, económicos y políticos; las influencias grupales e individuales surgen de la percepción individual o inciden directamente sobre ella, como las experiencias pasadas personales o de familiares y amigos, el nivel de conocimiento en el tema o las opiniones de líderes comunitarios o religiosos; finalmente, los aspectos específicos de la vacuna abarcan temas como la percepción de riesgo/beneficio, el costo directo o asociado, el modo de administración o si el tratamiento es de una nueva formulación.
Otro modelo útil es el de Conductores Sociales y Conductuales (BeSD), que detalla los factores que inciden sobre las personas para dar lugar a las conductas de aceptación o rechazo: sus pensamientos y sentimientos (si tienen miedo a sufrir reacciones adversas, opinan que es necesario o piensan que es mejor obtener una inmunidad natural), la norma social de su contexto (por ejemplo, si la mayoría de sus conocidos se vacunan y serán juzgados socialmente al postergar o evitar recibir una dosis), su motivación (el conjunto de incentivos/beneficios y castigos/riesgos por aceptar o rechazar la inmunización) y las barreras prácticas (que pueden ser la lejanía del centro médico, su costo o disponibilidad). La información que modelan los BeSD nos permite entender los procesos que tienen un efecto directo en la decisión y conducta de las personas, dándonos objetivos claros para una intervención.5
Por último, a raíz de estos modelos y muchos otros estudios, se han implementado diferentes estrategias que buscan reducir la reticencia, y distintas recopilaciones han evaluado su efectividad. Algunas de ellas son eliminar barreras prácticas, proveer de entrenamiento en habilidades de comunicación a profesionales de la salud, realizar intervenciones basadas en diálogo, como la recomendación directa de médicos a sus pacientes, e implementar incentivos para recibir la vacuna. Éstas y muchas otras estrategias han mostrado buenos resultados en aumentar la tasa de vacunación.
Aunque estos recursos son sumamente útiles para estudiar y abordar la reticencia, no han sido utilizados a profundidad en países en vías de desarrollo, incluyendo a Latinoamérica y México. Es necesario estudiar y actuar de forma directa dentro de nuestras fronteras para conocer las particularidades de nuestras poblaciones y así poder intervenir de manera efectiva. Obviamente, los esfuerzos por combatir la renuencia no pueden esperar a que estos estudios se realicen. Pero si no se obtiene la valiosa información que proveen los determinantes de reticencia y se entiende cuáles conductores sociales y conductuales son los ideales para cambiar el comportamiento de las personas que se rehúsan a vacunarse, se correrá el riesgo de invertir recursos valiosos en campañas poco exitosas para convencer a los no inmunizados.
Conclusión
Después de casi dos años de vivir en esta emergencia sanitaria, es natural que todos esperemos con ansias el día en que dejemos de evitar temerosamente los espacios concurridos y de sentirnos nerviosos ante el estornudo de un familiar o del toser de un pasajero que nos acompaña en el transporte público. Esta meta se encuentra cada día más cerca, pero a pesar de que ya exista una variedad de vacunas en producción, aún debemos atender y sobrellevar los obstáculos de accesibilidad y aceptación. Esto es especialmente importante en los países en vías de desarrollo, pues es ahí donde ha sido imposible proveer de una dosis a toda la población, y donde la reticencia a la vacunación sigue sin ser estudiada a profundidad.
En palabras de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS: “Todos los países deben tener la capacidad y los recursos necesarios para recopilar y utilizar con precisión los datos e información de salud, incluso en medio de una crisis […]. La pandemia ha demostrado la importancia de los datos y la ciencia para reconstruir sistemas de salud más resilientes y avanzar de manera equitativa hacia nuestros objetivos globales compartidos”. Solamente entendiendo, estudiando y abordando de forma justa y equitativa el desarrollo, el acceso y la reticencia es que se logrará poner un alto a esta pandemia.
Diego Alonso Echánove Cuevas
Egresado de biología en la UNAM, entusiasta de la ciencia para la investigación, innovación y cambio social
1 Ver: Organización Mundial de la Salud. “Impact of COVID-19 on people’s livelihoods, their health and our food systems”, 13 de octubre de 2020; Sumner A, Hoy C, Ortiz-Juarez E, UNU-WIDER.Estimates of the Impact of COVID-19 on Global Poverty, Vol 2020. 43rd ed. UNU-WIDER, 2020; Shang Y, Li H, Zhang R, “Effects of Pandemic Outbreak on Economies: Evidence From Business History Context”, Front Public Health, 2021.
2 Ver: Alvin Powell. “Vaccines can get us to herd immunity despite the variants”, The Harvard Gazette, 25 de febrero de 2021; Rodrigues CMC, Plotkin SA, “Impact of Vaccines; Health, Economic and Social Perspectives”, Front Microbiol, 2020.
3 Ver: Valencia H. “Centros de vacunación para personas de 40 años lucen vacíos en Chiapas”, Noticieros Televisa, 11 de julio de 2021; Rendall J., “99% of COVID deaths are now of unvaccinated people, experts say”, CNET, 29 de julio de 2021; Cunningham M, Dow A., “Vaccine hesitancy: ‘Devastating’: GPs fear AstraZeneca vaccines could go to waste”. The Sydney Morning Herald, 26 de junio de 2021; Awasthi P., “Covid-19 vaccine doses going to waste in some states due to hesitancy: Report”, The Hindu BusinessLine, 21 de enero de 2021; Warah R., “Why are COVID-19 vaccines going to waste in some African countries?”, ONE, 21 de junio de 2021.
4 Ver: Lazarus J. V., Ratzan S. C., Palayew A., et al. “A global survey of potential acceptance of a COVID-19 vaccine”, Nat Med, 2021; Nares Feria, Yamil, “En México, 30% de las personas no se vacunaríancontra covid-19”, Animal Político, 27 de febrero de 2021.
5 Ver: Brewer N. “What works to increase vaccination uptake”, Meeting the Challenge of Vaccination Hesitancy. Sabin-Aspen Vaccine Science & Policy Group, 2020, pp. 108-125; Organización Mundial de la Salud y Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, “Data for action: Achieving high uptake of COVID-19 vaccines”, 3 de febrero de 2021.