El inicio del otoño significa también el comienzo de la vacunación contra la influenza, un ritual que, en el mejor de los casos, se repite cada año como consecuencia de la tasa de mutación del virus causante de la enfermedad respiratoria. Sin embargo, en una conversación casual, Carolina nos contó que este año tampoco se vacunará: la primera vez que lo hizo, en 2009, tuvo una reacción muy fuerte, que casi le hace pensar que más que haber sido inmunizada, lo que sucedió es que fue infectada con un virus activo.

Ilustración: Kathia Recio
La historia de Carolina es común, especialmente para quienes tienen dos cromosomas XX dentro de sus células. Al menos así lo explica Sharon Moalem en su más reciente libro, The better half: on the genetic superiority of women (2020). En esta obra, el autor, médico especializado en temas de genética, cuenta cómo las vacunas tienden a generar reacciones aparatosas en las mujeres que tienen dos cromosomas X en cada una de sus células, pero también que estas mujeres desarrollan mejores resultados inmunes a comparación de las personas con cromosomas XY —es decir, los hombres biológicos— ante la presencia de los patógenos contra los que se inocularon. Algo similar, menciona el autor, sucede en términos de la recuperación del estado de la salud, fenómeno que él explora narrando el accidente de auto que sufrió junto con su esposa, tras el cual ella presentó una sanación más eficiente que la de él, también a causa del componente genético en sus células.
La tesis de Moalem en este libro es que, a pesar de que históricamente las mujeres han sido consideradas como el sexo débil, en términos de supervivencia y salud ellas pueden ser consideradas fuertes. La causa de dicha ventaja biológica está en la redundancia cromosómica, de acuerdo a su argumento, debido a que las mujeres biológicas cuentan con dos versiones del mismo cromosoma en cada una de sus células, a diferencia de los hombres biológicos, quienes presentan sólo uno, producto de la herencia de sus madres.
Esto explica el porqué los padecimientos genéticos asociados con el cromosoma X son menos comunes en las mujeres que en los hombres. Consideremos el caso del daltonismo, esta incapacidad para distinguir distintos colores, especialmente el rojo y verde o el azul y amarillo. Se calcula que uno de cada doce hombres tiene algún tipo de deficiencia de percepción de color, mientras que esto sólo se presenta en una de cada doscientas mujeres: esto significa que en el mundo hay alrededor de trescientos millones de personas con esta afección, casi el mismo número de personas que habitan Estados Unidos —y la gran mayoría son hombres—. Debido a que los genes relacionados con esta deficiencia perceptiva se presentan en el cromosoma X, las mujeres tienen la posibilidad de contrarrestar este evento con la pareja cromosómica, una situación para la que los hombres son incapaces en términos biológicos. Es así que las mujeres pueden portar dichos genes sin que esto represente experimentar el daltonismo, pero podrían heredarlo a sus hijos, quienes sí presentarán dicha situación visual.
Sin embargo, en términos prácticos, ambos sexos biológicos cuentan con un sólo cromosoma X activo. En el caso de las mujeres, uno de los dos elementos se inactiva; es decir, la información contenida en uno de ellos no se usa, debido a un proceso conocido como lionización. Este fenómeno, que apaga a uno de los cromosomas de cada una de las células femeninas, es producto del azar, algo que Moalem pone en tela de juicio: parece ser que la evidencia muestra que este fenómeno no es ni tan azaroso ni completo. En años recientes los científicos han comenzado a considerar lo que han llamado escape de la inactivación del cromosoma X, que podría entenderse como que sí existe cierta preferencia molecular por la inactivación incompleta de uno de los cromosomas, lo que hace que haya una especie de apoyo genético, compensando cualquier situación genética negativa en términos de supervivencia y reproducción. Es aquí donde Moalem argumenta dicha superioridad celular y, al final, femenina. Cabe mencionar que la lionización obtiene su nombre de la científica genetista Mary Lyon, quien describió dicho proceso de inactivación a través de una serie de modificaciones químicas en uno de estos dos elementos genéticos.
A lo largo de su libro, Moalem desarrolla argumentos de cómo la evidencia demuestra, en términos biológicos, que las personas nacidas con dos cromosomas X tienen mayor probabilidad de supervivencia y una mayor longevidad, pues las estadísticas poblacionales capturadas desde el siglo XVII demuestran que las mujeres han sido más longevas que los hombres. También, el autor sostiene que son ellas quienes presentan una capacidad cognitiva e inmune superior: en el primer caso, anota que el autismo es más común en los hombres y, en el segundo caso, el autor denota que la inmunidad juega en contra de las mujeres pues, aunque su capacidad protectora ante las infecciones es de mayor efectividad, también son ellas quienes sufren más padecimientos autoinmunes.
Sin embargo, a pesar de que el autor consigue dar cuenta de estos eventos, falla en dar evidencia al respecto: es incapaz de explicar con argumentos el porqué es esto así. Por ejemplo, falta explicar qué genes han sido asociados con el desarrollo de ciertas capacidades cognitivas que hacen que las mujeres sean menos propensas a presentar padecimientos que conlleven una baja capacidad de aprendizaje. Lo mismo ocurre con la pregunta de qué genes o elementos moleculares están relacionados con una mayor supervivencia en las mujeres durante los primeros años de vida, a diferencia de los hombres, quienes presentan una mayor tasa de mortalidad en esa etapa vital. Menciono solamente estos dos ejemplos, pero hay muchos. Esta situación debilita su narrativa, convirtiendo el libro en un almanaque de datos más que en un argumento robusto.
Además del morbo que estos temas provocan —es decir: el morbo de demostrar que hay casuas biológicas que hacen superiores a uno u otro sexo biológico— en este libro Sharon Moalem sí consigue visibilizar que las mujeres han sido estereotipadas en cuanto al acceso al cuidado de la salud. El autor plantea la posibilidad de que la presencia cromosómica sí tiene una influencia en la manera en que las mujeres metabolizan los medicamentos, por ejemplo. ¿Tendríamos que diferenciar las prescripciones y recetas de fármacos en función del contenido genético de las personas? A pesar de que carecemos de la evidencia científica para dar una respuesta tajante a esta cuestión, no es precisamente una pregunta trivial. De hecho, es toda una línea de investigación que la farmacogenómica ha hecho suya. La carga genómica de cada individuo ha sido un tema de discusión durante la pandemia de covid, pues parece ser que existe una relación entre la reacción al nuevo coronavirus y el perfil genético de la persona infectada.
Para sostener esta interrogante, Moalem da el ejemplo del fármaco zolpidem, un medicamento hipnótico utilizado para el tratamiento del insomnio y la ansiedad. Cuando fue probada en hombres y mujeres en una dosis de diez miligramos, posterior a que el medicamento había sido aprobado por la Food and Drug Administration (FDA)estadounidense, los resultados mostraron que la mayoría de ellas despertaban al siguiente día sintiendo mareos. Los reportes de los pacientes obligaron a que la FDA revisara los exámenes clínicos, sólo para identificar que dicha dosis era excesiva para el metabolismo femenino, debido a que su procesamiento era más lento en las células con dos cromosomas X. De ahí que, entonces, se obligara a que las prescripciones médicas consideraran cinco miligramos para ellas, la mitad de lo que originalmente había sido planteado para todos.
En términos generales, aunque es verdad que el libro resulta débil en la genética y en la genómica, así como en una evidencia científica robusta, es relevante por el tema que coloca sobre la mesa: la salud desigual de las mujeres, por la negligencia en los servicios de salud pública que históricamente han recibido. Ojalá Carolina lea este texto, con la intención de que le dé una segunda oportunidad a la vacuna de la influenza.
Natalia Nieves Montiel
Maestra en arquitectura
Referencias
“Colour blindness (n/p) Colour blind awareness”, revisado en diciembre del 2021.
“Lionización” (n/p) National Human Genome Research Institute, revisado en diciembre del 2021.
Moalem, S. The better half: on the genetic superiority of women. Farrar, Straus and Giroux, 2020. 288 pp.
Rippon, G. “The better half by Sharon Moalem review – on the genetic superiority of women”, The Guardian, 2020, revisado en diciembre del 2021.