Las abuelas, ¡qué gran invento!

Para las Abuelas de la Plaza de Mayo

Para Lupita Zamarrón, la “abuela” que yo elegí

En el taxón animal, las abuelas son un suceso extremadamente raro. Es decir, una mujer que reconoce a la cría de su hija o hijo, que colabora en su cuidado, alimentación y desarrollo, es una característica casi humana —aunque parece ser que las ballenas piloto y las orcas también tienen “abuelas”.1 Sin embargo, la aparición de estas mujeres es un punto de inflexión en la evolución humana. Una hipótesis propone que, sin la aparición de éstas, nuestro cerebro de Homo sapiens jamás hubiese alcanzado las características que tiene en la actualidad —y seríamos una especie y sociedad completamente diferentes.

Ilustración: Víctor Solís
Ilustración: Víctor Solís

Calores súbitos

Aproximadamente a partir de los 45 años de edad, millones de mujeres en el mundo comienzan la menopausia, que se define como el cese de la menstruación y la disminución de producción de estrógenos. En esta etapa de la vida, el cuerpo de la mujer vive cambios biológicos que pueden repercutir en su salud, vida social, laboral e incluso en la autoestima.

Entre los cambios biológicos más comunes se encuentran, a corto plazo, los sofocos (calores súbitos) que afectan el sueño de las mujeres, las alteraciones urinarias o los problemas vaginales, como la resequedad y la atrofia. Algunas féminas tienen cambios relacionados en la reducción del deseo sexual. Estos síntomas y manifestaciones varían de intensidad de una persona a otra.

Además, a largo plazo, las personas menopaúsicas están más expuestas a enfermedades crónicas, como el cáncer, la osteoporosis o enfermedades vasculares. Debido a estos efectos desencadenados por la menopausia, muchas féminas deciden someterse a la llamada terapia hormonal sustitutiva. Este tratamiento busca aliviar los sofocos y prevenir o retrasar la aparición de las enfermedades crónicas. Sin embargo, se ha demostrado que la terapéutica no es totalmente inofensiva, ya que la administración prolongada aumenta la incidencia de cánceres de mama o endometrio y trombo-embolismo.

Si la menopausia conlleva varios riesgos, ¿por qué la selección natural la favoreció en las hembras de nuestra especie y no en otras?

Es sabido que la mayoría de los animales hembras de otras especies se reproducen hasta su muerte. Incluso, en animales en cautiverio, la esterilidad se da poco antes del fin de sus vidas. Es decir, existe una fuerte correlación entre el cese de la fertilidad con un casi instantáneo fallecimiento de las hembras.

En contraste, las mujeres Homo sapiens se vuelven estériles mucho antes de ser biológica y fisiológicamente viejas. Esta etapa de la vida dura, aproximadamente, un tercio de su vida (al menos en sociedades desarrolladas). ¿Por qué?

La hipótesis de la abuela

Entonces, ¿por qué somos (casi) la única especie con menopausia?2 Desde un punto de vista biológico, la menopausia es una “adaptación evolutiva que sirve para aumentar la inversión maternal en la progenie ya existente”.3 A esto se le conoce como la hipótesis de la abuela, propuesta en 1957 por el biólogo George Williams, y cuenta con varios estudios y argumentos que apoyan este valor adaptativo de la menopausia, aunque también hay detractores de este supuesto. Entre estos argumentos a favor, citaré los cuatros siguientes:

  1. Las abuelas realizan una mayor contribución a su legado genético criando a sus nietos que a sus hijos a una edad en la que difícilmente podrían criarlos, ya que, a causa de su largo período de desarrollo, podrían quedar huérfanos y morir. Según un estudio publicado en Current Biology,4 en las orcas es 1.67 veces más probable que muera la cría de una madre vieja, que la cría de una madre joven.
  2. La menopausia asegura que las madres sean lo suficientemente jóvenes para que puedan sobrevivir a la infancia de sus hijos.5 Un bebé humano requiere de muchos cuidados antes de ser autónomo. La gran mayoría de las crías de otras especies son independientes a los pocos días o semanas de nacidos.
  3. La menopausia reduce los niveles de estrógenos circulantes, disminuyendo a su vez el riesgo de que las células que son estimuladas por esta hormona —por ejemplo, las del endometrio— se vuelvan cancerosas.
  4. La menopausia reduce el riesgo de malformaciones genéticas y abortos en los críos de mujeres de mayor edad. Se sabe que mientras más edad tengan las mujeres, mayores son las alteraciones cromosómicas en los óvulos. Además, también se reduce el riesgo de morir en el parto, ya que existe una mayor probabilidad de fallecer en el alumbramiento en mujeres de cuarenta años en comparación con una de veinte (aun con los cuidados de la obstetricia moderna).

Sin embargo, existen argumentos en contra de la hipótesis de la abuela.6 El más importante menciona que, en la Prehistoria, la gente se moría, aproximadamente, en la cuarta década, y en las mujeres esto sucedía antes de llegar a la edad de la menopausia. Como la edad promedio rondaba los 45 años antes de morir, la menopausia no es más que un efecto colateral sin ningún valor adaptativo. Pero esto no es del todo cierto ya que la evidencia fósil suaviza el argumento. Por ejemplo, en el Paleolítico si las mujeres sobrevivían a la infancia y llegaban a cumplir los 15 años de edad, tenían un 53 % de probabilidades de alcanzar edades mayores a los cuarenta años. Además, tribus y sociedades actuales que viven en condiciones similares, como los aches en el Paraguay o las hadza (o hadzapi) en Tanzania, atestiguan que las mujeres alcanzan edades de hasta 20 años más de vida tras el cese de la menstruación.7 Por otra parte, la menopausia en nuestras ancestras, como en las actuales cazadoras-recolectoras, comenzaba alrededor de los 38 años. Esta edad ha ido aumentado debido a las mejoras de las condiciones económicas y de salud de los países (por ejemplo, en Países Bajos, las mujeres, en promedio, comienzan la menopausia a los 51 años). Sin embargo, la hipótesis de la abuela sigue siendo objeto de debate, pues algunos biólogos y antropólogos consideran que no hay suficiente robustez estadística para confirmar el fenómeno.

¿Qué hacía una abuela en la antigüedad?

Yo no creo en la edad.
Todos los viejos llevan
en los ojos un niño,
y los niños a veces
nos observan
como ancianos profundos.
—Pablo Neruda, Oda a la edad

“Nadie nos prometió un jardín de rosas. Hablamos del peligro de estar vivos”, canta Fito Páez en su célebre canción “Al lado del camino”. Si esto es cierto hoy en día, me imagino que hace unos 100 000 años lo era aún más. En las sociedades recolectoras y nómadas, sobrevivir era el pan de cada día. Imaginemos la escena: una familia numerosa habita en una cueva. Afuera hace frío. La familia está conformada por mujeres y niños. Los hombres han salido a cazar (aunque también hay mujeres que lo hacen). Una mujer está encinta, mientras carga con un bebé en brazos y otros tres niños corren y juegan entre ellos; ninguno supera los siete años de edad. La ayuda femenina escasea, pues seguro las otras féminas están en la misma situación o alguna peor (quizá con algún niño enfermo). El miedo, las bajas temperaturas, el hambre, la enfermedad y la muerte acechan a la familia. Su vida no era un jardín de rosas. ¿Cómo sobrevivieron los primeros Homo sapiens a estas condiciones, durante miles de años?

La hipótesis de las abuelas sugiere que la supervivencia vino, en parte, de las mujeres mayores del clan. Es decir, las abuelas fueron una adaptación evolutiva que redujo el gran coste energético que es cuidar a un bebé humano. En otras palabras, las mujeres de edad avanzada contribuyeron a la transmisión de genes a sus nietos, ya que el cuidado de sus hijos implicaría un riesgo alto.

Los estudios realizados con tribus cazadoras-recolectoras que viven en condiciones similares a las de nuestros antepasados, nos dan pistas de la importancia de las abuelas. En un grupo de estas características, aproximadamente el 40 % de las mujeres son menopaúsicas. Las abuelas ayudaban a sus hijas a cuidar a sus nietos, vigilarlos mientras jugaban, abrazarlos y quizá contarles cuentos. Y lo más importante: alimentarlos. Se ha calculado, en los hadza, que las variaciones de peso de los niños se correlacionan con el tiempo que pasan con las abuelas en el campo.8

Por otra parte, las abuelas permitieron que las mujeres jóvenes tuvieran —y tengan — un mayor número de crías, ya que al ayudar en la alimentación de sus nietos facilitaban el destete de los hijos, provocando el incremento de fecundidad de sus hijas. Es decir: se acortaba el intervalo entre los nacimientos de la progenie.

Además, las abuelas les enseñaban a sus nietos sobre el mundo que les rodeaba: a protegerse de los peligros, distinguir comida saludable de la tóxica, a recolectar y entender los aspectos sociales de su tribu, entre otras situaciones.9 No sólo eso: las abuelas de mayor edad se convertirían en matriarcas capaces de influir en la toma de decisiones y el futuro del clan.

Un largo camino evolutivo

Llegar a ser la especie que somos hoy tomó miles de años. Somos los únicos humanos que estamos vivos, pues los demás perecieron en el camino. Si la hipótesis de la abuela se robustece, se consolidaría la suposición de que su aparición le permitió a nuestra especie alcanzar los últimos escalones de nuestra evolución, al aumentar la supervivencia e incluso el vínculo de pareja en los humanos, como propone la antropóloga Kristen Hawkes.10 Hoy no seríamos los mismos sin nuestras abuelas que siempre están ahí para cuidarnos.

 

Iván de Jesús Arellano Palma.
Maestro en Filosofía de la Ciencia (Comunicación de la ciencia) por parte de la UNAM. Ha colaborado en distintos medios como la revista ¿Cómo ves?, Cienciorama, la Revista Digital Universitaria (RDU), entre otros.


1 La abuela orca más longeva que se conoce, con 105 años, se llamaba Granny. Habitaba cerca del océano Pacífico, por de las costas de Estados Unidos y Canadá.

2 Las hembras de las orcas y las ballenas piloto también pasan por la menopausia. Las orcas y las ballenas también cuentan con una cultura compleja, en donde las orcas más longevas cumplen la función de las abuelas, es decir, cuidar y enseñar a las nuevas crías de sus hijas.

3 Álvarez, H.P., “Grandmother hypothesis and primate life histories”, American Journal of Physical Anthropology, 2010, pp.435-450

4 Darren Croft, Rufus Johnstone, Sam Ellis, Stuart Nattrass, y colaboradores, “Reproductive Conflict and the Evolution of Menopause in Killer Whales”, Current Biology, 2017

5 Kim, P. S., Coxworth, J. E. yHawkes, K., “Increased longevity evolves from grandmothering”, Proc. R. Soc. B, 279, 2012, pp. 4880–4884,

6 Peccei, J. “A critique of the grandmother hypothesis: old and new”, American Journal of Human Biology, 2011, pp. 434-452

7 Campillo Álvarez José, La cadera de Eva. El protagonismo de la mujer en la evolución de la especie humana, Booket, España, 2016

8 Campillo, Álvarez, José, “Importancia de la menopausia en la evolución humana. La hipótesis de la abuela”, La Edad de la menopausia. Ediciones Díaz de Santos, Madrid, 2003

9 Hawkes, K., “Cognitive consequences of our grandmothering life history: cultural learning begins in infancy”, Phil. Trans. R. Soc. B, 375, 2020, pp. 1-9.

10 Ibid.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Cuestiones

Un comentario en “Las abuelas, ¡qué gran invento!

  1. Buenos días!! Un amigo me compartió su artículo de Las abuelas; ! qué gran invento!!!. Me pareció sumamente interesante.
    Saludos desde Tijuana.
    Atte. Má Alejandra Pérez Esquivel

Comentarios cerrados