Bajo la sombra de un enorme hongo se encuentra un hombre sentado con las piernas recogidas y los brazos extendidos. Tiene las pupilas notablemente grandes y sobresalen de sus ojos. Se ha quedado mirando hacia el horizonte, como si estuviera bajo el influjo de un hechizo. Esta representación fue tallada en piedra y realizada bajo el seno de la cultura Capacha, en el estado de Jalisco y, posteriormente, fotografiada por Eduardo Fanti. La podemos encontrar en el libro Las plantas de los Dioses. Orígenes del uso de los alucinógenos (FCE, 2000), de la autoría de Richard Evans Schultes y Albert Hofmann. La escultura “Amanita muscaria con un personaje debajo” se encuentra en el museo regional de Guadalajara.

Fotografía: Onderwijsgek bajo licencia de Creative Commons
Pero no sólo los Capachas dejaron registro del uso de las amanitas, un grupo de hongos entre los que hay ejemplares comestibles, alucinógenos y venenosos. Se tiene evidencia de una figura de piedra proveniente de la región de Tzintzuntzan, en Michoacán, que fue fotografiada por el micólogo y antropólogo mexicano Gastón Guzmán, “Amanita frente y reverso”, adjudicada a la cultura purépecha. En la parte frontal, la pieza tiene tallada la forma de un hongo, muy similar al botón –su fase juvenil– que forma la especie Amanita muscaria, una de la más representativas del grupo de las amanitas. En la parte posterior, se aprecia la forma de una calavera. Esto, según las interpretaciones de Gastón Guzmán, se comprende como la muerte y, posiblemente, hace referencia a que los purépechas precolombinos tenían conocimiento del veneno de este hongo.
Este grupo tan amplio de hongos ha acompañado al ser humano desde el Paleolítico, a través de su gran variedad de especies que tienen distintas propiedades y usos, ya sea como alimento o para experimentar los efectos psicoactivos.
Los mayas conocen a la A. muscaria, como“hongo de rayo”, por una historia en la que se cree que “donde pega el rayo sale un hongo con poder divino”. Este hongo se sigue consumiendo con fines psicoactivos en algunos lugares de México, como en Michoacán, Oaxaca, Chiapas, Tlaxcala y Puebla. En estos dos últimos estados, se tiene el conocimiento de unas preparaciones previas a la ingesta para no sufrir los efectos negativos. Esto debido a que las manchas blancas que sobresalen en la superficie del hongo, conocidas de forma coloquial como escamas, tienen un mayor grado de toxina y deben retirarse. Algunos expertos en micología consideran que la proporción de las sustancias que causan las intoxicaciones cambia según la variedad y el sitio de origen de las amanitas.
Los efectos negativos de la A. muscaria, coloquialmente conocida como mosquero debido a que las moscas se sienten atraídas al mucílago, una capa pegajosa que recubre a algunos hongos donde quedan atrapadas. Este hongo contiene muscarina, una sustancia neurotóxica que causa malestares, entre ellos: dolor abdominal, náuseas y vómito; también tiene ácido iboténico, otro neurotóxico que ataca el sistema nervioso central y precursor del muscimol, un componente que proporciona un efecto enteógeno –ocasiona alucinaciones que llegan a ser interpretadas como“experiencias divinas”. El muscimol se encuentra en cantidades menores en comparación con las otras dos toxinas mencionadas. Otra toxina letal presente en otros hongos es la alfa-amanita.
Para lograr que la mayor parte del ácido iboténico se transforme en muscimol y así evitar un mal rato, se pueden utilizar técnicas de secado específicas que reducen los malestares durante el consumo.
Vale la pena mencionar que en algunas comunidades purépechas, en el estado de Michoacán, existe la creencia de que ningún hongo es venenoso y que sólo adquieren el veneno si tiene contacto directo con una serpiente.
Las especies que se consumen con mayor frecuencia en México son la Amanita cesarea, conocida como huevito, yemita, oronja y tecomate; la Amanita rubescens, conocida como oronja vinosa u de viño o mantecoso, y la Amanita vaginata, conocida como hongo de pollo.
El consumo de las amanitas, ya sea por gusto o por la relación cultural con la tierra y lo que produce, se realiza porque quienes las ingieren consideran que sus nutrientes son de alto valor. También se llegan a consumir por cuestiones económicas, ya que se adquieren por medio de la colecta propia o a costos más accesibles de los que tiene la proteína animal.
Además, su comercio juega un papel importante en los ingresos de las familias que las venden en los mercados, ya sea frescas o en conserva, e incluso las intercambian por otros productos. Por desgracia, el hongo de pollo puede ser confundido con otros hongos venenosos por la coloración blanquecina que tiene.Estos son conocidos de forma coloquial como hongos blancos, de la muerte o malos.
En los años noventa los casos de envenenamiento eran excepcionales, pero a partir del nuevo milenio se han registrado más de 200 casos en al menos siete estados del país en donde se encuentra el género Amanita . Sólo en el estado de Chiapas, entre 2005 y 2013, ocurrieron 85 casos de envenenamiento, de los que 31 resultaron letales por la falta de conocimiento sobre los hongos venenosos. En algunas especies de amanita, como es el caso de Amanita verna y Amanita virosa, basta con comer un centímetro cuadrado para que se genere la intoxicación e incluso la muerte a causa del daño hepático.
Ante la intoxicación por hongos, lo mejor es no aceptar remedios caseros que puedan empeorar el envenenamiento y dar paso abierto a la muerte. Si se carece del conocimiento suficiente sobre hongos, lo mejor es evitar su consumo y así no correr el riesgo de intoxicación. En caso de que se llegue a comer un hongo tóxico, lo indicado es acudir inmediatamente al médico, informar sobre la cantidad ingerida, realizar una descripción del cuerpo fructífero, pues, de lo contrario, uno puede llegar a morir en un lapso de días.
El género Amanita, que de sus 600 especies su morfología presenta la forma clásica de una sombrilla –con un sombrero llamado píleo y un tallo nombrado estípite–, ocupa un lugar especial de importancia ecológica, específicamente por su relación con las plantas. Esto se debe a que lo que comúnmente se conoce como hongo, eso que vemos en los mercados o que brota de la tierra, sólo es la parte sexual del organismo. Como si sólo viéramos las flores de las plantas y no notáramos su tallo y las hojas. Su cuerpo es una especie de telaraña blanquecina llamada micelio, que se encuentra por debajo de la tierra. Puede alcanzar una extensión de varios metros cuadrados y la evidencia ha demostrado que conecta las raíces de los árboles, arbustos y otras plantas vasculares. Estas relaciones entre los hongos y las plantas forman simbiosis con las raíces, proceso que se conoce como ectomicorriza, donde el micelio rodea las células de la planta. En esta unión las raíces le otorgan carbono al hongo, mientras que el hongo aporta nitrógeno y fósforo, entre otros nutrientes. Con esto se promueve el crecimiento de ambos organismos y, para el caso específico de las plantas, éstas adquieren resistencia a situaciones de estrés ambiental y a suelos desfavorables.
Las amanitas son un mundo maravilloso y diverso con especies que pueden ser altamente tóxicas para el ser humano y, a su vez, con otras que son básicas para su alimentación. Los humanos han sabido sincronizarse a ellas de forma precisa, pues hay festividades y rituales importantes que se empalman con el tiempo de fructificación, además de que las usan como artículo de intercambio comercial. Las comunidades humanas han sabido integrarlas a su cosmovisión y los hongos han generado relaciones ecológicas importantes en los ecosistemas que habitan.
Itzel Monserrat Delgado Hernández
Bióloga de la Facultad de Ciencias de la UNAM y tallerista en la Secretaría de Cultura.
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Oculto a la vista, el simbolismo de la seta, venus y la flor de lis en el arte precolombino.