Las curiosidades que explican la formación de las especies (parte I)

Plumajes

El 2 de julio de 1852. A mitad del Atlántico, el bergantín Helenes devorado por las llamas. En él se incendian las notas y especímenes cuidadosamente colectados por un joven galés durante un extenso recorrido de cuatro años por el río Amazonas y el río Negro. Sólo unos dibujos de peces, un reloj y los recuerdos febriles de aquella expedición sobreviven. Tras tal calamidad, resultaría descabellado hacerse a la mar nuevamente, sin embargo en 1854 Alfred Rusell Wallace estaría desembarcando en Singapur.

Ilustración: Estelí Meza

Durante los siguientes ocho años, y con la ayuda de los indígenas dayak, Wallace llegó a recorrer más de 22 000 km del Archipiélago Malayo (ahora Malasia, Indonesia, Timor oriental y Papúa-Nueva Guinea). De regreso en Inglaterra, tardaría otros seis años en narrar detalladamente sus desventuras por paisajes entonces prístinos y criaturas en su mayor parte desconocidas para la sociedad inglesa, como atestigua su descripción de Nueva Guinea:

“Este país es en su totalidad montañoso y rocoso, cubierto enteramente de bosques densos, ofrece en sus precipicios, pantanos y crestas dentadas una barrera impasable hacia su interior desconocido; y las personas son salvajes peligrosos en el nivel más bajo del barbarismo. En un país así, y entre esas personas, se encuentran estos productos maravillosos de la Naturaleza, las aves del paraíso, cuya belleza exquisita de colores y formas y extraños desarrollos de plumaje son capaces de producir asombro y la admiración de los más intelectuales de la humanidad, y para proporcionar materiales inagotables para el estudio del naturalista y para la especulación del filósofo.”

Mucho antes de que su obra El Archipiélago Malayo pasara por la imprenta, durante el inicio de su estancia en la isla de Borneo en 1855 y confinado por la estación lluviosa desde una pequeña cabaña, logra publicar una nota en una revista de historia natural. Su escrito genera poco interés entre sus contemporáneos en Europa. Sir. Charles Lyell, el geólogo más famoso de la época victoriana es de los pocos que ve la relevancia del trabajo del joven galés. Entre sus notas personales y en la correspondencia que mantuvo con Charles Darwin, se nos muestra que esta nota representa una de las más importantes piezas del inmenso rompecabezas con el cual se ha buscado escenificar la historia de la vida en la tierra.  La ley de Sarawak de Wallace estipula que los eventos geológicos del tiempo distante no solo modificaron la superficie del planeta y sus características geográficas; sino además pudieron ser los responsables de la existencia de grupos de especies similares, pero con características únicas en un lugar y tiempo determinados.

Si bien Wallace no aboga en su manuscrito de 1855 por la generación de especies nuevas a partir de especies preexistentes, es él mismo quien, años después, en vísperas de su cumpleaños 35 y sufriendo un grave episodio de malaria, llega a conclusiones muy similares a aquellas en las cuales Charles Darwin llevaba trabajando por casi 20 años:  las especies surgen de otras especies como resultado de un proceso de selección de variedades; las variedades cuyas características o cualidades heredables les permitan reproducirse mucho más que otras en un medio ambiente determinado. Al parecer, a mediados de junio de 1858, el ahora famoso Ensayo de Ternate es enviado por Wallace a Darwin y a Lyell, con quienes ya mantenía correspondencia desde su trabajo hecho en Sarawak, Borneo. Ese mismo año se publica, ante la Sociedad Linneana de Londres, y sin su conocimiento, su ensayo “Sobre la tendencia de las variedades a alejarse de manera indefinida del tipo original, junto con fragmentos de la “La variación de los seres orgánicos bajo la domesticación y en sus estados naturales” y “Sobre la variación de los seres orgánicos en el medio natural, las formas naturales de selección, y en la comparación entre razas domésticas” y  El origen de las especies de Darwin. Sería comprensible que existiera algún tipo de desazón por parte de Wallace al saber que su ensayo preliminar fuera publicado sin haberse revisado extensivamente. Lo opuesto sucede: a pesar de que sostuvieron posturas distintas sobre cómo proceden los diferentes procesos evolutivos, Wallace admiraba tanto a Darwin, que la dedicatoria del Archipiélago Malayo va dirigida a este último, y Alfred es quien acuña el término darwinismo en 1889 en un tratado homónimo posterior la muerte de Charles en 1882.

Justamente en este tratado, en uno de los capítulos, Wallace realiza una revisión sobre lo sencillo que resulta explicar la existencia de flora y fauna tan peculiar en cadenas de islas remotas mediante el principio de aislamiento por distancia: una vez que haya pasado el tiempo suficiente para que una variedad se extienda por el archipiélago y se separe en cada una de las islas, por acción de la selección natural van a llegar a ser lo suficientemente distintas. Por lo que en el momento en el cual vuelvan a tener contacto entre ellas, no se van a poder reproducir entre sí, y los híbridos no van a tener descendientes viables.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando no hay un océano o alguna otra característica geográfica que separe las variedades de las que habla Wallace? ¿Acaso sólo ciertas características que impiden la reproducción exitosa entre las variedades en cercanía  son las favorecidas por la selección natural? Las mismas aves del paraíso de Papúa Nueva Guinea que deslumbraron a Wallace en su juventud serán las que inspiren a otro investigador a preguntarse lo mismo casi 50 años después de la publicación de su libro: Darwinismo (1889).

 

Francisco José Gutiérrez
Biólogo marino por la Universidad Autónoma de Baja California Sur especializado en la sistemática biológica de corales pétreos y con interés en la historia del pensamiento evolutivo.

 

Referencias bibliográficas

Cortés Gabaudán, F. (2004). Diccionario médico-biológico (Histórico y etimológico) de helenismos (1.ª ed). Ediciones Universidad de Salamanca.

Faria, R., Johannesson, K., y Stankowski, S. (2021). Speciation in marine environments: Diving under the surface.

Gallardo, M. H. (2013). “Alfred Russel Wallace (1823-1913): obra y figura”, Revista chilena de historia natural, 86(3), 241-250.

Ginobili, S., y Blanco, D. (2019). “Wallace’s and Darwin’s natural selection theories”, Synthese, 196(3), 991-1017.

Haffer, J. (2007). Ornithology, Evolution, and Philosophy: The Life and Science of Ernst Mayr 1904-2005. Springer Science & Business Media.

Higuchi, M., Sakai, H., y Goto, A. (2014). “A new threespine stickleback, Gasterosteus nipponicus sp. nov.(Teleostei: Gasterosteidae), from the Japan Sea region”, Ichthyological Research, 61(4), 341-351.

Lloyd, D., Wimpenny, J., y Venables, A. (2010). “Alfred Russel Wallace deserves better”, Journal of biosciences, 35(3), 339-349.

Mayr, E. (1999). Systematics and the origin of species, from the viewpoint of a zoologist. Harvard University Press.

Mayr, E. (1954). “Geographic speciation in tropical echinoids” Evolution, 1-18.

Mayr, E. (2001). “Wu’s genic view of speciation” Journal of Evolutionary Biology, 14(6), 866-867.

Ravinet, M., Takeuchi, N., Kume, M., Mori, S., y Kitano, J. (2014). “Comparative analysis of Japanese three-spined stickleback clades reveals the Pacific Ocean lineage has adapted to freshwater environments while the Japan Sea has not” PLoS One, 9(12), e112404.

Ravinet, M., Yoshida, K., Shigenobu, S., Toyoda, A., Fujiyama, A., y Kitano, J. (2018). “The genomic landscape at a late stage of stickleback speciation: High genomic divergence interspersed by small localized regions of introgression” PLoS genetics, 14(5), e1007358.

Ravinet, M., Kume, M., Ishikawa, A., y Kitano, J. (2021). “Patterns of genomic divergence and introgression between Japanese stickleback species with overlapping breeding habitats” Journal of Evolutionary Biology, 34(1), 114-127.

Smith, C. H. (2016). “Did Wallace’s Ternate essay and letter on natural selection come as a reply to Darwin’s letter of 22 December 1857? A brief review” Biological Journal of the Linnean Society, 118(2), 421-425.

Van Wyhe, J. (2016). “The impact of AR Wallace’s Sarawak Law paper reassessed. Studies in History and Philosophy of Science Part C” Studies in History and Philosophy of Biological and Biomedical Sciences, 60, 56-66.

Wallace, A. R. (1858). On the tendency of varieties to depart indefinitely from the original type. J. Linn. Soc. Lond. Zool., 3, 53-62.

Wallace, A. R. (1869). The malay archipelago: The land of the orang-utan, and the bird of paradise. Harper & Brothers. https://doi.org/10.5962/bhl.title.11170

Wallace, A. R. (2009). Cambridge library collection – Darwin, evolution and genetics: Darwinism: An exposition of the theory of natural selection, with some of its applications. Cambridge University Press, Cambridge, England.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Cuestiones

Un comentario en “Las curiosidades que explican la formación de las especies (parte I)

  1. Aunque siempre será interesante leer sobre A.R. Wallace, el escrito tiene varios datos inexactos, que más allá de la interpretación del autor, surgen de una propagación de mitos común alrededor de la obra y la figura de Wallace. Para empezar, su nombre está mal escrito, es Russel y no Rusell, situación producto de un error que se cometió en el registro civil en su momento. Hoy en día se sabe que, más allá del episodio de fiebre amarilla y su mitología entorno al momento «eureka», fue el trabajo que realizó en su «cuaderno de especies» (1855-1859) en donde discutió la preexistencia de las especies y su posible transformación en el tiempo. Además, es llamativo que en ningún momento se menciona que Wallace se fue a sus dos viajes, al Amazonas y al Archipiélago Malayo, con la firme idea de la existencia de la evolución como un hecho, a partir de la lectura que en su momento hizo de la obra publicada anónimamente en 1844, Vestigios de la Historia Natural de la Creación. Se menciona de manera dudosa que Wallace mandó en 1858 la carta a Darwin (el denominado posteriormente Ensayo Ternate) en junio de ese año, lo cual no es correcto; la carta fue enviada desde febrero, contando que el Sistema Postal británico lleva cuentas exactas de todos los envíos. Es decir, la carta tardó unos 3 o 4 meses en llegar a Inglaterra, y esa es la verdadera discusión que han tenido los historiadores en los últimos años: si llegó en mayo o en junio es la diferencia de interpretación para afirmar la similitud o diferencia de las propuestas de Darwin y de Wallace.

    Wallace no acuña el término darwinismo, que ya se encontraba en uso desde muchos años antes, para referirse incluso a la obra de Erasmus Darwin, el abuelo de Charles. El mérito de la obra publicada en 1889 es la de defender una cierta idea sobre el darwinismo (la centralidad de la selección natural), así como de difundir esa idea tanto en Europa como en Estados Unidos y Canadá.

    La carta enviada en 1858 no estaba pensada para ser enviada a Lyell. Fue enviada a Darwin, y fue este quien dado el impacto de lo que leyó decidió compartirla con Lyell y con Joseph Hooker. Fueron estos dos últimos quienes realmente manejaron toda la situación sobre la presentación y la posterior publicación, en agosto de 1858.

    El contacto con grupos originarios de la región del Archipiélago Malayo fue mucho más allá de los Dyaks. Su contacto fue mucho más amplio, como queda registrado en su obra El archipiélago malayo (1869), como puede verse en el capítulo 40 del primer volumen. De hecho, la principal compañía que tuvo Wallace durante la mayor parte de su estancia en el territorio fue Ali, un muchacho de origen malayo.

Comentarios cerrados