Las distintas ciudades de las aves migratorias

Los seres humanos tenemos el control de la urbanización y la aceleración actual del cambio climático. Sin embargo, no somos los únicos que pagan las consecuencias de estos fenómenos que perturban bruscamente el ecosistema, pues el resto de los seres vivos deben adaptarse a las modificaciones del paisaje o perecer. Esto es un reto mayor para animales migratorios (no humanos) que carecen de un hábitat fijo, quienes requieren corredores mucho más grandes, a comparación de aquellos que no presentan este comportamiento.

Ilustración: Oldemar González

La vida de un ave migratoria tiene muchas variables. Por ejemplo, hay algunas que pasan el verano en Canadá y se resguardan en México durante el invierno. Su ciclo de vida depende de paradas de recarga que hacen al trasladarse de un país a otro, lo que dificulta la caracterización y protección de los territorios que necesitan para sobrevivir. El cambio de tipo de suelo que ocurre a lo largo del tiempo tiene un gran impacto: lo que antes era una parada en un bosque, ahora es una región agrícola o una zona urbana. Éstos son el resultado del proceso de transformación del ecosistema físico que ejercen los humanos sobre el paisaje. La cobertura nativa del suelo se sustituye principalmente por construcciones, caminos y estructuras artificiales y, en menor medida, de cobertura vegetal no nativa. Estas modificaciones satisfacen la intensificación de actividades que emergen de la densificación de humanos.

En México y en cualquier lugar del mundo que no pertenezca al norte global no se monitorean a largo plazo muchas especies. Esto dificulta su estudio, porque simplemente los datos son inexistentes. Gracias a los censos poblacionales en Estados Unidos sabemos que todas las aves migratorias neárticas neotropicales, es decir aquellas que viajan de este país y Canadá a los trópicos, están en declive. Hay excepciones, como algunas especies de patos. Nuestro vecino del norte ha hecho una gran labor de conservación en zonas de humedales y lagos, que son sus sitios reproductivos. Sin embargo, la mayoría de las especies no han tenido tanta suerte, pues aquellas que se encuentran en zonas continentales y que no están asociadas a cuerpos de agua están reduciendo sus tamaños poblacionales.

Rodrigo Pacheco Muñoz, estudiante de doctorado en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, es especialista en la relación de las aves migratorias con su entorno en ambientes urbanos. En particular, Rodrigo estudia al chipe cabeza gris (Leiothlypis ruficapilla) y al chipe rabadilla amarilla (Setophaga coronata), pájaros que viven en zonas urbanas del Bajío mexicano, como Morelia, Michoacán, que migran a Canadá y Estados Unidos para reproducirse. Rodrigo cuenta que el año pasado, se hizo apenas el segundo monitoreo de aves en la zona urbana del Bajío. Él espera que en el futuro esto se pueda establecer y a partir de esto crear una base de datos. El trabajo de monitoreo es difícil e intenso, pues se necesitan voluntarios y el conocimiento para reconocer a las especies, lo cual requiere de capacitación.

Rodrigo ha observado que algunas aves migratorias, principalmente chipes, hacen uso de ciudades. Éstas cambian el ecosistema de la región y se crea uno que filtra ciertas características de la variedad de especies locales. No todas las especies pueden reproducirse y sobrevivir en el entorno urbano. Existe un fenómeno llamado filopatria, que es cuando un ave regresa exactamente al mismo lugar de donde migró. Cuando las aves vuelven a zonas modificadas, el alimento puede ser escaso y otras condiciones, como la temperatura, pudieron haber cambiado. Estas alteraciones afectan a las poblaciones de manera más directa e inmediata que el cambio climático, con el que se prevé un alza de temperatura y escasez de agua en algunas regiones, así como la  intensificación de lluvias e inundaciones en otras. Las islas de calor urbanas, donde la temperatura dentro de una ciudad está de 4 a 6 ºC por encima de sus alrededores, sirven como modelo para ver qué especies pueden adaptarse al cambio climático. Las observaciones de Rodrigo nos ayudan a ver el panorama de cuáles aves podrían sobrevivir y de qué manera.

Las aves migratorias tienen que ser estudiadas con mayor profundidad, no solo por el tratado internacional que tenemos con Estados Unidos y el deber moral de protegerlas, sino también porque desconocemos el impacto que tiene el movimiento de toneladas de biomasa a través del continente, tanto de aves, como de mariposas y otros animales. Ignoramos cuál es el aporte y cuál sería la importancia de perderlo. No hay que olvidar que las aves son un indicador de qué tan bien conservado está un ecosistema.

Rodrigo cree que se debe establecer un monitoreo nacional: “Debemos conservar, pero lo tenemos que hacer de forma inteligente. Actualmente, el gobierno decide conservar algunas zonas de manera arbitraria. Tenemos que olvidarnos de la perspectiva puritana de la conservación, en donde únicamente los paisajes prístinos se tienen que conservar, pensar en sitios que tienen doble uso e impactarlos menos. Lugares donde hay actividades humanas productivas, como las ciudades, pero que también fungen como áreas que favorecen a ciertas especies. Las ciudades pueden ser una excelente herramienta de conservación. No sólo para conservar a las especies, sino también para acercar la naturaleza a la población”.

Yo estoy en al norte de California, por lo que puedo disfrutar y cuidar algunas especies que en el invierno visitarán a Rodrigo en el Bajío. Es un sentido de conexión que se da entre ciudades, un sentimiento de coexistencia y pertenencia del continente que ofrecen la migración y una razón más para la conservación de aves migratorias.

Rodrigo cree que hay un futuro para las ciudades y las aves, y resalta también la importancia de la investigación. “Las poblaciones de muchas especies han ido en declive los últimos 50 años. Sabemos que sus ciclos están relacionados con el clima y que estos serán modificados por el cambio climático de forma drástica. No obstante, sabemos muy poco de lo que hacen aquí. Tenemos que entender cómo interactúan con las ciudades y encontrar oportunidades que permitan, de forma simultánea, brindarles un mejor hábitat y mejorar nuestras áreas urbanas”.

Hay miles de variables que se pueden tomar en cuenta, en particular con las zonas urbanas. Por ejemplo, el impacto de las ventanas: muchas aves mueren cada año por colisión con ventanas y otras estructuras humanas, un fenómeno que se ha observado en los rascacielos de Nueva York, pero también en la Ciudad de México. Hay soluciones arquitectónicas que son bird-friendly, pero también existen soluciones simples y económicas como colocar estampados y patrones en las ventanas que ayudan a las aves a ver los cristales antes de impactar contra ellos. Los gatos son otra variable que existe en zonas urbanas y en los trópicos se carece de estudios al respecto, pero en Estados Unidos se sabe que han causado la extinción de muchas especies de aves.

Desde 2015 existe el PAU (Programa de Aves Urbanas), un proyecto de ciencia ciudadana propuesto e impulsado por la Conabio, que invita a la población a recabar datos de las aves que observan en las ciudades. Actualmente, tiene presencia en más de 80 localidades en México. Con ese tipo de esfuerzos se intenta establecer un monitoreo urbano a largo plazo, además de promover el interés y la participación ciudadana en la conservación. Esto nos ayuda a conectarnos por medio de las aves y a dar solución a problemas comunes a lo largo de los contextos urbanos del continente.

 

Diana Aguilar Gómez
Estudiante de doctorado en biología computacional en la Universidad de California, Berkeley

 

Convención entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América para la Protección de Aves Migratorias y de Mamíferos Cinegético, 7 de febrero de 1936. Publicación en el DOF, 15 de mayo de 1937.

Hager, S. B., y otros. “Continent-wide analysis of how urbanization affects bird-window collision mortality in North America”, Biological Conservation, 212, 2017, pp. 209-215.

Holloway M. “ Un despertar arquitectónico podría salvar miles de millones de aves”, Audubon, agosto, 2018.

Sheppard, C. “¡Usted puede proteger a las aves de chocarse contra las ventanas!”, American Bird Conservacy.

Ortega-Álvarez, R., y otros. Programa de Aves Urbanas: Manual Ilustrado, 2015.

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