Las moscas, testigos en la escena del crimen

El martes 16 de mayo recibí un llamado de la fiscalía de la alcaldía de Xochimilco para apoyar en un caso que presentaba algunas irregularidades; el testimonio de la última persona que vio con vida a la víctima era incongruente con la fecha de muerte estimada, razón por la que necesitaban ayuda de una entomóloga forense.

Para comprender un poco más el caso, me dispuse a leer los datos del hallazgo recabados en el levantamiento del cadáver y colecta de indicios:

El sábado 13 de mayo del año 2023 a las 17:00 horas fue hallado un cadáver. Se encontraron larvas de insecto en las cavidades naturales de la cabeza y en la región anal. El cuerpo presentó heridas en la sección abdominal, la médico forense indicó que fueron hechas con un arma punzocortante. También se encontraron alrededor del cuerpo, pero en menor cantidad.
El sitio del hallazgo fue un espacio abierto rodeado de área boscosa de eucalipto en el cerro de Xochitepec. A las 18:00 horas se procedió a realizar la colecta de las larvas, las cuales se sacrificaron, se embalaron, se etiquetaron y se trasladaron al laboratorio. La temperatura promedio registrada mientras se recogían fue de 16 °C.

Por su parte, el reporte que hicieron mis colegas, la patóloga y antropóloga forense, decía lo siguiente:

Individuo de sexo femenino de aproximadamente 25 a 30 años de edad. Encontrada en decúbito dorsal. Cuerpo en estado enfisematoso de putrefacción sin presencia de livideces en región pectoral y avanzado grado de hinchazón corporal.

La data de muerte que ellas determinaron con base en factores como temperatura del cuerpo, proceso de descomposición y estado de entomofagia fue de entre tres y cuatro días. En el informe que presentaron los investigadores sobre la indagación criminal resulta el testimonio:

El esposo reporta haber visto por última vez a su pareja entre las 21:00 y 22:00 horas del miércoles 10 de mayo antes de irse a casa de sus padres.

Para este punto, probablemente al igual que el lector, yo tenía muchas preguntas acumuladas. ¿Cuándo murió?, ¿el esposo es culpable?, ¿fue asesinada en el cerro de Xochitepec?

Afortunadamente, había unas testigos que podían ayudarme a dar algunas respuestas. Fueron las primeras en llegar a la escena del crimen, pues se encargan de descomponer la materia orgánica al alimentarse directamente de cadáveres en su estado larvario. Mis testigos estelares eran las moscas califóridas. Ellas tienen la capacidad de detectar el olor emanado por un cuerpo a kilómetros de distancia y su tamaño les facilita el acceso a casi cualquier lugar. Además, su capacidad de volar les permite desplazarse grandes distancias.

El ciclo de vida completo de esta mosca comprende distintos estados: huevo, seguido de tres estadios larvales, caracterizados por un período de intensa actividad alimenticia; posteriormente, viene uno de inmovilidad llamado pupa, en el cual se desarrollan las características del adulto. El tiempo que tarda en desarrollarse es elemental para estimar cuándo sucedió la muerte de un individuo en un caso criminal, ya que podemos estimar el intervalo post mortem (IPM).

Lo que sucedió, probablemente, fue que después de que ocurrió el deceso, llegó la primera oleada de moscas grávidas de color azul metálico, a quienes mi madre solía llamar moscas panteoneras. Una vez ahí, se instalaron en las cavidades del cuerpo y las heridas para realizar la primera puesta. De estos huevos nacieron las larvas que tenían para alimentarse todo un cuerpo humano como ecosistema, hasta llegar a la etapa de pupa.

Para poder responder a las incógnitas planteadas, y valiéndome de herramientas como claves taxonómicas, pude identificar que las larvas pertenecían a las moscas Chrysomya rufifacies. Observé un hecho raro, ya que se encontraban en estadios diferentes en distintas zonas del cuerpo: las que fueron recolectadas de la cabeza estaban en el estadio larval 2, mientras que las que fueron reunidas de la región abdominal y caudal se encontraban a mitad del estadio 3. Eso indicaba que algo había sucedido con el cuerpo, pero aún no lograba descifrar qué había sido.

Ilustración: Estelí Meza

Con ayuda del ciclo de vida de C. rufifacies, y tomando como referencia la temperatura del ambiente del día que fue levantado el cuerpo, pude determinar que la especie requirió de 89.2 horas para desarrollarse desde la puesta de los huevos hasta la mitad el tercer estadio larval a 16°C. La temperatura del entorno es importante porque los insectos son animales ectotermos: al igual que la mayoría de los reptiles, no producen su propio calor y dependen de la temperatura ambiental para regular la suya y realizar sus funciones vitales, como lo es desarrollarse. Quizás pronto podamos determinar el IPM con precisión sin importar este factor. Hace poco leí un artículo que menciona una red universal de descomponedores microbianos que las moscas azules ayudan a dispersar; si se aprovechan los patrones de sucesión de la comunidad de estos organismos, se puede predecir con precisión el intervalo post mortem, independientemente de la diversidad de ubicaciones geográficas y climáticas.

En fin, ya había logrado descifrar que el cuerpo tenía como mínimo tres días y medio sin signos vitales, lo cual era coincidente con la conclusión de mis colegas, aun con la discrepancia con lo que decía el esposo. Sin embargo, todavía había que resolver por qué las larvas presentaban distinto nivel de desarrollo. Seguí sin respuestas hasta que recordé que la médico legal indicó que encontró signos de ahogamiento, pero no había cuerpos de agua en las cercanías, por lo que solo podía significar una cosa: el cuerpo fue movido y el sitio de hallazgo no correspondía con el lugar de los hechos. Es por ello que las larvas de la cabeza eran más jóvenes, porque esa parte del cuerpo había estado sumergido en el agua y las moscas no habían podido colocar sus huevos ahí sino hasta que fue transportado. A decir verdad, no sé cómo no lo pensé antes si en el dictamen se dijo que el cuerpo carecía de livideces en la región del pecho, cosa que indicaba que había muerto con esa región corporal recargada en alguna superficie, pero la occisa fue encontrada boca arriba.

Ahora sólo era necesario saber si el esposo estaba mintiendo o no. Lamentablemente, esa tarea ya no me competía a mí y debía esperar a la resolución por parte de la Fiscalía. Cuando terminé mi dictamen, lo presenté a los abogados del caso. En este concluí que la fecha de la muerte de la mujer hallada el día 13 de mayo del 2023 a las 17:00 horas fue el martes 9 de mayo de 2023, aproximadamente a medianoche, por lo cual el sospechoso mintió en su testimonio. Además de que la diferencia en el desarrollo larval podía ser indicio de que su cabeza estuvo sumergida al menos 23 horas en algún cuerpo de agua, puesto que las moscas no pueden ovipositar ahí; después, probablemente, el cuerpo fue movido de lugar.

Cuando el caso se resolvió, supe que el esposo confesó haber atacado a la occisa con un cuchillo que tenía cerca, apuñalándola en el abdomen lateral un par de veces y haciéndola caer al empujarla, lo que provocó que su cabeza fuera golpeada con el borde de la piscina, quedando sumergida en el agua. El esposo estuvo en shock durante la noche del homicidio, y hasta el día siguiente tomó la decisión de trasladar el cuerpo; la sacó del agua el miércoles 10 de mayo a las 22:00 horas y la dejó en el cerro de Xochitepec a las 23:00 horas. Al regresar limpió el auto y la piscina durante el día y salió a casa de sus padres a la mañana siguiente.

Perspectivas de la entomología forense en México

En este caso ficticio se quiso ejemplificar la labor de los entomólogos forenses. Esta ciencia es una herramienta muy útil para apoyar otros medios de datación forense a través del estudio del estado de desarrollo y la ecología de la fauna asociada a cadáveres. También nos puede decir si el cadáver ha fallecido en el lugar donde fue hallado o fue trasladado, e incluso confirmar o refutar testimonios. Es importante porque las evidencias de la entomofauna pueden ser las pruebas necesarias para casos de homicidios y durante avanzados estados de descomposición.

En Latinoamérica, pocos países han hecho investigaciones sobre el tema. En nuestro país comenzó a desarrollarse a principios del siglo XXI y tuvo un gran avance a partir de 2008, pues comenzaron a incorporarse los entomólogos forenses en los sistemas y coordinaciones periciales. Además, se ha caracterizado la entomofauna asociada a cadáveres con interés forense en algunas regiones, como Texcoco, Estado de México; Monterrey, Nuevo León; Guadalajara, Jalisco; San Luis Potosí; Ciudad de México, y Tamaulipas. Sin embargo, los avances científicos, además de ser muy pocos, se encuentran únicamente en universidades y centros de investigación. Por otra parte, la entomología forense puede ayudar a identificar cuerpos irreconocibles al replicar el DNA rescatado del tracto digestivo de las moscas. Lamentablemente, esa no es una realidad posible para México en la actualidad.

 

Ruth Itzel Torres Torres
Bióloga por la Facultad de Ciencias UNAM, educadora ambiental y divulgadora de la ciencia en formación. Apasionada por compartir el conocimiento acerca de la vida.

Alan Rodrigo Martínez Texcalpa 
Con formación en biología por la UNAM y especialidad en educación  ambiental y criminalística. Le apasionan los proyectos socio-ambientales que hacen de nuestro planeta un sitio más habitable.

Referencias
Andrade-Herrera, K., Núñez-Vázquez, C., y Estrella, E., “Life cycle of Chrysomya rufifacies (Diptera: Calliphoridae) under semi-controlled laboratory conditions”, Journal of Medical Entomology, 58(6), 2021, pp. 2138-2145.

Araujo-Castillo, S., y Romero-Napoles, J., “Estudio de insectos asociados a cadáveres humanos: caso de insectos encontrados en cadáveres en la Ciudad de México”, Dr. Néstor Bautista Martínez, 181, 2018

Burcham, Z. M., Belk, A. D., McGivern, B. B., Bouslimani, A., Ghadermazi, P., Martino, C., y Metcalf, J. L., “A conserved interdomain microbial network underpins cadaver decomposition despite environmental variables”, Nature Microbiology, 2024, pp. 1-19.

García-Espinoza, F., Valdés Perezgasga, M. T., Sánchez Ramos, F. J., Yusseff Vanegas, S. Z., y Quintero Martínez, M. T., “Desarrollo larval y requerimientos calóricos de Chrysomya rufifacies (Diptera: Calliphoridae) durante primavera y verano en Torreón, Coahuila”, Acta zoológica mexicana, 28(1), 2012, pp. 172-184.

Magaña, C., “La entomología forense y su aplicación a la medicina legal. Data de la muerte”, Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa, 28(49), 2001, pp. 161.

Rodríguez, J. A. N., “Métodos de casos para el aprendizaje de la Entomología Forense”, Revista Científica de FAREM-Estelí, (19), 2016, pp. 33-45.

Vanegas, S. Z. Y., “Entomología forense: los insectos en la escena del crimen”, Revista Luna Azul, (23), 2006, pp. 42-49.

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Publicado en: Cuestiones