Matemáticas, ciencia, historia, desentrañando el misterio,
que todo empezó con el big ¡bang!
—Barenaked Ladies, “The Big Bang theory”
Si recopiláramos cuáles han sido las interrogantes que la humanidad ha tenido desde las primeras civilizaciones que caminaron por el planeta Tierra, sin duda el origen de la vida continuaría entre las que encabezan ese listado. ¿Qué hizo que fuera posible la vida? ¿Cómo fueron las primeras formas de vida?
Se sabe que las primeras formas de vida en nuestro planeta se dieron hace 3500 millones de años. En ese periodo encontraríamos al ancestro que el lector y yo compartimos con los árboles, los hongos, las bacterias y demás organismos con los que convivimos y con los que ya no pudimos convivir, como los dinosaurios: el último ancestro común universal (LUCA, por las siglas en inglés de Last Universal Common Ancestor).
LUCA es un ancestro hipotético que se ha planteado como la base del árbol filogenético de la vida. Sin embargo, hasta la actualidad se sabe poco de él. Se ha planteado que se trataba de un microorganismo unicelular, que vivía en el agua y que fue capaz de sobrevivir al ambiente de la Tierra primitiva. Cuando el planeta era muy joven, su composición no le favorecía exactamente el salir a la superficie a respirar aire fresco.
Charles Darwin también planteó la existencia de este ancestro. De acuerdo a él, este organismo se desarrolló en un “charco de agua caliente”, bajo las condiciones atmosféricas que más adelante se describirán. Hoy sabemos que el naturalista no se equivocó, las primeras células surgieron en esos “charquitos de agua”.
El origen de la vida abarca, principalmente, cinco hipótesis que han buscado contestar a las preguntas previamente planteadas. Cabe destacar que de ninguna de ellas se puede tener completa seguridad. La biología, al igual que la historia, trabaja con registros de lo que fue y dejó huella de su paso por donde hoy camina, entre miles de millones de especies, la humana. A menos de que en algún momento se desarrollara la tecnología para viajar al pasado, nunca tendremos la certeza de cómo era nuestro planeta en sus primeros segundos de vida. Sin embargo, la ciencia nos ha ayudado a hacer aproximaciones muy exactas de cómo pudo haber sido, con base en recreaciones en laboratorios y el estudio del medio interestelar.

La primera sopa en la Tierra
Como lo nombró Carl Sagan, el pálido punto azul donde habitamos se formó hace 4540 millones de años. En la atmósfera no había oxígeno libre como lo tenemos hoy; en su lugar había hidrógeno, metano, agua y amoniaco.
Fue en 1921 cuando Alexander I. Oparin, bioquímico soviético, propuso que los primeros seres vivos se habían desarrollado a partir de sustancias orgánicas, formadas por la reacción de los compuestos que predominaban en la atmósfera junto con la radiación solar, la actividad eléctrica y los volcanes. De acuerdo a dicha postura, estos compuestos reaccionaron en los océanos, debido a la radiación UV que estos recibían, formando los primeros seres vivos.
Sin embargo, Oparin no fue el único que vislumbró esto. Años más tarde, en 1928, el biólogo evolutivo John Burdon Haldane propuso una hipótesis similar. Él añadió que, entre los compuestos orgánicos que se formaron, había azúcares y aminoácidos, compuestos necesarios para formar proteínas, las cuales se acumularon en los mares y abrieron camino a la vida.
La teoría de Oparin-Haldane es también conocida como “sopa primigenia”, puesto que los ingredientes necesarios de la vida se cocinaron en las calientes aguas de los mares primitivos.
Espora cósmica
Para esta propuesta tendremos que atravesar la tropósfera, estratósfera, mesósfera, termósfera y exósfera, hasta llegar al medio interestelar.
El ganador del Premio Nobel de Química en 1903, August Arrhenius, sugirió que los materiales necesarios para dar lugar a la vida llegaron del espacio. La teoría de la panspermia expone que formas de vida simple en forma de esporas pudieron viajar por el cosmos desde algún otro sitio y encontraron las condiciones adecuadas para “germinar” en la Tierra. Un mecanismo similar por el que algunas plantas se reproducen.
Sin embargo, esta hipótesis recibió fuertes cuestionamientos de la comunidad científica por intentar responder la pregunta del origen de la vida en la Tierra, pero ¿dónde y cómo se formó la vida en el lugar de donde provienen las esporas? ¿La vida es eterna y siempre ha existido? ¿Podría ser que las esporas de la vida han viajado desde el Big Bang por todo el universo y han germinado en los planetas que les ofrecen el sustrato ideal?
Con base en esta última hipótesis, se podría tener la osadía de decir que hay más de un lugar que alberga vida en el cosmos. Dentro de lo poco que hemos logrado saber de todo lo que existe dentro y fuera de nuestro planeta, sabemos que el 95 % de la materia viva está compuesta de carbón, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno (los famosos CHON), entre otros. Estos elementos son los más abundantes en todo el universo y son arrojados al medio interestelar mediante la pérdida de masa de las estrellas o en la explosión de una supernova, proceso final de la vida de una estrella.
En 1980, se emitió la serie Cosmos: Un viaje personal; en su noveno capítulo, el astrónomo Carl Sagan pronunció la conocida frase: “Somos polvo de estrellas”. Esta oración no es un mero acomodo de palabras poéticas, sino una expresión que sintetiza el origen de lo que hizo posible nuestra existencia. Los CHON se organizaron con otros elementos para formar proteínas, ácidos nucleicos, lípidos, carbohidratos, entre otras moléculas complejas, para dar lugar a seres que construyen pirámides, sustentan guerras e, incluso, desde mi punto de vista lo más importante, emprenden la búsqueda del brazo de la curiosidad para conocer su lugar en la infinidad del universo.
En días recientes, la vida extraterrestre ha ocupado los primeros lugares de la agenda de contenidos de los medios de comunicación. Después de leer diversos textos para la redacción de este texto, me parece que somos la confirmación de vida extraterrestre que por años se ha esperado. Después de todo, los elementos de los que usted, querido lector, y yo estamos formados vienen de allá afuera, de donde las estrellas mueren, dejando esparcida la materia prima de la vida, la cual ha dado paso a que toda la gama de formas, colores y tamaños de seres haya sido posible.
Ana Luisa Pérez Sánchez
Egresada de la carrera de Comunicación y Periodismo de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, UNAM. Ha realizado colaboraciones con la gaceta de la Facultad y con el Instituto de Astronomía de la misma Institución. Actualmente, es periodista de negocios, y estudia biología en la Facultad de Ciencias, UNAM. Pretende dedicar su vida a las letras.
Referencias
Lazcano, A., El origen de la vida, México, Trillas, 2020
Laos, Roberto Laos y Benner, Steven, “El origen de la vida y la primera molécula capaz de replicarse a sí misma”, Revista de Química, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2014.