This is the dead land
This is cactus land
—T. S. Eliot, The Hollow Men
Es interesante traer, como imagen disparadora del texto al que estamos a punto de adentrarnos, un par de versos del célebre poeta británico-estadunidense, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1948, Thomas Stearns Eliot. ¿Es cierto que la tierra de los cactus es una tierra muerta, árida y vacía como la que se muestra en las películas?
Para empezar, tenemos que ponernos en contexto. Eliot escribió estos versos en un poema que habla sobre la desolación y el vacío moral e intelectual de la sociedad de la posguerra. Si nos acercamos con lupa al poema, podemos ver que los versos sirven como excusa para evocar un paisaje desolado, triste y moribundo (de hecho, las líneas siguientes del poema son: aquí las imágenes de piedra/ se alzan y reciben/ la súplica de la mano de un hombre muerto/ bajo el titilar de una estrella moribunda). Por eso el autor quiso describir el paisaje de un desierto como un lugar sin esperanza, ajeno de vida y lleno de angustia.
Eliot era un magnífico poeta y no podemos culparlo de asociar forzosamente la imagen de un desierto (con sus enormes cactus, cráneos de toros y bolas de hierba seca rodando en el áspero viento), con una tierra condenada y muerta. Pero nada más lejos de la verdad. Los desiertos son ecosistemas llenos de complejidad, en donde la vida ha tenido que abrirse paso en medio de condiciones a menudo extremas. Esa misma presión ha llevado a adaptaciones hermosas y únicas en la Tierra.
Es probable que para muchos de nosotros, la imagen que tenemos de un desierto no sea muy diferente a la de Eliot, sobre todo si la comparamos con otros ecosistemas húmedos, tropicales y abundantes en vegetación, como las selvas húmedas, en donde de día vuelan las guacamayas y en las noches sale a merodear el jaguar. Sin embargo, los desiertos son reservorios de una alta diversidad de plantas, insectos, aves, mamíferos y hasta hongos. Y como ocurre en cada sitio del planeta, las interacciones y la forma de vida que cada organismo ha adquirido ahí son únicas, hermosas e irreemplazables. Pero, a todo esto, ¿en dónde crecen los cactus? Porque no cabe duda que los cactus son un elemento central del poema.
Imagen 1. Valle de Tehuacán-Cuicatlán, Puebla. Las cactáceas columnares que se observan son los tetechos (Cephalocereus tetetzo)

Si pensamos en los cactus gigantes en forma de candelabros, con los dos brazos bien alzados hacia el cielo, estamos considerando sin duda en los desiertos americanos, pues es de interés remarcar que las cactáceas son una familia de distribución restringida a América, en donde presentan su mayor distribución y diversidad en México. En nuestro país se encuentran 617 especies, de las cuales 518 son endémicas, es decir, que no se distribuyen en ningún otro lugar del mundo. De acuerdo a la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), muchas de ellas se ven amenazadas por efectos antropogénicos, como el cambio del suelo en los ecosistemas, la extracción ilegal de organismos en su hábitat, la introducción de especies exóticas, la contaminación y el cambio climático. Pero esto no responde todavía la pregunta que nos hicimos hace un momento. Ya sabemos que México posee una gran diversidad de cactus y que estos están amenazados, pero ¿qué tiene que ver el paisaje desolado con todo esto?
En México, las cactáceas se distribuyen en diferentes ecosistemas que abarcan desde las selvas húmedas hasta el matorral xerófilo, en donde se registra su mayor distribución. El matorral xerófilo es uno de los ecosistemas más importantes dentro de la categoría de clima seco, en términos prácticos, es lo que probablemente imaginaríamos al pensar en un desierto. La tierra es pobre en recursos y la falta de lluvia acrecienta la posibilidad de introducir cultivos y, sin embargo, eso no ha sido impedimento para que las cactáceas y algunas otras especies vegetales hayan podido colonizar estos territorios. En México, este ecosistema se extiende por 30 % del territorio nacional, lo cual lo hace uno de los más abundantes. A veces se ha llegado a ocupar como sinónimo para su nombre, sobre todo en el ámbito coloquial, los nombres de las plantas más abundantes en ellos, por ejemplo: magueyera, tetechera, nopalera, cardonal, matorral espinoso, etc. Es precisamente en el matorral xerófilo en donde se presenta una gran diversidad de cactáceas y, muy probablemente, el paisaje que evoca el poema.
En México los matorrales están presentes sobre todo en las regiones áridas del norte y noroeste del país, aunque una franja se extiende por el valle de Tehuacán-Cuicatlán, hasta Oaxaca. En estos lugares existen condiciones de estacionalidad marcada, con lluvias, a menudo escasas, restringidas a una parte del año y el resto con sequía muy pronunciada. La vegetación es pequeña: arbustos de no más de cuatro metros que pierden sus hojas durante la temporada de sequías y que adquieren cierta suculencia, es decir, sus tallos se engrosan para almacenar agua y nutrientes. La temperatura en los matorrales es oscilante, muy alta durante el día y desciende abruptamente en las noches. La vida se busca camino en estas duras condiciones. Y con todo esto podemos pensar que ciertamente las condiciones extremas de estos sitios harían que la vida sea escasa. Hasta aquí un punto para Eliot y su poema, pero aún nos falta camino por recorrer.
Imagen 2. Pata de elefante (Beaucarnea gracilis) en el Valle de Tehuacán-Cuicatlán, Puebla

Algunas plantas arbustivas, como la Corregidora (Larrea tridentata), sirven como nodrizas de otras, especialmente de los pequeños cactus globosos. El nodricismo consiste en que una planta crece y se reproduce mejor bajo la sombra de otra de mayor tamaño para evitar el Sol directo. En ocasiones, el nodricismo puede ocurrir bajo una piedra o en la sombra de un acantilado, todo lo que pueda ayudar a soportar la temperatura inclemente es un beneficio para las plantas.
En el valle de Tehuacán-Cuicatlán, Puebla-Oaxaca, crece la pata de elefante (Beaucarnea gracilis), una planta con la base del tallo muy engrosada y que sorprende con su increíble tamaño de varios metros. También es hogar del cactus viejito (Cephalocereus senilis), otra especie de cactus columnar que posee tricomas (estructuras de protección que se asemejan a pelos o vellosidades), largos y blancos, que aparentan ser el cabello canoso de un anciano; estos tricomas protegen al tallo del Sol.
Pero la vida en esta tierra extrema no se queda sólo en la vegetación. Los matorrales son también el hábitat de una gran cantidad de animales, entre los que destacan el berrendo, borrego cimarrón, coyote, gato montés, búho cornudo, caracara quebrantahuesos y las temidas serpientes de cascabel. Para minimizar el efecto de las altas temperaturas del día, algunas especies de murciélagos llevan a cabo la polinización nocturna. Para ello, las enormes cactáceas columnares abren sus flores blancas en la noche, lo cual es una señal para que los murciélagos desciendan hacia ellas. Ambas especies, planta y animal, llevan a cabo el juego de la supervivencia en una perfecta sincronía.
Hasta ahora podemos darnos una idea más exacta del paisaje desértico y parece que tiene más vida de la que hubiéramos imaginado. La diversidad en formas y estrategias que ha adquirido la vida en estas condiciones es asombrosa.
Entre los retos y amenazas a los que se enfrentan los matorrales destacan el desmonte y cambio de uso de suelo para la agricultura y la ganadería. Además, la extracción ilegal y desmedida de especies animales y vegetales, así como la cacería ilegal, pone en riesgo la biodiversidad y las redes de interacción que existen entre los organismos.
Imagen 3. Matorral xerófilo en donde crece la planta Corregidora (Larrea tridentata) en Peña Blanca, Querétaro

Los matorrales son la tierra de los cactus, es cierto, pero son una tierra viva y diversa. Es importante conocerlos y valorarlos porque representan el ecosistema más abundante del país y fungen como refugios de biodiversidad, proveen hogar para polinizadores y especies endémicas de México. Entre los grupos humanos, los matorrales sirven como centros de importancia cultural, educativa y científica. Diversos grupos humanos obtienen de ellos servicios ambientales como madera, frutos y hierbas medicinales y comestibles. La biología se sirve de ellos para investigación y preservación del patrimonio biológico.
Es impresionante pensar que la vida ha logrado colonizar regiones en donde los recursos son escasos. Si miramos más de cerca a los ambientes secos, veremos que son un reservorio de la historia natural y evolutiva del planeta, y que la tierra muerta y carente de esperanza que describe el poema es en realidad una tierra con una belleza que subyace bajo el Sol. Sólo hay que mirar muy de cerca, bajo las rocas, en medio de los arbustos, la vida se ha abierto paso.
Isaac Daniel López Rodríguez
Estudiante de Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM
Referencias
Arias, S., “Cacti Wonders of the Americas”, Voices of Mexico (38), 1997, pp. 127-132
Arias, S., La familia cactaceae. Documentos REPSA, 2009
Becerra, R., “Las cactáceas, plantas amenazadas por su belleza”, Biodiversitas, Boletín Bimestral de la Comisión para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, 6(32), 2000, pp. 2-5.
Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio),Los cactus entre las especies más amenazadas del mundo, Gobierno de México, 2015
Conabio, Matorrales, Gobierno de México, 2021
González-Elizondo, M., González-Elizondo, M. S., González-Gallegos, J. G., Tena-Flores, J. A., López Enriquez, I. L., Ruacho-González, L., y Retana-Rentería, F. I., “Updated checklist and conservation status of Cactaceae in the state of Durango, Mexico”, Phytotaxa, 327(2), 2017, 103.
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