Diariamente estamos en contacto con múltiples agentes que están en todas partes al mismo tiempo. Por ejemplo, el aire que respiramos, los microorganismos que se pueden encontrar tan cerca como en los celulares o en lugares tan inhóspitos como el cráter de un volcán, hasta el sonido que se puede propagar por todo el planeta.
Dentro de este grupo también hay agentes dañinos que pueden causar enfermedades en los humanos, como bacterias, amebas o virus, y para muestra basta el que ocasionó la pandemia. De la misma manera, están los compuestos contaminantes del aire que no vemos, como el ozono, las partículas en suspensión y el plomo. En este club de los “enemigos” invisibles, existen pedazos diminutos de plástico que generan daños en el ambiente, la salud humana y la de otras especies: los llamados microplásticos.
Estas partículas pueden ser imperceptibles por su tamaño, ya que miden menos de 5 milímetros, igual a la longitud de un grano de arroz, pero más de 0.001 mm, lo que puede llegar a medir una bacteria.
Se originan a partir de dos vías de fragmentación: la primaria y la secundaria. La elaboración de microesferas que se utilizan en cosméticos y productos de cuidado personal, las pequeñas bolitas de color que están en el champú o la pasta de dientes, es la vía primaria. Por su parte, la fragmentación secundaria se da cuando los residuos plásticos más grandes que están en el agua o el suelo, ya sea por el efecto de la luz del sol o la temperatura, se degradan en pedazos cada vez más pequeños, algo así como si pasáramos un camión de carga por un trozo de vidrio hasta que sólo pudiéramos observar puntos que brillan en el suelo. Pero, independientemente de la vía por la que se originen, los microplásticos contaminan a su paso cuando se esparcen sigilosamente a nuestro alrededor.

Amenaza silenciosa en el agua
La contaminación plástica en el mar ha crecido considerablemente en los últimos años y se prevé que se duplique para 2030. Estos residuos se van fragmentando en microplásticos, a tal grado que se han estimado cerca de 15 000 millones de partículas flotando en la superficie del océano.1
Como si de una especie de mimetismo se tratase, debido a su diminuto tamaño, los microplásticos son confundidos como alimento por los animales marinos. Esto ocurre con el zooplancton que es un consumidor primario en la cadena alimenticia, lo que resulta alarmante, porque pueden alterar la función y la salud de estos organismos, generando a su vez efectos adversos en la supervivencia, reproducción y la salud de las demás especies marinas. Al ser un eslabón crucial y conectar a los productores con los demás niveles, los fragmentos plásticos llegan a moluscos, peces, aves marinas y cetáceos. Al final de la cadena alimenticia, algunos terminan siendo consumidos por los seres humanos.
También son minibarcos, minicarros o miniaviones tóxicos, porque son el medio de transporte de algunos compuestos químicos, aditivos industriales, metales pesados o microorganismos, lo cual puede ser dañino para las especies que los ingieren.
Pero no hace falta ir al mar para estar expuestos a alimentos contaminados, pues se ha observado la presencia de microplásticos en tilapias provenientes del río Atoyac. En el trabajo llevado a cabo en el Valle de México, se observó que estos peces tenían fibras en el tracto gastrointestinal, cuyo origen eran la poliamida, material de lo que está hecho el nylon, el poliéster, lo que constituye el PET, y la celulosa sintética.2
El aire que respiramos
Los seres humanos también podemos inhalar microplásticos, porque se adhieren a las partículas de polvo o del suelo que son fácilmente arrastradas por el viento y quedan suspendidas en la atmósfera. Éstas se depositan en los pulmones y pueden ocasionar problemas de salud, como dificultad respiratoria, falta de aire o tos.
De hecho, se ha visto que en la Ciudad de México hay abundancia de microplásticos en la atmósfera de zonas urbanas e industriales. La mayoría de los microfragmentos encontrados provienen de plásticos como el celofán y el polietileno, materiales de los que están hechos la mayoría de materiales plásticos.3
Microplásticos hasta en la sopa
Los ecosistemas terrestres son más susceptibles a la contaminación por plástico que los marinos. En comparación con los océanos, la cantidad que se libera de estos compuestos dañinos en la tierra llega a ser de cuatro a veintitrés veces mayor que en el mar.4
Los microplásticos en ambientes terrestres se originan principalmente en vertederos donde se acumulan toneladas de desechos plásticos y se transportan a través de la atmósfera, pero también provienen de aguas residuales utilizadas para el riego de cultivos, ya que hay micropartículas del lavado de ropa o de productos de cuidado personal. Los fertilizantes orgánicos, la composta y el acolchado plástico para mejorar el rendimiento de los cultivos son también una fuente importante.
En el ecosistema terrestre son varias las afectaciones. Por ejemplo, en los agroecosistemas alteran las propiedades del suelo, pues reducen la cantidad de bacterias y hongos, los cuales son muy importantes para que éste se regenere, además de que alteran el ciclo de los nutrientes, ocasionando que se carezca de ellos.
Así como los microplásticos ingresan en la cadena alimenticia marina, también lo hacen en la terrestre. Tienen efectos negativos en el desarrollo de las plantas, ya que limitan el crecimiento de las raíces, provocando alteraciones en la absorción del agua y nutrientes.
La ingestión a lo largo de la cadena alimenticia es la principal forma de exposición que tenemos los seres humanos a las partículas contaminantes, aunque las bebidas también son una fuente importante. Se calcula que a la semana ingerimos hasta cinco gramos de microplásticos, por lo que bien podríamos comer una tarjeta de crédito y no habría diferencia.
Hay contaminación con microplásticos en peces, mariscos, pollos y algunos productos alimenticios como la sal y el azúcar; también se han encontrado en abundancia en el agua de las botellas de plástico, en grifos y en la cerveza, incluso en los cubos de hielo que usamos para enfriarlas. Aunque los bebederos son una de las soluciones para no usar botellas de plástico desechables, en un estudio realizado en 42 estaciones del metro de la Ciudad de México se observó que su agua contiene microfibras que no pasan de 1 mm de tamaño.5
Estos compuestos pueden afectar la salud humana al dañar los tejidos. Por ejemplo, una vez ingeridos, llegan al intestino, donde pueden ser tóxicos para los microorganismos que habitan ahí, lo que provoca finalmente un desequilibrio en el metabolismo. También causan daños en el sistema reproductivo masculino, pues disminuyen el número y la movilidad de los espermatozoides. De la misma manera representan un riesgo potencial de padecer cáncer, ya que provocan alteraciones en los cromosomas.6
Están en nosotros
Lamentablemente, las malas noticias no acaban aquí. Es probable que pequeños fragmentos de plástico existan en la sangre del lector, pues se ha identificado la presencia de partículas PET, polietileno y poliestireno con un tamaño menor a 0.0007 mm, lo que ya los coloca en una clasificación inferior: los nanoplásticos. Esto demuestra que los pedazos de plástico pueden ser absorbidos y transportados por el torrente sanguíneo, llegando a distintos órganos, incluido el cerebro. Aunque se necesita un mayor conocimiento del peligro asociado a dicha exposición, es probable que lleguen a causar daños al sistema nervioso, afectando los niveles de neurotransmisores —los mensajeros químicos de las neuronas— con lo que puede alterarse el comportamiento, el aprendizaje y la memoria.7 Además, se ha visto que algunos genes y proteínas relacionadas con la sinapsis, indispensable para el proceso de comunicación neuronal, pueden ser alterados.8
Estos fragmentos de plásticos también pueden causar una neurodegeneración similar a la enfermedad de Parkinson, ya que alteran la fuerza del agarre y el equilibrio9 al afectar la barrera hematoencefálica, que es como la aduana que restringe el paso de agentes que pueden poner en peligro al cerebro.
Aunque estos estudios se han llevado a cabo en ratones, nos dan una idea de las afectaciones y demuestran la necesidad de realizar más estudios para conocer cuál es el mecanismo por el cual los microplásticos generan daño.
Las nuevas generaciones ya tienen una exposición temprana a estas partículas, pues su presencia se ha visto en la placenta de mujeres embarazadas, la cual se encarga de nutrir y proporcionar oxígeno al feto; también en leche materna, heces infantiles y fórmula infantil.10
Como se puede notar, existe una constante exposición hacía los microplásticos, y aunque todos estos estudios abren paso a una mejor comprensión de su transporte, las consecuencias negativas al medioambiente y los posibles riesgos a la salud también demuestra la urgencia de realizar más investigaciones, principalmente en mamíferos, y favorecer una estrecha vigilancia hacía estos contaminantes. De igual manera, es importante considerar alternativas para reducir la contaminación por microplásticos, ya que su eliminación total no es factible si consideramos su persistencia y los cientos de años que tardan en degradarse.
Ruth Itzel Torres Torres
Bióloga por la Facultad de Ciencias, educadora ambiental y divulgadora de la ciencia en formación. Apasionada por compartir los descubrimientos que se hacen de la naturaleza.
1 Goswami, P., Selvakumar, N., Verma, P., Saha, M., Suneel, V., Vinithkumar, N. V., y Nayak, J., “Microplastic intrusion into the zooplankton, the base of the marine food chain: Evidence from the Arabian Sea, Indian Ocean”, Science of The Total Environment, 864, 160876, 2023
2 Martinez-Tavera, E., Duarte-Moro, A. M., Sujitha, S. B., Rodriguez-Espinosa, P. F., Rosano-Ortega, G., y Exposito, N., “Microplastics and metal burdens in freshwater Tilapia (Oreochromis niloticus) of a metropolitan reservoir in Central Mexico: potential threats for human health”, Chemosphere, 266, 128968, 2021
3 Shruti, V. C., Kutralam-Muniasamy, G., Pérez-Guevara, F., Roy, P. D., y Martínez, I. E., “Occurrence and characteristics of atmospheric microplastics in Mexico City”, Science of the Total Environment, 847, 157601, 2022
4 Li, Z., Yang, Y., Chen, X., He, Y., Bolan, N., Rinklebe, J., y Sonne, C., “A discussion of microplastics in soil and risks for ecosystems and food chains”, Chemosphere, 137637, 2022
5 Shruti, V. C., Pérez-Guevara, F., y Kutralam-Muniasamy, G., “Metro station free drinking water fountain-A potential ‘microplastics hotspot’ for human consumption”, Environmental Pollution, 261, 114227, 2020
6 Al Mamun, A., Prasetya, T. A. E., Dewi, I. R., y Ahmad, M., “Microplastics in human food chains: Food becoming a threat to health safety”, Science of the Total Environment, 858, 159834, 2023
7 Leslie, H. A., Van Velzen, M. J., Brandsma, S. H., Vethaak, A. D., Garcia-Vallejo, J. J., y Lamoree, M. H., “Discovery and quantification of plastic particle pollution in human blood”, Environment international, 163, 107199, 2022
8 Lee, C. W., Hsu, L. F., Wu, I. L., Wang, Y. L., Chen, W. C., Liu, Y. J., y Huang, C. C. Y., “Exposure to polystyrene microplastics impairs hippocampus-dependent learning and memory in mice”, Journal of Hazardous Materials, 430, 128431, 2022
9 Liang, B., Huang, Y., Zhong, Y., Li, Z., Ye, R., Wang, B., & Huang, Z., “Brain single-nucleus transcriptomics highlights that polystyrene nanoplastics potentially induce Parkinson’s disease-like neurodegeneration by causing energy metabolism disorders in mice”, Journal of Hazardous Materials, 430, 128459, 2022
10 Liu, S., Guo, J., Liu, X., Yang, R., Wang, H., Sun, Y., y Dong, R., “Detection of various microplastics in placentas, meconium, infant feces, breastmilk and infant formula: A pilot prospective study”, Science of The Total Environment, 854, 158699, 2023