Más allá de la histerectomía

Ilustración: Belén García Monroy

La ginecología, en su práctica generalizada, ha consolidado una tendencia sistemática desde hace algunas décadas: ante una amplia variedad de problemas ginecológicos, la solución tiende a ser la histerectomía, la extirpación del útero. En mi experiencia personal con endometriosis severa y un endometrioma en ovario, varios ginecólogos me aseguraron que quitarme el útero era la única opción, incluso cuando la evidencia médica indicaba que esto no resolvería mi problema. Pero lo que más me sorprendió fue la insistencia con la que algunos profesionales justifican esta decisión: 

“El útero solo sirve para tener bebés o para que te dé cáncer”.

“Si usted ya no va a ser madre, ¿para qué conservar su útero?” 

Frases como éstas reflejan una visión sesgada de la salud ginecológica y de la autonomía de las mujeres sobre su propio cuerpo. Desde un enfoque biológico y médico, ¿realmente el útero solo tiene una función reproductiva? Y más aún, ¿por qué tantas pacientes son tratadas como si no comprendieran su propio organismo? 

El útero más allá de la reproducción

Desde una perspectiva estrictamente biológica, el útero es un órgano con múltiples funciones más allá de la gestación. Está relacionado con el equilibrio hormonal, ya que interactúa con los ovarios y el eje endocrino en la producción y regulación de estrógenos y progesterona. Los estudios recientes han demostrado que la histerectomía puede generar alteraciones metabólicas, aumento del riesgo cardiovascular y mayor incidencia de osteoporosis, incluso si se preservan los ovarios.

La ginecóloga Christiane Northrup, en su libro Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer, explica que el útero tiene funciones esenciales más allá de la reproducción. Está relacionada con la estabilidad pélvica, la salud cardiovascular, la regulación hormonal y el bienestar emocional. Cuando se extrae el útero pueden surgir alteraciones biomecánicas que afectan funciones tan básicas como la continencia urinaria, la vida sexual o la postura.

La labor del personal médico especializado —en este caso, en ginecología— no debe limitarse a prescribir tratamientos. Su responsabilidad es investigar a fondo tanto el problema como la historia clínica de la paciente, asesorar con claridad, y explicar las distintas opciones disponibles. Esto implica realizar estudios necesarios —análisis clínicos, ecografías o resonancias magnéticas— y, a partir de ellos, ofrecer un acompañamiento ético, transparente y personalizado.

El caso de la endometriosis: ¿por qué la histerectomía no es siempre la solución?

La histerectomía suele ser recomendada como tratamiento para distintas condiciones ginecológicas, incluida la endometriosis, a pesar de que no siempre resuelve el problema de fondo.

La endometriosis ocurre cuando el tejido endometrial —el que recubre el interior del útero— crece fuera de él. En condiciones normales, este tejido es el que se engrosa y se desprende durante el ciclo menstrual y, en caso de fecundación, sostiene al embrión durante el embarazo. Sin embargo, cuando hay endometriosis, ese tejido se desarrolla fuera del útero, donde no debería estar, y puede afectar otros órganos como los ovarios, las trompas de Falopio, la vejiga, el intestino, e incluso extenderse al peritoneo, la uretra o los nervios pélvicos. Esta expansión provoca un dolor crónico e incapacitante, así como disfunción de los órganos involucrados.

En mi caso, la endometriosis severa había generado un endometrioma de gran tamaño en un ovario, que invadía la uretra, la vejiga, los intestinos, el peritoneo y un punto específico de la pelvis. Aun así, los médicos del sistema público me ofrecían como única alternativa la histerectomía. Esta cirugía no habría eliminado la enfermedad. Lo que necesitaba era una cirugía por laparoscopia, para retirar el tejido fuera de lugar con precisión.

Un estudio realizado por la Federación Mexicana de Endometriosis revela que más del 80% de los hospitales públicos carecen de unidades especializadas o de personal capacitado para realizar este tipo de intervenciones.

Esta manera de aproximarse refleja una preocupante falta de actualización en el tratamiento de la endometriosis. Hoy en día, la cirugía laparoscópica es el estándar de oro en el tratamiento quirúrgico de la enfermedad, en muchos casos evita la necesidad de una histerectomía. Sin embargo, en la práctica clínica, muchas pacientes siguen siendo orientadas y algunas veces presionadas para someterse a una cirugía innecesaria. 

No existen cifras oficiales que indiquen cuántos especialistas capacitados en endometriosis profunda y cirugía laparoscópica avanzada existen en el país. Esta ausencia de datos ya es un síntoma del problema: mientras el Consejo Mexicano de Ginecología y Obstetricia certifica a miles de ginecólogos y obstetras, el tratamiento integral de la endometriosis sigue concentrado en unos cuantos centros privados en las grandes ciudades. Esa desproporción habla por sí sola.

En mi experiencia, tuve que consultar a varios ginecólogos, mantenerme firme en mi decisión de conservar mi útero y ovario, y buscar la mejor opción de tratamiento. Además de extirpar el endometrioma y retirar la endometriosis que había invadido varios de mis órganos, fue necesario realizar un recorte de intestino y extirpación de una trompa de Falopio mediante laparoscopia. Este tipo de cirugía no estaba disponible en los servicios de salud pública. Por eso la cirugía fue en un hospital privado, lo que me permitió conservar mi útero y ovario, además de eliminar adecuadamente la enfermedad. Eso significó endeudarme por algunos años.

Falta de autonomía y actualización en la ginecología

El problema no es que se siga ofreciendo la histerectomía como primera opción, sino la manera en que los ginecólogos invalidan la autonomía de las pacientes. Cuando expresé mi negativa a la histerectomía, la respuesta no fue una explicación médica basada en evidencia, sino cuestionamientos sobre mi derecho a decidir: 

“Si ya no vas a ser madre, ¿para qué lo quieres? Incluso, te ayudaría a prevenir un posible cáncer”. 

Esta mentalidad refleja una concepción obsoleta de la salud femenina, en la que el útero se percibe como un órgano prescindible una vez que se descarta la maternidad. Es una visión reduccionista que no considera la salud integral de la mujer ni el impacto sistémico que una histerectomía puede tener en nuestros cuerpos. 

La medicina basada en evidencia nos dice que cada caso debe evaluarse de manera individual, considerando todas las opciones terapéuticas antes de recurrir a procedimientos drásticos. Pero, en la práctica, muchas mujeres continúan siendo tratadas como si su útero no tuviera relevancia más allá de la maternidad, como si su única función fuera la reproducción, y como si sus opiniones sobre su propio cuerpo fueran irrelevantes.

Lo sé porque lo viví. Después de atravesar esa experiencia, conversé con varias amigas que también habían sido sometidas a histerectomía por miomas benignos. Sin embargo, no existen cifras oficiales que cuantifiquen las veces ocurre esto. Aunque se les mencionaron alternativas conservadoras, al menos una me dijo: “La ginecóloga me hizo ver que era lo mejor”. Esa frase encierra una forma sutil de coerción médica: cuando las alternativas no se presentan como viables, el consentimiento pierde libertad.

No existen cifras oficiales que nos digan cuántas mujeres han sido sometidas a cirugías innecesarias por esta lógica. Y eso también es evidencia, que revela cuánto falta para que la autonomía sobre el cuerpo sea tomada en serio.

Esta falta de reconocimiento de la autonomía corporal de las mujeres se manifiesta en prácticas obstétricas invasivas realizadas sin un consentimiento plenamente informado. En México, la episiotomía, una intervención quirúrgica que debería ser excepcional, se practica en aproximadamente el 33 % de los partos vaginales, superando ampliamente la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de no exceder el 10 %. Asimismo, la tasa de cesáreas alcanza el 48.8 %, situando al país entre los primeros a nivel mundial en este procedimiento. Estas cifras reflejan una tendencia a medicalizar el parto y a tomar decisiones sin considerar adecuadamente la voluntad y el consentimiento de las mujeres.

Según datos del Sistema Nacional de Información en Salud (Sinais), en México se realizaron más de 64 000 histerectomías en hospitales públicos durante 2022. Muchas de estas cirugías se practicaron por condiciones benignas y sin haber agotado previamente opciones conservadoras. Aunque no existen estadísticas oficiales que indiquen cuántas fueron necesarias o cuántas se realizaron con consentimiento informado, estudios han advertido sobre un patrón de sobremedicalización del cuerpo femenino.

Como punto de comparación, en España —con un sistema de salud pública universal— se registraron aproximadamente 30 000 histerectomías anuales en los últimos años. Esta diferencia sugiere que, en México, la histerectomía continúa siendo una respuesta recurrente, muchas veces automática, frente a problemáticas ginecológicas diversas, invisibilizando alternativas terapéuticas y el derecho de las pacientes a decidir sobre su cuerpo.

El debate sobre la histerectomía no se trata del procedimiento médico, sino de un problema estructural en los servicios médicos ginecológicos. La falta de actualización en tratamientos de enfermedades como la endometriosis, la minimización de los efectos secundarios de la histerectomía y la desestimación de la autonomía de las pacientes son cuestiones urgentes que deben abordarse.

Existen alternativas terapéuticas que deberían ser consideradas antes de recurrir a una cirugía radical. Entre ellas se encuentran la cirugía laparoscópica de escisión profunda, el tratamiento hormonal individualizado (incluyendo análogos de GnRH o anticonceptivos combinados), la fisioterapia del suelo pélvico, los bloqueos nerviosos, el manejo del dolor con enfoque integral y, en casos específicos, la combinación de tratamientos interdisciplinarios.

Es necesario un cambio de paradigma en la ginecología: uno que respete el conocimiento y la decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo, y que priorice tratamientos efectivos y personalizados en lugar de soluciones automáticas basadas en modelos obsoletos y desactualizados de la medicina.

Un nuevo enfoque ginecológico aplicados en los sistemas de salud públicos

La histerectomía es un procedimiento que puede salvar vidas en algunos casos, pero no debe continuar siendo la única opción ni la primera respuesta ante cualquier problema ginecológico. La endometriosis es una enfermedad compleja que requiere un enfoque de cirugía preciso. La cirugía laparoscópica puede ser inaccesible para las pacientes porque se considera un lujo en lugar de un derecho. 

En marzo de 2025, durante el panel «Derribando barreras: un encuentro sobre endometriosis”, organizado por la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, se enfatizó la necesidad de incluir la endometriosis como una prioridad en la agenda de salud pública. Se subrayó la urgencia de implementar políticas públicas que permitan reducir el tiempo de diagnóstico, capacitar al personal médico y garantizar acceso a tratamientos efectivos.

A pesar de los avances legislativos en algunas entidades federativas y las iniciativas presentadas a nivel federal, la atención a la endometriosis en el sistema de salud pública continúa siendo insuficiente. Existe una necesidad urgente de implementar políticas públicas que reconozcan esta enfermedad como una prioridad de salud pública.

Es urgente que el sistema de salud capacite a más médicos y especialistas en ginecología en cirugía laparoscópica y endometriosis. También es fundamental que la ginecología deje de ver el útero como un órgano prescindible y comience a respetar la autonomía de las mujeres sobre sus propios cuerpos. 

El útero no es solo para tener hijos, ni es un órgano del que se pueda prescindir de manera tan sencilla. No se necesita querer ser madre para querer conservar el útero. Y la histerectomía no puede seguir siendo la respuesta automática para todas las enfermedades ginecológicas.

Nysaí Moreno

Con formación en biología, es escritora, ensayista y autodidacta. Divulga ciencia desde una narrativa creativa y el vínculo profundo con los territorios.

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Publicado en: Cuestiones

Un comentario en “Más allá de la histerectomía

  1. Que buen artículo Nysa , yo e sido una candidata para histerectomia desde antes que naciera el Luis , estaba llena de miomas ( llena de bolas así me dijo la primera ginecóloga que me vio cuando me casé y buscaba embarazarme ) luego de una miomectomia nació el Luis , pasaron los años los miomas volvieron a salir y después otra miomectomia , tenía como 35 años , ya había perdido as esperanzas de tener otro hijo , ya había tenido dos abortos , había pasado por dos legrados , dos miomectomias, la cesárea de Luis , ya solo me quedaba quitarme el útero, 12 años después de Luis y cuando ya me habían dicho que no iba a poder tener mas hijos , nació Santiago , ahora que estoy en perimenopausia , hacen presencia otra vez los miomas a dar lata … a mis casi 50 años estoy en el proceso de quitarme el útero, eso me dice mi doctor, el útero solo sirve para tener hijos y tener Cancer

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