Mitos sobre la vacuna de covid-19

La desinformación y las teorías de conspiración son el caldo de cultivo idóneo para que se gesten el sinfín de imprecisiones y mentiras que giran en torno a las nuevas vacunas contra el SARS-CoV-2. Durante los últimos meses, sin embargo, me he llevado sorpresas poco gratas al descubrir que médicos, investigadores y otras personas con un bagaje científico respetable son capaces de repetir los mismos argumentos falaces. Esto implica que el mecanismo de acción de las vacunas y el proceso de cómo se generan —particularmente las de ARN mensajero (ARNm) de Pfizer y Moderna— no se ha explicado lo suficiente, pero también que las notas alarmistas que desinforman atraen mucha más atención que aquellas que explican los hechos correctamente. Por lo general, una vez que una persona forma una opinión, sólo aceptará información que confirme su creencia y rechazará aquella que la contradiga, un fenómeno conocido como “sesgo de confirmación”.

Ilustración: Víctor Solís

En este texto repasaré algunos de los errores e imprecisiones más comunes que he escuchado respecto a las vacunas contra el SARS-CoV-2, así como la evidencia que los refuta. Me enfocaré específicamente en las vacunas de Pfizer y Moderna, que están basadas en ARNm.

Contrario a la creencia común de que las vacunas basadas en ARNm surgieron apenas el año pasado y de que se trata de un campo nuevo, inexplorado y por ende potencialmente peligroso, la realidad es que esta metodología se comenzó a probar en modelos animales desde 1990. Moderna, una de las dos compañías que desarrolló una vacuna de ARNm contra el SARS-CoV-2, se fundó en 2010. Para 2018 ya había recaudado 2000 millones de dólares para sus investigaciones y tenía ensayos clínicos en progreso para probar vacunas contra el Zika y la influenza. BioNtech, la farmacéutica con la que se alió Pfizer para desarrollar su vacuna contra el covid-19, ha explorado la misma tecnología desde 2008, y para 2018 ya corría ensayos clínicos para prevenir el melanoma y el cáncer de mama.

También es constante la incredulidad que genera la rapidez con la que fue desarrollada la vacuna. Repasemos por qué estas preocupaciones carecen de fundamento. La vacuna de ARNm se basa en la secuencia genética del SARS-CoV-2. Gracias a la rapidez y calidad que ofrecen las nuevas tecnologías, es posible conocer con exactitud la secuencia genética de un virus en cuestión de horas. De hecho, incluso el código genético de un ser humano puede secuenciarse en un día, algo que era impensable hace veinte años.

La primera secuencia genética del SARS-CoV-2 aislado de pacientes chinos fue dada a conocer el 5 de enero del 2020, tan sólo cinco días después de que se identificara el brote de una nueva enfermedad respiratoria de origen incierto. Gracias a esta secuencia se conoció el manual de instrucciones que el virus utiliza para ensamblar la proteína en su superficie —llamada espícula, o spike en inglés— que el virus usa para unirse a las células humanas, y que actúa como el puerto de entrada para la infección.

Las vacunas, tanto la de Pfizer-BioNtech como la de Moderna, utilizan el ARN mensajero de la espícula para generar inmunidad contra el nuevo coronavirus. Es importante recalcar que la velocidad con que las vacunas fueron aprobadas se debe a que, tras darse a conocer los ensayos clínicos de Fase III que demostraron su eficacia en miles de personas, los gobiernos del mundo aceleraron su visto bueno regulatorio debido a la emergencia sanitaria de la pandemia.

En la Fase I de los ensayos clínicos para probar la efectividad de una nueva vacuna se recluta a un grupo reducido de personas jóvenes sanas. Si todo marcha bien y se observa una protección contra la enfermedad, se procede a la Fase II, durante la cual se recluta un grupo más heterogéneo, tanto de edad como de salud. Si al finalizar ambas fases existe una protección contundente contra la enfermedad, se inicia la Fase III, que incluye a miles de personas de diversas etnicidades y grupos de edad. La información clínica de los ensayos Fase III de cada vacuna —ya sean de ARNm o de otras metodologías— es de libre acceso y puede ser consultada por quien lo desee. Las vacunas de los laboratorios que concluyeron ensayos de Fase III exitosos han empezado a ser aprobadas por los gobiernos de diferentes países. Hay un par de laboratorios que en este momento realizan sus ensayos clínicos Fase III, pero ya se pueden consultar los resultados de sus ensayos Fase II.

Quizá el nerviosismo más persistente que han generado las vacunas de ARNm sea la idea falsa de que éstas pueden modificar el genoma con efectos secundarios peligrosos que nadie ha advertido. Ante esto, cabe decir que el mecanismo de acción de las vacunas dentro de la célula es el siguiente. Primero, tras la inyección, el ARNm que porta las instrucciones genéticas para generar la proteína espícula entra a la célula. Posteriormente, la célula “lee” estas instrucciones y produce la espícula viral en grandes cantidades. Después, aunque la proteína que conforma la espícula viral es inocua y no causa daño alguno, el sistema inmune la reconoce como un agente extraño, lo cual activa la respuesta que a la postre degradará la proteína. Este proceso generará una memoria inmunológica que protegerá a los individuos cuando el virus SARS-CoV-2 entre en contacto con ellos.

Por lo anterior, es imposible que el ARNm modifique el ADN o el genoma de los seres humanos, ya que la molécula nunca penetra el núcleo celular, que es donde se almacena el ADN. Además, si esto ocurriese, el ADN y el ARNm son dos moléculas estructuralmente diferentes que no interactúan durante la etapa de traducción, cosa que imposibilita que ocurran modificaciones de ningún tipo. Podemos imaginar este proceso como si quisiéramos ajustar un tornillo de cabeza plana con un destornillador de cabeza hexagonal: es físicamente imposible.

Asimismo, el ARNm que se usó en la vacuna como instructivo para producir la espícula viral se degrada mediante los diversos mecanismos que las células poseen para dicho propósito, por lo que una vez terminado el proceso no queda rastro de él: ni se aloja en algún recoveco ni se inserta en ningún sitio.

Por otro lado, los ensayos clínicos de Fase III que ya están publicados describen con claridad la etnicidad de todos los sujetos que fueron reclutados. En ningún caso se probó la vacuna “sólo en caucásicos”, como se suele señalar para sembrar dudas acerca de su efectividad en las poblaciones de otros países. Como ejemplo, de los más de 30,000 individuos que Moderna incluyó en su ensayo clínico, 20₉% fueron latinos y 10 % afroamericanos. No hay diferencias en la efectividad entre las distintas etnicidades: la vacuna actúa de igual manera para todos.

Como adenda, cabe señalar que en ninguna vacuna diseñada contra el covid-19 se administra el virus “vivo” o activo. Por lo que no hay forma que aquellos que la reciban desarrollen la enfermedad.

Quienes ya se infectaron con covid-19 suelen asumir que ya no necesitan vacunarse, porque ya tuvieron la enfermedad y por ende son inmunes. Por más lógica que suene esta idea, sin embargo, es importante reconsiderarla por dos razones. La primera es que aún es incierto cuánto tiempo dura la memoria inmunológica para combatir el SARS-CoV-2, pero la evidencia sugiere que esta inmunidad parece declinar de manera significativa después de cuatro o cinco meses. La otra razón es la creciente evidencia de que es posible infectarse de covid-19 más de una vez. Algunas reinfecciones ocurren con una variante diferente a la primera infección, pero cabe la posibilidad de que la reinfección ocurra con la misma variante. Dado que aún no conocemos los detalles del mecanismo de reinfección, las personas que ya han enfermado de covid-19 deben vacunarse para evitar riesgos innecesarios. Respecto a las nuevas variantes, Pfizer tiene datos preliminares que sugieren que su vacuna ofrece protección contra ellas, aunque es probable que eventualmente se requieran refuerzos para aumentar la efectividad.

Por último, no se debe pasar por alto lo más importante respecto a la vacunación contra el covid-19: todas las vacunas que se han probado hasta ahora en ensayos clínicos han demostrado su capacidad de prevenir la muerte ante una infección por el virus y también, en la gran mayoría de quienes se han vacunado, el surgimiento de un cuadro grave de la enfermedad. Este hecho simple pero contundente debería de ser suficiente para que todos estemos dispuestos a recibir la vacuna.

 

Salvador Fabela
Biólogo y doctor en ciencias biomédicas por la UNAM.

 

Referencias

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Publicado en: Métodos

3 comentarios en “Mitos sobre la vacuna de covid-19

  1. Yo me vacuné con moderna teniendo febricula que después resultó ser COVID leve. Esa vacuna me sirvió?

  2. Algunos investigadores han dicho que las vacunas producidas con ARN m no son opción para quienes tienen antecedentes de una alergia grave y han sufrido shock anafiláctico: ¿es cierto eso?

    1. No es que no sirvan, pero el simple hecho de haber presentado una anafilaxia es
      un riesgo inherente y se debe tomar precauciones. De hecho hay protocolos de pretratamiento para minimizar un riesgo en personas que han experimentado un evento similar. En conclusión: siempre será mayor beneficio estar vacunado que no estarlo.

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