El pasado 18 de febrero, el robot Perseverance —Percy, como le dicen de cariño— amartizó exitosamente en el planeta rojo. El lugar donde Percy hizo su primer contacto con la superficie marciana fue nombrado en honor a la escritora afroamericana de ciencia ficción Octavia Butler. Ambos nombres me parecen idóneos para esta misión marciana, ya que uno de los cuatro objetivos que tiene Percy es buscar la evidencia de posible vida microbiana y, para que el robot pueda encontrar esta evidencia, los restos que pudieron haber dejado atrás seres vivos marcianos debieron perdurar hasta el presente. A su vez, Percy perseverará haciendo todas las pruebas que le sean posibles en búsqueda de esa evidencia vital.
Muchas de las discusiones sobre la vida en Marte caen dentro del terreno de la ciencia ficción o, más ampliamente, de la ficción especulativa, terreno en el que Octavia Butler se desenvolvió con gran soltura. Tenemos muy buenos supuestos y sustentos científicos sobre cómo pudo haber subsistido la vida en Marte, pero hasta ahora son sólo eso: especulaciones. Especulemos entonces, científicamente, qué pasaría si mañana nos despertamos con un comunicado de prensa de la NASA en el que se anunciara que nuestra querida Percy (durante toda la misión la NASA se ha referido al robot en femenino, aunque sigue siendo “el” rover o robot) encontró vida en Marte.
“Yo sería muy feliz —contó Antígona Segura, astrobióloga del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, en entrevista para nexos—. Seríamos muy felices en la comunidad de investigadores”. Este entusiasmo fue acompañado casi inmediatamente por una advertencia: “Pero sé que ese anuncio no se haría de esa manera”, sentenció.
A lo que se refiere Segura es que es muy poco probable que Percy identifique evidencia incontrovertible de vida en la superficie marciana, es decir, algún microbio u otro ser vivo. Si llega a hallar algo, lo más probable es “que encuentre materia orgánica”, propone. Esta materia orgánica puede ser lo que las personas expertas en astrobiología conocen como una bioseñal, o sea, una evidencia indirecta —una molécula, un isótopo, un fósil molecular— de que hubo vida en ese lugar del cosmos. Lo que la NASA anunciaría, entonces, sería que Percy encontró esta bioseñal, describiría sus características y la probabilidad de que esta evidencia sea prueba de vida. “Sí, sí creemos que es una buena evidencia —asegura la astrobióloga—; lo siguiente que se empezaría a planear sería una siguiente misión a Marte que fuera capaz de volver a la Tierra con una muestra de la bioseñal”.
Por fortuna, el planeta rojo es uno de los vecinos más cercanos en nuestro vecindario cósmico, así que los viajes —planeados para cuando sendos planetas se encuentran más cercanos— duran menos de un año. A Percy, por ejemplo, le tomó siete meses completar su travesía interplanetaria. También es gracias a esta cercanía que Marte es uno de los lugares más importantes para buscar vida fuera de nuestro planeta.
“Marte es un lugar muy atractivo para buscar vida: tuvo agua, era templado, y tenía una atmósfera parecida a la de la Tierra”, dice para nexos Sandra Ramírez, astrobióloga del Centro de Investigaciones Químicas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Es decir, las condiciones que hubo en Marte fueron bastante parecidas a las que tuvo la Tierra cuando la vida se originó. Y también coincidió temporalmente. El mejor momento para que la vida surgiera en Marte probablemente fue hace 3500 y 3800 millones de años. En comparación, se estima que la vida en la Tierra se originó hace justamente 3500 millones de años.
¿Cómo es que Marte perdió casi toda su agua y su atmósfera? Fueron barridas durante millones de años por el viento solar, que es un torrente de electrones y protones que salen disparados de la corona solar y llegan más allá de Plutón, afectando de distinta manera a cada planeta. En la Tierra causan uno de los espectáculos más resplandecientes: las auroras boreales; sin embargo, si la intensidad del viento solar aumenta, puede generar algunos fallos en las comunicaciones satelitales. Por fortuna, nuestro planeta tiene una protección ante el embate de estas partículas solares gracias al efecto que generan sus polos magnéticos. Marte también poseía una protección magnética y se generaba de la misma manera que en nuestro planeta: gracias al movimiento de un núcleo exterior en estado líquido alrededor de un núcleo interior sólido, ambos localizados en la parte más interna del planeta. Pero, mientras el núcleo exterior de nuestro planeta sigue siendo protegido por el núcleo interior, los dos núcleos de Marte se han solidificado, haciendo que desaparezca su sombrilla magnética y dejando a la atmósfera marciana expuesta a la inclemencia solar atómica que, poco a poco, la fue barriendo hacia afuera del sistema solar.
Por ciertas características del planeta —ser seco y, prácticamente, desprovisto de atmósfera—, Sandra Ramírez se aventura a decir: “Sinceramente, veo muy difícil que encontremos vida actualmente en Marte”.

Imagen de color verdadero de Marte, tomada en febrero de 2007 por el instrumento OSIRIS de la sonda espacial Rosetta que fue lanzada por la ESA. La imagen se creó utilizando los filtros naranja (rojo), verde y azul de OSIRIS.
ESA & MPS for OSIRIS Team MPS/UPD/LAM/IAA/RSSD/INTA/UPM/DASP/IDA, CC BY-SA IGO 3.0.
Esto no significa que deben cesar los intentos por buscar restos de vida. Aunque Marte sea casi de la mitad del tamaño de la Tierra, es un gran planeta por explorar. “La porción que hemos explorado del planeta es muy pequeña –sentencia la investigadora–; tenemos que seguir enviando misiones y que éstas tengan un mayor alcance. Entre más misiones haya, nuestras probabilidades aumentarán”.
Antígona Segura considera que no sólo se debe estudiar la superficie marciana, “también hay que explorar el subsuelo”. El año pasado se descubrieron tres lagos debajo de la superficie escarlata de nuestro vecino cósmico, los cuales son un buen lugar para encontrar vida o restos de ella.
Si se encontraran restos de vida en la superficie, “esto sólo traería más preguntas: ¿cuánto tiempo duró la vida en Marte?, ¿cuándo se extinguió?”, concluye la astrobióloga.
Otra pregunta surge ante la posibilidad de reconocer vida en Marte: ¿la encontraremos como la comprendemos o será distinta. Al respecto, la astrobióloga Ramírez comenta: “Sabemos que las leyes de la física y de la química se cumplen en todas partes, pero no sabemos si la biología que conocemos es universal”.
“Una de las preguntas más importantes, sobre cómo se originó la vida en la Tierra, es qué tanto la vida como la conocemos es de esta manera por restricciones de la química, si hubo un determinismo químico”, dice para nexos Arturo Becerra, investigador del Laboratorio Origen de la Vida de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Es decir, se sabe que la vida no puede desarrollarse con cualquier parte de la tabla periódica: “Tiene que estar alrededor del carbono”, sentencia Becerra. Otros elementos se han propuesto como base química de la vida, uno de ellos es el silicio, pero ninguno es tan abundante y químicamente flexible como lo es el carbono.
Esta es una de las características de la vida que sabemos que no puede ser de otra manera. Está fija. Es parte de un determinismo químico. Hay otras características que podrían ser distintas a como las conocemos en la Tierra, pero al no tener otro ejemplo de vida, no han sido observadas. Dentro de esta posible diversidad hay muchas aristas que la vida marciana podría tomar: “¿Usa los mismos aminoácidos? ¿Los mismos azúcares? ¿Cómo está construida su membrana?”, se pregunta el investigador. “Una de mis preguntas favoritas es si usa un código genético de tres letras”, añade.
Toda la vida en la Tierra contiene ácidos nucleicos. A excepción de algunos virus —que también hacen que nos replanteemos la definición de vida—, el material genético de todos los organismos está compuesto de ADN. Codificado en esta doble hélice, utilizando un código de cuatro letras —A, T, G, y C—, hay cápsulas de información llamadas genes, que en su mayoría sirven como instrucciones para hacer proteínas. Las instrucciones que contienen los genes se leen de tres en tres letras. Si la secuencia de un gen empieza con “ATGCCGTTACTA…”, se leería “ATG/CCG/TTA/CTA/…” y, con esto, se sabría cómo construir la proteína codificada en el gen. Pero, al parecer, no hay ninguna constricción química para que este código sea solamente de tres letras; “podría ser de dos, o cuatro, o más”, especula Becerra.
Aunque al investigador también le alegraría mucho que Percy encontrara vida o indicios de la misma, se mantiene escéptico: “El que hayan existido las condiciones necesarias para la vida no es suficiente para decir que hubo vida. La vida en la Tierra es escandalosa, en todos lados hay vida”. En todos lados vemos sus restos y sus evidencias. Si el planeta rojo hubiera albergado vida, probablemente ya hubiéramos encontrado alguna pista.
En mi caso, mi esperanza persevera. Hemos soñado tanto con la vida en Marte que sería terrible tener que despertar ante un planeta que nunca fue habitado. Y siento que encontrar vida en Marte nos permitirá seguir imaginando e investigando por muchísimo tiempo más. Octavia Butler, en su libro La parábola del sembrador, lo dijo mejor:
No hay límite
en lo que un mundo que está vivo
exigirá de nosotros.
Agustín Ávila Casanueva
Periodista y divulgador de ciencia. Miembro del colectivo Ciencia Beat, con quienes obtuvo el Premio Nacional de Periodismo 2018 en divulgación de la ciencia. También es coordinador de Ciencia Slam, una liga de poesía en voz alta que busca ser un proyecto de divulgación ciudadana de la ciencia. Ha colaborado con revistas como Este País, Chilango y Tec Review.