Esta semana, Simbiosis presenta un cuento con una protagonista singular.
En un consultorio, se encontraba el Agua charlando con su psicólogo, Pancho. El Agua le contaba algunas de sus inquietudes:
—Pancho, todos dicen “el agua es vida” y “el planeta es azul”. Todos me utilizan y todos dicen conocerme; no obstante, nadie me entiende.
Pancho, consternado, le preguntó al Agua:
—¿Por qué te sientes poco comprendida? Si la mayoría de personas sabe que eres 100 % renovable, abundante en el planeta y utilizada con cautela.
El Agua, fastidiada de escuchar esas tonterías, miró fijamente a Pancho y le gritó:
—¡Por ese tipo de cosas me siento como me siento! — dijo enojada el Agua.
El doctor miró al Agua, le pidió amablemente que se calmara y respirara con él. Después de unos minutos de generar burbujas, él le contestó:
—No te preocupes, me alegro que te hayas acercado nuevamente conmigo. Juntos, a lo largo de las siguientes sesiones, trabajaremos en ello.
—Pos sí, para eso le pago — susurró el Agua.
—¿Cómo? — dijo Pancho sordeado.
—Que muchas gracias — dijo el Agua.
Pasó una semana, y llegó el momento de retomar las sesiones de terapia. Él inició la sesión con una pregunta sencilla para ir tanteando el terreno: “¿Cómo estás?”.
—Pues, ahí vamos fluyendo, Pancho, he tenido una semana llena de situaciones feas.
—Lamento escuchar eso, Agua, platícame más al respecto — dijo Pancho mientras anotaba información.
—La verdad es que vengo hirviendo. Justo cuando venía hacia aquí escuché a una persona que casi casi me dijo gorda, diciendo que hay harta agua en la Tierra: “70 % del planeta es agua”, dijo el condenado — mencionó el Agua sacando vapor.
—¿Y cuál es el problema? — preguntó Pancho.
—Resulta que ese dato es cierto si hablamos de la superficie, pero recordemos que estamos en una esferota; si todo mi existir, salado y dulce, se concentrara en una esfera, su diámetro sería cercano a la distancia entre Monterrey y Oaxaca de Juárez, en México. En conclusión: no estoy tan gorda — dijo indignada el Agua.
—Ya veo, eso no lo sabía; empiezo a entender por qué te enojaste. Pero recuerda que tú tienes el poder de controlar tu sentir hacia las cosas que te dicen y ocurren.
—Tienes razón— dijo el Agua mientras hacía burbujas.
—Sígueme contando acerca de tu semana.
—Bueno. Resulta que anteayer me corrieron de mi trabajo, en la cafetería, lo cual considero sumamente injusto: nadie lava platos como yo —dijo cabizbaja el Agua.
—Lamento escuchar eso, ¿tus jefes justificaron tu despido?
—Algo así. Me dieron dos excusas bien babosas. Por un lado, me dijeron que, a pesar de mis esfuerzos, nada me sale bien: se me resbalan los platos y los pedidos; básicamente me dijeron que estoy saladísima. Además, me comentaron que muy pocas veces era dulce con los clientes, ni que fuera jugo. ¡Son tonterías! Sólo una vez le escupí a un cliente y fue por un malentendido… él me había pedido un vaso con agua.
—Okay, al parecer estás en desacuerdo con sus razones, pero, ¿no rescatas nada de esas observaciones? — dijo Pancho con miedo de que el Agua le escupiera.
—A ver, ya con la mente fría puedo ver su punto: la verdad es que sí estoy saladísima, 97 % de las veces que me esfuerzo en hacer algo bien, nomás no sale; y si tuviera que poner un porcentaje a las veces que soy dulce y útil, tendría que ser un 3 % … bueno, sin ser hipócrita, con una sonrisa fría y falsa, diría que un 0.3 %
—No considero que estés saladísima, recuerda que no sirve de mucho condenarte, te equivocas como todos. ¿Has revisado nuevas opciones de trabajo?
—Vieras que el panorama no está tan feo. En México me ocupan para harta cosa, pero donde me ocupan así muchísimo, un 76 % me han chismeado, es para cuidar plantas, vacas y peces: la agricultura, ganadería y acuacultura no se entienden sin mí— dijo el Agua esperanzada.
—Agua, no sabes cómo me alegra escuchar que no ignoras lo positivo de la situación, muy bien — dijo Pancho orgulloso de su chamba, y el progreso del Agua también.
—Gracias, Pancho — dijo el Agua orgullosa.

Después de eso, ambos continuaron platicando de la semana tan agitada que había tenido el Agua. Todo iba fluyendo relativamente bien, hasta que el Agua se quedó callada por un momento y empezó a llorar. Pasaron unos minutos, miró a Pancho, y le dijo achicopalada con la voz entrecortada:
—Ya no estoy soportando. Tengo muchos problemas… y pensándolo bien, tal vez sí pueda soportar todo esto y ser capaz de recuperarme … pero, cada vez me tardo más tiempo en hacerlo. Los famosos “ciclos” … ya no los cierro tan fácilmente.
—No lo dudo, Agua, pero sí estás soportando: no te has acabado. Pero para poder ayudarte, me gustaría que me cuentes más acerca de tus problemas.
—Ay, Pancho, no sé ni por dónde empezar: me utilizan sobremanera, me desperdician sobremanera y me contaminan sobremanera — dijo el Agua con impotencia.
—Empecemos por lo primero que mencionas. ¿Por qué dices que te sobreexplotan? — dijo Pancho, mientras anotaba más cosas de psicólogo.
—Te voy a plantear un escenario. Digamos que soy una pistola lavando cosas, ofrezco mi ayuda para lavar carros. Dada mi experiencia, yo sé que con una cubeta de 20 litros es suficiente para lavar un carro estándar. El tema es que los clientes, al menos en la Ciudad de México, casi nunca sienten que sea suficiente. Por lo que me exigen que utilice de 16 a 18 cubetas: esto equivale a 360 litros por carro, al día. ¿Me explico?
— Creo que sí – dijo Pancho medio confundido
— Bien, ahora sustituye “lavar carros” por “satisfacer necesidades básicas”. Si con una cubeta es suficiente, ¡¿por qué utilizar 18?! … Simplemente, no doy abasto para “lavar” todos los “carros” con ese número de cubetas — dijo el Agua cabizbaja.
—Es una barbaridad… Ahora, recuperando lo que dijiste de sentirte “desperdiciada de sobremanera”, me gustaría que me platicaras más al respecto: ¿Cuándo has sentido que te desperdician? — dijo Pancho mientras anotaba aún más información.
—A mí me gusta viajar por debajo de la tierra, porque así evito todo el tráfico. No uso metro, mejor utilizó un sistema de transporte cuyo nombre no me acuerdo, pero empieza con “t” y termina con “uberías”… No recuerdo bien. El asunto es que casi nunca le dan mantenimiento y tiene un montón de grietas, por donde siempre se van mis chunches. Aun con todos mis esfuerzos, no soy capaz de llegar a todos los rincones con todas mis cosas: pierdo casi la mitad de mis chunches en cada viaje que hago.
Por segunda vez en la sesión el Agua guardó silencio. Después de generar algunas burbujas, miró a Pancho y le contestó.
—¿Te digo la verdad, Pancho? Ya estoy fastidiada. Ya no quiero hablar de esto, simplemente no me siento bien — dijo el Agua desanimada.
—Comprendo tu desesperación, Agua, pero vamos muy bien. Me gustaría que hicieras un último esfuerzo, sólo nos falta tocar un tema: la contaminación. ¿Crees que puedas aclararme un poco esta situación? Es lo último que tocaremos el día de hoy.
—Está bien, hablemos de la contaminación. Siento que vivo en un ambiente muy tóxico. Mi casa está en una colonia, donde viven otros objetos inanimados con personalidad. Y no todos son terribles: el Aceite me cae bien, no nos juntamos, pero, tiene buena plática. Pero el resto… híjole. Principalmente, los desperdicios de fábricas, campos de cultivo y corrales me tiran toneladas de porquería: “que soy una insípida”, “que no tengo sabor”, entre otras cosas, que simplemente me hacen sentir inútil. Y yo de tonta, no les digo nada y les sigo ayudando con sus asuntos: con razón no se detienen.
—Comprendo, Agua…bien, como lo prometido es deuda, hemos terminado por hoy. Considero que fue un día muy productivo. Sin embargo, pienso que te condenaste mucho a lo largo de la sesión; por ello, me gustaría que para la siguiente escribieras todas tus fortalezas. Con eso empezaremos. ¿Te parece bien?
—Me parece bien.
Pasó otra semana y llegó el momento de otra sesión de terapia. El Agua tenía preparada su lista: algo que le costó sudor y lágrimas para realizar. Pancho saludó al Agua y empezó la sesión dándole seguimiento a la tarea que había dejado.
—Agua, ¿cómo te fue con tu lista?
—Sí, estuvo tantito complicado, pero me gustó cómo quedó. ¿La leo?
—Por favor.
En la carta del Agua se alcanzaba a leer lo siguiente:
- Soy bastante chistosa: diría que tengo dos pizcas de hilarante y una de ocurrente.
- Soy muy buena disolviendo casi cualquier problema.
- Se requiere de mucho esfuerzo para calentarme: no me enojo con facilidad.
- Soy bien participativa, aunque un poquito chismosa: me involucro en casi todos los asuntos de todos los seres vivos.
Al terminar de leer la carta, el Agua sonrío y le dijo a Pancho:
—Soy especial, ¿verdad?
—No sólo eres especial, Agua, eres muy importante para todos. Sólo recuerda los ejemplos que me diste en la sesión anterior: en prácticamente todos estabas ayudando a alguien. Parte del problema es que no les dices nada a quienes abusan de ti; sería bueno que seas asertiva y le digas a tus explotadores lo que sientes. Es más, si en estos momentos pudieras decirles algo, ¿qué les dirías?
—Pero… ya se los dije… — dijo el Agua confundida.
César Eduardo Figueroa Gómez
Estudiante de la carrera de biología de la Facultad de Ciencias de la UNAM.