Sobre el presupuesto para la ciencia en 2026

Aunque ya se han publicado excelentes análisis del presupuesto para la ciencia en 2026, a partir de los datos del proyecto inicial enviado por la Secretaría de Hacienda a la Cámara de Diputados, es necesario examinar el presupuesto finalmente aprobado por el Congreso, así como el posible impacto de las modificaciones realizadas durante el debate legislativo y las anunciadas después por el Ejecutivo federal.

Si se compara el presupuesto para la ciencia publicado en el Proyecto de Presupuesto (anexo 12) con el aprobado y publicado en el Diario Oficial de la Federación en 2026 no se observan diferencias importantes. Parecería que a la propuesta de Hacienda no se le cambió ni una coma, pero esto es sólo en apariencia. 

Mirada inicial

Si comparamos el presupuesto para la ciencia de 2025 con el de 2026, se observa un pequeño aumento, al pasar de 159.3 mil millones a 160.8 mil millones de pesos para este año (precios corrientes). Si la cifra se ajusta con el deflactor implícito del PIB incluido en el Paquete Económico, estaríamos ante una reducción de –3.8 % de los recursos para este sector en términos reales. 

Hay también algunos cambios en las entidades responsables de ejercer el gasto. En primer lugar, se incorporan dos nuevas Secretarías de Estado: la de Hacienda y Crédito Público, y la Secretaría de la Defensa Nacional. Se eliminaron, además, algunas unidades, como la Fiscalía General de la República, Seguridad y Protección Ciudadana, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste), la Comisión Federal de Electricidad y también las Previsiones Salariales y Económicas. 

En una mirada inicial no se ve el sentido de la incorporación de la Secretaría de Hacienda más que el de asignarse un pequeño colchón disfrazado de gasto en actividades científicas. No digo que no puedan existir necesidades de investigación en esta dependencia, pero hay que ver el descuido con el que se hace esta autoasignación de 168 millones de pesos, pues la descripción de las funciones es idéntica a las que aparecen para la Secretaría de la Defensa: “Investigación y desarrollo militar en coordinación con…”, y a diferencia de la dependencia que encabeza Amador Zamora, en Defensa sí hay una clara justificación para realizar actividades de indagación tecnológica. 

Las entidades eliminadas son reclasificadas en otros lugares del documento, lo cual es correcto, pues algunas sólo metían ruido e inflaban un gasto que no corresponde claramente con las actividades científicas y tecnológicas. El caso del Issste es diferente pues sí realiza investigación en el área de la salud, pero es eliminada de forma poco clara dando preferencia a la que se realiza o se realizará en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Como puede verse, el verdadero destino de los recursos para la investigación científica es un problema que sigue sin resolverse si se considera sólo a las dependencias que administran los recursos. 

Ilustración: Patricio Betteo

Los cambios

El Anexo 12 expresa la Clasificación Administrativa del Gasto, que según el Manual de Programación, Presupuesto y Ejercicio del Gasto Público 2026, identifica a las unidades responsables de los recursos, como las Secretarías de Estado y otros sectores. Pero no nos dice claramente en qué o para qué se gasta el dinero que se les ha asignado. Hay otra manera de clasificar el gasto: la Clasificación Funcional, que se refiere a la naturaleza de los bienes y servicios que se proporcionan a la población, y está asociado a las funciones, programas y objetivos que se pretenden alcanzar. Esto nos dice para qué se gasta y no quién gasta. Con este criterio, si se examina la propuesta original de Hacienda se observa también una reducción: en 2025 el gasto en ciencia fue de 63.2 mil millones y para 2026 cayó a 62.1 mil millones de pesos, una reducción de –1.6 % en términos reales. 

Así, la propuesta original de Hacienda –en ambas clasificaciones del gasto– fue diseñada, como en el sexenio anterior, para mantener el estancamiento de la ciencia en nuestro país o incluso para debilitar aún más su desarrollo. 

La reserva de Eruviel

Durante la discusión del Presupuesto en el Congreso, el diputado Eruviel Ávila Villegas, presidente de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, presentó en la sesión del 4 de noviembre una reserva para ampliar los recursos a este sector, con 2.5 mil millones de pesos adicionales. 

Quien fuera gobernador del Estado de México por el PRI y hoy miembro del Partido Verde Ecologista de México, dijo que su propuesta atendía el porvenir de México, el reconocimiento del talento de los jóvenes y de los niños, y de “construir un país que compita, innove y prospere en el siglo XXI”, lo cual –indicó– es una prioridad de la presidenta Sheinbaum quien creó entre otras la Secretaría de Ciencia que “atinadamente dirige la doctora Rosaura Ruiz”. 

Se trata, añadió Ávila Villegas, de dar viabilidad financiera a las iniciativas de la presidenta en el Plan México pues permitirían “que los autos eléctricos, los semiconductores, la inteligencia artificial, los satélites y un largo etcétera, sean orgullosamente hechos en México”.

Su propuesta consistía en dar un “pellizco” de 2.5 mil millones al gasto asignado al Poder Judicial y transferirlos al Ramo 38 correspondiente a la Secretaría de ciencia (ver Tomo 1 del PEF), con lo que éste pasaría de 34.8 mil millones de pesos a 37.3 mil millones. Esto representaría un aumento de 3.7 % considerando todo el programa de ciencia.

Su propuesta fue aprobada por el pleno con lo que el titular de la Comisión de Ciencia cumplió, o bien, “sacó el año”. Este cambio no aparece en el Presupuesto de Egresos de 2026 publicado en el Diario Oficial de la Federación, pues se aplica dentro de la Clasificación Funcional del gasto, como lo registró México Evalúa en su análisis.

La decisión de Sheinbaum

En la mañanera del 23 de diciembre, un reportero le preguntó a Claudia Sheinbaum cuáles eran las metas y los retos en el sector tecnológico. La presidenta aprovechó la pregunta para anunciar un aumento de 7 mil millones de pesos adicionales para la Secretaría de Ciencia en 2026.

Explicó que una parte del Presupuesto de Egresos aprobado por los diputados estaba siendo revisada, porque lo asignado a la dependencia a cargo de Rosaura Ruiz Gutiérrez “quedó muy limitado”. Para ello, dijo,  se van a recortar recursos “un poquito de otros lugares”, sin aclarar cuáles. 

Según la mandataria, el destino de los nuevos recursos para la Secretaría de Ciencia tendrá dos direcciones: una, para apoyar el desarrollo científico, tecnológico y de humanidades; y la otra, para financiar los proyectos que forman parte del Plan México. Sobre éstos señaló: “Son diez proyectos estratégicos de desarrollo, de investigación, de innovación, que van muy avanzados”, y entre ellos señaló el desarrollo de dispositivos médicos, el automóvil eléctrico Olinia, semiconductores y drones.

Pero en realidad este incremento un tanto inesperado responde al entusiasmo de la presidenta por percibir que su estrategia está funcionando. Para ella, los proyectos que reúnen a especialistas de varias instituciones públicas en torno a un problema, con un capital semilla muy pobre, comienzan a dar resultados. El entusiasmo presidencial se puede notar en el caso del automóvil eléctrico. Si lo dudan, chequen este video. 

Pero, a pesar de la emoción, aún no está clara la participación del capital privado para escalar estos proyectos, aunque lo han intentado desde la presentación del Plan México y con la banca. 

Elementos para la discusión

Sobre el gasto. La participación del gobierno de Claudia Sheinbaum en la elaboración del presupuesto de 2025 fue muy limitada, si no es que nula. Las características del gasto en el primer año de gobierno de la primera presidenta de México fueron definidas por su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. Los continuos recortes a los recursos para la ciencia en el sexenio pasado eran incluso celebrados por la directora del extinto Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, María Elena Álvarez-Buylla Roces.

El proyecto de presupuesto para 2026 presentado por la Secretaría de Hacienda, muestra que fue elaborado con la inercia del sexenio anterior. Pero ahora, la “obediencia ciega” que obligaba a no cambiarle ni una coma no prevaleció. En la discusión del gasto en el Congreso se incrementó el presupuesto destinado a la ciencia en respaldo no al obradorismo, sino a Claudia Sheinbaum, lo que muestra una clara ruptura con la política de ciencia de su antecesor. 

El Presupuesto de Egresos para 2026 aprobado en el Congreso se publicó en el DOF en noviembre del año pasado, pero la presidenta declaró en diciembre que todavía lo estaba revisando, lo que sugiere que no participó o tuvo poco que ver con el proyecto original. Otra explicación es que la secretaria de Ciencia, Rosaura Ruiz, mostrara avances prometedores que convencieron a la mandataria para hacer los ajustes en el gasto. 

Como quiera, los cambios efectuados durante el debate legislativo y los determinados por la presidenta, resultan beneficiosos para el desarrollo de la ciencia en 2026, lo cual es un respiro. Representan un incremento de 2.1 % si consideramos la Clasificación Administrativa y 8.1 % para la Funcional en términos reales. Pero si los evaluamos como proporción del PIB, las cifras siguen siendo muy bajas: 0.44 % y 0.19 % respectivamente. Nos movemos en el microcosmos.

Sobre la ruptura. Un número importante de colaboradores de Sheinbaum fueron impuestos por su antecesor. Hay desde luego excepciones, pues una parte del gabinete de la presidenta está formado por personas que trabajaron a su lado cuando fue jefa de gobierno de la Ciudad de México, como Omar García Harfuch, actual secretario de Seguridad y Protección Ciudadana y Rosaura Ruiz, titular de la Secretaría de Ciencia, entre otros. Por ello no tendríamos por qué esperar que siguieran a pie juntillas las políticas anteriores.

Esta ruptura la han protagonizado con toda claridad los dos funcionarios citados, aunque por necesidades distintas. Pongo como ejemplo a Harfuch, porque permite ilustrar con toda claridad el cambio y las razones que lo motivan. El enfrentamiento a los grupos criminales y la ruptura con la política de “abrazos, no balazos” responde en gran medida a las presiones del gobierno de Estados Unidos que encabeza Donald Trump. En el caso de Ruiz Gutiérrez, la inyección de mayores recursos a este sector forma parte de una estrategia para enfrentar el estancamiento económico derivado de la falta de inversión a través del Plan México, que necesita de estímulos a la investigación científica y a la innovación para ofrecer proyectos que puedan ser atractivos y rentables para los inversionistas. 

No quiero decir que no exista una convicción genuina para realizar estos cambios, pero se trata de rupturas con el obradorismo obligadas por la nueva realidad que enfrenta el país. 

Pero no sólo eso. En el terreno de la ciencia hay señales claras de acercamiento del gobierno con el sector académico –insultado y calumniado en su momento por López Obrador–, como lo ilustra la reciente reunión con un grupo de economistas pertenecientes a diversas instituciones tanto públicas como privadas, para examinar los retos que enfrenta la economía del país y explorar sus posibles soluciones. 

En esta reunión destaca la presencia, además de la de Rosaura Ruiz entre el grupo de funcionarios, la de Gabriela Dutrénit. Se trata de una economista experta en un campo indispensable, el de la innovación social. Fue directora general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico A.C. y formó parte del grupo de 33 científicas y científicos perseguidos con acusaciones fabricadas por el binomio Gertz Manero-Álvarez Buylla, amenazados con ir a una prisión de alta seguridad. Lo anterior refuerza la idea de que hay una apertura y una ruptura con las políticas previas.

Siendo la titular de la Secretaría de Ciencia de la capital del país, la propia Rosaura Ruiz fue una de las mayores críticas de las políticas de Elena Álvarez-Buylla. En su primer año al frente de la Secretaría de Ciencia se ha desempeñado de manera sobresaliente. Los tres ejemplos más recientes: el aumento en el presupuesto para la ciencia en 2026 al que me refiero —del cual Ruiz Gutiérrez es promotora y protagonista–; el acercamiento con la comunidad académica para enfrentar los problemas del país, y el cambio en la dirección del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), que ha sido celebrado por la comunidad científica. Se trata, en mi opinión, de avances favorables para el desarrollo de la ciencia y del país.

Hay una ruptura innegable con el pasado en este sector, pero Claudia Sheinbaum y Rosaura Ruiz, procuran negarlo para evitar confrontaciones directas con Palenque.

Javier Flores 

Profesor de la UNAM y periodista científico

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Publicado en: Cuestiones