Té y esperanza: el cuachalalate, árbol endémico que se desvanece

Cuando era niña, Eleazar tenía la tarea de prepararle un té a su papá por las mañanas. Ponía a hervir tres litros de agua con unas rajas de cuachalalate traídas del cerro más cercano. Luego del primer hervor, dejaba enfriar el líquido color marrón para que su padre pudiera beberlo a lo largo del día. “El té de cuachalalate es bueno para limpiar los riñones, por eso mi papá lo tomaba todos los días”, recuerda Eleazar a sus 82 años.

En aquella época, los cerros que rodean a Coatlán del Río, Morelos, se caracterizaban por su abundancia de cuachalalates (Amphipterygium sp., su nombre científico), un árbol endémico de nuestro país que está en peligro de extinción. En su andar cotidiano por los cerros, Don Juan, habitante de este municipio, sólo ha encontrado dos árboles de esta especie que aún mantienen su esplendor, y para ello hay que recorrer varios kilómetros de selva baja caducifolia que habita en aquellos montes. En nuestro país se reconocen cuatro especies para el género: A. adstringens, A. glaucum, A. molle y A. simplicifolium; la primera se encuentra en Morelos.

Cuachalalates en Coatlán del Río

Fotografía cortesía de Rosario Escobar.

Fotografía cortesía de Rosario Escobar.

En 2020, A. adstringens se sumó a la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (conocida como IUCN Red List). De acuerdo con María Felix Ramos Ordoñez, profesora de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), una especie de árbol se considera en peligro de extinción cuando hay un decrecimiento crítico de su población. “Tienes una especie en la que esperarías que se reproduzca y tenga nuevos individuos, pero si no los estás encontrando, tienes un problema; se dice que en cuatro generaciones ya no habrá cuachalalate”, comentó en entrevista.

De acuerdo con lo publicado en la IUCN Red List, en ese entonces había 9999 individuos maduros de la especie. Se consideró como vulnerable debido a que se está produciendo un cambio en el uso del suelo, que ha reducido la extensión y calidad de su hábitat. Además, esta especie es susceptible a la fragmentación del hábitat y la alteración de los patrones climáticos. Estos acontecimientos amenazantes, sumados a la explotación de esta especie maderera durante muchos años, han provocado una reducción del tamaño de la población de al menos un 30 % en el pasado. Además, el número de individuos maduros disminuirá al menos un 10 % en las próximas tres generaciones, se lee en el reporte.

Por su parte, María Felix Ramos, junto a sus colegas del Laboratorio de Ecología de la FES Iztacala, UNAM, publicaron en 2022 los resultados de la investigación que realizaron para evaluar la densidad de la especie de cuachalalate, su distribución espacial, edades, asociación con nodrizas y la extracción de su corteza en 10 localidades de México, mediante cuatro unidades de muestreo de 30 por 40 metros en cada sitio.

Las investigadoras encontraron variaciones en el tamaño poblacional, con densidades promedio de 70 a 279 individuos por hectárea. Por otro lado, no se registraron plántulas, y observaron que el 63 % de los individuos son adultos y el resto son prerreproductivos, lo que indica poca o nula regeneración, característica de poblaciones en declive, y pone en riesgo a la especie. “Aun cuando las semillas llegan a germinar, lo complicado es el establecimiento del individuo. Cuando son muy pequeños no tienen defensas como el mal sabor, por ejemplo, por lo que el ganado se lo puede comer; esas defensas se desarrollan a medida que la planta crece”, agregó.

El árbol de la chachalaca, por su denominación náhuatl, crece de manera ascendente con sus ramas torcidas y puede llegar a medir hasta diez metros de altura. La corteza de su tallo es de color café rojizo a oscuro, es gruesa, dura y áspera por las lenticelas que la rodean. El cuachalalate reverdece con hojas ovaladas; cerca de su follaje crece su fruto, que tiene la forma de una gota de agua. Tanto las hojas como el fruto son un manjar para la guacamaya verde. Las flores masculinas forman panículas agrupadas en las axilas de las hojas, de hasta 15 centímetros de largo, con cinco a siete estambres, de 1 a 1.5 milímetros de largo, con un filamento corto, una antera oblonga y tomentosa, y un ovario ausente. Las flores femeninas se encuentran solitarias en las axilas de las hojas nuevas, sobre pedúnculos aplanados y alargados de 1 centímetros de largo y 3 a 4 milímetros de ancho. Los receptáculos son globulares, de 3 milímetros de largo, con cinco dientes agudos, que contienen un ovario con dos carpelos semiunidos, seminíferos, uniloculares y pubescentes.

Esta especie se reproduce de manera sexual, por medio de la polinización, o asexual, mediante la técnica de esqueje o estacas, en la que se plantan ramas sacadas de árboles maduros.

Amphipterygium adstringens se extiende a lo largo de la costa del Pacífico, desde Nayarit hasta Oaxaca, abarcando también la Cuenca del Balsas, que incluye las regiones de Puebla, Guerrero y Morelos.

Cuachalalate para la salud

Desde la época prehistórica, el té de cuachalalate ha sido utilizado en la medicina tradicional para tratar múltiples enfermedades, entre ellas las gastrointestinales (desinflamación, gastritis, úlceras en el estómago); problemas bucales como úlceras y fuegos en la boca; para mejorar el sistema circulatorio, así como la desintegración de cálculos renales y biliares. Su corteza también se utiliza como cicatrizante de heridas y quemaduras. Además, se toma para ayudar a regular la glucosa en la sangre y reducir el colesterol.

Por ello, ha sido de interés para la comunidad científica estudiar los compuestos químicos que contiene este árbol. Los principales compuestos presentes en la corteza del tallo de A. adstringens incluyen terpenos y esteroles, entre los que destacan el ácido 3-epioleanílico, el beta-sitosterol, el ácido masticadienómico (MDA) y el ácido 3-alfa-hidroximasticadienónico (3α-OH MDA).

Jesús Arrieta y sus colaboradores de la Facultad de Química de la UNAM estudiaron tres de estos compuestos para comprobar su propiedad gastroprotectora. Para ello, trabajaron con ratas Wistar macho a las que indujeron lesiones gástricas por etanol. Encontraron que el ácido 3-epioleanólico fue más activo (88.8 % de gastroprotección), seguido del ácido 3-alfa-hidroximasticadienoico y el beta-sitosterol (69.8 % y 42.5 % de gastroprotección, respectivamente).

Por otra parte, Beatriz Sánchez Monroy, durante su doctorado en Ciencias Biomédicas de la UNAM, evaluó la actividad antitumoral de los ácidos MDA y 3α-OH MDA en ratones trasplantados con células cancerosas humanas, particularmente de cáncer de próstata. Para ello, midieron la expresión de dos marcadores de proliferación celular: el antígeno nuclear de células proliferantes (PCNA) y Ki67, y encontraron una disminución en los niveles de ambos marcadores inhibiendo la proliferación celular y el crecimiento tumoral.

Mario Rodríguez Canales, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), y su grupo de trabajo de diferentes institutos de la UNAM, investigaron los efectos del extracto alcohólico del cuachalate en la colitis inducida en ratas hembra de laboratorio. Sus resultados sugieren que el extracto tiene potencial protector contra la colitis inducida, por lo que podría ser un tratamiento para la colitis inflamatoria.

El alto grado de comercialización del cuachalalate para fines médicos se considera una de las razones de su extinción. En 2012, se reportó que en la región centro-sur del país se recolectaba aproximadamente 57.5 toneladas anuales de corteza de A. adstringens. Se ha reportado que el 60 % de los árboles descortezados de manera tradicional llega a morir, ya que se afecta el cambium vascular y el floema del árbol, causando su muerte.

“Para descortezar el cuachalalate, se usa generalmente el machete. Con este se va quitando la capa externa de la corteza del árbol, sin llegar al corazón del tallo para no provocarle la muerte”, comparte Shaid García, biólogo egresado de la Universidad del Estado de Morelos, habitante de Tetecala, Morelos.

De acuerdo con Shaid García, el descortezamiento vulnera al árbol, pues a través de esas heridas pueden entrar virus que lo enfermen; aunque reconoce que esta especie también está amenazada por un insecto barrenador que entra al árbol, independientemente de si está o no descortezado.

Recuperando la especie endémica

Preocupados por las olas de calor que se vivieron el pasado mayo, un grupo de jóvenes de la zona surponiente del estado de Morelos se ha organizado para poner en marcha un plan de reforestación de la región, con el objetivo de recuperar las especies endémicas, entre ellas el árbol de la chachalaca.

De acuerdo con María Felix Ramos Ordoñez, la reforestación con cuachalalate resulta muy conveniente, así como con copales, aunque afirma que “la germinación no suele ser muy exitosa; el problema es que no sobreviven muy fácilmente. Son muchos años para ver resultados, y los programas no suelen durar mucho. La vía más plausible es reproducir por estacas en invernaderos pequeños. Se pueden dejar en invernaderos durante un año, ya que las plantas logren sacar raíces y hojas, se pueden plantar en el sitio que se desee reforestar”, argumentó.

Sin embargo, este grupo de jóvenes ha apostado por la germinación de la semilla. “Lo que pasa con los esquejes es que son clones. Entonces, el árbol que plantes será vulnerable igual que el primero. En cambio, con la semilla garantizas la variabilidad genética; aunque ambas opciones son buenas para preservar la especie”, comenta Estefanía Maldonado, bióloga egresada de la Universidad del Estado de Morelos y habitante de Coatlán del Río.

Alexis Sotelo, habitante de Miacatlán, conocido por tener “buena mano para las plantas”, como se dice coloquialmente, es amante de ellas desde muy pequeño. “A mí me motiva mucho la propagación de los árboles nativos. Me he estado documentando en el tema y supe que la especie de cuachalalate está en peligro de extinción. Con los chicos que estamos en la reforestación, me pudieron conseguir semillas de este árbol, pues se me da fácilmente que germinen”, compartió.

Siguiendo las indicaciones que le proporcionó la bióloga Estefanía Maldonado para germinar las semillas, sembró diez de estas en bolsas diferentes. Sin embargo, el éxito no resultó ser el esperado. “Ha sido una experiencia enriquecedora porque yo desconocía la semilla del cuachalalate. Ha sido un reto porque ha sido una semilla que me ha costado germinar. De las diez semillas que sembré, sólo germinaron cuatro en aproximadamente diez días, y de esas, sólo sobrevivieron dos”, expresó.

Alexis esperará a que estas sobrevivientes alcancen el metro de altura para plantarlas. Así que aún pasarán algunos años para que esos dos individuos de cuachalalate habiten el monte de la región.

Por otro lado, el profesor jubilado Herminio Vargas Castro, ahora agricultor, ha recurrido a la técnica del esqueje para la reproducción de la especie, así como la plantación de varas para utilizarlas como cerco vivo. De este modo, ha plantado cincuenta plantas que crecerán a las orillas de su terreno ejidal, que utiliza para el cultivo.

“Para sacar un esqueje, cortamos una vara de 30 a 40 centímetros de largo, la dejamos que se escurra una semana, como decimos acá, y después la enterramos en una bolsa de 20 centímetros de alto y 20 centímetros de ancho, a la tierra le diluimos enraizador, y con el paso de los días empieza a retoñar. Para el cerco vivo, cortamos la rama y la plantamos en el lugar donde irá la cerca, como si fuera un poste, pero este crecerá como árbol con el paso de los años”, compartió en entrevista.

Cada semilla que germina y cada esqueje que florece mantiene la esperanza de preservar el cuachalalate para mantener el legado de generaciones pasadas y garantizar el disfrute de los beneficios de este árbol para las futuras.

 

Nicté Y. Luna Medina
Comunicadora de la ciencia del Instituto de Energías Renovables de la UNAM

Referencias

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INAH-Jardín Etnobotánico y Museo de la Medicina Tradicional. (s.f.), Cuachalate.

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Sotelo-Barrera, M., Cília-García, M., Luna-Cavazos, M., Díaz-Núñez, J. L., Romero-Manzanares, A., Soto-Hernández, R. M., y Castillo-Juárez, I., Amphipterygium adstringens (Schltdl.) Schiede ex Standl (Anacardiaceae): An endemic plant with relevant pharmacological properties”, Plants, 11(1766), 2022

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Publicado en: Elementos