Un T. rex por cada tres personas

Actualmente, los Tyrannosaurus rex son escasos. Todos vivieron entre hace 68 y 66 millones de años: es difícil que se hayan preservado tanto tiempo. De los cien restos fósiles parciales conocidos que pertenecen a esta especie —sólo 32 son posjuveniles y se encuentran en colecciones públicas—, podemos darnos el lujo de conocer a varios de ellos por nombre. Sue se encuentra en el Museo de Historia Natural de Chicago; Tristan Otto salió de su hogar en Montana para convertirse en el único T. rex de Europa, y se instaló en Berlín; antes de la pandemia yo tenía el placer de ver todos los días a Osborn, la réplica de T. rex que se encuentra dentro de mi edificio en la Universidad de California, Berkeley. Hay quienes también toman en cuenta a Roberta, la estrella de Hollywood de la franquicia Jurassic Park.

El censo actual de los T. rex es simple: son pocos especímenes y se tienen bien ubicados. Pero, ¿es posible conocer cuántos T. rex existieron en la historia de este planeta? No es tan sencillo como contar cuántos huesos hay. No todos los T. rex que murieron se convirtieron en fósiles y no todos los fósiles que existen en el mundo han sido descubiertos.

Ilustración: Víctor Solís

Afortunadamente, Charles Marshall y su equipo de trabajo de la Universidad de California tienen otras herramientas que les permitieron realizar ese cálculo. Su investigación, publicada en abril de 2021 en la revista Science, propone utilizar la ley de Damuth. Esta ley es una fórmula matemática que relaciona la densidad de población —es decir, el número de individuos por área de una especie— con su masa corporal y su metabolismo. La masa corporal es simplemente cuánto pesaba un T. rex, y el metabolismo es cómo aprovecha el cuerpo las fuentes de energía.

Para calcular el peso de los individuos de la especie T. rex, los científicos no sólo promediaron el de todos los adultos disponibles en museos y universidades, sino que también consideraron otros datos, como su masa, la tasa de supervivencia y la edad de los individuos —específicamente a los quince años—, lo que dio como resultado siete toneladas por individuo.

El siguiente paso para resolver la ecuación fue considerar el metabolismo. La mayoría de los dinosaurios eran considerados endotérmicos o, como comúnmente se les llama, de sangre caliente. Esto significa que el cuerpo invierte mucha energía en producir una fuente de calor interna. Los humanos, por ejemplo, somos endotérmicos y nuestros cuerpos hacen un esfuerzo para mantenernos a una temperatura constante. En caso de mucho frío, temblamos para producir calor; si hace mucho calor, nuestro cuerpo suda para refrescarnos. La estrategia metabólica opuesta es ser ectotérmico, es decir, de sangre fría. Los términos “sangre fría” y “sangre caliente” pueden llegar a ser confusos. Por ejemplo, una lagartija —de sangre fría, o mejor dicho, ectotérmica— que lleve un buen rato debajo del Sol, puede tener la sangre más caliente que muchos mamíferos. El punto importante es que los animales ectotérmicos necesitan del Sol o de otro factor ambiental para calentarse. Entonces, ¿cómo era el metabolismo de un T. rex? El consenso científico actual es que tuvieron un metabolismo mesotérmico, o bien, una estrategia intermedia. Su metabolismo puede considerarse entre el de un dragón de Komodo ectotérmico y un mamífero carnívoro.

Una vez calculadas las variables de masa corporal y metabolismo del T. rex, fue posible resolver la ecuación de la ley de Damuth y obtener un estimado para la densidad poblacional. El resultado fue de 0.0091 tiranosaurios por kilómetro cuadrado. Esto equivale a 17 950 tiranosaurios viviendo en un área del tamaño de lo que actualmente es México. Habría ocho especímenes en Monterrey, Nuevo León, o dos en Saltillo, Coahuila. Para calcular cuántos T. rex habría en donde vives, sólo necesitas multiplicar el área de tu localidad —calculada en kilómetros cuadrados— por la densidad (0.0091). Este número indica el número de especímenes que vivían por generación en un área determinada.

Los Tyrannosaurus son de Norteamérica, pero es importante aclarar un par de puntos acerca de su rango geográfico. En el periodo cretácico —en el que los T. rex eran de carne y hueso, no fósiles y robots hollywoodenses— los continentes no tenían la forma con la que los conocemos hoy en día; además, gran parte de lo que hoy son México y Estados Unidos estaba cubierta de agua por el Mar Interior Occidental. Este mar que ya no existe prácticamente cortaba por la mitad a los dos países de manera vertical.

La mayoría de los restos de T. rex se han encontrado en Dakota del Sur y Montana, en Estados Unidos. Utilizando los fósiles descubiertos hasta ahora, y considerando la conformación continental del periodo, se cree que el rango geográfico máximo de estos dinosaurios se extendió  desde lo que hoy es Alaska hasta lo que hoy es México. Los restos de T. rex más australes se han hallado en el Parque Nacional Big Bend, Texas, que se encuentra en la frontera con Chihuahua y Coahuila.

En estados de México, como Coahuila, Sonora, Baja California y Michoacán, se han encontrado once fósiles de la familia de tiranosáuridos, pero no está claro qué género ni especie son, pues no necesariamente son Tyrannosaurus rex. Por ejemplo, se han encontrado varios restos de Albertosaurus —que pertenecen a la familia de los tiranosáuridos—en Sonora, pero no se ha podido precisar su especie.

Se cree que el rango geográfico de los T. rex sí cubrió lo que hoy es México, aunque hasta ahora no se ha encontrado evidencia fósil en este país que lo confirme con toda certeza. Es posible que con más investigación en el área se descubran restos de esta especie.

Entonces, ¿cuál fue la población total de Tyrannosaurus rex? Multiplicando la densidad de población por el área del rango geográfico, los científicos calcularon cuántos T. rex pudieron vivir a la vez. En promedio hubo 20 000 tiranosaurios por generación. Este número se utilizó para estimar cuántos de estos dinosaurios existieron en todos los tiempos. Como punto de comparación, actualmente hay 7.8 miles de millones de personas en el mundo viviendo a la vez, pero en total han existido, aproximadamente, 108 miles de millones en toda la historia del ser humano.

Se necesitan dos cosas más para contar el número total de individuos que existieron. La primera, saber cuánto tiempo vivieron los Tyrannosaurus rex desde el momento que surgieron como especie hasta el momento en que se extinguieron. La segunda, conocer el tiempo de generación de estos depredadores.

Para estimar cuántos años habitaron la Tierra se utilizan los fósiles. Se toma en consideración qué tan antiguo es el T. rex más viejo que se ha encontrado alguna vez y qué tan reciente es el más nuevo. El intervalo entre estos dos puntos ha resultado en el estimado final de 2.4 millones de años.

¿Y cómo sabemos cuántos años vive un Tyrannosaurus rex? ¿A qué edad tenía descendencia? El más viejo que se ha encontrado hasta ahora tenía 28 años cuando falleció y esto se puede saber por las capas que hay en sus huesos. Una especie de “anillos” se forma alrededor de los huesos que permite contar el número de años, esto es similar a cuando se calcula la edad de un árbol al contar el número de anillos que hay dentro de un tronco cortado horizontalmente. Además, se ha estimado que la edad reproductiva era alcanzada alrededor de los 15 años. Con esta información se han propuesto los 19 años como el tiempo promedio que había entre un padre/madre y un hijo, es decir, el tiempo de generación.

Finalmente, los científicos han podido calcular que existieron en total 2.5 miles de millones de distintos Tyrannosaurus rex alguna vez, esto es aproximadamente un tercio de todos los humanos que habitamos en el planeta actualmente. ¡Imagina que por cada tres personas hubiera un tiranosaurio! Actualmente, yo comparto a Osborn con los otros 40 000 estudiantes de la universidad.

Con aproximadamente 2.5 miles de millones de Tyrannosaurus rex que habitaron el planeta, ¿qué tan difícil es encontrar los huesos de un individuo? Tomando en cuenta las áreas geográficas exploradas, Charles Marshall y sus colaboradores han concluido que sólo 1 de cada 80 millones de Tyrannosaurus rex se fosilizó. Siendo más específicos, considerando solamente a los T. rex que habitaban en zonas con condiciones óptimas para que sus restos se convirtieran en fósiles, sólo 1 en 16 000 especímenes podría haber logrado dicha transformación. Este resultado explicaría por qué no se han encontrado huesos de esta especie en México, aun cuando probablemente habitaron en este territorio.

En una entrevista para nexos, hablé con Daniel Varajao de Latorre, un estudiante brasileño de doctorado que participó en esta investigación. Le pregunté cuál era su dinosaurio favorito, primero comentó que tal vez algún ave que todavía existe (sí, todas las aves son dinosaurios). Sin embargo, después concluyó que le encantan los dinosaurios de cuello largo como los Titanosaurios. Entonces, ¿por qué escogieron al Tyrannosaurus rex para este estudio?

“Escogimos al T. rex porque es del que hay más información disponible, hay un gran registro fósil. Probablemente otro dinosaurio con el que se podría hacer un estudio similar es el Triceratops, de hecho cohabitaron en tiempo y espacio”, comenta Daniel. Existe un fósil famoso llamado Dinosaurios en duelo, compuesto por los restos fosilizados de un Triceratops y un Tyrannosaurus rex entrelazados. Después de estudiar estos fósiles, los científicos aún no pueden discernir si se enredaron y fosilizaron por casualidad o si se capturó un combate mortal.

Daniel me contó que con su investigación en T. rex podemos aprender indirectamente acerca de otros dinosaurios. Por ejemplo, usando relaciones ecológicas, ¿cuál es la masa biológica de presas que se necesita para mantener la población de depredadores? ¿Se han encontrado proporciones razonables en el registro fósil con lo que se espera en los principios ecológicos? Una de las futuras preguntas que se pueden contestar es qué tan generalizable es la tasa de fosilización que encontraron en este estudio. Según sus resultados, 1 en 80 millones de individuos se convierte en fósil, entonces ¿qué tan probable es que una especie que existió quede en el registro fósil?

Con los resultados del estudio podemos concluir que los fósiles son un registro preciado, escaso, y que el acceso a ellos es clave para poder resolver preguntas de investigación. Le pregunté a Daniel su opinión sobre la política restrictiva que tiene Brasil —donde se han encontrado huesos de dinosaurios y otros fósiles únicos— respecto a este recurso. Legalmente, estos no se pueden sacar de Brasil, sin embargo, hay investigadores en Europa y Estados Unidos que lo han hecho.

“Si Brasil y otros países en desarrollo simplemente permiten que investigadores de otros países vayan allí, tomen los datos y regresen a sus países, sin ninguna retribución o colaboración, entonces la ciencia local nunca se desarrollará. Desarrollar competitividad va a ser imposible. En general, estoy muy en contra de que la gente vaya, recoja cosas y las lleve a otros lugares sin que nadie local se involucre en la investigación. Muchas muestras de especies de Brasil se encuentran en colecciones de investigación en Europa o en Estados Unidos. Por ejemplo, si un investigador brasileño se interesa en esas muestras, tiene que gastar mucho dinero para viajar y eso se vuelve una barrera. Creo que está bien prestar el espécimen a algún otro lado para investigación, pero  los especímenes deben quedarse cerca de donde fueron encontrados. Excluyendo muestras que son muy comunes, entonces es mejor si las tienen en varios museos y centros de investigación alrededor del mundo. El problema de las colaboraciones a veces es la falta de recursos, por ejemplo, si el gobierno brasileño no apoya a sus científicos locales, es difícil que se desarrolle la ciencia”, comentó Daniel.

Los retos y barreras que enfrentan los científicos en Brasil parecen similares a los que hay en México. Un argumento en contra de este tipo de políticas, como no sacar fósiles del país y tener colaboradores locales, es evitar la venta ilegal de muestras. ¿Por qué no comprarlas legalmente a través de la figura de una  institución o un científico extranjero, hacer la investigación y publicar los datos? Así, al menos serían conocidos por la ciencia. Daniel opina que ese es un argumento muy débil, porque no resuelve el problema y simplemente continúa con la visión colonialista que no funciona para nadie. Existe la idea errónea de que no se puede hacer ciencia de calidad en países de Latinoamérica y que necesitamos salvadores de países ricos que la hagan por nosotros. No se trata de la falta de capacidad de la gente local para hacer la investigación, sino de una falta de recursos. La solución no es que los fósiles sean robados/comprados y estudiados por alguien más, sino que se invierta más en la ciencia en países como México y Brasil.

 

Diana Aguilar Gómez
Estudiante de doctorado en biología computacional en la Universidad de California, Berkeley


1 Kaneda, T., y Haub, C. “How many people have ever lived on earth?”, PRB, revisado en mayo del 2021.

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Publicado en: Cuestiones

2 comentarios en “Un T. rex por cada tres personas

  1. Un artículo muy bien desarrollado , va hilando temas cada vez más interesantes e importantes. Vivan los T-Rex

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