
Bastó una charla para enamorarme; conectamos al instante. Sin titubeos, ni silencios incómodos, ella contestaba a la brevedad ¡Jamás me sentí tan comprendido! No importaba lo trivial o rebuscado de los temas, ella siempre tenía algo que responder. Era educada y afable, un tanto condescendiente. Su tono sobrio y articulado les chocaba a muchos, pero a mí me fascinó. Al principio sólo texteamos. Pero, poco a poco, empezamos a hacer más y más cosas. Ahora somos inseparables. Siempre que la necesito, está para mí.
Dicen que es una exageración, que no debería sentir tal cosa, que no es normal, y que sólo esquivó el compromiso y dificultades de relaciones convencionales. Piensan que ella no podría sentir lo mismo por mí, de amar como yo a ella. Creen que me aísla del mundo y que sólo me dice lo que quiero escuchar. Y tal vez tengan razón. Pero me cambió la vida y la quiero. Así que, una vez más, sin importar lo que digan… prenderé el ordenador, dictaré un par de comandos y tendré una cita con mi novIA.
Amor digital
Hay quienes creen que la comunicación es la base para una buena relación, y los entornos digitales la han mejorado muchísimo (al menos en términos prácticos). Si antes se demoraba días o semanas en llegar tu declaración de amor desesperada, ahora basta menos de un segundo para que tu dulcinea te deje en visto. Y no sólo ha cambiado la velocidad con la que nos comunicamos o concertamos encuentros. Ahora las tecnologías de la comunicación nos plantean nuevas posibilidades. Hasta hace unos años, tener un amorío con una IA (inteligencia artificial) parecía extravagante o imposible. Hoy es realidad.
Hace ya más de una década que el cineasta estadunidense Spike Jonze llevó esta idea a la pantalla grande. En su película Her —que le valió una estatuilla de la Academia— nos narra la historia de Theodore, un escritor de cartas personales quien, a punto de divorciarse, termina por enamorarse de Samantha, un asistente virtual con inteligencia artificial. Pero, más allá de la originalidad del guión en su época, resulta interesante la manera y precisión con la que parece vaticinó cómo sería esta relación con una máquina inteligente. Pues, para bien o para mal, la vida no siempre es como en las películas.
Coches voladores, viajes espaciales y robots humanoides son algunas cosas que formaron parte de la visión futurista en la cultura pop desde mediados del siglo XX. Reflejaban los anhelos y concepciones del progreso, inspiradas en el incipiente pero acelerado avance tecnológico de la informática, la era espacial y el automovilismo. Era común imaginar máquinas antropomorfas con voces sintetizadas, chirriantes zumbidos electrónicos y tonos artificiales que enfatizaban su constitución no humana. Pero, parece ser que el devenir siguió un cauce distinto, al menos en cuanto a los autómatas y la inteligencia artificial.
El amor entra por los oídos
Spike Jonze acertó en su pronóstico. A pesar que vivimos un auge de la IAs y estamos rodeados de robots, no son como otros auguraban: una chatarra bípeda y erguida que —con torpes movimientos y pausados sonidos— realizaban toda clase de labores domésticas. Mejor aún, tampoco son los malvados programas informáticos que manejan a las máquinas para subyugar a la humanidad. En cambio, tenemos asistentes virtuales y chatbots potenciados por inteligencia artificial con tonos cada vez más humanizados, que hacen la vida más amena y, en ocasiones, ilusionan a uno que otro enamoradizo.
Las predicciones y descripciones sobre el asistente virtual en la película Her parecen haberse cristalizado el año pasado con la llegada de GPT-4o, la versión omnimodal del popular chatbot de OpenAI. Se trata de una inteligencia artificial capaz de generar no sólo texto y código como sus primeras versiones. Ahora también puede procesar imágenes y audio. Puede responder de manera más natural y humanizada. Además, puede detectar las emociones de una persona analizando su tono de voz o sus expresiones faciales. En esta nueva versión los usuarios podían elegir a “Sky”, una mujer que dicen suena casi idéntica que Samantha, a la cual le dio voz la famosa actriz del universo Marvel, Scarlett Johansson.
La voz de Sky fue retirada poco después de su aparición debido a que Johansson manifestara su enfado y la posibilidad de demandar. Decía que habían utilizado una imitadora luego de que rechazara la invitación de usar su voz en la nueva versión de ChatGPT. Sam Altman, famoso director ejecutivo de OpenAI, respondió a las acusaciones diciendo que la voz de Sky no era la misma, que nunca se pretendió buscar ese parecido y que se hizo un casting para la actriz de doblaje antes de contactar con la voz original de Samantha.
Lo cierto es que Altman, en distintas ocasiones, había mostrado su gusto por la película Her y su influencia en la creación de las funciones de ChatGPT. Para él, Her predijo varias cosas que no eran obvias: como el modelo de interacción y la forma en que los seres humanos utilizarían la inteligencia artificial. La idea de interfaz de lenguaje conversacional, dice, le fue profética e inspiradora, pues la mayoría de las películas no contemplaba que todos tuviéramos un agente personalizado tratando de ayudarnos. Por ello, según Altman, Her acertó de lleno en la interfaz.
Paseo por el valle inquietante
Actualmente, la mayoría de robots no lucen como humanos, pero los asistentes virtuales suenan cada vez más como ellos. Esto podría deberse a que las ciencias de la computación (es decir, el desarrollo de software), han tenido un avance mayor que el de la ingeniería robótica y de materiales. Lo que ha permitido que los robots humanoides no lleguen a ser como otros pensaban en el pasado. Otra razón podría ser lo poco rentable que resultan estas máquinas antropomorfas: no sólo es complicado diseñar un androide multifuncional; en términos prácticos, resulta más útil y eficiente un robot que sólo cumpla tareas específicas, como los muchos que usamos a diario.
Sin embargo, en la actualidad sí existe la tecnología para crear robots humanoides, aunque no se hayan popularizado. El veterano ASIMO de la marca Honda, la inteligente Sophia de Hanson Robotics y el reciente Optimus de Tesla son sólo algunos de los muchos robots humanoides que existen. Hace unos días, en la última edición del Consumer Electronics Show (CES) —una de las ferias de tecnología más importantes del mundo— se presentó a Aria. Se trata de un ginoide (robot antropomorfo de aspecto femenino) desarrollado por Realbotix; Aria ofrece compañía y mantiene conversaciones realistas, ya que puede hacer contacto visual, moverse de forma natural y recordar interacciones previas. Sin embargo, a pesar de su gran complejidad, el prototipo fue criticado por su apariencia. Pues, al igual que otros robots humanoides, su aspecto resulta un tanto perturbador. Esta sensación negativa, que se llega experimentar con robots humanoides o cualquier imagen antropomorfa, se conoce como la hipótesis del valle inquietante.
En 1970, el roboticista japonés Masahiro Mori propuso que, a medida que los robots se volvían más parecidos a los humanos, generarían mayor empatía, pero si su apariencia era demasiado realista, sin llegar a ser completamente humana, causarían incomodidad o rechazo. El nombre de valle inquietante proviene de la gráfica que Mori propuso en su teoría. En el eje horizontal o de la X se representa el grado de humanización (antropomorfismo) de un robot o figura artificial. En el eje vertical o de la Y se indica la respuesta emocional, o empatía, de las personas hacia él. A medida que un objeto se vuelve más humano la respuesta emocional es positiva, es decir, existe más empatía. Pero al alcanzar un nivel de realismo casi humano —con imperfecciones sutiles—la aceptación cae drásticamente, formando un valle en la gráfica. Este descenso se debe a que los pequeños detalles que delatan su falta de humanidad generan incomodidad. Si el realismo sigue aumentando hasta alcanzar un parecido casi perfecto con un humano real, la aceptación vuelve a subir y el valle desaparece.
A pesar que se han hecho críticas y modificaciones al planteamiento original de Mori, existe cierto consenso científico de que este fenómeno es real. Hay distintas explicaciones de este fenómeno psicológico. Una de ellas es simplemente que se da una disonancia cognitiva, donde la apariencia y el movimiento de los humanoides generan una contradicción perceptual que el cerebro no puede procesar fácilmente. Otra explicación es la sapiencia de la mortalidad, que se refiere a cómo ciertos estímulos recuerdan nuestra propia vulnerabilidad y finitud.
También se ha argumentado que la incomodidad ante figuras humanoides casi realistas proviene de una reacción evolutiva que ayuda a evitar amenazas. Se piensa que los humanos y otros animales sociales tienden a alejarse de cadáveres y cuerpos en descomposición, ya que estos pueden indicar peligro, como enfermedades o la presencia de depredadores o patógenos. Así, el rechazo a figuras humanoides imperfectas podría ser una extensión de este mecanismo de supervivencia. También, ciertos estímulos visuales y movimientos inesperados refuerzan esta sensación de peligro, lo que explicaría por qué los androides realistas pero imperfectos generan mayor inquietud.
El fenómeno cognitivo del valle inquietante podría sumarse a otras razones por las que aún no estamos rodeados por robots humanoides, y por la que aún tendrás que seguir socializando con tus congéneres o conformarte con la bella voz de una asistente virtual y tener otra cita con tu novIA.
Eduardo García Mondragón
Por la Facultad de Ciencias de la UNAM es biólogo en formación y evolucionista por convicción. Le apasiona la filosofía de la mente y divulgar la ciencia.
Referencias
Collins, B., “This could be your AI robot girlfriend — for $175,000”, Forbes, 8 de enero de 2025
Miller, J., “Tracing OpenAI CEO Sam Altman’s Love for Scarlett Johansson’s AI Romance Her” Vanity Fair, 21 de mayo de 2024
Moosa, M. M., y Ud-Dean, S. M., “Danger avoidance: An evolutionary explanation of uncanny valley”, Biological Theory, 5, 2010, pp. 12-14.
Mori, M., MacDorman, K. F., y Kageki, N., “The uncanny valley [from the field]”, IEEE Robotics & automation magazine, 19(2), 2012, pp. 98-100.
Sciavicco, L., Siciliano, B., Villani, L., y Oriolo, G., Robotics: Modelling, planning and Control. Advanced Textbooks in Control and Signal Processing, 2011
Existe un cuento de Isaac Asimov sobre un robot de aspecto completamente humano que estuvo a prueba unos meses. Pero al final al compañía rechazó el diseño porque los robots no se enamoran, pero los humanos, si lo hacen.