La salud reproductiva y la planificación familiar son temas de gran interés para la sociedad desde hace ya varias décadas. En 1960, Estados Unidos aprobó la venta del primer anticonceptivo oral combinado, conocido popularmente como “la píldora”, cuya función anticonceptiva permitió que las mujeres tuvieran la posibilidad de decidir sobre su maternidad y sexualidad. Sin embargo, desde su aparición, la fórmula ha sufrido cambios en su composición hormonal en la búsqueda de aumentar su efectividad y disminuir los efectos no deseados que se han observado desde su comercialización.1
Hoy en día existen en el mercado dos tipos de anticonceptivos orales: las píldoras de sólo progestina (progestágenos naturales como progesterona, o bien, sintéticas) y píldoras de hormonas combinadas de un estrógeno y una progestina, las cuales actúan de forma sinérgica para lograr el efecto anticonceptivo y de control del ciclo menstrual.2
En el caso del segundo tipo de anticonceptivos, entre las hormonas que componen estas formulaciones, se encuentran para los estrógenos el estradiol y el etinilestradiol, hormonas desarrolladas como alternativa a la progesterona, ya que permiten ampliar el efecto de las progestinas gracias a su rápida metabolización en el hígado por medio de la estimulación de la célula para sintetizar los receptores de progesterona en todos los tejidos diana. Mientras que, para el segundo tipo de hormonas empleadas, las progestinas, se encuentran el levonorgestrel, la clormadinona, el acetato de ciproterona, la drospirenona, entre otras; cuyo efecto es primordial para la anticoncepción, actuando en receptores de progesterona y estrógeno, teniendo como principal efecto el anovulatorio.3
Debido al incremento en la exposición de las mujeres a este tipo de tratamientos, donde en Estados Unidos se estima que el 35 % de ellas se encuentran usando anticonceptivos orales del tipo hormonales y que el 88 % ha estado expuesta a alguna forma de anticoncepción, es de suma importancia realizar un continuo monitoreo de los eventos adversos que se presentan durante el uso de estos tratamientos para garantizar la salud de millones de usuarias en todo el mundo.4
Uno de los sucesos adversos reportados con una alta incidencia durante el uso de estos anticonceptivos, y que ha sido de curiosidad para varios investigadores debido al riesgo en la salud que implican, es la presencia de eventos infecciosos vaginales del tipo bacterianos, micóticos e incluso virales durante el tratamiento con anticonceptivos orales. Por lo que dentro de la comunidad científica se han propuesto diversos proyectos en búsqueda de descifrar si la presencia de estos fármacos en el sistema son los responsables de la aparición de cierta susceptibilidad a infecciones que permiten que organismos oportunistas invadan los tejidos de las usuarias.
En este artículo primero se abordarán algunos de los resultados obtenidos por investigadores alrededor del mundo, así como los datos epidemiológicos que dejan ver la posibilidad de que, en efecto, surge cierta susceptibilidad a infecciones durante el tratamiento con este tipo de medicamentos y, posteriormente, sugerencias de cómo abordar como pacientes estas situaciones de riesgo durante el tratamiento.

Observancia de sucesos adversos durante el uso de anticonceptivos orales
En 2021 Yael Shalev Rosenthal y colaboradores realizaron un estudio donde se analizó la incidencia de infecciones antes, durante y después del uso de anticonceptivos orales en más de 42 000 mujeres entre 16 y 40 años. Su fin era encontrar si existía una asociación entre el uso de estos anticonceptivos y la presencia de infecciones; descubrieron, con un alto nivel de confianza —95 %—, que el riesgo de la presencia de infecciones durante el uso de anticonceptivos orales aumentaba.5
Otros estudios sugieren que, tanto los estrógenos como las progestinas, principios activos de las píldoras anticonceptivas, tienen influencia inmunomodulador, lo que afecta la respuesta de células inmunitarias y contribuye a alteraciones en el ambiente inmunitario de varios tejidos, promoviendo estados antiinflamatorios.6, 7
En Suecia, en un estudio realizado entre 1997 y 2005 por Veronika Halvarsson y colaboradores, descubrieron que las infecciones por clamidia, infección de transmisión sexual causada por la bacteria Chlamydia trachomatis, cuya prevalencia según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) afecta en mayor medida al grupo etario del sexo femenino entre los 15 y 19 años de edad, seguido del grupo entre 20 y 24 años, y considerado un problema de salud pública por la OPS, aumentaba el riesgo de contraerlas en un 6.7 en mujeres de 16 años y en 1.5 en mujeres de 29 años durante la prescripción de anticonceptivos orales hormonales.8 Estos resultados se asemejan a lo encontrado en los datos epidemiológicos y biológicos que sugieren que las infecciones por clamidia son favorecidas en presencia de regímenes anticonceptivos orales.9
Por su parte, Loretta Brabin menciona en su artículo sobre susceptibilidad a infecciones durante regímenes anticonceptivos hormonales orales que las hormonas sexuales pueden influir en la susceptibilidad a infecciones del tracto genital; ello sugiera que éstas podrían estar incrementando el riesgo de sufrir virus del papiloma humano (VPH), la enfermedad de transmisión sexual más frecuente en los Estados Unidos. Se ha observado que, aparentemente, los estrógenos disminuyen la susceptibilidad a VPH temprano pero, en una perseverancia del virus debido a una no detección oportuna del agente viral, los estrógenos podrían asociarse a propagación de cáncer en el cérvix.10
A partir de los resultados descritos se puede sugerir que, en efecto, podría atribuirse la presencia de cierta susceptibilidad a infecciones al tratamiento con anticonceptivos orales del tipo hormonal; sin embargo, el mecanismo por el cual se presentan las infecciones es desconocido.
Uso de anticonceptivos orales a conciencia
Que millones de personas del sexo femenino se encuentren expuestas a este tipo de anticonceptivos y que estos puedan estar propiciando susceptibilidad a infecciones vaginales es razón suficiente para generar conciencia en las usuarias sobre su uso, con el fin de aminorar los riesgos de una posible incidencia y propagación de un agente infeccioso.
Para ello, mencionaremos algunas de las infecciones más comunes que han sido reportadas durante el uso de anticonceptivos orales. En caso de decidir hacer uso de este tipo de anticonceptivos, o si ya es usuaria, la presencia de alguna de estas infecciones puede verse asociada con el uso del anticonceptivo oral hormonal, por lo que debe informarle a su médico para prevenir el desarrollo de cuadros infecciosos severos.
Algunas de las infecciones notificadas en la base de datos del Sistema de Reportes de Eventos Adversos (FAERS) de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), en Estados Unidos, durante el uso de anticonceptivos orales, como levonorgestrel (solo y en combinación con etinilestradiol), clormadinona, acetato de ciproterona y etonorgestrel (solo y en combinación con etinilestradiol) son: vaginosis bacteriana, infecciones en tracto urinario, infecciones vulvo vaginales por hongos, infección en el útero, infección por candida, clamidia, virales, infecciones por estafilococos e incluso neumonía, entre otras. Todas ellas han sido reportadas durante regímenes anticonceptivos orales.
Así que, si se es diagnosticada con alguna de las infecciones antes descritas, se tiene una alta probabilidad de que sean debido al uso del anticonceptivo hormonal oral, por lo que es importante consultar con su médico qué medidas puede tomar para seguir utilizando el anticonceptivo y tratar la infección o, en caso de ser necesario, suspender su uso y buscar otra alternativa contraconceptiva.
El fin del presente artículo es hacer del conocimiento del público el impacto en la salud del paciente que el uso de este tipo de medicamentos puede traer consigo. El riesgo debe ser de interés para todo el sector encargado de la salud, al igual que gobiernos del mundo, ya que el hecho de que millones de personas estén expuestas a este tipo de riesgos infecciosos al tratar de llevar una vida con una mayor planificación familiar y sexualmente responsable debe ser altamente monitoreado. Este tipo de tratamientos, antes que ser la solución ideal para estos cuestionamientos sociales, deben garantizar la seguridad del paciente, y no ser posibles generadores de problemas de salud con un alto nivel de gravedad, cuidando el balance entre el beneficio terapéutico y la toxicidad, ya que pueden alterar incluso más allá del usuario a nivel individual, como es el caso de las infecciones de transmisión sexual (ITS), que implican riesgos epidemiológicos.
Por todo lo anterior se debe garantizar que el uso de un anticonceptivo oral no pueda convertirse en la puerta de entrada de este tipo de infecciones, por lo que conocer sus riesgos, cómo disminuirlos y cómo evitarlos debe ser una tarea altamente regulada. Cualquier notificación debe ser transmitida a toda la población para garantizar la calidad de vida de las pacientes y su alrededor durante el tiempo de vida del tratamiento, contribuyendo así al uso racional de los medicamentos.
María Montserrat Ramírez Ledesma
Pasante de Química Farmacéutica Biológica de la Facultad de Química de la UNAM
Guillermo de Anda Jáuregui
Investigador por México del Instituto Nacional de Medicina Genómica
1 Galán, G. “50 años de la píldora anticonceptiva”, Revista chilena de obstetricia y ginecología, 2010, pp. 217-220.
2 Vásquez-Awad, D., y Ospino, A. “Anticonceptivos orales combinados”, Ginecología y Obstetricia de México, 2020.
3 Ibid.
4 Rosenthal, Y., y otros. “Association between oral contraceptives and serious infections: A population-based cohort study”, British Journal of Clinical Pharmacology, 2021, pp. 4241-4251.
5 Rosenthal, Y., y otros., ob. cit.
6 Brabin, L. “Interactions of the female hormonal environment, susceptibility to viral infections, and disease progression”, AIDS Patient Care STDS, 2002, pp. 211-21.
7 Stuart, G., y Castaño, P. “Sexually transmitted infections and contraceptives: selective issues”, Obstetrics and Gynecology Clinics of North America, 2003, pp. 795-808
8 Halvarsson, V.; Ström, S., y Lilijeros, F. “The prescription of oral contraceptives and its relation to the incidence of chlamydia and abortion in Sweden 1997-2005”, Scand J Public Health, 2012, pp. 85-91.
9 Washington, A., y otros. “Oral contraceptives, Chlamydia trachomatis infection, and pelvic inflammatory disease. A word of caution about protection”, JAMA, 1985.
10 Brabin, L., ob. cit.