Con el fin del porfiriato, una trifulca por el amasijo del poder se desató entre aquellos que buscaban redistribuirlo y los que se aferraban al que les quedaba. Esto no sólo afectó a los poderes ejecutivos y jurídicos, sino que también a la academia, aunque tal vez de una manera menos evidente. Particularmente en la biología, área comúnmente malinterpretada como apolítica y asocial al igual que el resto de las ciencias, hubo un redireccionamiento radical cuyas repercusiones se viven incluso hasta la fecha, las cuales pueden rastrearse hasta un hombre de nombre Isaac Ochoterena y a su conflicto con otro llamado Alfonso Herrera.

Isaac Ochoterena nació en Atlixco, Puebla, en 1885, donde realizó los estudios básicos antes de mudarse a la Ciudad de México. Ya ahí, cursó el bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria San Ildefonso, sin embargo, la muerte de su padre en 1901 lo forzó a abandonar la escuela. Sin perder la motivación y negándose a dejar sus estudios inconclusos, Ochoterena continuó con su aprendizaje, esta vez de manera autodidacta, estudiando sobre diversos temas relacionados con las ciencias de la vida, particularmente historia natural, histología y geografía. Casi de manera inmediata, su formación personal lo impulsó a realizar un examen en la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes para ser acreditado como profesor de escuela primaria, examen que aprobó y gracias al cual pudo ejercer desde 1901.
Fue de vuelta en su natal Puebla donde inició su labor por la enseñanza, trabajo que eventualmente lo llevó a Durango por un atractivo puesto que se le ofreció, el de director de la Escuela de Ciudad Lerdo y, eventualmente, el de Inspector de Instrucción Pública. Así, aprovechó para dar pie a uno de los ejes centrales de su visión de la ciencia en la divulgación y en 1910 fundó la Alianza Científica Universal, un boletín anual financiado por el gobierno de Durango para diseminar la investigación científica que se hacía en el país, incluyendo la propia que realizó sobre histología, botánica y geografía.
Ochoterena vivió la etapa inicial de su vida laboral sin perder el ritmo ni por un segundo, siempre reforzando sus estudios con la información que obtenía del extranjero y compartiéndola con sus estudiantes.
A los 28 años de edad, en 1912, Ochoterena se casó con Carmen Sarabia Castillón, hermana del famoso aviador Francisco Sarabia y, tan sólo un par de años más tarde, se mudaron a San Luis Potosí, donde Ochoterena fue nombrado Director General de Educación del estado.
Aunado a sus labores de docencia e investigación, Ochoterena comenzó a recibir encomiendas del gobierno, lo cual le ganó cierto favor de su parte. Y fue también durante esta época que su carrera dio el salto que le permitió influir de manera coyuntural en el desarrollo de los estudios biológicos. Así fue como Ochoterena regresó a la Escuela Nacional Preparatoria San Ildefonso, colegio que tuvo que abandonar de joven sin culminar sus estudios y al que ahora volvía como profesor e investigador. Con un poco de tiempo y desenvolviéndose cada vez más en la vida académica de la capital, fundó junto con otros renombrados investigadores y médicos mexicanos la Sociedad Mexicana de Biología y, eventualmente, fue nombrado director de la Sección de Biología Vegetal de la Dirección de Estudios Biológicos, un organismo gubernamental perteneciente a la Secretaría de Agricultura y del cual, el renombrado naturalista, Alfonso Luis Herrera, era director y fundador. Éste último fue un autoproclamado biólogo con educación formal de farmacéutico y a él se le deben los primeros pasos hacia la institucionalización de la biología en México, mientras que a Ochoterena se le puede adjudicar su cimentación formal. De cualquier manera, Herrera fue un parteaguas en el ámbito. Fundó la primera cátedra de biología en el país en la Escuela Nacional de Altos Estudios, donde al concluir con las clases de microscopía, botánica y zoología, los participantes serían acreditados como Profesores Académicos de Ciencias Naturales.
Herrera y Ochoterena compartieron las mismas motivaciones, como fue la fundación del estudio de las ciencias de la vida como una profesión formal. Sin embargo, fue la visión de cada uno, además de lo que inherentemente representaban, lo que permitió que la influencia de uno excediera en peso la del otro. Como opinan los investigadores Ana Barahona e Ismael Ledesma-Mateos, lo que los separaba era una inconmensurabilidad socioprofesional, no una estrictamente académica. Es decir, una imposibilidad discursiva respecto a la manera en la que buscaban volver a la biología una profesión y un campo académico, reforzado a su vez por sus diferentes estatus y condiciones. Herrera, hijo del importante naturalista de mismo nombre, tuvo una vida privilegiada gracias al favoritismo que Porfirio Díaz tuvo por su padre. Así, Herrera gozó de educación de alto nivel, muy a la par de los estudios que se realizaban en Europa. Su inclinación era hacia una ciencia positivista de acuerdo con la vanguardia francesa, y sus principales intereses eran teóricos. Herrera es en gran parte responsable de traer el pensamiento Darwinista al país, además de ser autor de los libros más importantes sobre evolución y biología en México durante aquel tiempo, impulsó el desarrollo de la Sociedad Antonio Alzate y de la Sociedad Mexicana de Historia Natural. Sin embargo, Herrera también representaba a la vieja guardia y a las élites porfiristas, mientras que Ochoterena simbolizaba el cambio, y sus fines profesionales lo representaban. La ciencia que Ochoterena quería implementar era práctica, descriptiva y aplicable, con énfasis en la medicina. Esto le sentaba mejor a un país que recién salía de un conflicto armamentista y que necesitaba conocimiento aprovechable, rentable y no amurallado detrás de una élite.
Así, Ochoterena recibió el apoyo de las comunidades médicas y de la nueva academia, mientras que el énfasis de Herrera en estudios evolutivos le trajo enormes conflictos con la iglesia y las sociedades conservadoras que intentaron suprimir sus cursos. Esto no quiere decir que Ochoterena estuviera en desacuerdo con el pensamiento evolutivo, pues él lo entendía y lo promovía. Tampoco quiere decir que Herrera rechazara el cambio posrevolucionario: él mismo hacía una distinción entre la calidad de la ciencia en el país antes y después de la Revolución. Sin embargo, fueron sus diferencias socioprofesionales las que representaron esta inconmensurabilidad en el tipo de ciencia que buscaban desarrollar.
La fundación de la Dirección de Estudios Biológicos en 1904 por parte de Alfonso Herrera representó un punto clave en el desarrollo de la biología en México, pero también lo distanció de los grupos médicos dominantes. En 1929, y con la autonomía de la UNAM, la dirección pasó a las manos de la Universidad y se convirtió en el Instituto de Biología, con Isaac Ochoterena como su primer director. Para poblar al nuevo instituto, Ochoterena llamó a varios de sus allegados, quienes serían responsables de formalizar distintos estudios que él promovía. Así fue también como una joven Helia Bravo llegó al Instituto, y a quien se le encomendó el cuidado y estudio de las cactáceas. En cuanto al resto de los edificios desarrollados previamente por Herrera, como el jardín botánico, el zoológico y el acuario, estos se volvieron parte del Jardín de Chapultepec.
Con el fin de la Dirección de Estudios Biológicos, el curso que la biología tomaría en el país quedó firmemente cimentado y Ochoterena no se ralentizó. Poco tiempo después creó los Anales del Instituto de Biología para divulgar las investigaciones de éste, fundó la cátedra de embriología en la Escuela Nacional de Medicina y de histología en la Escuela Militar de Medicina, por lo cual se le dio el rango de teniente coronel. En 1927, Ochoterena, junto con otros importantes investigadores, como Antonio Caso, reformó el currículo de biología que se impartía en aquel entonces en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y que acreditaba a los estudiantes como Profesores de Ciencias Naturales, para en cambio dar el grado de licenciatura, maestría y doctorado.
Doce años más tarde, la Facultad de Ciencias de la UNAM nació y Ochoterena fue nombrado jefe del Departamento de Biología, lo cual le permitió definir con más libertad el desarrollo que la carrera tendría. Al ser la UNAM una de las primeras instituciones en el país en adoptar la enseñanza de esta ciencia, ésta se volvió una de las referencias que otros tomaron a la hora de desarrollar sus programas académicos, cimentando la dirección de Ochoterena como la definitiva.
Y fue tras una vida de investigar y pilotar en la academia que la carrera de Ochoterena comenzó a ser laureada. En 1940, la UNAM lo reconoció como doctor honoris causa; además, fue nombrado Investigador Emérito por la misma Universidad y fue miembro fundador de El Colegio Nacional.
Culminó su carrera como director general de Enseñanza Superior e Investigación Científica y como jefe de la Sección de Histología del Instituto de Higiene.
A lo largo de su vida, Isaac Ochoterena publicó más de 230 artículos científicos, además de numerosos libros y boletines de divulgación científica. Sin embargo, más allá de lo directamente logrado en la academia, podemos atribuirle en gran medida la ruta que la biología tomó en México.
Pocas personas en la historia logran tener el peso inadvertido que Isaac Ochoterena tuvo. Fue el motor principal detrás de la institucionalización de una carrera y una profesión, una enorme influencia en la manera en la que hasta la fecha se practica y que es posible notar cuando se observa la estrecha relación que la biología tiene con las ciencias médicas en México y la innegable calidad de ésta última.
Isaac Ochoterena fue un autodidacta que moldeó un país a través de determinación y pasión por la ciencia, y cuyos restos descansan hoy en día en la Rotonda de las Personas Ilustres en el Panteón de Dolores, desde el 11 de abril de 1950.
Diego Ramírez Martín del Campo
Biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM. Divulgador de ciencia y apasionado de la historia y la filosofía de la ciencia.
Referencias
- El Colegio Nacional, ”Isaac Ochoterena”, 2021
- Secretaría de Gobernación, “Isaac Ochoterena”, Rotonda de las personas ilustres, 2016
- Conabio, “Curiosos y comprometidos. Jacobo Isaac Ochoterena”, 2022
- Ledesma-Mateos, Ismael, Ana Barahona, “The Institutionalization of Biology in Mexico in the Early 20th Century. The Conflict between Alfonso Luis Herrera (1868-1942) and Isaac Ochoterena (1885-1950), Journal of the History of Biology, 36(2), 2003, pp. 285-307.