La idea de sustituir el órgano o tejido de un ser humano o animal a otro organismo ha acompañado a la humanidad en diferentes momentos de la historia. Se ha encontrado evidencia mitológica, religiosa y arqueológica acerca de los trasplantes que datan de 2500 a 3000 años a. n. e.

Un ejemplo de esto es la Leyenda dorada, una compilación de relatos del siglo XIII que narra la historia del diácono romano Justiniano, a quien le fue transferida la pierna de un hombre etíope muerto. Durante el siglo XVI, los cirujanos intentaron trasplantes de piel, intentos que fracasaron en el momento en el que el individuo en cuestión no era el donador.
Sin embargo, fue hasta principios del siglo XX que el trasplante de órganos y tejidos dejó de ser parte de la ficción y se proclamó como una realidad gracias a los trabajos de Alexis Carrel, cirujano francés que comenzó a experimentar con técnicas para suturar vasos sanguíneos basándose en la habilidad que aprendió de sastres franceses. Dichas técnicas, que reciben el nombre de anastomosis vascular, revolucionaron las prácticas quirúrgicas al punto en que son utilizadas hasta el día de hoy. Por esto, Carrel es considerado el padre de los trasplantes y de la cirugía vascular.
A partir de esto comenzaron a llevarse a cabo cirugías experimentales con órganos y tejidos animales. Tal fue el caso del cirujano francés Mathieu Jaboulay, quien en 1906 implantó en los vasos branquiales de dos pacientes con falla renal los vasos renales de una oveja y de un cerdo, a este procedimiento de reemplazar un órgano o tejido de una especie a otra se le denominó xenotrasplante. Aunque estos se catalogan como los primeros trasplantes reportados en humanos, pero ambos fracasaron. Posteriormente, en 1933 se realizó el primer trasplante renal de un humano a otro, reportado por el médico ucraniano Yu Yu Voronov, aunque lastimosamente, el paciente falleció dos días después. En ese momento, el motivo por el cual se daba el rechazo era incomprendido, no obstante, se reconoció que debían participar factores inherentes al huésped.
Fue hasta 1954 cuando se efectuó el primer trasplante renal con resultados exitosos, realizado por los médicos John Merrill y Joseph Murray entre pacientes gemelos idénticos. El receptor del órgano vivió ocho años con el injerto, resultado de la homogeneidad genética entre los hermanos. Dos años después, en 1956, se marcó un parteaguas en la medicina de los trasplantes gracias al descubrimiento de las moléculas HLA (antígeno leucocitario humano) por el doctor Jean Dausset, mismas que brindan la identidad inmunológica debido a que funcionan como un documento de identidad de cada célula y las distingue de otras extrañas. Además, son capaces de activar la respuesta inmunológica en el supuesto de detectar algún intruso provocando en el caso de los trasplantes el rechazo.
En México, el primer trasplante renal se llevó a cabo en 1963, ejecutado por los médicos Federico Ortiz Quezada, Manuel Quijano y Gilberto Flores en el Centro Médico Nacional del Instituto Mexicano del Seguro Social. Este procedimiento obtuvo muy buenos resultados debido a que la donadora era la hermana de la paciente, la receptora logró una sobrevida de 25 años.
Con respecto a los trasplantes hepáticos, se tiene registros de las investigaciones y los procedimientos experimentales por Thomas Starzl que realizó en 1955 y fueron efectuados en animales; sin embargo, no se obtuvieron resultados satisfactorios. Posteriormente, en 1963 se realizó el primer trasplante hepático en un niño con atresia de vías biliares, enfermedad que se caracteriza por la obstrucción de estas vías intra o extrahepáticas; desafortunadamente, en el transoperatorio se presentó una hemorragia que provocó la pérdida de la vida del paciente. Se intentaron otros trasplantes en pacientes adultos en Denver, Boston y París el mismo año, pero debido a los malos resultados, la investigación se detuvo durante tres años.
En 1967 se reinició el programa de trasplante hepático en Estados Unidos. Durante los años 1963 y 1979 se ejecutaron 170 procedimientos con una sobrevida de tan solo un año entre el 18 % y 30 % de los pacientes; esta situación cambió en 1978 con la llegada de la ciclosporina. Entre 1969 y 1973 el doctor Starzl realizó a su vez investigaciones en trasplantes hepáticos de chimpancé a humanos sin éxito alguno. En México, el primer trasplante hepático fue realizado en 1985 por los doctores Héctor Diliz y Héctor Orozco en el Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán, este fue un procedimiento exitoso gracias a la aplicación de la terapia inmunosupresora.
En el área cardiaca, James D. Hardy, en 1964, efectuó el primer trasplante de corazón en el que el donador fue un chimpancé y el receptor fue un humano. El procedimiento no fue exitoso, ya que el paciente falleció una hora después de haberse desconectado de la bomba de circulación extracorpórea. Tres años después, en Sudáfrica, el doctor Christiaan Barnard y su equipo llevaron a cabo el primer trasplante cardíaco y fue exitoso. La donadora fue una mujer que sufrió traumatismo craneoencefálico grave secundario por atropellamiento; el corazón se le trasplantó a un hombre de 53 años, diabético, fumador y con insuficiencia cardiaca. La cirugía fue satisfactoria y pasó a la historia como el primer trasplante cardiaco. Sin embargo, en el día 12 del posoperatorio, el paciente presentó deterioro cardiorrespiratorio, el cuadro se determinó como rechazo, por lo que se intensificó la terapia inmunosupresora. A pesar de estos esfuerzos el cuadro evolucionó y el paciente falleció.
En 1977, Jean Borel describió las propiedades inmunosupresoras de la ciclosporina, un péptido natural producido por el hongo Cylindrocarpon lucidum y Trichoderma polysporum. Este descubrimiento y su aplicación clínica cambiaron de manera radical los resultados, la sobrevida de los injertos y de los pacientes. Este fármaco actúa en los linfocitos T, inhibiendo su proliferación y generando así la disminución o anulación de la respuesta inmune. Más tarde, con la llegada del tacrolimus en la década de 1990 se mejoró de forma significativa la tasa de rechazo en aquellos pacientes en los cuales el tratamiento con ciclosporina no funcionaba de manera adecuada. Esto revolucionó de manera relevante el procedimiento en contra del rechazo al órgano, lo que fomentó el desarrollo de terapias inmunosupresoras combinadas que aumentaban el éxito de los trasplantes.
Los avances, tanto en el área quirúrgica como en el área inmunológica, han permitido que se realicen con éxito trasplantes de órganos sólidos (como riñón, corazón, hígado, pulmón y páncreas), lo mismo que trasplantes multiorgánicos (como corazón-pulmón y riñón-páncreas), gracias al uso de terapias que limitan la respuesta inmunológica, que prolongan la vida útil de los injertos.
Sin embargo, el riesgo al rechazo sigue siendo una limitante, por lo que se continúa la investigación y desarrollo de nuevos tratamientos. Asimismo, la oferta de órganos es una problemática: en México, durante el 2021, se registró un total de 22 859 pacientes en lista de espera de acuerdo con el Centro Nacional de Trasplantes, en el cual destacaban los receptores de riñón. A nivel mundial, de acuerdo con los datos recolectados en 2019 por el Registro Mundial de Trasplantes, que gestiona la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), se registró un total de 139 024 órganos trasplantados, lo que cubre tan solo el 10 % de las solicitudes; se estima que la cifra de pacientes que solicitan un trasplante es más de 1 000 000 cada año. A causa de la demanda de órganos, el campo de la ingeniería de tejidos y la práctica de xenotrasplantes están ganando relevancia.
Los xenotrasplantes se probaron por primera vez en la década de 1980, pero se abandonaron en gran medida después del famoso caso de Stephanie Fae Beauclair (conocida como Baby Fae). El bebé, que nació con una afección cardíaca fatal, recibió un trasplante de corazón de babuino y murió un mes después del procedimiento, debido al rechazo del sistema inmunitario al corazón extraño. A pesar de este trágico episodio, durante muchos años, las válvulas de corazón de cerdo se han utilizado con éxito para reemplazar válvulas en humanos.
En el presente año se realizó el trasplante de un corazón porcino a un ser humano que ha sido exitoso hasta el momento. La cirugía histórica fue realizada por el médico Bartley P. Griffith en la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland. El paciente de 57 años, quien presentaba una enfermedad cardíaca terminal, recibió un corazón de cerdo modificado genéticamente. Se realizó un total de diez ediciones genéticas en el órgano, se identificaron tres genes involucrados en el rechazo mediado por anticuerpos de órganos de cerdo a humano, por lo que fueron eliminados; a su vez, se insertaron en el genoma del corazón proveniente del animal seis genes humanos responsables de la aceptación inmunológica y, por último, se eliminó un gen adicional en el cerdo que está relacionado con el crecimiento excesivo de tejido.
Este trasplante de órganos demostró, por primera vez, que un corazón animal modificado genéticamente puede funcionar como un corazón humano sin presentar rechazo inmediato por parte del cuerpo, lo cuál puede ser el inicio de una nueva era en este campo de la medicina, disminuyendo así la espera de órganos y aumentando la compatibilidad de los injertos.
Gina Marcela Naranjo Núñez
Estudiante entusiasta de la carrera de biología, UNAM
Referencias
Owen, J. A., Punt, J., y Stafford, S. A. Kuby: Inmunología, 7.ª edición, McGraw-Hill Interamericana, 2014.
Pavón Romero, L., Jiménez Martinez, M. C., y Garcés. Alvarez, M. E. Inmunología : molecular, celular y traslacional, Wolters Kluwer, 2016.
Rojas-Espinosa, Ó. Inmunología: (de memoria), 3.ª edición, Editorial Médica Panamericana, 2006.