Todos conocemos a alguien que sufre de presión alta, como resultado de que cada vez es más común la hipertensión arterial entre adultos jóvenes. Quizá el lector conozca a quien tome una, dos o tres pastillas para la presión alta. ¿Los nombres de medicamentos como enalapril, losartán o amlodipino suenan familiares?
La hipertensión es un incremento anormal en la presión arterial y se diagnostica cuando se alcanzan niveles de más de 140/90 mmHg, un valor superior a los niveles saludables de 120/80 mmHg. Esta es la afección crónica más común y el principal factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, que representan la primera causa de muerte a nivel mundial.
En México, el 30.2 % de los adultos y el 60 % de los adultos mayores padecen hipertensión como consecuencia del envejecimiento. El mundo está viviendo la tercera transición demográfica o envejecimiento poblacional, en México se estima que la proporción de adultos mayores crecerá del 6.8 % en 2012 al 16.8 % en 2050, por lo que es lógico esperar que la prevalencia de la hipertensión incremente considerablemente.
Existe un importante problema en el control de la hipertensión arterial. Al principio mencionamos que tal vez se conozca a alguien que tome más de una pastilla sólo para tratar la hipertensión, situación en la que radica el problema al que me refiero. En México, cuando las personas son diagnosticadas con hipertensión arterial, los médicos inician un tratamiento no farmacológico que se enfoca en que los pacientes cambien su estilo de vida —disminuir el consumo de sal, hacer ejercicio, entre otros— para lograr que los niveles de presión arterial disminuyan a menos de 140/90 mmHg. Cuando esta primera estrategia no funciona, se comienza el tratamiento farmacológico con antihipertensivos.
Inicialmente, se prescribe un único fármaco antihipertensivo, cuya dosis se ajusta dependiendo de la respuesta del paciente y sus niveles de presión arterial. Si este primer fármaco no funciona, se cambia la clase farmacológica del antihipertensivo, modificando nuevamente la dosis. Sin embargo, a veces cambiar la clase farmacológica es insuficiente y los niveles elevados de presión arterial persisten, por lo que los médicos prescriben un segundo, tercero e incluso cuarto fármaco para el tratamiento de la enfermedad.
En muchos casos, incluso con el uso de dos o más antihipertensivos, los pacientes son incapaces de tener un control adecuado de sus niveles de presión arterial. Aproximadamente el 50 % de los adultos mexicanos hipertensos que están bajo tratamiento farmacológico antihipertensivo carecen de niveles adecuados de presión arterial, lo que los coloca en alto riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, discapacidad e incluso la muerte.

Hasta el momento se sabe que algunos de los factores involucrados en esta falta de eficacia en el tratamiento farmacológico son el estilo de vida, el pobre seguimiento a las indicaciones médicas, el uso de múltiples fármacos para distintas enfermedades y factores genéticos. Pero, ¿qué pasa si no hemos visto el panorama completo?, ¿hay algún factor que no hemos considerado? Estas fueron algunas de las preguntas que nos planteamos en el Laboratorio de Farmacogenómica del Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMEGEN) y la base de nuestro más reciente trabajo: existen factores que apenas podemos medir con tecnologías modernas.
Uno de estos factores es la microbiota intestinal, a la que definimos como las comunidades de microorganismos —bacterias, arqueas, hongos, protistas y virus— que viven en nuestro tracto gastrointestinal. Estos microorganismos se encuentran en equilibrio dinámico y simbiótico con nuestro cuerpo, y resultan indispensables para su funcionamiento. En los últimos años se ha visto que la microbiota intestinal interviene en la regulación de la presión arterial y que las alteraciones en su composición contribuyen al desarrollo y progresión de la hipertensión.
¿Qué sucede si la microbiota intestinal es el factor que no hemos considerado en la falla terapéutica de los antihipertensivos? Para responder esta pregunta, estudiamos la microbiota intestinal, específicamente las bacterias, de 81 pacientes adultos mayores mexicanos con hipertensión arterial bajo tratamiento farmacológico antihipertensivo. Clasificamos a los pacientes en hipertensos con presión arterial controlada (menor a 140/90 mmHg) e hipertensos con presión arterial no controlada (mayor o igual a 140/90 mmHg), y lo asociamos a la composición de su microbiota intestinal.
Actualmente, nos encontramos realizando nuestras investigaciones, y creemos que es posible que exista un mayor número de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta —como acetato, propionato y butirato— habitando el tracto gastrointestinal de pacientes con la presión arterial no controlada, lo cual es particularmente inusual. ¿Por qué?
Los ácidos grasos de cadena corta son moléculas que producen algunas bacterias tras fermentar la fibra presente en frutas, verduras, cereales y legumbres— que consumimos. Estas moléculas atraviesan nuestra pared intestinal, para adentrarse al cuerpo utilizando proteínas transportadoras. Una vez en la sangre, los ácidos grasos de cadena corta viajan hasta llegar a los riñones, donde interactúan con proteínas presentes en la superficie de las células —conocidas como receptores OR51E2, Gpr41, Gpr43 y Gpr109a— y así regular la presión arterial. Aunque muchas investigaciones han mostrado que los ácidos grasos de cadena corta tienen un efecto benéfico en la hipertensión al disminuir los niveles de presión arterial, otros estudios han reportado la ausencia de dicho efecto debido a fallas en la interacción apropiada de estas moléculas con el organismo. Por ejemplo, defectos en los transportadores que mencioné antes o fallas en la interacción con los receptores en el riñón.
Si bien se desconoce el papel que juegan los ácidos grasos de cadena corta en la hipertensión, es posible que estas moléculas, así como las bacterias que las producen, sean un factor clave en el control de la enfermedad, ya que a través de la dieta podríamos controlar la producción de estos ácidos grasos.
Además, estudios como el nuestro también permiten describir la composición de la microbiota intestinal de poblaciones humanas, en nuestro caso, la de una población poco estudiada: los adultos mayores mexicanos. Esto es importante por dos razones. En primer lugar, nuestra población está envejeciendo rápidamente, lo que implica un mayor número de adultos mayores en nuestra sociedad, así como la necesidad de incluirlos en actividades tanto sociales como económicas. Para lograrlo, los adultos mayores deben ser autosuficientes, lo que implica mantener una salud óptima hasta edades avanzadas y, por tanto, estudiar distintos factores, como la microbiota intestinal, que ayudarán a desarrollar estrategias encaminadas a un envejecimiento saludable.
En segundo lugar, sabemos que los microorganismos que conforman la microbiota intestinal cambian dependiendo del origen de cada población debido a factores como la dieta y el estilo de vida de las personas. Por ejemplo, mientras en algunos países hay un alto consumo de frutas, verduras y pescado, en otros países la base de la alimentación es el consumo de carnes rojas, comida procesada, grasas saturadas y azúcares refinados. Es por ello que las estrategias que se derivan de estudios de microbiota deben ser específicas para cada población. Sin embargo, en la actualidad, Latinoamérica, incluyendo a México, es la quinta región menos representada en investigaciones de microbiota, por lo que nuestro estudio busca contribuir y motivar a otros a la investigación de la población mexicana.
Finalmente, la importancia de investigaciones como la nuestra radica en que al identificar bacterias benéficas será posible el desarrollo de dietas o intervenciones clínicas, como la generación de probióticos —microorganismos vivos en alimentos, suplementos alimenticios o prebióticos— que permitan modular la microbiota y así contribuir al control de la hipertensión arterial con una perspectiva fisiológica integral.
Arianna Krystel Galicia Castañeda
Licenciada en Bioquímica Diagnóstica por la UNAM y por titularse de Maestría en Ciencias Bioquímicas, también por la UNAM. Es una científica apasionada por la divulgación de la ciencia, la genómica y el mundo microscópico.
Vanessa González Covarrubias
Científica que pone en práctica la genómica y está dedicada a mejorar la salud.
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