
La variabilidad en la respuesta a los tratamientos farmacológicos en los pacientes es una discusión recurrente en la medicina moderna. Aunque los medicamentos se desarrollan siguiendo rigurosos estándares científicos, su efectividad varía de una persona a otra. Este fenómeno refleja la complejidad del cuerpo humano y las interacciones entre factores biológicos, culturales y sociales. Para comprender esta variación, es necesario adoptar una perspectiva interdisciplinaria que integre a las ciencias médicas y a las ciencias sociales.
La biología de la diversidad: genética y epigenética
La diversidad en la respuesta a los tratamientos no sólo es una oportunidad para reflexionar sobre la manera en la que las características biológicas y culturales se entrelazan. Entender estas interacciones permite a las comunidades científicas y sociales colaborar en la creación de tratamientos más efectivos, equitativos y adecuados. Uno de los pilares fundamentales para comprender las diferencias en la eficacia de los medicamentos es la genética, ya que cada individuo posee un genoma único que influye en cómo su cuerpo metaboliza los fármacos.
Un ejemplo muy estudiado es la variación en el gen CYP2D6, que codifica una enzima crucial en el metabolismo de muchos medicamentos. Algunas personas son metabolizadoras rápidas, mientras que otras son lentas, lo que afecta la concentración del fármaco en el organismo, su eficiencia y seguridad. En este sentido, los metabolizadores rápidos asimilan un medicamento en menor tiempo del esperado, reduciendo su efectividad porque el compuesto activo permanece menos tiempo en el cuerpo. En contraste, las personas que lo metabolizan más lento acumulan el fármaco en niveles que aumentan el riesgo de efectos secundarios graves. Estas diferencias son cruciales en medicamentos como los analgésicos opioides, los antidepresivos y los anticoagulantes.
No obstante, limitarse al ámbito genético sería una visión reduccionista. Los factores epigenéticos —elementos moleculares que al estar presentes en la cadena de ADN modifican la expresión de los genes— cuya presencia está influenciada por el ambiente y la historia de vida, también desempeñan un rol significativo. La dieta, el estrés crónico o la exposición a contaminantes pueden alterar la respuesta farmacológica. Existen estudios recientes que demuestran cómo la epigenética influye en la eficacia de los medicamentos utilizados para tratar el cáncer y las enfermedades autoinmunes.
El microbioma humano: un actor clave
El microbioma —la comunidad de microorganismos que habita en el cuerpo humano— emerge como un factor determinante en la farmacología. Las bacterias intestinales pueden metabolizar medicamentos antes de que lleguen a su objetivo, alterando su eficacia y sus efectos secundarios. Este fenómeno es observado en los tratamientos contra el cáncer, donde el microbioma puede influir en la eficiencia de las diferentes inmunoterapias.
Además, el microbioma está moldeado por factores culturales y sociales, como los patrones alimenticios, el acceso al agua potable y las condiciones de vida. Esto establece una conexión entre ciencias naturales y sociales, pues las prácticas particulares de cada cultura no sólo afectan la salud general, sino que también influyen en la composición de la comunidad microbiana de cada individuo, lo que a su vez impacta en cómo responde el cuerpo a los tratamientos.
Un aspecto emergente en este ámbito es el potencial de la dieta para modular el microbioma y mejorar la eficiencia de los medicamentos. Por ejemplo, una alimentación rica en fibra puede fomentar la diversidad microbiana y aumentar la eficacia de las inmunoterapias. Asimismo, se está investigando el uso de prebióticos y probióticos como una estrategia para personalizar tratamientos farmacológicos, considerando las interacciones entre el microbioma y el sistema inmunológico.
Cultura, determinantes sociales y desigualdades estructurales
La cultura desempeña un papel crucial en la variabilidad de la respuesta farmacológica. Las creencias sobre la salud y la enfermedad o la medicina afectan cómo las personas aceptan, usan y responden a los medicamentos. En muchas comunidades, los tratamientos farmacológicos se combinan con remedios tradicionales, lo que puede impactar su efectividad, incrementar el riesgo de efectos secundarios o generar resistencias.
Además, la confianza en el sistema de salud, las barreras de lenguaje y la estigmatización de ciertas condiciones influyen en si un paciente sigue o no las recomendaciones médicas. En comunidades con alta desconfianza hacia las instituciones de salud, el acceso a tratamientos efectivos tiende a ser limitado, especialmente para enfermedades crónicas como la diabetes o el cáncer.
En este sentido, la antropología médica aporta una perspectiva clave para comprender cómo la cultura influye en la percepción y aceptación de los medicamentos. La educación en salud culturalmente adecuada —la promoción equitativa del cuidado de la salud, incluyendo tratamientos, que integra las creencias, valores, prácticas y contextos culturales de las comunidades a las que se dirige, para fomentar estrategias educativas inclusivas con la diversidad cultural— y el diálogo abierto entre profesionales sanitarios y pacientes son esenciales para abordar estas diferencias y promover tratamientos más efectivos. Las desigualdades en la eficacia de los tratamientos también son el resultado de determinantes sociales estructurales. Los factores como la pobreza, la educación y el acceso a servicios de salud influyen directamente en la disponibilidad y el uso de fármacos.
Además, los ensayos clínicos tienden a realizarse con individuos de países desarrollados, limitando la aplicabilidad de los resultados en poblaciones diversas o con ancestrías no europeas. Esta falta de atención perpetúa un ciclo de inequidad en la salud global. Asimismo, la distribución desigual de recursos sanitarios entre regiones también contribuye a disparidades significativas en el acceso a tratamientos efectivos.
La globalización transformó la forma en que se producen los fármacos, distribuyen y consumen. Por un lado, facilita la disponibilidad de medicamentos en regiones donde antes eran inaccesibles. Por otro, genera nuevos desafíos, como el aumento de la resistencia antimicrobiana debido al uso indebido de antibióticos o la dependencia de cadenas de suministro internacionales vulnerables a interrupciones. Por las razones anteriores, la globalización también intensifica el debate sobre el acceso equitativo a tratamientos innovadores.
En muchos países de ingresos bajos y medios, los altos costos de estos tratamientos los vuelven inaccesibles para la mayoría de la población. Esto subraya la necesidad de implementar políticas internacionales que fomenten la transferencia de tecnologías y el desarrollo de capacidades locales para la producción de medicamentos. Al mismo tiempo, la cooperación global podría reducir la dependencia de cadenas de suministro vulnerables, fortaleciendo la resiliencia de los sistemas de salud ante crisis como pandemias o conflictos geopolíticos.
Hacia la farmacología personalizada
La farmacología personalizada busca adaptar los tratamientos a las características específicas de cada individuo, integrando información genética, epigenética, microbiológica y social. Aunque promete cerrar muchas brechas en la medicina, enfrenta desafíos éticos y logísticos importantes. Pues la falta de una estrategia de implementación multidisciplinaria podría aumentar las desigualdades si estos tratamientos son accesibles sólo para quienes pueden costearlos. Al mismo tiempo, plantea dilemas sobre la privacidad de los datos genéticos.
En oncología, el uso de biomarcadores genéticos para guiar el tratamiento mejora la supervivencia y reduce los efectos secundarios. Sin embargo, se requiere una regulación ética clara para evitar que estos avances excluyan a poblaciones vulnerables.
Una medicina del futuro inclusiva y equitativa
La pregunta sobre por qué los tratamientos farmacológicos funcionan mejor en unas personas que en otras no tiene una respuesta única ni sencilla. Este fenómeno refleja la interacción compleja entre genes, microbioma, cultura y estructuras sociales, destacando la necesidad de un enfoque interdisciplinario. El futuro de la medicina personalizada dependerá de nuestra capacidad para integrar estas perspectivas en políticas públicas que promuevan la equidad en salud. Además, será crucial aumentar la alfabetización en temas sanitarios en muchas comunidades y garantizar que la producción de conocimiento farmacológico sea inclusiva y ética, respondiendo a las necesidades de todas las poblaciones.
Issis Abril Pérez Alvarado
Maestra en Ciencias Biológicas por la UNAM. Estudia el cáncer y se especializa en medicina personalizada y salud de precisión. Entusiasta de la divulgación de la ciencia, lo inter y multidisciplinario.
Referencias
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muy buen artículo! me recordó a los estudios del Dr. Igor Branchisobre las interacciones entre plasticidad neuronal, medicamentos, ambiente y conducta. Gracias por la info!