Los sueños pueden ser atrapados. O eso creen algunos nativos norteamericanos del pueblo de Ojibwa. Un aro de madera con una red tejida en su interior y plumas como cascada serviría para apresar las malas visiones al dormir. Pero a pesar de su valor cultural, estos atrapasueños son sólo ornamentos. Para aquellos que padecen pesadillas recurrentes sería mejor visitar una clínica del sueño. Eso sí, la idea de cazar ensoñaciones resulta fascinante. Atrapar no como lo haría una telaraña sino como con una videograbadora; y la Inteligencia Artificial (IA) parece haberlo logrado.
¿Un grabador de sueños?
En 2025 se dio a conocer Dream Recorder, una pequeña carcasa con una pantalla de casi ocho pulgadas que reproduce videos. Se presentó como un “portal al subconsciente” que “captura tus visiones nocturnas y las reproduce como vívidas secuencias cinematográficas”. Fue desarrollado por la startup neerlandesa Modem Works en colaboración con Mark Hinch, un tecnólogo e ingeniero creativo interesado en cómo nos relacionamos con los objetos y nuestro entorno físico.
Dream Recorder es un aparato DIY (del inglés Do it Yourself, “hazlo tú mismo”): podrías armar el tuyo desde casa con componentes que se consiguen en línea. Si bien es un proyecto de código abierto bajo la licencia MIT (del Instituto Tecnológico de Massachusetts), su uso, modificación y distribución son libres. El software y los planos del ensamblaje son de acceso público. Puedes hacer la carcasa con una impresora 3D, y, aunque los componentes del aparato sean de bajo costo, en conjunto rondan los seis mil pesos mexicanos.
Este aparato es capaz de grabar tus sueños, aunque lo hace en forma de relato verbal. Es decir, como un sofisticado diario. Con un doble toque se activa un micrófono que recoge la narración de tu sueño al despertar y el audio es procesado con Inteligencia Artificial. Primero, OpenAI transcribe el texto y lo optimiza dando instrucciones con un prompt detallado. Después, éste se envía a LumaLabs para generar un video. La pantalla de dimensiones panorámicas (21:9) muestra un video que evoca el amplio campo visual del sueño. Su resolución de 540p, conocida como qHD (del inglés Quarter High Definition, equivalente a un cuarto de la resolución Full HD), genera una imagen de apariencia borrosa y pixelada, carente de detalles finos. Los videos, con una duración de cinco segundos, lucen similares al llamado dreamcore, una estética surrealista que surgió en internet a finales del 2010 con imágenes inspiradas en sueños. El resultado de Dream Recorder es un video de apariencia onírica en ultrabaja definición que se reproduce en la pantalla del dispositivo para después almacenarse.
Charlé con el neurocientífico José Luis Díaz Gómez para saber su opinión sobre este aparato. Al médico y escritor mexicano le parece buena idea aprovechar esta tecnología, pero aclara que sólo se obtiene una representación de la narración de un sueño. Para él, Dream Recorder no es un registro de sueños per sé, pues “requiere de un relato de la ensoñación cuando el sujeto está despierto. Y, con éste, mediante una inteligencia artificial, se hace entonces una reconstrucción del sueño”. Díaz Gómez menciona que “[Uno] podría hacer una representación del relato que fuera. Puedo inventar un relato de un sueño que no existió y la máquina no tendría forma de saber si estoy mintiendo. Haría una expresión de acuerdo con sus parámetros”.
Un caso modesto, pero exitoso
La idea de un onirógrafo –un instrumento capaz de captar y revelar el contenido de los sueños– suena casi imposible, pero la neurociencia ha hecho aportes notables. En 2013, el japonés Horikawa y su equipo de la universidad de Kyoto demostraron que se puede decodificar el contenido visual del sueño a partir de patrones de actividad de la corteza visual.
Para la decodificación, hicieron resonancia magnética funcional (fMRI) a tres participantes en dos momentos distintos. En la primera etapa del estudio, se monitoreó su actividad cerebral al dormir. Los investigadores despertaron a los participantes con ayuda de una señal de electroencefalograma que indicaba en qué fase del sueño estaban. Les pidieron describir con palabras la experiencia visual que tuvieron en el sueño. Después, para analizar los reportes, agruparon palabras clave en conjuntos de sinónimos en una base de datos léxica. Por ejemplo, si en el relato la persona mencionaba cara, semblante, rostro o similares, se agrupaban en un mismo conjunto. Luego utilizaron imágenes de una galería de internet para ilustrar cada conjunto. Para traducir la actividad cerebral en las palabras representadas en imágenes, utilizaron un programa de aprendizaje automático. En una segunda etapa, con los participantes despiertos, volvieron a realizar fMRI. A continuación relacionaron las áreas visuales del cerebro que se activaban mientras veían con atención las imágenes de cada conjunto de palabras.
Los investigadores hallaron que los patrones de actividad cerebral de la experiencia visual de las ensoñaciones son los mismos que los de la percepción de estímulos en la vigilia. Las áreas del cerebro que se activan, por ejemplo, al ver caras y lugares al estar despierto, son las mismas que cuando sueñas con caras y lugares. Los autores no descartan que en el estudio se leyeran contenidos del sueño que la persona olvidó o no incluyó en su informe verbal.
Los estudios de Horikawa y sus colaboradores constituyen un hito en el estudio de los sueños. Es la primera vez que se decodifica –aunque parcialmente y no en tiempo real– el contenido de las ensoñaciones al tener correlatos neuronales de áreas visuales. Si bien no es el anhelado onirografo, es una buena aproximación. Para Díaz Gómez, estamos restringidos a esta ruta, la neurobiológica, en el intento de decodificar los sueños y no a la de Dream Recorder y su representación con IA.
Relatos onirográficos
La IA nos ha ayudado a decodificar parte del contenido óptico de las ensoñaciones. También nos permite hacer representaciones visuales de nuestros sueños. Pero existe una herramienta –tan antigua como útil– que ha resultado imprescindible para el estudio de la actividad onírica: los relatos verbales. Tal parece que por mucho que sea el progreso tecnológico, seguimos atados a las narraciones. Los estudios de Horikawa utilizaron descripciones orales de las ensoñaciones para hacer correlaciones neuronales y Dream Recorder basa su funcionamiento en relatos.

Díaz Gómez, quien es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, dice que lo que se hace con Dream Recorder es similar a lo que en narratología se conoce como écfrasis, “una descripción verbal de una imagen pictórica”. Para él, “una buena écfrasis sería que una persona le describiera a otra un cuadro que la segunda no conoce y lo describiera tan bien verbalmente que la otra persona prácticamente lo reprodujera en su mente”. En el caso de Dream Recorder la persona se encarga de hacer una descripción verbal de su sueño para que una IA pueda generar un promt –una instrucción– que otra IA utilizará para crear la representación.
Sin embargo, aunque un soñador dé una buena descripción, Dream Recorder sólo podrá generar, si acaso, videos representativos pero no realistas. Los videos que genera son de ultrabaja definición y estética onírica, esto de manera intencional. Díaz Gómez se cuestiona por qué los desarrolladores eligen la representación “oniroide”; él preferiría una representación más cercana al sueño experimentado, una buena écfrasis. También considera que “depende mucho de la capacidad expresiva”. Para él, no es lo mismo una persona que relata una ensoñación “en tres patadas”, que el poeta español Juan Ramón Jiménez que hace detalladas descripciones “como si fuera pintando”.
Díaz Gómez considera que hay relatores que usan la écfrasis de manera notable, como Vargas Llosa, y le parecería interesante entrenar a relatores de sueños para hacer buenas descripciones. Sobre la fidelidad de Dream Recorder piensa que “sería interesante hacer un análisis: un experimento en el que pones a gente que relate sus sueños empleando el aparato y ellos mismos hagan una calificación, del uno al diez, de la fidelidad del aparato. Diez sería: ‘caray, este sistema me hace recuperar la ensoñación tal y como la recordé’. Apuesto que nadie va a sacar un 10 en esto. Cero sería una lejanía total. Yo predeciría que los sujetos van a calificar abajo de cinco la eficiencia de esta tecnología”.
Visualizar ensoñaciones: ¿una frontera infranqueable?
Dream Recorder está lejos de reproducir los sueños como “vívidas secuencias cinematográficas”, tal y como se publicitó. Pero la ambición de tener un aparato que registre el contenido onírico y reproduzca como una videograbadora es comprensible. Con excepción de las pesadillas o sueños comprometedores, ¿a quién no le gustaría volver a ver alguno de sus sueños como una película?
Para Díaz Gómez, “el arte que mejor corresponde o que mejor representa ensoñaciones es el cine, porque conjunta a todas las demás. Conjunta lo visual con lo auditivo, con lo sensorial (no lo táctil). El cine representa la narración, la puesta en escena, la tridimensionalidad, y es lo que mejor representaría una ensoñación”. Me dice, “si yo fuera un ser extraterrestre, llegara a la Tierra y quisiera saber lo que son las ensoñaciones (porque no las tuviera), el mejor acercamiento, yo diría, sigue siendo el cine, a pesar de sus defectos y sus limitaciones”. Para él, en la relación con una pantalla, que es un objeto bidimensional (donde se proyectan luces y sombras) uno tiene una experiencia polisensorial. Me comparte que una de sus películas favoritas de contenido onírico es “Los olvidados” de Luis Buñuel, aunque también disfruta de la temática de sueños en películas de Bergman y Hitchcock.
Pero un verdadero onirógrafo, señala Díaz, “implicaría algo absolutamente sensacional. No sé si algún día se logre: sería ponerle un aparato a una persona en la cabeza —durante la noche, durante los sueños— y literalmente ver lo que está ocurriendo en la ensoñación. Es decir, ver imágenes, escuchar sonidos, escuchar las palabras de la conversación que tiene lugar en la ensoñación. De esto, yo creo que estamos lejos aún de poder lograrlo”.
La dificultad para grabar y visualizar sueños trasciende la cuestión tecnológica. Para Díaz Gómez, el problema reside en la naturaleza de la relación mente-cerebro. Considera que el obstáculo más grande de poder grabar la vida mental de cualquier tipo, incluyendo los sueños, es cómo y de qué manera esta actividad produce lo mental. Además, está convencido de que cierta actividad del cerebro corresponde a la actividad mental del sujeto en primera persona: sus emociones, percepciones, juicios, etc. O sea, cualidades psicológicas. Pero no sabemos cómo las redes neuronales producen o se correlacionan con dichas actividades mentales. “Hay varias posiciones. Yo no soy dualista”, me dice. “Un dualista considera que son dos universos distintos que, de alguna manera, se concatenan y producen lo mental a través de lo cerebral. Yo y muchos otros pensadores —la mayoría de los científicos— actualmente somos monistas. Es decir, consideramos que es la misma sustancia la que produce los sueños”.
Para Díaz, “el cerebro no es una especie de transmisor que reciba contenidos mentales fuera de sí mismo y los traduzca como si fuera un aparato, como un radio o como un televisor”. Cree que “se generan ahí mismo por la actividad cerebral”. Precisa que “no sabemos cómo sucede esto. Y lo peor del caso es que no sabemos, incluso, cómo probarlo o cómo analizarlo”. Para él, “la idea del onirógrafo es una idea de ciencia ficción, por ahora, que sería eventualmente posible”. Me plantea “¿qué haría falta para tener un onirógrafo de verdad? Tendríamos que tener este aparato que, colocado sobre la cabeza, probablemente, revelara no sólo la actividad cerebral que ya conocemos (eléctrica o metabólica), sino que recuperara los contenidos mentales directamente. Y no sabemos cómo el cerebro los produce. Por lo tanto, no podemos producir un aparato sin saber cómo operaría para hacer precisamente eso”.
La otra cara de la almohada
Una tecnología que permita registrar y reproducir ensoñaciones no sólo sería una experiencia estética incomparable, sería también una nueva ventana de autoconocimiento. Equivaldría a tener un lector de la mente. Por ello, esta hipotética tecnología plantea cuestiones éticas preocupantes para algunos. Aunque todo esto parezca lejano, hay avances en esa dirección como las interfaces cerebro-máquina que permiten controlar dispositivos electrónicos con el pensamiento.
Para Díaz, uno de los avances más espectaculares en este campo se está dando en pacientes que tienen síndrome de encierro. Un paciente con este padecimiento sufre de un trastorno cerebral que le impide la expresión de cualquier tipo: no tiene expresión verbal ni motora, pero sí una vida mental. “¡Lo cual es espantoso!”, indica. Pero, “hay sistemas ahora donde, mediante una interfaz de cerebro-máquina, un paciente puede ser entrenado de cierta manera y puede escribir sus pensamientos en una computadora”.
Estos aparatos, de perfeccionarse, podrían derribar el último escondite de privacidad que nos queda: nuestros pensamientos. Le pregunto al Dr. Díaz qué pasará si en algún momento podemos decodificar la mente, qué va a pasar con las tecnologías y empresas que manejan nuestros datos. Podrían no sólo saber nuestra afiliación política o nuestros gustos de comida. Podrían saber lo que estamos soñando y pensando… “¡No va a hacer falta la tortura!”, contesta bromeando. El neurocientífico se muestra prudente ante la cuestión. A pesar de ser entusiasta de la búsqueda de esta tecnología, reconoce las dificultades que representa. “Es cierto: la posibilidad, aunque sea teórica, es verosímil. Es pensable que, si esto puede llegar a darse, constituiría un riesgo brutal a la intimidad y a la subjetividad”.
Los atrapasueños siguen en el terreno de la ficción. Para decepción de algunos, la tecnología aún no puede registrar del todo nuestros sueños y Dream Recorder no fue el anhelado onirógrafo con el que hemos soñado. Por lo pronto, lo único posible es seguir relatando y representando nuestros sueños como lo hemos hecho, desde siempre, con ayuda del arte –aunque ahora podemos darnos una ayudadita con IA–.
Eduardo García Mondragón
Por la Facultad de Ciencias de la UNAM es biólogo en formación y evolucionista por convicción. Le apasiona la filosofía de la mente y divulgar la ciencia.
Bibliografía
Díaz, J. L. (2018). Registro de sueños: atisbos a la conciencia onírica desde las ciencias, las artes y la filosofía. Herder.
Horikawa, T., Tamaki, M., Miyawaki, Y., & Kamitani, Y. (2013). Neural decoding of visual imagery during sleep. Science, 340(6132), 639-642.I